Ignacio Camacho: "En esta precampaña están pasando algunas cosas muy extrañas"
Arranca la última semana del mes con unos espacios de opinión animados en la prensa de papel española. Hay salidas de tono para diversos gustos, sobre todo en territorio prosaico, y comentarios interesantes variados. Lo que no encontramos el 28 de abril de 2014 es un tema que domine con claridad sobre el resto, ni tan siquiera la doble canonización papal (en dos sentidos, por cierto) en El Vaticano. Eso sí, como dato curioso, tanto en El Mundo como en La Razón es posible encontrar textos del Papa Francisco y de Benedicto XVI. Los de Casimiro García-Abadillo ganan 2 a 1 a los de Paco Marhuenda, puesto que estos últimos recurren en uno de los casos al texto de la homilía. Aquí dejamos los enlaces, por si a nuestros amables lectores les interesan:
«Veían a Jesús en cada persona que sufria» (Homilía del Papa Francisco, en La Razón), Los ‘noes’ de Ratzinger (Benedicto XVI, en La Razón), Juan Pablo II, el coherente (Papa Francisco, en El Mundo) y Juan XXIII, el enigma (Benedicto XVI, en El Mundo).
Pero dejemos de lado los textos papales y hagamos sonar nuestra armónica de afilador, tras lo que pasaremos a dar cumplida cuenta de los artículos más jugosos del día.
Arrancamos en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’ donde el antaño conocido como ‘El follonero’ escribe un artículo en forma de carta abierta al director de gabinete de Mariano Rajoy, que no salió demasiado bien parado (por sus propias formas) en la edición de Salvados de la jornada anterior —Moragas no tiene tiempo para atender a un dependiente y le corta la comunicación–.
Jordi Évole titula Señor Moragas.
Básicamente lo hice [llamarle y grabar la convesación] por un motivo: estoy harto. Harto de la política comunicativa de este Gobierno. Harto de que ninguneen a la mayoría de periodistas, por ejemplo a los que deben soportar esos simulacros de ruedas de prensa sin preguntas, o peor aún, con preguntas pactadas, donde vemos al presidente ‘improvisando’ una respuesta mientras la lee en un papel escrito por un asesor.
Concluye:
Sé que escribiendo esto, ustedes nos concederán la mitad de las entrevistas que nos daban. No pasa nada: la mitad de cero es cero. Nosotros seguiremos intentándolo. Mientras, me quedo con el consejo de Jaume Martorell, el chico que le puse al teléfono: «Si puede luchar el de la silla de ruedas y el respirador, puede luchar cualquiera».
Cualquiera que vea el vídeo de la llamada no puede sentir simpatía alguna por la actitud de Moragas, es verdad. Y es cierto que la crítica de Évole a la política de comunicación del Ejecutivo del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante resulta totalmente acertada. Pero que se quede tranquilo el hombre antes llamado ‘El follonero’, y no asuma una actitud demasiado heroica. No sólo a él y a su programa le niegan entrevistas los miembros del Gobierno. Los medios a los que se le conceden son la excepción no la norma. Salvados, por lo tanto, es en esto, uno más.

Ana Mato.
Pasamos ahora a La Vanguardia, donde nos encontramos con un artículo dedicado a las pretensiones de la ministra Mato de que las televisiones adelanten el horario de sus programas estrella. Se titula El horario de la tele y lo firma Eric Sierra. Dice algo que al afilador de columnas le parece de un profundo sentido común:
De entrada, es discutible que actualmente la gente varíe su vida cotidiana por la parrilla de la televisión. Más bien, son los canales los que adaptan sus apuestas de programas a los horarios en los que consideran que habrá más espectadores ante el televisor. No tengan ninguna duda de que si a las ocho de la tarde hubiera mucha gente delante de la pantalla, los mejores programas se emitirían a esa hora.
Pero apunta algo más:
La oferta [gracias a tableta, ordenadores y ‘smarts tv’] es tan enorme que podríamos estar en vela toda la noche. De ahí que la responsabilidad personal y familiar debe imponerse más que nunca para saber decir basta. En este sentido, las nuevas tecnologías nos pueden ayudar porque permiten volver a ver tantas veces como se quiera los programas favoritos sin necesidad de ser esclavo de un horario, lo que era imposible en tiempos de la infancia de la ministra Mato.
