OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Hermann Tertsch ve al Gobierno débil y le acusa de haber ayudado a alimentar la violencia

Ana Botella ya tiene un voto para repetir como alcaldesa: Raúl del Pozo

El 'pecado' de Harry Potter: conducirnos a un mundo sin autoridad ni

Cualquiera que viva en Madrid y no vaya por la calle con unas orejeras ideológicas, verá que la ciudad no es la ciudad sucia y cochambrosa que pinta el pobre Forges, cada día más caricatura de sí mismo.

Basta comparar muchos de los servicios que se ofrecen, como el Metro, el Samur y la limpieza, con los similares en Nueva York, Buenos Aires o Bruselas. Si los madrileños no dejasen defecar a sus perros en las aceras ni pintasen las paredes, la ciudad sería todavía más agradable. Pero tampoco es la joya reluciente que otros pretenden.

Hace unos días, Pablo Sebastián me sorprendió al publicar una columna titulada ‘Ana Botella debe seguir en la alcaldía de Madrid’. Este 28 de marzo de 2014 hace algo parecido Raúl del Pozo en El Mundo, que lleva a sus elogios a un punto de exageración que pierden toda verosimilitud.

Sobre el tejado de piedra caliente y blanca de Novelda, en el torreón del Palacio de Cibeles, se mueve con sigilo de felina Ana Botella. Desde esa torre se ve el Madrid que puede medirse con París. Es la pirámide majestuosa que mandó hacer el faraón Alberto, dejando a los gatos momificados. Ana Botella, perteneciente a la ginecocracia del PP, tiene el pecado de ser esposa de Aznar, caído en desgracia por ser el gran elector de la mayoría de los dirigentes del partido.

 

Madrid se mueve y Ana Botella, frente al escepticismo, ha cuadrado las cuentas. Los 9.000 millones de deuda los va a reducir en 6.000. Pero en Génova buscan los dos candidatos que puedan ganar. Han realizado dos encuestas misteriosas, que nadie dice haber encargado. Nadie gana por mayoría absoluta; en la última, Ana remonta desde una posición baja.

Parece que Ana Botella, pese a las cinco muertes en el Madrid Arena, la mafia rosa en el Ayuntamiento y la huelga de basuras, tiene el voto del amigo Raúl.

Este tipo de columnas me hacen preguntarme lo mismo que cuando se las leo al maestro Anson: ¿cuánto? Seguramente esté equivocado, pero es algo que no puedo quitar de la cabeza por el exceso de adjetivos.  No os adornéis, muchachos.

Aplausos hasta ensordecernos

Otro ejemplo de columna derribada por los adjetivos es la de Jaime González (ABC): un panegírico a Iberdrola, cuyo presidente aparece con el que lo fue de Brasil (no es una empresa, es un país).

En Brasil, Iberdrola es la expresión más vigorosa de esa luminosa metáfora -campeonas del mundo- que en su día -antes de que la selección de fútbol entrara en el Olimpo- acuñaron las empresas españolas.

Así que la imagen de Ignacio Sánchez Galán y Luiz Inácio Lula da Silva con las camisetas de Brasil y de España podría ser una metáfora, una balompédica premonición o un símbolo de éxito. O la prueba del papel de transformadores sociales que encarnan los empresarios y los políticos que supieron adelantarse a su tiempo. Lula da Silva, expresidente de Brasil, entendió como nadie que el progreso de su pueblo no vendría de manos de la lírica, sino del negocio en su sentido más honesto.

Iberdrola es mucho más que el patrocinador de la selección española de fútbol: Brasil es un ejemplo de cómo se puede patrocinar el desarrollo de un pueblo sin morir en el intento.

Recordemos que Iberdrola está en una campaña de publicidad con inserciones de páginas enteras en los periódicos de papel de pago, en la que muestra el precio real de la luz y los beneficios para sus accionistas. En la página 13 de la edición de hoy de ABC aparece uno de esos anuncios. Al consejo anterior añado este otro: disimulo, muchachos.

Y si no me creéis a mí o a los maestros Julio Camba y César González Ruano, creed a Juanjo Millas (El País), al que felicito muy sinceramente por conseguir una columna que no insulta a nadie y encima es divertida. Su tema: la exageración en el trato a la muerte de Adolfo Suarez.

