OPINIÓN / Afilando columnas

Vidal-Folch (El País) compara a quienes sitiaron el ‘Parlament’ con los manifestantes antifranquistas

Edurne Uriarte: "La muerte de Gabriel García Márquez ha producido un apagón democrático universal"

Girauta: “La mejor baza de las dos formaciones principales es mantener la ficción de una dualidad perfecta y coronar la campaña con un debate Cañete-Valenciano”

A los espacios de opinión de la prensa de papel el 22 de abril de 2014 se le puede aplicar el dicho de que ‘hay de todo, como en botica’. Ningún tema destaca sobre el resto de cuestiones por la cantidad de columnas que se le dedica, pero sí nos encontramos cosas curiosas, como que una articulista se queje del machismo del periódico donde escribe o que algunos cierren los ojos ante la complicidad con una tiranía según le caiga quien practica esa amistad con los dictadores. De todo ello daremos cumplida cuenta tras hacer sonar, una vez más, nuestra armónica de afilador.

Empezamos en esta ocasión en El País, en cuya contraportada Rosa Montero publica un artículo titulado Elena, en honor de Poniatowska, la periodista y escritora mexicana galardonada con el Premio Cervantes de 2014. Aprovecha la ocasión para denunciar el machismo en el mundo literario, y en la sociedad en general. Y pone un ejemplo:

Quiero decir que a las mujeres se les exige todo, una excelencia global que jamás se demandaría en un varón. Esto no es consciente; es una ceguera insidiosa que nos impide ver con normalidad a las mujeres. Por ejemplo: hace un par de meses hubo un manifiesto de mujeres contra la ley del aborto de Gallardón, con más de 1.500 firmas, muchas muy conocidas. Solo se publicó, con poca relevancia, en EL PAÍS digital. Un mes más tarde, un grupo de hombres apoyó ese manifiesto con 350 firmas. Les dieron una página entera, con foto, en EL PAÍS de papel. Ya ven, nosotras no valemos tanto, casi se diría que no existimos.

Con independencia de la opinión que cada uno pueda tener del aborto, y sobre la ley de Gallardón sobre esta cuestión, resulta llamativo que Montero denuncie el machismo del propio periódico en el que escribe. No sólo llamativo. Es valiente.

En las páginas interiores del gran diario generalista del Grupo PRISA hemos encontrado otro artículo digno de mención. Su autor es el escritor Ignacio Vidal-Folch y se titula Indulgencia para los procesados por el Parlament.

Se trata de una carta abierta al juez que lleva el caso de los acusados por sitiar el Parlamento de Cataluña. Como indica el propio título del texto, Vidal-Folch pide que al togado que no imponga una condena dura a los juzgados. De hecho, sostiene que la pena que piden las acusaciones (entre tres y ocho años de prisión) son algo que «repugna nuestro sentido de la humanidad».

Dice de los acusados:

Algunos en la flor de la juventud, vehementes en su indignación o en su desesperanza, de la que, quizá con algún que otro motivo, responsabilizan a la clase política. ¿Se excedieron? Seguro; pero a mí, señor juez, me recuerdan cuando yo creía en la posibilidad de mejorar el mundo e iba también a las manifestaciones contra el régimen anterior: ¡Me caen muy simpáticos!

No vamos a entrar aquí en las credenciales como manifestante antifranquista de Vida-Folch, puesto que nada sabemos de ellas. Pueden ser amplias o breves, o desconocemos, pero en todo caso resultan irrelevantes. Lo que al afilador de columnas le parece un despropósito es comparar a quienes ‘corrieron delante de los grises’ (o no, pero sí participaron en protestas contra el régimen de Franco) con quienes sitiaron el Parlamento autonómico.

Aquellos protestaban contra una dictadura que no permitía espacios libres para protestar, estos violentan las leyes para presionar de forma ilegítima a una institución democráticamente elegida. Nada tiene que ver una cosa con la otra, por poco que nos pueda gustar el gobierno catalán o por mucho de que podamos denunciar algunas de sus actividades por muy diferentes motivos.

Pasamos a El Mundo, donde nos encontramos con un artículo de Arcadi Espada dedicado a la película ‘Ocho apellidos vascos’ titulado Norte / Sur.

VERDAD O MENTIRA: VOTE LAS FRASES DE ARCADI ESPADA

Recuerda que está inspirada en la francesa Bienvenue chez les Ch’tis. Pero recuerda algo que las distingue:

A diferencia de la francesa la comedia española debe lidiar con dos espinosos problemas: la violencia y el separatismo. Las sonrisas y hasta las carcajadas del espectador conviven, así, con una retaguardia en estado de alerta: pero se producen, y francas, lo que es un mérito del género y de su director Emilio Martínez-Lázaro.

Concluye:

Sin embargo las metáforas políticas son abusivas y un exponente oblicuo de la tristeza en que está sumido el propio concepto de ciudadanía española, que a cualquier clavo ardiente se agarra. Al fin y al cabo Ocho apellidos vascos está basada en una retórica vieja y eficaz, cual es el contraste humorístico entre las gentes del Norte drástico y oscuro y las del sinuoso e iluminado Sur. Es verdad que ha interesado a muchas personas, seis millones y medio hasta ahora. Pero es que Bienvenidos al Norte, que es como se tradujo su antecedente francesa, llegó a interesar a veinte millones, sin que hubiera de por medio la menor aspiración a refundar la patria gala. Por lo demás, la única metáfora solvente de nuestra comedia es de estricto carácter galante: el amor todo lo puede, incluso contra el parecer de los señores del nacionalismo, los verdaderos capuletos y montescos de nuestro tiempo.

Con tanto artículo sobre el filme, uno empieza a pensar que igual sí merece la pena gastarse el dinero en las entradas del cine para ver la película.

También en El Mundo, el antaño director de periódicos rinde su homenaje al fallecido Gabriel García Márzquez, que quedó perfectamente retratado en le titular de la noticia sobre su muerte que se publicó en Periodista Digital —Muere Gabriel García Márquez, un genio de la literatura universal y un sectario de la política latinoamericana–. Luis María Anson titula Gabo y las putas tristes y aprovecha para lanzarse flores a sí mismo por su política de fichajes cuando estuvo al frente de la agencia de noticias pública española y cuando dirigió ABC:

Tuve la suerte de contratar para la colaboración en Efe a los cuatro escritores que luego ganarían el Premio Nobel: García Márquez, Paz, Cela y Vargas Llosa. Los cuatro se incorporaron después al ABC verdadero, cuando asumí su dirección.

Después arranca a elogiar la personalidad, no la obra, de García-Márquez. Sostiene:

Ni a él ni a Oswaldo Guayasamín les tuve en cuenta su devoción por Fidel Castro. Gabo, que hablaba del amor y otros demonios, que escribía sobre las putas tristes, estrenó en Madrid Diatriba de amor contra un hombre sentado. Ana Belén puede explicar mejor que nadie el sentido profundo de aquella comedia excepcional.

¿Nunca le tuvo en cuenta su devoción por Castro? No es este, en absoluto un asunto menor. ‘Gabo’ fue uno de los grandes propagandistas del tirano caribeño, de su asesino y totalitario régimen. Es cierto que sus gestiones permitieron que algunos periodistas concretos pudieran salir de las prisiones donde injustamente les había encerrado el sistema comunista cubano, pero también es verdad que en esas mismas cárceles han estado encerrados durante años, a veces décadas, muchos otros escritores, periodistas, activistas de derechos humanos, opositores políticos y otras personas que desagradan a los dictadores han pasado años. Y ante eso García Márquez guardó silencio. Eso sí, aplaudía al carcelero en jefe.

Y como si quisiera responder al ex director de ABC, Edurne Uriarte escribe en el diario madrileño de Vocento una buena columna titulada Gabo, el amigo del dictador.

La muerte de Gabriel García Márquez ha producido un apagón democrático universal. Como si su legitimación de la dictadura cubana hasta el último día de su vida fuera, hubiera sido, un nimio detalle en su biografía. Una nota curiosa más en la fascinante vida del genio literario. Como si su simpatía hacia el comunismo castrista no planteara debate ético alguno entre los admiradores de su talento extraordinario. Como si su sostenimiento de la opresión castrista pudiera disfrazarse de mero cariño personal hacia el opresor.

