OPINIÓN / Afilando columnas

Rahola, Camacho y Losantos le piden a la izquierda que se atreva a condenar la violencia del 22-M

Puigverd (La Vanguardia): "La política y el periodismo actuales, como vampiros, han sorbido las últimas gotas del cadáver exquisito de Suárez"

Beatriz Manjón: "A Cuatro y a la Sexta les pasa con Bárcenas lo que a Pelopony con los gays: es acordarse de él y florecerles todo"

Al día siguiente del último adiós al primer presidente del Gobierno español de la democracia, la figura de Adolfo Suárez sigue muy presente en los espacios de opinión de la prensa de papel española. Muchas de las columnas son más de lo mismo: políticos, periodistas, empresarios y otras figuras públicas que se dedican a loar su persona y todo lo que debemos. Mejor o peor escritas, que de todo nos encontramos, hay poca originalidad en ellas. Por este motivo, el 26 de marzo de 2014 apenas vamos a hacer mención a los artículos dedicados al hombre impulsó la Transición.

Otro asunto a merecido la atención de los columnistas de diversos periódicos, con la curiosidad añadida de ver que personas tan diferentes como Pilar Rahola o Federico Jiménez Losantos mantienen posturas muy similares al respecto. Hablamos de la violencia extrema ejercida contra los policías por un amplio grupo de vándalos el sábado 22 de marzo.

VERDAD O MENTIRA: VOTE LA FRASE DE PILAR RAHOLA

Hacemos sonar una vez más nuestra armónica de afilador pasamos a dejar constancia de ello.

A pesar de nuestra voluntad de dejar de lado la mayor parte de los textos sobre Suárez, este humilde lector de columnas considera que merece la pena reseñar una publicada en el diario del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo catalán. Antoni Puigverd, que va cobrando cada vez más fuerza como articulista destacado de La Vanguardia, titula Milagros.

La política y el periodismo actuales, como vampiros, han sorbido las últimas gotas del cadáver exquisito de Suárez. He ahí un comportamiento obsceno, pero comprensible: ¿como se las apañarían los tristes mortales sin el consuelo de los santos, los héroes, los mitos? A la democracia española le sobran corruptos y le faltan héroes. Le sobran sanchopanzas. Le sobran bachilleres insidiosos. Le sobran burlones de venta y arrieros de verbo grosero.

Suárez no fue un caballero andante. Y si él lo fue, lo fuimos todos (aunque sólo por breve tiempo). Preferimos el acuerdo al choque. Renunciamos al resentimiento, para conquistar la paz y la libertad. Pero no lo hicimos por sentido ético o estético. Los idealizados valores que se reclaman hoy frente a la tumba de Suárez no presidieron el pasaje de la transición. Fue el empate de impotencias lo que determinó aquel pasaje.

Hemos de destacar que Puigverd, a diferencia de otros articulistas de la prensa subvencionada, no diferencia entre una política ‘española’ en la que sobran corruptos y enfrentamiento y otra ‘catalana’ honesta y cívica. Y aunque nos pueda doler, aunque en parte no le falte razón, que retrate como vampiro al «periodismo», que use esa misma imagen para «la política» nos han encantado. ¿Acaso alguien conoce a varios políticos cuyos planes no consistan en sacarnos la sangre, o le dinero, a los ciudadanos a través de los impuestos?

También en La Vanguardia Pilar Rahola comenta la violencia en las manifestaciones y la postura que tiene la izquierda ante la misma. Titula El ritual.

¿No deberían ser los organizadores de las protestas los primeros indignados con estos usurpadores de la calle que queman contenedores, rompen cristales, incendian papeleras y el resto del ritual de la kale borroka? Personalmente no entiendo esta mirada tuerta de determinada izquierda respecto a las libertades, que divide el mundo entre los policías verdugos y los manifestantes víctimas. Perdonen, pero no. Puede haber policías impresentables, pero en general son gentes que intentan hacer lo correcto: mantener la seguridad democrática. Y cuando son heridos en las manifestaciones, nadie se acuerda. A la vez y por supuesto, la absoluta inmensa mayoría de manifestantes son gentes de bien con sus derechos como bandera. Pero si hay unas minorías que, con la excusa de esas banderas, saquean el buen nombre de la protesta y ejercen la violencia, no son, no deben ser considerados «de los nuestros». En el momento en que se pide la libertad de unos tipos que han ejercido la violencia -incluso hiriendo a policías-, se confunden los límites y todo se embrutece.

El análisis de Rahola es impecable. Gran parte de esa izquierda que mira con lupa las fotos de las manifestaciones de víctimas de terrorismo en busca de alguna bandera con el escudo del águila para poder gritar ¡fascistas! y señalar a todos los congregados, sale en defensa siempre de los violentos que actúan en manifestaciones de la zurda.