Algunos lo que nos planteamos es por qué tiene tanta obsesión con lo que vemos en televisión los ciudadanos, y a la hora en lo que lo hacemos, por parte de alguien que era incapaz de ver un coche de lujo en el garaje de su casa. Tal vez es que ella sí estaba enganchada a la pantalla, o puede que fuera eso de que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Tomamos el puente aéreo y nada más aterrizar en Madrid nos asomamos a El País, donde nos topamos con dos artículos que nos han llamado poderosamente la atención, y no precisamente por su amabilidad.
Volvemos al asunto de la doble canonización de la mano de Juan G. Bedoya, experto en información religiosa del diario de PRISA. Titula La banalidad del milagro. Es en sí mismo un alegato en general contra los papas y contra Juan Pablo II en particular. Lo cierto es que no vamos aquí a argumentar sobre esto, pero sí nos vamos a centrar en el final del texto, donde aprovecha para meterse en política española:
Seria exagerado hablar de la banalidad de la santidad (como se ha banalizado el mal), pero es evidente que se han abaratado los procesos. Cómo razonar la beatificación de Wojtyla por Benedicto XVI, su íntimo amigo, apenas tres años después de sucederlo con aquel clamor que señalaba al polaco. «¡Cuanta suciedad entre nosotros!», denunció Ratzinger. Hágase santo al responsable si Francisco quiere, pero extraña que al evento acudan, romeros de postín, las primeras autoridades españolas, oficialmente aconfesionales. Así persiste la España nacionalcatólica.
Puede opinarse que las autoridades de un país confesional no deberían ir a una ceremonia como la celebrada el día anterior en El Vaticano, aunque también habrá quien lo explique en clave diplomática. Pero de ahí a ver en eso la persistencia de la «España nacionalcatólica» va un largo trecho. De hecho, a este humilde lector de columnas le parece un desbarre.
Además de los reyes de España y un ministro, estuvieron en la ceremonia más de 20 jefes de Estado y más de dos docenas de jefes de Gobierno, amén de numerosas altas personalidades de otros países. Veamos ejemplos. Rafael Correa, ¿es el socialista y bolivariano presidente ecuatoriano nacionalcatólico? Elias Jauga, ministro de exteriores venezolano, ¿también nacionalcatólico? Casi todos los países iberoamericanos estuvieron representados por los más altos niveles de sus gobiernos, incluida la oficialmente atea Cuba, ¿nacionalcatolicismo castro-comunista? También estuvo la OEA, la FAO, la UE… ¿Organismos internacionales nacionalcatólicos? Hasta la casa real británica, cuya cabeza también lo es de la iglesia anglicana. ¿Se han pasado los anglicanos y los británicos al nacionalcatolicismo?
Suponemos que no hace falta seguir con ese argumento, aunque, eso sí, nos preguntamos si los 20 dirigentes judíos procedentes de Israel, EEUU y otros lugares también son nacionalcatólicos. Nos da que no.

Y sin salir de El País nos encontramos con otro artículo que es pura poesía. Su autora es Almudena Grandes y se lo dedica a Esperanza (Aguirre). Tras reproducir unos versos de García Lorca dedicados al torero Ignacio Sánchez Mejías, dice a la presidenta del PP madrileño:
¡Ay, Esperanza, qué vergüenza! Ahora que se habla tanto de identidad, de nacionalidad, de la marca España, me abruma pensar que las dos somos mujeres, de la misma ciudad, incluso del mismo barrio, que las dos tenemos carné de conducir y que a las dos nos gustan los toros. Yo nunca he embestido a ninguna moto de la Policía Municipal, eso sí, nunca llevaré mechas rubias y jamás se pasará por la cabeza que los antitaurinos -cuyas razones respeto profundamente- no merezcan ser españoles, pero nuestras coincidencias bastan para que me duela el estómago cada vez que te veo en una portada.
VERDAD O MENTIRA: VOTE LA FRASE DE ALMUDENA GRANDES.
Sigue tirando de citas poéticas y reproduce unos textos del propio tío de Aguirre, Jaime Gil de Biedma que, según Grandes, parecen escritos para la política madrileña. Concluye:
Menos mal que, frente a la brutalidad de la España inmortal, siempre nos quedará la poesía.
La que escribe de «brutalidad de la España inmortal» es la misma que en un artículo bromeaba sobre la violación de una monja —México–:
¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?
Todo poesía y tolerancia, la señora Grandes.
Saltamos a ABC, donde nos encontramos con ración doble de expresidente del Gobierno reconvertido a supervisor de nubes. Ignacio Camacho titula Anomalías, que arranca con un:
Raro, raro. En esta precampaña están pasando algunas cosas muy extrañas.
