OPINIÓN / Afilando columnas

Monegal: «Ahora solo nos cabe una esperanza: que Jordi Évole remedie este sospechoso ‘apartheid’ televisivo de Pilar Urbano»

Santiago González (El Mundo): "La tentación literaria es el mal del periodismo y la paranoica, el de los españoles"

Durante los días inmediatamente posteriores al fallecimiento de Adolfo Suárez fueron muchas las voces políticas y periodísticas que añoraron el famoso ‘consenso’ que supuestamente caracterizó la Transición española, en buena medida gracias al que fuera el primer presidente del gobierno democráticamente elegido tras la muerte de Franco. Parece que el consenso ha vuelto, aunque con un objetivo muy distinto a facilitar la instauración de un sistema político no dictatorial. Ahora consiste en criticar y atacar con dureza a Pilar Urbano por su libro La gran desmemoria. Un buen ejemplo de ello son los espacios de opinión de la prensa de papel del 7 de abril de 2014. Alguna excepción al linchamiento de la periodista encontramos, y también lo contaremos.

Tras hacer sonar una vez más nuestra armónica de afilador pasaremos a dejar constancia de todo lo anterior. Eso sí, lo haremos con mucha urbanidad.

Comenzamos en el periódico donde resultaba más previsible que se hiciera la defensa más cerrada del Rey frente a lo que cuenta Pilar Urbano. No es otro que el diario monárquico por excelencia: ABC. En su contraportada Álvaro Martínez titula Confirmado: el ‘urbanismo’ es un problema para España.

Supuestamente tenía una [noticia]Pilar Urbano. Hace nada menos que 33 años que guardaba, calentito en un cajón, un notición -desde aquel peligroso 1981- que si fuera cierto se trataría del hallazgo periodístico más importante ocurrido en España del último medio siglo. Pero es tal el chaparrón de desmentidos y tan bochornosa la ausencia de pruebas de la fábula «urbanística», que al final el que vuelve a salir descalabrado es el periodismo, que no gana para presuntas conspiraciones o formatos-trampa que van a hacer imposible que la audiencia distinga entre verdad y mentira o realidad y ficción. Mención también para el diario que un domingo se dedica a difamar al Rey y al siguiente, lo defiende del bulo que él mismo montó. El periódico que ahora se apea de su teoría de la conspiración en el 11-M y llama a El Chino en portada uno de los «responsables» del atentado.

Lo cierto es que a este humilde lector de columnas le ha llamado la atención la repercusión que ha tenido la entrevista que hizo El Mundo a Urbano sobre su libro. En ese diálogo, no sabemos lo que dice el libro, la periodista no dijo nada que no hayan publicado o contado otros en el pasado. La única novedad, tal vez, sea el citar con nombres y apellidos a sus fuentes (aunque alguna de ellas ahora pueda negar que lo sea).

En el caso del columnista del ABC vemos como aprovecha la tesitura para arremeter contra El Mundo. Lo hace, eso sí, al más puro estilo Cebrián en El País tres días antes —Juan Luis Cebrián sacude una sarta de palos a El Mundo, Antena3 y laSextaTV–, sin citarle por su nombre. No sólo le reprocha que de voz a las teorías de Urbano para acto seguido criticarlas, sino que de paso carga contra su cambio de criterio sobre el 11-M, un asunto que ha enfrentado a los dos periódicos durante una década.

El diario madrileño de Vocento publica una columna de Isabel San Sebastián titulada Liderazgo, que concluye:

Para desgracia de una nación construida en buena medida merced a la suma de grandes individualidades, la época contemporánea ha sido avara en brindarnos hombres (o mujeres) de Estado merecedores de tal nombre. Dirigentes capaces de conducirnos con pulso firme en travesías turbulentas hasta tocar puerto seguro. Y para uno que tuvimos dotado de cuajo y talento, sobrado de dignidad, patriota, inteligente y decente; para un Adolfo Suárez que nos brindó la Transición, hay quien se empeña en destruir su legado enfangando su memoria. ¡Pobre España huérfana!

Ya ven, estimados lectores, un texto dedicado supuestamente a comentar el tipo de políticos existen según el tipo de liderazgo que ejercen, termina con un ataque a alguien a quien no se cita por su nombre pero, nos tememos, no es otra persona que Pilar Urbano. Aunque claro, en lo que ella cuenta quien queda en mal lugar no es Suárez, sino Juan Carlos I.

Pasamos a El Mundo, donde nos encontramos un nuevo texto de Opinión contra Pilar Urbano (desde la entrevista que le hiciera Miguel Ángel Mellado, el diario ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo publica al menos una columna diaria dedicada a criticarla). Lo firma Santiago González y se titula El mal del periodismo.

Soy un viejo aficionado a la literatura de Pilar Urbano, a la asombrosa desenvoltura con la que aplica al periodismo técnicas de novela: el novelista puede estar omnipresente en el relato y contar qué hacía o pensaba un personaje en la intimidad de su cuarto de baño.

Concluye:

Urbano escribe sobre el 23-F como el guionista de Évole, y sobre ETA como aquel tipo, Alvaro Baeza L. que nos explicó el terrorismo en una colección de libros amarillos, gran acierto cromático. Pero es igual. A quien le convenga su historia no se va a arredrar por los detalles. La tentación literaria es el mal del periodismo y la paranoica, el de los españoles. Y las españolas, claro.

Resulta llamativo lo de El Mundo. Desde que publicara la entrevista a Pilar Urbano el 30 de marzo de 2014, no ha habido prácticamente ningún día en el que no se publicara en ese periódico alguna columna criticando con dureza a la autora de La gran desmemoria. Cuando no es Raúl del Pozo es, como en esta ocasión, Santiago González o el por lo general brillante Manuel Jabois, que publicó el 1 de abril el que para este afilador de columnas ha sido su peor artículo desde que comenzó a leerle, titulado Creer y no creer.

Si fueramos mal pensados, creeríamos que desde la dirección del periódico se han transmitido órdenes a la mayor parte de sus articulistas para cargar contra Pilar Urbano en un intento de hacerse perdonar por parte de altas instancias. Y puestos a imaginar, hasta podrías pensar que ha habido alguna llamada desde altas instancias del Estado a García-Abadillo, directamente o por medio de intermediarios, para que El Mundo escenifique una penitencia por cometer el pecado de molestar a la Casa Real. Pero vamos, esto no son más que imaginaciones.

Pero dentro de El Mundo encontramos la excepción en Federico Jiménez Losantos, que no se arruga ante la línea general y toma claramente partido por Pilar Urbano frente a quienes le critican y ante el Rey.

El turolense se lanza en esta ocasión a criticar a Adolfo Suárez Illana (ese mismo que ha logrado que parezca que el fallecido presidente del Gobierno tan sólo tuvo un hijo, pues tan sólo él aparece en los medios), y titula Que lo hagan duque ya. Arranca con fuerza:

Como Suárez Illana siga apoyando a la Monarquía, la derriba. Como se empeñe en documentar lo que no se puede documentar, y siga liando fechas y datos acabará convenciéndonos a todos de lo que ni siquiera Pilar Urbano dice en el libro: que el Rey estaba al tanto del 23F.

Replica a varias afirmaciones que hace el aspirante no legítimo al ducado de Suárez en su entrevista con El Mundo, cuya primera parte se publicó la jornada anterior. Ello rebozado con la siguiente afirmación:

No entraré en el hecho significativo de que en 1980 Suárez Illana tenía 16 años (es de Mayo del 64), que no es edad para que su padre compartiera con él secretos de Estado, incluso si hubiera poseído un talento político excepcional, cualidad que parece temerario atribuirle.

En el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’ encontramos un texto de Ferran Monegal titulado El salto mortal de Pilar Urbano. El articulista de El Periódico no se moja en la defensa o la crítica de la citada periodista. De hecho, parece que no le importa si lo que ella cuenta es verdad o no.

Lo que le interesa a Monegal es la repercusión televisiva de su libro y de la entrevista en El Mundo, que no es muy diferente de la que ha tenido en los periódicos:

Desde un punto de vista estrictamente televisivo, Pilar Urbano ha conseguido una meditable rareza: en todos los programas que he visto hablaban de su libro para cargárselo, para ponerla a parir.

Concluye:

O sea que la repulsa ha sido bien atendida por la tele. Pero no he visto en ningún programa del telehipódromo estatal que entrevisten a Pilar Urbano, ni que la inviten para que argumente y defienda lo que en su libro asegura. La exquisita dedicación que ella siempre había recibido, ha cambiado. Cuando en el 2009 escribió aquella hermosa biografía de la Reina (‘La Reina, muy cerca’) en A-3 TV hicieron un ‘especial’ en donde Urbano fue entrevistada en calidad de biógrafa de la Reina. Cuando en el 2011 escribió su voluminoso semimasaje al Rey (El precio del Trono), también fue objeto de entrevistas.

¡Ahh! Qué meditable situación. Mientras Pilar Urbano ejercía de ‘cheerleader’, la tele no paraba de hacerle entrevistas. Ahora solo nos cabe una esperanza: que Jordi Évole la llame y remedie este repentino y sospechoso ‘apartheid’ televisivo.

Concluimos en esta ocasión en la contraportada de El País, donde Almudena Grandes publica La ficción. Es otra excepción al consenso contra Pilar Urbano, del que sí participa su jefe máximo, Juan Luis Cebrián. Eso sí, Grandes se cura en salud y tampoco toma partido por la autora de La gran desmemoria.

Tras reflexionar sobre los distintos modos de trabajar que tienen, o deben tener, los novelistas y los autores de libro de Historia, concluye:

Este tema, sobre el que reflexiono desde hace ya muchos años, acapara la actualidad gracias al libro de Pilar Urbano, que la Casa Real ha definido como ficción y la autora reivindica como historia cierta. En plena controversia, el teniente general Cassinello ha declarado que «algunas cosas es mejor que no se sepan nunca». Al margen de la terquedad con la que tantos prohombres de la Transición nos siguen relegando a una irritante y perpetua minoría de edad, nos hallamos al menos ante una verdad indiscutible. Con amigos como este, el Rey no necesita enemigos.

Cassinello era el jefe del Servicio de Información de la Guardia Civil (los servicios de inteligencia del instituto armado) durante el golpe de Estado, así que algo debe de saber del tema. A pesar de la natural tendencia al secretísimo que tienen los espías, resulta preocupante que una persona como él diga que hay cosas que es mejor que nunca se sepan. Si realmente no hay nada que ocultar, el teniente general consigue dar credibilidad a quienes denuncian que se nos está hurtando la verdad sobre lo que pasó.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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