¡Más madera!, gritaron desde la sala de máquinas. Y cuando ya creíamos que era imposible soltar más ditirambos, más apologías, más exageraciones acerca de aquel hombre al que habíamos en su día detestado también hasta el exceso, empezó a salirnos de la boca lo mejor de nuestro instinto necrológico. No parecía que se había muerto un político, sino el papa de una religión verdadera. De hecho, se le ha enterrado en una catedral, llevándose consigo, además de los ramos de flores, un aeropuerto, decenas de calles y avenidas, jardines, parques, monumentos, colegios, qué sé yo. De repente, todo se llama Adolfo Suárez. En la comunidad de vecinos de mi casa, que tiene tres escaleras, hemos decidido llamar Adolfo Suárez a la del centro, y con los votos de los de la izquierda y la derecha. No se fijen ustedes en lo que hemos dicho estos días de Suárez; fíjense en lo que hemos dicho de nosotros al hablar de él y comprenderán quizá por qué nos pasa lo que nos pasa.

Después de sacudirme las metáforas, me voy a Federico Jiménez Losantos, que no pretende ser juguetón ni simpático como un perro pachón. Pedrada contra los magistrados del Tribunal Constitucional.

No podían negar que la Constitución dice que la soberanía reside en todo el pueblo español, porque lo dice y lo repite desde las Cortes de Cádiz. No podían conceder a una región española una soberanía contra la española y no podían conceder a un Parlamento que actúa en nombre de una soberanía catalana la facultad de convocar legalmente actos contra la legalidad. Eso no podían hacerlo ni los magistrados más separatistas y liquidacionistas. Lo que podían, y han hecho, es introducir, sin venir a cuento, que el nebuloso «derecho a decidir» cabe en la Constitución mediante reformas legales. Requetefalso. Pero la Roca del TC ha dicho que «el problema es político»; y el Roca de CiU y la Zarzuela que «no dialogar es de burros». Curiosamente, el burro es el símbolo del separatismo catalán. Lo asnal es no querer ver que da coces.

Diez años lleva la izquierda sembrando odio y mentiras

Ya estamos preparados, usted y yo, lector, para entrar en las muchas columnas que se dedican a las hordas callejeras que arrasan barrios impunemente.

El más preocupado es Hermann Tertsch (ABC), porque las conoce por su historia familiar y porque a él le han espetado «judío nazi» (sic) en la calle.

Nadie que siguiera los mensajes lanzados por la izquierda en los pasados diez años puede sorprenderse. Una década de enseñanza de odio y revancha guerracivilista en el discurso de la izquierda ha generado en ciertos sectores de la juventud española daños permanentes.

Con una militancia cuyo principal elemento no está en ningún proyecto ni ideario, sino en el concepto del enemigo, el mensaje lanzado desde las televisiones, desde las escuelas y desde todo el asociacionismo, es el de desenmascarar «la farsa de la transición y la reconciliación». Ha llegado el momento de saldar cuentas.

Pero este móvil político no es exclusivo de los ultraizquierdistas. Es un mensaje ya asumido por PSOE e Izquierda Unida.

Ahora, cuando los españoles más maltratados por la crisis llevan años de necesidad y malestar, creen que este proyecto tiene masa crítica. Hay prisa. Ha de utilizarse ya, antes de que resultados positivos en la economía pudieran desmovilizarla. El Gobierno ha ayudado a esta escalada de los que desafían la ley, sean separatistas, ladrones o vándalos. Desde Bolinaga, Durango a Gamonal, su mensaje permanente de debilidad o trivialización ha sido nefasto.

Santiago González (El Mundo) ahonda en la responsabilidad de la izquierda, cuyos servicios de orden en sus manifestaciones eran implacables con los que se atrevían a incumplir consignas y órdenes.

El secretario general de CCOO también considera que debe ponerse el foco donde se debe, que es en el éxito de la manifestación y no en «la violencia y los incidentes» que se produjeron al final.

Toxo ya militaba en el PCE el 24 de enero de 1977, cuando la ultraderecha asesinó a tres abogados, un administrativo y un estudiante en el despacho de abogados laboralistas que CCOO tenía en el número 55 de la calle Atocha. Seguía militando en el PCE 48 horas más tarde, cuando el entierro de las víctimas congregó en Madrid la primera manifestación multitudinaria de la izquierda tras la muerte de Franco: más de 100.000 personas sin un solo incidente. El servicio de orden del Partido Comunista se encargó de ello y se ganó aquella tarde la legalización.