Y entre esas rarezas está el hecho de que el PP deje fuera de la campaña al exinquilino de La Moncloa que sustituyó su abdomen por una tableta de chocolate, mientras que el PSOE saca a pasear a Rodríguez Zapatero.
Si hay que atender a los signos, el Gobierno debe de estar muy seguro de sí mismo para desentenderse de su principal referencia histórica, al margen de que sus melindrosos estrategas deseen evitar que el espantajo aznarista movilice el encono de la izquierda. Y en la acera de enfrente los socialistas han de estar más bien escasos de ideas cuando deciden echar mano de un legado político ruinoso que habían orillado para atravesar más deprisa el desierto; un bienio y cinco millones de parados después parecen no tener más oferta que los saldos de aquella «democracia bonita» que se desplomó entre los escombros de la crisis. Misterios de esta campaña insólita y esquizofrénica. Salvo que algo que desconocemos esté sucediendo en las tripas del electorado y los ciudadanos hayan pasado de la esperanza a la irritación, de la irritación al desencanto y del desencanto a la nostalgia.
Parece que tiene razón camacho. Raro, muy raro.
El hombre que lució las corbatas más llamativas de la historia de la televisión en España prefiere centrarse tan sólo en la figura del leonés nacido en Valladolid. José María Carrascal titula Siempre les queda Zapatero.
A Rajoy empiezan a salirle las cosas. Una recuperación muy débil, pero recuperación a fin de cuentas. Diversos indicadores económicos alcanzan ya los niveles de antes de la crisis. Agencias de calificación que devuelven a España la nota que le habían quitado. Queda mucho, muchísimo por hacer, pero lo importante es que se hace, no que seguimos despeñándonos.
Naturalmente, todo esto se negará de la manera más rotunda en las próximas semanas en mítines, artículos, conferencias de prensa y proclamas de todo tipo, según las más estrictas normas de las campañas publicitarias. Tal vez por eso han sacado a Zapatero de su dorada jubilación. Si pone tanto empeño en asegurar que no hay recuperación como aseguró en su día que no había crisis, seguro que se convierte en el arma secreta del PP durante las próximas elecciones. Rajoy debe de soñar con un debate con él. No le caerá esa breva.
Si este humilde lector de columnas fuera Elena Valenciano comenzaría a preocuparse. Cada vez es menos protagonista de una campaña en la que se supone que ella es la primera figura de su partido.

Saltamos ahora a La Razón, donde Alfonso Merlos renuncia en esta ocasión a poner un título que recuerde a una película de Andrés Pajares y Fernando Esteso y apuesta por uno que nos trae a la memoria el ‘Elogio de la locura’ de Erasmo de Rotterdam –ese mismo que según un supuesto historiador subvencionado por Mas era catalán e hijo de un también catalán Cristobal Colón y una princesa portuguesa–. La sonrisa más blanca de los informativos de 13TV dedica su Elogio del perdedor al presidente de la Generalitat.
Lo determinante es fijarse en la estrategia paciente pero eficaz del gobierno de España y de los poderes públicos para anular a estos tramposos. Se han fijado todos los cortafuegos en el momento procesal oportuno para que bajo ningún concepto fuésemos amenazados los ciudadanos de bien por los pirómanos del independentismo. Así esta ocurriendo. Así va a ocurrir.
Y en efecto. Como se empieza a barruntar, la situación a los ojos de la opinión pública del todavía ‘molt honorable president’ no va a ser muy diferente de la que terminó por abrasar a aquel iluminado apellidado Ibarretxe. Cadáver en vida. Zombi. Sin pulso político y sin solución. Paciencia.
Nos sigue sorprendiendo el optimismo de Merlos en este asunto. Un optimismo, por cierto, que le hace coincidir en este asunto con al postura de Salvador Sostres.

Y terminamos este ‘Afilando columnas’ en El Mundo, donde Federico Jiménez Losantos titula La impunidad de las cloacas.
En mi opinión, la impunidad de la que gozan las cloacas del Estado se basa en el recurso periódico del Poder Político a la Policía, la Guardia Civil o el CNI para realizar actuaciones ilegales contra los enemigos políticos del Gobierno, a cambio, claro, de promoción profesional. Del 11-M al Faisán, de los Pata Negra de Roldán al CNI, antes CESID, que espía reyes, ministros, banqueros o periodistas, son incontables los casos en que las cloacas han mostrado su utilidad y ganado su impunidad. Se empieza espiando la sede de Génova 13 y se acaba sirviendo a Gao Ping.
Las cloacas, cierto es, tienden a expandirse cuanto más se recurre a ellas.
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