OPINIÓN / Afilando columnas

Del Pozo hace campaña por Ana Botella: «No se parece nada a la caricatura que le hicieron como legionaria y del Opus, homófoba y beata»

David Gistau: "Si no gusta a Amaiur y ERC, es que está bien. Lo que sea"

Ignacio Ruiz-Quintano: "La Generación Mejor Preparada de la Historia sale de la barricada, no del libro"

Una amiga nuestra profesora en la Universidad Autónoma de Madrid nos comentaba, en un intercambio de correos electrónicos madrugadores durante la pasada jornada, que no sabía lo que se iba a encontrar al llegar al campus. Poco después nos enviaba vía Telegram –es de las que han dejado de usar el WhatsApp tras su compra por Facebook– en los que se veía un amplio despliegue policial vigilando la salida de la estación de Cercanias del recinto universitario. Las imágenes impresionaban, pero se ve que no a los ultraizquierdistas, que han seguido protagonizando actos de violencia extrema en distintas universidades. Esta cuestión domina los espacios de opinión de la prensa de papel española el 28 de marzo de 2014, pero encontramos algún asunto jugoso extra. Por ejemplo, que el periodista encargado de enviar los mensajes de Bárcenas al PP y al Gobierno haya comenzado a hacer campaña por Ana Botella.

VOTE VERDAD O MENTIRA LA FRASE DE RAÚL DEL POZO

Hacemos sonar nuestra armónica de afilador y nos lanzamos a contárselo.

Cuando el humilde lector de columnas leyó que la columna de Raúl del Pozo en la contraportada de El Mundo se titulaba Gata en el tejado no pudo evitar acordarse de la mítica película de 1958 protagonizada por Paul Newman y Elizabeth Taylor y titulada La gata sobre el tejado de zinc –algún tiquismiquis nos reclamará que la referencia tendría que haber sido la obra teatral de Tennessee Williams en la que se basa el filme, pero es que esa ni la hemos visto ni la hemos leído–.

Pero no, la protagonista del artículo es una mujer que nos parece que tiene un atractivo mucho menor que el de la actriz británico-estadounidense en aquella época. Es un texto en defensa y para promoción de la alcaldesa de Madrid –‘gato’ es como se conoce popularmente a los madrileños, aunque los puristas dirán que tan sólo a los nacidos en Madrid y no a los procedentes de otros lugares por muchos años que lleven en la ciudad–.

La primera alcaldesa de Madrid no se parece nada a la caricatura que le hicieron como legionaria y del Opus, homófoba y beata. Lo único verdadero que se cuenta es que fue a la escuela con las Madres Irlandesas. Acostumbrada al linchamiento, teme la demolición por su familia y siente pavor a que la retraten en biquini cuando llega el verano, como en sus años de esplendor en la arena. Ella sigue en el Palacio de Cibeles como si el Inescrutable pudiera entregarle la vara. Prepara un año de anuncios, árboles, más árboles. Se ha bajado el sueldo y se lo va a reducir a los concejales.

Tras elogiar los resultados de la gestión de la mujer de Aznar al frente del consistorio, concluye:

Parece que Cristina Cifuentes más que a vivir en Cibeles o en Sol, aspira a residir en el Ministerio del Interior. «A Ana la votaría en bloque el PP. Pero como no se sabe quién manda, la gente se reserva sus intenciones», me dice una colaboradora de la alcaldesa.

Dado que Del Pozo no debe de ser el periodista más querido por el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante y los suyos, nos preguntamos si a Ana Botella le conviene o le perjudica que dicho periodista haga campaña por ella.

También en El mundo, Manuel Jabois dedica Podrá a las primarias por internet en Podemos, el partido político lanzado por el tertuliano Pablo Iglesias. Cuenta el columnista:

Y pretendía, al inscribirme, hacer un voto de castigo a Pablo Iglesias porque en su exposición de motivos adquiere tal tono institucional que dice: «Nos presentamos a estas primarias más de 140 personas», con lo cual o se juntaron todos para apuntarse al mismo tiempo o ya empezamos con información privilegiada. Pero cuando me llegó el código por SMS no me atreví. Me sentí, con justicia, un intruso en la playa de Danny Boyle.

Estas primarias tan democráticas que se anuncian en carteles con foto de uno de los candidatos y su nombre en grande son dignas de estudio. La atomización de la política pretende serlo del espíritu. Podemos es un gran mosaico de rostros anónimos que forman, en cuanto se coge distancia, el rostro gigante de uno solo. Lo cual no es malo, pero no hacía falta tanto pueblo.

Vamos, que Jabois cree ver una primarias y un partido puestos en marcha para mayor gloria y lucimiento del hombre que fue a Navarra para destacar en una ‘herriko taberna’ la gran clarividencia de ETA ante la Constitución española. Razón parece no faltarle al columnista de El Mundo.

Pasamos ahora a ABC, donde nos encontramos con que David Gistau se ha aburrido mucho durante los últimos días debido al ambiente de Amor fraterno entre todos los partidos como consecuencia del fallecimiento de Suárez. Habla, claro está, en su faceta de cronista parlamentario:

Hay algo de lo que no podemos prescindir: de los antagonismos, y de los fustazos del ingenio. Para la falsa concordia ya están habilitados los días de Navidad: que el resto del año impere la condición humana, darwinista, ávida de poder e importancia, directamente predadora.

Concluye:

Que esto sucediera lo han evitado Amaiur y ERC. Su bloqueo del homenaje institucional a Suárez ha interrumpido la tregua sagrada del luto y nos ha devuelto dos personajes políticos reconocibles: sectarios, mezquinos, infiltrados de extramuros renuentes a apoyar nada que huela a España, ni siquiera a la democrática que hizo posibles sus escaños, y empeñados en destruir cualquier iniciativa que otorgue vigor intelectual o moral -relato- al mismo sistema en cuyas debilidades siempre verán una oportunidad. Qué alivio. Por un momento creí que íbamos a perder un paradigma útil para discernir en la vida pública: si no gusta a Amaiur y ERC, es que está bien. Lo que sea.

En alguna contada ocasión, desde ERC (en el caso de Amaiur resulta más difícil) puede llegar a tener razón y algo que no le guste puede estar mal. Pero suele ser la excepción. Como norma general, la que propone Gistau está bien.


Ignacio Ruiz-Quintano.

Seguimos en el diario madrileño de Vocento, en el que se publica el primero de los artículos sobre la violencia ultraizquierdista de los que nos vamos a hacer eco en esta jornada. Ignacio Ruiz-Quintano titula Barricadas y arranca de la siguiente manera:

La visita pastoral de Pablito Iglesias a los gudaris de una herriko-taberna en Pamplona recuerda a las que el predicador de Deadwood hacía a las señoritas de «La Gema», el salón de «Al» Swearengen: una francachela sin importancia, si no fuera porque Iglesias, aunque lego, es profesor (colega nada menos que de El Juli en la cátedra complutense) adscrito al Presupuesto.

Al afilador de columnas le alegra que Ruiz-Quintano lea Periodista Digital (sería demasiada casualidad que haya encontrado por su cuenta el vídeo de Iglesias el mismo día en que este periódico informaba sobre él —[VÍDEO] Pablo Iglesias se derrite en elogios a Amaiur y ETA por cuestionar «el papelito aquel del 78»–), pero le hubiera estado muy agradecido si hubiera tenido el detalle citar a este diario online como el medio por el que tubo constancia de los hechos de los que habla. Aquí solemos tratarle con cariño, no le costaba nada tener ese pequeño detalle.