Por qué la izquierda ha renunciado al orden es un misterio. Quizá quepa explicarlo por la paciencia con la que vieron aumentar el número de parados en tres millones sin abrir la boca para otra cosa que no fuera para agradecer las subvenciones. La presión de la olla exprés, pero ésa es otra historia.

El ejemplo de los comunistas italianos contra las Brigadas Rojas

Carlos Herrera (ABC) también culpa a la izquierda establecida, la del coche oficial y la subvención, de ser cómplice de los violentos.

La chusma antisistema y todos los bastardos embozados llevan sus actuaciones al límite en la esperanza de que un policía pierda los nervios -o se produzca algún hecho inesperado- y la «causa» cuente con un « mártir » al que invocar y por el que extravasar cuanta más rabia mejor. No se puede ceder ante tentación alguna, pero tampoco se puede asistir de brazos cruzados ante el avasallamiento criminal. Y la izquierda convocante de diversas manifestaciones en las que se cuelan los miserables debería excitar un tanto más sus mecanismos de control y ser menos pichafloja en la condena de los hechos. Quede bien claro que quien no condena la violencia está siendo cómplice de ella.

Florencio Domínguez (La Vanguardia) pone como modelo la implicación de los comunistas italianos en deslegitimar a los violentos.

tan importante como la acción policial es la respuesta social que hay que dar a los que protagonizan estos incidentes.

El modelo tal vez haya que buscarlo en el comportamiento de los sindicatos y de la izquierda italiana en los años 70 y 80 ante la violencia de las Brigadas Rojas y otros grupos. Los sindicalistas y el PCI se esforzaron por deslegitimiar a los terroristas, por un lado, y por tratar d emantenerlos lejos de las fábricas para evitar que la violencia se mezclara con las reclamaciones de los trabajadores. La implicación fue tan clara y nítida que alguno, como el sindicalista y militante comunista Guido Rossa, pagó con su vida ese compromiso democrático.

Harry Potter propone una sociedad sin padres

Manuel Jabois (El Mundo) nos cuenta que se apuntó para participar en las primarias del partido, movimiento o lo que sea de uno de los agitadores callejeros y deslegitimadores de la Transición más conocidos: el Podemos de Pablo Iglesias.

Estos movimientos demiúrgicos nacidos en oposición a tienen una ventaja: como nada vale, todo está por hacer. Pero de puertas adentro, en una sociedad igualitaria que ha de servir como ejemplo a otras, de repente se necesita un líder. No sólo eso: un líder que sea votado en detrimento de otros. Y exhibir para ello con timidez sus virtudes o pedir directamente perdón. En donde estar en paro o cobrar muy poco supone un plus de autoridad, hay que decir: «Yo debo ser elegido». Abundan por ello explicaciones pudorosas como el «con toda humildad», «gane quien gane», «la verdad es que no quería presentarme», «no soy yo sos vos» y «el mismo amor, la misma lluvia». Es todo de tal fragilidad que como alguno, en medio de la campaña, tenga éxito en los negocios va a tener un problema. Por no hablar del papelón si gana.

He repasado la lista dos veces y al final, como temía, me he inscrito para votar. Quería hacerlo por quien sólo pone nombre, profesión y edad, que son los más listos (por tener que escribir algo, uno dijo que estaba corriendo delante de la Policía mientras otros negociaban en los despachos la Transición, como si a la democracia se llegase en sprint). Y pretendía, al inscribirme, hacer un voto de castigo a Pablo Iglesias porque en su exposición de motivos adquiere tal tono institucional que dice: «Nos presentamos a estas primarias más de 140 personas», con lo cual o se juntaron todos para apuntarse al mismo tiempo o ya empezamos con información privilegiada. Pero cuando me llegó el código por SMS no me atreví. Me sentí, con justicia, un intruso en la playa de Danny Boyle.

La tribuna del historiador Fernando Fernández-Armesto (El Mundo) aporta un enfoque sorprendente: la literatura fantástica para jóvenes está contribuyendo a crear un mundo desprovisto de autoridad, en el que florecen esas turbas.

