OPINIÓN / Afilando columnas

Mayte Alcaraz sobre Elpidio Silva: «La primavera populista nos ha traído una nueva especie de tertuliano»

Jiménez Losantos: "Las fuerzas corruptoras han alcanzado sus últimos objetivos institucionales"

La lectura diaria de los espacios de opinión de la prensa de papel española le permite a uno observar fenómenos curiosos. Uno de ellos es que en un diario haya quien critique que los tertulianos televisivos se metan a candidatos electorales y que, al día siguiente, en ese mismo periódico se critique la aparición en las tertulias de personas que no proceden del periodismo. Lo interesante de la cuestión es que los autores de esas dos columnas son, a su vez, habituales en tertulias de televisión.

Tras hacer sonar una vez más nuestra armónica de afilador vamos a comentar esto y algunos otros jugosos asuntos de los artículos publicados el 25 de abril de 2014.

Arrancamos en esta ocasión en ABC, donde Ignacio Camacho critica, como hiciera la jornada anterior su compañera de periódico Rosa Belmonte, la pretensión de la mujer incapaz de ver un Jaguar en su garaje para que las televisiones adelanten el horario de sus programas estrella. Titula Telerines. Arranca con una crítica a muchos de quienes en España se definen como liberales:

SI quieres medir el liberalismo de un liberal dale el poder de decidir sobre los demás. En cuanto tiene firma al pie de un decreto, la mayoría de los sedicentes liberales españoles se dedica a ordenarle la vida al resto, a agrandar la Administración -colocando a más liberales, claro-, a regular mercados, a controlar medios y a subir impuestos. Con razón no acaba de encontrar el PSOE su sitio en la escena política; por la izquierda le comen el terreno los bolivarianos y por la derecha le achican el campo los intervencionistas. Con tanto converso quién necesita genuinos socialdemócratas.

A nadie le sorprenderá a estas alturas si el afilador de columnas dice aquí que se define a sí mismo como liberal. Desde esta postura añade que no le falta razón a Camacho. Muchos supuestos liberales se olvidan de la libertad en cuanto tocan poder, pero no todos, hemos de ser justos. Y en el caso español la denuncia del columnista del ABC resulta muy acertada en lo que se refiere a muchos de los que se hacen llamar liberales dentro del PP, y el caso extremo es el de una Convergencia que forma parte de la Internacional Liberal y que no hace más que legislar regulando el sector privado a niveles extremos.

VERDAD O MENTIRA: VOTE LAS FRASES DE IGNACIO CAMACHO

Del intento de la ministra Ana Matno de que las televisiones adelanten sus horarios, dice:

Doña Ana, que es mucho de la familia Telerín, quiere que nos vayamos antes a la cama. A dormir, por supuesto. Lo llama racionalizar horarios en la arrogante presunción de que el único paradigma razonable es el del Estado. O sea, el de decidir por los demás e influir hasta en el momento de acostarse. Primero se quedaron con la cartera y ahora vienen a por el reloj.

Algo nos dice que Camacho es de los que, igual que el autor de estas modestas líneas, prefería al Estado fuera de nuestras camas y de nuestros bolsillos. Por cierto, que no puede evitar terminar con un toque pícaro:

Y además, qué diablos, a estas alturas casi todos sabemos ya cómo mantenernos despiertos con la tele apagada.

Como ya se dejó constancia 24 horas antes tanto por parte del afilador de columnas —Sostres contra la «horterada» del San Jordi: «Un país de iletrados presume de regalarse libros»— como por ‘El fumador’ —Camacho acusa a Ciudadanos, Vox y Podemos de montar una «democracia de tertulianos» con sus candidatos–, el ya citado Ignacio Camacho criticó en ABC a esos Candidatos catódicos que saltan de las tertulias televisivas a las listas electorales de las pequeñas formaciones que quieren acabar con el partidismo. Al día siguiente, la subdirectora del diario madrileño de Vocento, Mayte Alcaraz, critica con dureza a un juez devenido en tertuliano. Lo hace bajo el título de Elpidio.

Tras comentar cómo es el oficio del tertuliano por parte de los periodistas, dice:

Sin embargo, la primavera populista nos ha traído una nueva especie de tertuliano, de cachaza a prueba de bombas, sentado a la hora del vermut entre el desencanto ciudadano y la compensación económica por participación muy poco desinteresada en el circo televisivo.

Uno de sus más estelares representantes es Elpidio José (o José Elpidio, nunca sé el orden de producto tan alterado) Silva.

Sostiene:

Resulta inquietante escucharle. Incluso, también debatir con Silva sobre territorios donde la sutileza, el respeto y la dialéctica de los matices ha de imperar cuando se tiene responsabilidad tan mayor. Los planos suelen invertirse: el periodista se convierte en defensor de la sustancia del Estado de Derecho, de las tonalidades grisáceas de la política, del respeto a los derechos fundamentales mientras el magistrado enarbola banderas antisistema que, a él, precisamente a él, correspondería arriar en amparo del respeto al ordenamiento jurídico y la convivencia entre todos.

Este humilde lector de columnas no comparte la idea de que sólo los periodistas deban participar en tertulias. Hay personas procedentes de otros ámbitos que pueden hacerlo. Sin embargo es cierto que, como señala Alcaraz, cada vez hay más tertulianos populistas que llegan desde la universidad o desde la judicatura, por ejemplo. Y ciertamente Silva es un buen ejemplo de ello.