Imaginen qué dirían esos que ahora callan o defienden a los vándalos si en una concentración de ‘derechas’ un grupo de neonazis protagonizara un hecho violento, por mínimo que fuera, y los organizadores saliera en su defensa. Con todo motivo se indignarían, y tendrían razón. Pero su doble moral les impide actuar de igual manera cuando los matones son de lo que ellos consideran ‘los suyos’. Por esto es tan digno de elogio el texto de Rahola, por su honestidad.

Sobre el mismo asunto escribe en ABC Ignacio Camacho, que titula La ley de la calle.

Quizá no quepa esperar la condena de unos promotores [de las manifestaciones de los ‘indignados’] que sueñan con el modelo ideológico de Cuba o Venezuela, pero parece como si a los portavoces institucionales de las fuerzas de izquierda, que deberían ser los más interesados en discriminar su causa de esta turbulenta bronca destructora, les costase reprobar el agresivo radicalismo de los antisistema que se les han adosado.

La brutalidad de los incidentes del sábado en Madrid les otorgaba una excelente oportunidad para distanciarse. Medio centenar largo de policías heridos no deja lugar a ningún debate sobre excesos represivos. La violencia fue tan unilateral que los sindicatos policiales se lamentan de desamparo. Se trataba de una ocasión ideal para adquirir crédito deplorando con claridad y firmeza la estrategia del caos. Y sin embargo, apenas se oyen medias palabras tímidas en segundo plano. Falta coraje civil y sobra sectarismo para establecer cortafuegos morales con esa conducta de provocación desestabilizadora.

Tampoco le falta razón a Ignacio Camacho, pero en su caso el artículo sería perfecto si ademas condenara el hecho de que los mandos, tal vez por órdenes políticas, tomaran decisiones que dejaron en situación de desamparo a los policías frente a esos ‘antifascistas’ de los que Churchill dijo en su momento que sería uno de los dos tipos de fascistas ‘en el futuro’ (que es nuestro presente).


Beatriz Manjón.

Dejamos por un rato de lado lo referido a la violencia en la manifestación del 22-M para, todavía en el periódico madrileño de Vocento, asomarnos a una columna de Beatriz Manjón sobre la cobertura televisiva del homenaje y el entierro de Adolfo Suáez. En El duquesado, la de ABC logra arrancarnos la sonrisa, incluso alguna carcajada, sin por eso perder el respeto por el ex presidente fallecido. Ha dejado algunas frases realmente desternillantes:

Era difícil desde casa contagiarse de la emoción, pues hasta con voz en off le ve una el flequillo a Oneto. La evolución de la longitud de la cortina lateral del periodista daría para un gráfico de los que tanto gustan a Ana Pastor. La más comedida fue Ana Blanco, pero llegó luego Mariló, error en flor, y se refirió al «duquesado» -ducado, debió de pensar, es el cigarro-, viniéndoseme a la cabeza Marichalar de cuero y fusta.

Concluye con una crítica a los dos canales considerados de izquierdas:

Ferreras llegó a dividir la pantalla para mostrar, en una ventana, el interior de la catedral de Ávila y, en otra, a un reportero hablando de Bárcenas ante una sucursal de Bankia. A Cuatro y a la Sexta les pasa con Bárcenas lo que a Pelopony con los gays: es acordarse de él y florecerles todo.

¿Sabrá la Pelopony, espécimen máximo del chonismo hispánico, quién era Suárez y quién es Bárcenas (del que en estos días tan sólo parecen acordarse en laSexta)? Ahora que ha sido expulsada de Supervivientes 2014 –el afilador de columnas no ve ese programa ni por el morbo de seguir las peripecias de un Nacho Montes que hace ya bastantes años fue su inmediato superior, con cargo de redactor jefe adjunto, en otro medio. Lo sabe por que se lo han contado y lo ha narrado Sergio Espí en Periodista Digital bajo el título de Dos bajas, un grave accidente y muchas decepciones, ¿cómo saldrá adelante ‘SV2014’?— alguien le puede instruir al respecto. Si es que le interesa, claro.

Volvemos a la violencia de los manifestantes de ultraizquierda. En La Razón, Iñaki Zaragüeta titula Violencia e intolerancia y se muestra contundente:

Me gustaría ver a todos esos violentos atacando, de la forma que lo hicieron el sábado en Madrid, a los policías de Estados Unidos, Alemania o Gran Bretaña, por citar a algunos países desarrollados y democráticos. No se irían tan «de rositas» como terminaron en la «Marcha por la Dignidad». La misma dignidad deberían recibir que las que les dan en Cuba a los discrepantes de Fidel Castro o en Venezuela a los opositores a Maduro, por citar a dos democracias que tanto añoran Willy Toledo, José Manuel Sánchez Gordillo o Diego Cañamero, animadores de la manifestación más violenta de la legislatura y defensores de quienes hirieron a los agentes.