Repentinamente, los debates éticos que habitualmente provocan las amistades artísticas con los dictadores de extrema derecha se han evaporado con García Márquez.

Concluye:

Si alguien pudiera demostrarme que una amistad de Gabo pongamos con Franco habría producido un silencio y una indiferencia semejantes, podría aceptar que se trata de una admiración tan excepcional hacia su genio que eclipsa todo lo demás. Pero cualquiera apostaría que lo anterior jamás habría ocurrido. Que una amistad con un dictador de derechas, que una simpatía hacia una dictadura como la franquista, habrían cambiado completamente esta historia.

En esta ocasión, este humilde lector de columnas está completamente de acuerdo con Edurne Uriarte.

Seguimos en ABC, donde Juan Carlos Girauta titula Quien suda pierde, artículo dedicado a las campañas electorales, su relación con la corrupción política y el nuevo escenario con pequeñas formaciones y redes sociales.

Con todo, y por mucho que las redes sociales bien gestionadas hayan permitido asomar a formaciones que en otro contexto no habrían superado las barreras de entrada al mundo de lo público, el medio por excelencia sigue siendo la televisión.

Concluye:

La mejor baza de las dos formaciones principales es mantener la ficción de una dualidad perfecta y coronar la campaña con un debate Cañete-Valenciano. Aunque sospecho que ambos temen jugar esa carta, útil para oscurecer las demás opciones, sí, pero muy delicada porque puede decantar definitivamente las elecciones. Cañete, que sale de favorito, acaso considere que el riesgo es excesivo. Valenciano quizá tema medirse con un técnico que la ponga en evidencia. Nadie ha olvidado el debate Solbes-Pizarro, donde el mejor quemó su carrera.

indudablemente, en esa estrategia juegan un papel fundamental los directivos de las televisiones, públicas y privadas. Y visto lo visto, parece que en casi todos los casos están encantados con ese papel.

Terminamos en esta ocasión en el periódico de la ‘disciPPlina’. Javier González Ferrari publica en La Razón una columna con el ingenioso título de Susanita tiene un marrón.

Los beneficiarios del marrón que tiene Susanita no se conformaban con comer chocolate y turrón, ni bolitas de anís. Sencillamente se han puesto morados con fondos europeos destinados a crear empleo, algo que no ocurre en la Andalucía que los socialistas llevan más de tres de décadas gobernando como un cortijo.

Concluye:

El caso es que pasan los años, pasan los presidentes de la Junta y nada cambia salvo a peor, y el PP esperando que los socialistas se caigan del árbol como fruta madura e incapaces de diseñar una estrategia que les abra los ojos, a demás del bolsillo, a los andaluces.

Algo nos dice que los del PP pueden seguir esperando.

José María Marco, por su parte escribe sobre La Mezquita politizada. No hace falta leer más para saber que se refiere al famosísimo monumento cordobés. Marco plantea:

Puestos a hacerse preguntas, no se sabe muy bien por qué la titularidad de la Iglesia católica es menos «universal» que la del Estado, no digamos ya la de la Junta de Andalucía… Evidentemente, no se trata de eso, sino de hacer política con el pasado, y tal vez con la religión, colocando a la Iglesia y a quienes defienden la legalidad en un brete en el que acabarán apareciendo como represores de la diversidad cultural, por no decir fanáticos cavernarios que aspiran a resucitar a Santiago Matamoros.

Concluye:

Comprenderlo requiere un grado alto de sofisticación y de tolerancia, además de cierto sentido del humor, que es lo que nuestros mayores nos legaron. Los firmantes del texto se podrían preguntar por qué a la catedral de Córdoba se la ha llamado siempre mezquita, por ejemplo. Más que seguir empeñados en rectificarlo, manipularlo y politizarlo, lo que podríamos hacer con el pasado es intentar aprender de él. (Cosa que no se hará, ni que decir tiene).

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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