En el mundo secreto que se encuentra detrás del andén número 9 de la estación londinense de King’s Cross, no existe ninguna figura de autoridad. En la Middle Earth de Tolkien había un tal Gandalf, brujo sabio que aconsejaba a los protagonistas. En la Narnia de C. S. Lewis, los niños tropezaron con Aslan, el león divino, cuyo evangelio encarna toda verdad.

Lo normal en la literatura juvenil tradicional es que los huérfanos redescubran a sus padres o encuentren a quienes les amen y cuiden. En Harry Potter, en cambio, Harry acaba contento de ser huérfano, y Hermione, la compañera de sus aventuras, renuncia a sus propios padres para ser, desde luego, huérfana digamos optativa.

Me pregunto si esa narración desengañadora y subversiva es la clave para comprender la popularidad de Harry Potter. Habitamos un mundo de autoridades en decadencia. Los padres han dejado de disciplinar a sus hijos y prefieren calificarse de amigos relativamente maduros. (…) A los ancianos, antiguamente reverenciados por la madurez de sus conocimientos del mundo, les proponemos la eutanasia o el suicidio asistido. Descartamos las tradiciones.

Al final de la serie de Harry Potter, el mundo mágico termina en ruinas, poblado de muertos, dejando traumatizados a Harry y sus amigos. Esperamos que J. K. Rowling no sea la profeta de ese otro mundo desprovisto de autoridad que habitamos nosotros.

Me parece el mejor artículo del día.

La hucha de las pensiones se vacía

Un asunto del que se habla muy poco en los periódicos y nada en las portadas, salvo la de La Vanguardia (enhorabuena a Màrius Carol por el acierto): la disminución del Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Una consecuencia de la crisis económica y, sobre todo, de la caída de la natalidad en las últimas décadas. Primo González (Republica.com) escribe la única columna que he encontrado al respecto y constata su declive a los 14 años de haberlo instaurado José María Aznar.

El Fondo de Reserva de las Pensiones camina hacia una lenta desaparición, tras haber alcanzado sus máximos en el año 2011, cuando el dinero ahorrado por este ente público, creado en el año 2000, acumulaba 66.815 millones de euros. Fue su máximo esplendor. Desde esa fecha, el Gobierno ha ido disponiendo de esa hucha pública con la que los españoles tienen una cierta garantía de seguridad en el cobro futuro de las pensiones, de forma que a finales del año 2013, hace apenas tres meses, el importe acumulado se había recortado hasta los 53.700 millones de euros. Esta cifra representa ya menos de ocho meses de la nómina de las pensiones que cada mes abona la Seguridad Social a los pensionistas españoles. El Fondo vive de lo que le aporta el Estado (es decir, nada en los último años) y lo que gana con sus inversiones (unos 19.200 millones desde su nacimiento hasta la fecha).

El año pasado, a pesar de la elevada rentabilidad lograda por las inversiones (el citado 9,14% en el año), el Fondo vio como se retiraban recursos por importe, sólo en el año, de 11.648 millones de euros, lo que ha recortado su patrimonio a cierre del año pasado hasta los 53.700 millones de euros, la cifra más baja desde 2011.

Y el premio para la columna ridícula del día es para el artículo escrito por el general Federico Yaniz Velasco para ABC en honor al Ejército del Aire, que cumple su LXXV aniversario.

Salta de las guerras de Marruecos a 1953, cuando se produce la firma de los Acuerdos con EEUU. Entre medias, nada, por lo que se ve no hubo guerra ninguna;ni la aviación participó en la guerra civil ni en la campaña de Rusia. Mire, amigo lector, cómo salta el general de 1933 a 1953.

El vuelo del «Cuatro Vientos», que salió de Sevilla el 10 de junio de 1933 y llegó a Camagüey (Cuba) el día siguiente, terminó trágicamente al desaparecer tras reemprender el 20 de junio su viaje desde La Habana a la ciudad de México.

La creación y consolidación del Ejército del Aire fue un proceso que duró casi diez años. La escasez de material exigió un extraordinario esfuerzo de todos, aunque la industria aeronáutica española logró dotar a las unidades con el material indispensable. Con la mejora de la situación económica y la firma en septiembre de 1953 de los acuerdos con los Estados Unidos se inició una profunda renovación del EA.

Parece que para el Ejército del Aire no existieron ni Francisco Franco ni Juan Yagüe, su primer ministro. Me apena comprobar que los militares valientes y sinceros se quedan en Tres lanceros bengalíes, Fort Apache y Hermanos de sangre.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído