OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Losantos: «A lo mejor Arias Cañete funciona porque parece un ministro de Aznar y no un mindundi de Soraya»

Enric González se pone culto y equivoca la fecha de batalla de Cannas en sólo ocho siglos

El socialista Moratinos sale en defensa del dictador Obiang Nguema

No comprendo cómo nuestros columnistas más empiringotados cometen unos errores tan grandes en fechas y nombres. Antes tenían la excusa de que no iban con la enciclopedia Espasa en el bolsillo, pero hoy pueden acceder a la Wikipedia desde cualquier teléfono o tableta. Supongo que las explicaciones son esos pecados capitales llamados soberbia y vagancia. Porque César González-Ruano, Julio Camba y Agustín de Foxá no metían la pata como la meten ellos.

Este 5 de mayo de 2014, Enric González (El Mundo) escribe sobre fútbol: Real Madrid versus Barcelona. Y para poner la nota culta, porque ya sabemos que el fútbol es una debilidad de la chusma, González recurre al general Aníbal y a la batalla de Cannas.

Las personas inteligentes suelen sacar partido de los recursos disponibles. Como Aníbal en Cannas, hace 14 siglos.

O sea, que Cannas se libró en el siglo VII de la era cristiana. Acudimos a la enciclopedia: la fecha es el verano del año 216 antes de Cristo. Una equivocación de unos 900 o 1.000 años, más o menos.

Al menos Enric González no es miembro de la generación-mejor-preparada-de-la-historia-de-España.

Como ya sabrá, querido lector, el irlandés Gerry Adams ha sido detenido por sospechas sobre su implicación en el secuestro, la tortura y el asesinato de una viuda católica medre de 10 hijos. Ignacio Camacho (ABC) compara ese comportamiento de las autoridades del Reino Unido con la impunidad de los etarras en España.

En España hay 336 asesinatos de ETA no solo no resueltos, sino sin autoría identificada. Un tercio de los cometidos por la banda. Los presos que podrían disponer de alguna información callan pese a que la colaboración con la justicia es requisito legal indispensable para acogerse a beneficios penitenciarios que no obstante reciben. Algunos han sido excarcelados y pasean su hosco silencio por el País Vasco.

Hace poco, un antiguo guardia civil obtuvo de un recluso la confesión de un crimen que la prescripción ha vuelto impune. La mayoría de los casos permanece en un limbo abstracto, un agujero negro de la memoria civil donde nadie quiere ya aventurar siquiera el tenue foco de la pesquisa. Solo persiste la tenacidad de algunas víctimas empeñadas por su cuenta en salir al menos de esa bruma, a menudo incomprendidas o menospreciadas como enfermas de un recurrente virus persecutorio. A veces aisladas, como ciertas heroínas de tragedia griega, por su contumacia en perseguir la verdad como mínimo paliativo del sufrimiento.

Ya no pretenden, como los McConville, una condena efectiva. Tan solo buscan un relato que ponga nombres a la infamia. Una certeza moral con la que sostenerse frente a la aplastante, afilada congoja del olvido.

Columnistas que se creen el ombligo del mundo

Para mí es la columna más digna del día, ya que muchos columnistas están pendientes de la campaña electoral o de sí mismos. Entre estos últimos, Fernando Sánchez Dragó (El Mundo), que nos cuenta que va a desaparecer durante un mes y que hagamos el favor de no buscarle.

Voy a hacer un experimento de submarinismo abisal. A partir de hoy me sumerjo en los ínferos, y a ver qué pasa. ¿Seré capaz? Desconecto el teléfono y el ordenador. Dejo escritas mis columnas. No iré a ninguna radio. No leeré mi correo. No entraré en Orbyt. Nadie sabrá a qué lugar me he ido. Mi gente tampoco. Reapareceré (o no) dentro de un mes. No me busquen, porque no me encontrarán. Quiero vivir oculto. Olvídense de mí, por favor.

Los hay que siguen empeñados en que viven en unos eternos y felices (para ellos) años 80, cuando lo que pasa es que tienen 80 años.

El mismo enfoque desenfocado de Dragó (creerse el centro del mundo) lo padece Raúl del Pozo, empeñado en contarnos sus amistades con los políticos. Luego los veteranos del periódico Pueblo se asombran de que los periodistas estén tan desprestigiados como los políticos. ¡Si es que para muchos españoles son los mismos! Así empieza don Raúl su columna en El Mundo.