Tras asegurar que «la idea de que lo digno es no pagar triunfa desde que la Iglesia cambió el perdón de las deudas por el de las ofensas en la quinta petición del Padrenuestro», concluye:

La Generación Mejor Preparada de la Historia sale de la barricada, no del libro. ¿Cómo iban a concebir nuestros abuelos, con su Pemán, una égloga pastoril-ideológica donde Salicio, en vez de los desdenes de Galatea, llorara la ineficiencia de la Universidad?

En La Razón nos encontramos con un interesante artículo de José María Marco sobre la violencia de ultraizquierda que sacudió el centro de Madrid el 22-M y que se ha reproducido en numerosas universidades durante los días siguientes. Titula Responsables:

Esta realidad debería hacer reflexionar a los manifestantes sobre los objetivos a los que se están prestando, aunque seguramente eso sea mucho pedir. Evidentemente, las redes sociales y las nuevas formas de comunicación propician la aparición de grupos fanatizados, en circuito cerrado, que pueden llegar a no tener ningún contacto con quienes no refuerzan sus actitudes y sus argumentos. Ahí está una parte del origen de todo esto. Sin embargo, estos jóvenes no son marginales. Son el producto más acabado de una educación que en muchos casos no está contribuyendo a hacer de ellos jóvenes adultos responsables, capaces de pensar por sí mismos, sino seres manipulables, sin la menor autonomía, reducidos a respuestas primarias ante una realidad cada vez más compleja que no van a ser capaces de entender nunca. No hay más que ver en lo que se ha convertido el campus de la Complutense -un gueto oficial y acreditado para la práctica del botellón y el ultraizquierdismo- para darse cuenta de esto.

José María Marco, profesor universitario, sabe muy bien de lo que habla. Y si miramos a determinadas facultades, como las de Ciencias Políticas, en las que personajes como Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero tienen mucho poder e influencia, el panorama puede resultar todavía más desolador.

Nos mantenemos en el asunto de la violencia ultraizquierdista, pero cambiamos de medio e incluso de cuidad. Tomamos el puente aéreo y nada más aterrizar en Barcelona nos asomamos al diario del conde de Godó y Grande de España que ha reculado en su apuesta por el independentismo catalán. En La Vanguardia nos encontramos un artículo titulado Violencia en la calle, de Florencio Domínguez.

Niega las justificaciones dadas por algunos en el sentido de que la violencia haya sido una «respuesta espontánea de ciudadanos indignados» o una «reacción a las actuaciones policiales». Apunta, con mucho sentido común, a grupos radicales:

La violencia urbana es la opción elegida y luego se buscan ocasiones para ponerla en práctica: un día en una protesta contra los recortes, el otro por las políticas educativas y al siguiente, por lo que se tercie. Se ha visto recientemente en Bilbao: quienes antes atacaban bancos, negocios y policías por la causa de ETA, ahora atacan bancos, negocios y policías en nombre de la lucha contra la crisis o contra el capitalismo.

Reclama, como ya hiciera en el mismo periódico Pilar Rahola —Rahola, Camacho y Losantos le piden a la izquierda que se atreva a condenar la violencia del 22-M–, que la izquierda se desmarque de estos grupos:

Tan importante como la acción policial es la respuesta social que hay que dar a los que protagonizan estos incidentes. Tiene especial importancia que las organizaciones que puedan ser ideológicamente más cercanas sean capaces de desmarcarse con claridad de los violentos y que actúen para que las acciones radicales no puedan asociarse con las reivindicaciones legítimas de una parte de la población.

El problema, nos tememos, es que en los partidos de izquierdas y los sindicatos hay quienes ven con buenos ojos a estos violentos. Son quienes se mueven en un esquema primario de ‘los nuestros’ frente a ‘ellos’, en el que siempre hay que defender a los afines ideológicos por muy detestables que sean sus métodos. Y, por supuesto, nos tememos que tampoco faltan otros que ven en estos grupos una herramienta útil para desgastar al gobierno, o incluso al sistema, y así terminar accediendo al poder. No hablamos, por supuesto, de toda la izquierda, pero sí de una parte de ella.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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