Pasamos ahora a El Mundo, donde Federico Jiménez Losantos escribe sobre la corrupción bajo el título de Que no hay fiscales.

Parodiando el último parte de guerra de Franco, Rajoy y Gallardón podrían proclamar que «las fuerzas corruptoras han alcanzado sus últimos objetivos institucionales», y sería certísimo. Gracias a este Gobierno ya no son muchos sino todos los magistrados y jueces del Supremo, el Constitucional y el CGPJ elegidos por los políticos. La suprema absolución de José Blanco, que ya ha iniciado su eurocampaña electoral, ¿qué es si no un alarde de corrupción política? ¿Y cabe mayor escándalo que el protagonizado por la fiscalía en el caso Urdangarin-Borbón, con el fiscal Horrach, jaleado por Zarzuela y Moncloa, atacando al juez Castro? ¿Y el fiscal Sol atacando a EL MUNDO por denunciar la corrupción de los Pujol? ¿Y la actuación de la fiscalía en el 11-M, colaborando en la ocultación de todo lo que pudiera esclarecer la masacre?

Y no se pueda usted, estimado lector, la conclusión final:

¿Que no hay fiscales con medios suficientes para luchar contra la corrupción? Pues para protegerla, sobran.

El repaso que hace el periodista turolense es como para ponerse a llorar, la verdad. Y seguimos en materia de corrupción al saltar a La Razón. En el diario de Francisco Marhuenda, Alfonso Merlos recupera si antigua costumbre de poner a sus artículos nombres que recuerdan a títulos de películas de Andrés Pajares y Fernando Esteso. En esta ocasión opta por Los liantes.

Sin embargo, a diferencia de Losantos, Merlos no habla de los corruptos de todos los partidos y todas las regiones. Se centra en un caso muy concreto, el escándalo de los cursos de formación en Andalucía.

Las argucias de la Junta de Andalucía para evitar algo tan rotundamente democrático como la fiscalización son, de medio a medio, imperdonables.

Las mentiras tienen con frecuencia las patas muy cortas. Y el gran bulo de que la corrupción socialista y sindicalista era una simple obsesión del Partido Popular y la juez Alaya y un puñado de policías mal encarados se ha deshecho. Porque era eso, nada más que un bulo. Propalado por unos liantes. Y son éstos los que tienen que rendir cuentas. Lo quieran o no. Por las buenas o por las buenas. Tengan o no vergüenza torera. Que es evidente que en su vida la han conocido. ¡Qué bochorno!

Nunca deja de sorprendernos el optimismo de la sonrisa más blanca de los informativos de 13Tv. Unos días muestra una confianza absoluta en el Gobierno de Rajoy en su estrategia frente al independentismo catalán y otros demuestra una fe ciega en el buen funcionamiento de la justicia contra los políticos corruptos. En ambos casos demuestra ser un optimista impenitente.


Alfred Bosch y Belén Esteban.

Seguimos en La Razón, donde Pedro Narváez comenta el encuentro entre la televisiva ‘Princesa del pueblo’ y el diputado de ERC Alfred Bosch durante el Día del Libro en Barcelona. Titula La independencia de Belén Esteban.

Bosch le regaló su libro sobre lo simpática que sería Cataluña fuera de España, el club de la comedia vamos, y la Esteban, con la autenticidad que no tienen los plagiadores de Márquez, le espetó que ella también es una mujer muy independiente. Alfred Bosch tuiteó: «Todo fue bien hasta que me encontré con Belén Esteban» que aparte de descortés, al estilo del partido que representa, parecía el comienzo de un relato del que podía contarnos el final. O igual ya lo dio por cerrado como el célebre del dinosaurio que todavía estaba allí. Ni la situación ni el protagonista merecería más pero a veces una anécdota se torna en categoría: que los republicanos que quieren ser principitos de Cataluña no perdonan que les digan que su emperador va desnudo. Y eso.

Será eso, que hablan mucho de derecho a decidir pero no aguantan opiniones contrarias a las suyas.

Y terminamos en El País, en cuya contraportada Juan José Millás firma Ir a misa. Con ese título, y siendo un artículo en el buque insignia de los diarios de PRISA, uno se esperaba un texto anticlerical, pero no van por ahí los tiros.

Por un momento pensamos que trata sobre el valor de las monedas, y escribe una frase que haría las delicias de cualquier discípulo de Jesús Huerta de Soto:

Hubo un tiempo en el que el papel moneda estaba respaldado por un bien material (el oro) muy incómodo de llevar encima. Ahora, detrás del papel moneda solo hay una fe tan irracional como la fe en Dios. Hay fe y hay deuda.

Pero tampoco va de eso el texto, no es una defensa del patrón oro tan querido para Juan Ramón Rallo y demás miembros de la Escuela Austriaca de economía –parece que este día topamos mucho con liberales por aquí–. En realidad trata sobre la Unión Europea, ese club de Estados tremendamente intervencionista e hiper-regulatorio que algunos ven como el paradigma de todo lo contrario y como instrumento de grandes corporaciones o la banca. Y Millás está entre ellos:

Quienes hablan de la importancia de Europa, hablan de la importancia de un papel sin otro respaldo que el de la fe del carbonero. Los banqueros son los sacerdotes que la administran. Y quieren que vayamos a misa, claro. ¿Iremos?

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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