Esteban González Pons me dice desde Cádiz que están recuperando la confianza de los votantes perdidos. «Vamos pueblo a pueblo, vaca a vaca. Donde va Miguel no voy yo, hacemos una campaña a la antigua, hablando hasta con las anchoas».

Del Pozo empieza a recordarme a José Luis López Vázquez en esas películas en que salía haciéndole la pelota a su jefe: «Sí señor, director», «Soy su más seguro servidor, señor marqués».

Antonio Casado (ElConfidencial.com) sólo se acuerda del empobrecimiento causado por el PP, mientras se olvida del causado por su amado PSOE.

¿Y de qué habla el presidente Rajoy cuando, como el viernes pasado en su tierra gallega, decía que a España ya se la ve de una manera muy distinta a como se la veía hace dos años? Si se refiere a los inversores, los corredores de bolsa, los banqueros, los consejeros de las grandes empresas o, en general, quienes viven de los rendimientos del capital, puede ser. Si se refiere a quienes viven exclusivamente de su trabajo, de su pensión, del subsidio de paro o de los servicios sociales del Estado, me temo que ese discurso ya no cuela.

Y en El Mundo, Jiménez Losantos aprovecha a Arias Cañete para pelarle la barba a Rajoy.

En mi opinión, lo mejor que ha hecho Arias Cañete en su campaña, dejando aparte la tenaz labor de Elena Valenciano, es hablar maravillas de Aznar. Si el ditirambo no lo hubieran inventado los griegos hace dos mil quinientos años, lo hubiera inventado él cuando habla del «presidente Aznar», sin duda el mejor que ha tenido España para defender nuestros intereses en la Unión Europea, pero que concita tal odio en los predios rajoyanos que hasta lo han vetado en la campaña. A lo mejor Arias Cañete funciona porque parece un ministro de Aznar y no un mindundi de Soraya.

Isabel San Sebastián (ABC) se pregunta por las causas del desprestigio de los periódicos y da una de ellas.

buena parte de los medios escritos se han degradado a la categoría de gabinetes de prensa de un grupo multimedia, de un partido político o de ambas cosas a la vez. Los grandes poderes financieros, auténticos propietarios en la sombra de muchos de esos grupos, a través de los créditos que les suministran oxígeno, intercambian favores con el Gobierno o la oposición (sabedores de que PP y PSOE irán alternándose en el control del Boletín Oficial del Estado) utilizando esa influencia como moneda de pago hasta orientar las líneas editoriales en la dirección que interesa. Golpe a golpe. Euro a euro, en una práctica perversa que ata demasiadas manos, silencia incontables voces, alimenta a una legión de mercenarios dispuestos a vender su nombre.

Modestamente, ya hemos señalado otras en los párrafos precedentes.

La decadencia intelectual del PSOE

Y de la decadencia de los periódicos a la de los partidos establecidos. Hoy es un día excelente para comprender el derrumbe intelectual del PSOE mediante las tribunas en la prensa de papel de pago. Javier Solana publica una en El País con unas recetas para sacar a la Unión Europea del atasco propias de barra de bar, aunque de hotel de cinco estrellas; y Miguel Ángel Moratinos publica otra en El Mundo en defensa del tirano de Guinea Ecuatorial.

Solana, dando recetas para la elite que viaja en primera clase a costa de los impuestos que extrae de las clases medias y bajas.

Frente a esto, Europa, en su proceso de integración ciudadana, debe tender más hacia la erasmización, entendida como el éxito del intercambio de personas, experiencias, ideas, valores y modos de vida. La erasmización, tan presente en las nuevas generaciones de europeos, es la apuesta de Europa por un futuro de libertad y prosperidad en un mundo complejo al que solo se puede mirar bajo el cristal continental de la integración, diametralmente opuesto a lo que defienden las opciones políticas antieuropeas, que no han leído bien el signo de los tiempos en los que vivimos.

Y ahora Moratinos:

Corresponde a los guineanos, y sólo a ellos, decidir su futuro. Y a nosotros, los españoles, acompañarles en el empeño. Soy el primero en solicitar avances al presidenteObiang en lo político y en lo social, pero siempre en un marco de respeto y de diálogo constructivo. Lo que sí puedo afirmar hoy es que Obiang es el primer defensor en su país de las relaciones hispanoguineanas y de las señas de identidad de la lengua y la cultura españolas. No sé qué puede ocurrir en este sentido con sus sucesores y con las nuevas generaciones de guineanos. Mi sugerencia es que muchos españoles y analistas políticos visiten este país libremente, conozcan los avances sociales y los cambios económicos que se han producido en los últimos años y, al mismo tiempo, asuman la responsabilidad y el legado históricos que España debe mantener con esta nación africana.