Está muy bien que denuncie la represión en Cuba o en Venezuela, pero el afilador de columnas le agredecería que lo hiciera de un modo que una lectura rápida no pudiera llevar a confusión al hablar inmediatamente antes de EEUU, Alemania o Reino Unido, países donde no se reprime a manifestantes pacíficos. Ha de quedar bien claro que los violentos del 22-M son los hermanos ideológicos de Maduro y los hermanos Castro.

Otrosí, que dirían los abogados. Si a Zaragüeta le gustaría ver que la policía actúa con contundencia contra los autores de la ‘kale borroka’ en Madrid, debería exigir al Ejecutivo del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante que no ate de pies y manos a los policías hasta el punto de que ni tan siquiera puedan defenderse de los ataques de los violentos.

Seguimos en el periódico de Lara, en cuya contrapartida Alfonso Ussía dedica Una fortuita al portavoz de la manifestación del 22-M, el hombre que lució orgulloso una camiseta con la imagen del genocida comunista Pol Pot. Nos referimos, por si queda alguna duda, a Willy Toledo.

Que «Willy» se marchó a Cuba, donde le habían preparado una casa de las que no tienen los cubanos y toda suerte de facilidades para sobrevivir. Pero sospecho que sufre de aerofobia, es decir, de miedo a los aviones. Porque desde que dijo este gran actor que se iba a Cuba no ha salido de España. Está en todas partes. Y se ha erigido en el jefe intelectual de los perroflautas, los que se manifiestan por la dignidad y hieren a sesenta policías. Los que gritan a los sanitarios del Samur que no atiendan a los agentes del orden y los dejen morir. El saldo de la manifestación de la dignidad resultó desigual. Sesenta policías opresores heridos y veinte dignos oprimidos detenidos. Y al día siguiente, «Willy», que no había viajado a Cuba, se presentó con un grupo de perroflautas a las puertas de los Juzgados para exigir la liberación de los detenidos, pero no se le ocurrió presentarse en los diferentes hospitales de Madrid donde los sesenta policías se recuperaban de las pedradas de la dignidad, de los adoquines de la paz, de los palos de la convivencia, y de los barrotes de hierro de la solidaridad progresista.

Permítanos Don Alfonso una pequeña corrección, que seguro que va a aceptar con elegancia. Toledo –lástima que el nombre de tan bella cuidad quede manchado al aparecer en el apellido de un peonaje como este– sí ha tomado el avión en dirección a Cuba, donde pasa temporadas mimado por el régimen comunista. Pero lo ha hecho siempre con billete de ida y vuelta, se ve que a cambio del trato amoroso que recibe del tiranos Castro debe realizar ciertos servicios en tierras españolas. También lo hace en la isla-cárcel, donde se dedica a denunciar la supuesta falta de libertad de expresión en España —Willy Toledo se prodiga con la prensa y los blogueros castristas en su dorado ‘exilio’ cubano–. Lo hace, claro está en un país en el que se encarcela a periodistas independientes y tan sólo se permiten medios de comunicación propiedad del Estado o del Partido Comunista, que vienen a ser lo mismo.

Y otro artículo más sobre la violencia en la manifestación del 22-M. Lo encongamos en El Mundo y su autor es Federico Jiménez Losantos. Se titula La inseguridad.

Hemos visto cómo una turba de extrema izquierda tomaba la capital y la Policía tenía orden de no defenderse ante sus agresiones porque el ministro del Interior, gran amigo del presidente y gran enemigo del orden público, no quería que unos dizque observadores de la OSCE, échale siglas al pavo, pudieran decir que los policías españoles son salvajes represores de la pacífica exhibición de sensibilidades políticas distintas a la de Rajoy, que, como no tiene ninguna, son prácticamente todas.

Al menos un articulista denuncia la responsabilidad de Rajoy y del ministro del Interior que vive convencido de que fue la mismísima Virgen de Fátima la que derribó el Muro de Berlín.

Y ponemos punto y final con Religión y ciudadanía, de Antonio Gala. Deja claro, una vez más, que detesta al Ejecutivo de Rajoy:

No se qué es más inexacto: llamar Consejo de Ministros al Gabinete o llamar Gabinete al Consejo de Ministros. Lo más prudente sería no llamarlos: de ninguna manera. No creo que sea necesario. Hay algo que verdaderamente iguala a todos sus componentes: la inutilidad. Los asuntos avanzan a lento paso que los alarga y no resuelven nada.

Por una vez, este humilde lector de columnas no se siente demasiado alejado de lo que escribe Antonio Gala.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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