Franco empleaba un lenguaje parecido para justificar el mantenimiento de relaciones con la Cuba castrista, pero Franco no iba de demócrata perdonavidas por la vida.

Moratinos, el ministro de Zapatero que viajó por África repartiendo cientos de millones de euros de los españoles, recibe el premio a la columna canalla del día.

¿Algún candidato europeísta dice algo sobre Ucrania?

Pasemos a las pocas columnas y tribunas que aportan ideas interesantes.

José Oneto (Republica.com) apunta la mediocridad de los candidatos españoles, dedicados exclusivamente a asuntos internos.

Ninguno de los 37 partidos y agrupaciones que se presentan a las elecciones europeas, han dicho una sola palabra sobre la grave situación que está viviendo Europa con la desmembración de Ucrania, la independencia de Crimea que ha vuelto a pasar a la esfera de Moscú, y la guerra civil no declarada, pero real en el país

aquí la campaña transcurre dentro de la mediocridad, el insulto y la pequeña política, como si estuviésemos en unas elecciones en una asamblea de Facultad, y no en unas elecciones para el Parlamento europeo

Francesc de Carreras (El País) rompe un tabú y señala los defectos de Jordi Pujol, aquel al que Luis María Anson y Guillermo Luca de Tena nombraron ‘Español del Año’.

Jordi Pujol fue un auténtico maestro, conocía Cataluña palmo a palmo y no dudaba en premiar o castigar, nombrar o destituir, subvencionar o dejar en la miseria, dar permisos y concesiones o negarlas, a quienes estaban de su lado o en el lado contrario. En Cataluña ha habido unas redes clientelares y un sutil maccarthysmo que han inspirado miedo para así comprar y vender voluntades.

Juan Manuel de Prada (ABC) acude a Tocqueville para encontrar la descripción del aborregamiento de los europeos.

Tocqueville ya avizoró, en un pasaje célebre de ‘La democracia en América’, la emergencia de un poder que convierte a los pueblos en un picadillo informe, dócil a sus conveniencias como el títere a las manipulaciones del titiritero: «No destruye las voluntades, pero las ablanda, las somete y dirige; obliga raras veces a obrar, pero se opone incesantemente a que se obre; no destruye, pero impide crear; no tiraniza, pero oprime; mortifica, embrutece, extingue, debilita y reduce, en fin, a cada nación a un rebaño de animales tímidos».

Ciertamente, esta nueva forma de tiranía que nos ha convertido en un mismo rebaño de animales tímidos, balando con el mismo sonsonete, tragándonos la misma alfalfa propagandística y regurgitándola tan campantes (el retuiteo es la gran metáfora de esta sociedad embrutecida que profetizó Tocqueville, el regüeldo automático del rebaño ahíto de propaganda), es algo que ya no nos sorprende; pero todavía hay ocasiones en que la mansedumbre blandulona del rebaño, comulgando ruedas de molino del tamaño de castillos, se convierte en un espectáculo desgarrador. Ocurre así, por ejemplo, con todo lo que está sucediendo en Ucrania.

Y Almudena Grandes (El País) hace una recomendación a los sindicatos.

¿Por qué no cambiar el sentido de la lucha y proponer otra clase de huelgas? En una sociedad como la nuestra, las de consumo, por ejemplo, podrían resultar más impactantes que las tradicionales. Para provocar un colapso reivindicativo en todo el país, ¿no sería más eficaz designar un día de la semana para no echar gasolina o no pagar con tarjetas de crédito? Nadie podría sostener una campaña como esta mejor que los sindicatos. Y a lo mejor me equivoco, pero a lo peor, la inmovilidad desembocará en una parálisis permanente. Ojalá que no.

Aunque está bien, doña Almudena no se entera de que estas medidas ya las aplica la sociedad civil no subvencionada, en la que no están los sindicatos. Un solo ejemplo: el boicot al cava catalán, después de que el Tripartito de Maragall se opusiese al trasvase del Ebro y de que Carod-Rovira propusiese que las autoridades catalanas no apoyasen la candiudatura de Madrid a los Juegos Olímpicos. Bienvenida a la protesta inteligente.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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