OPINIÓN / Afilando columnas

Tertsch: «Ninguna coalición de cambalache podrá suplir el necesario proyecto de regeneración nacional»

Monago oculta el anuncio de que dejará la política si no gana las próximas elecciones en un largo artículo de El País

Tertsch: "Ninguna coalición de cambalache podrá suplir el necesario proyecto de regeneración nacional"

Camacho, sobre las reacciones en Twitter al asesinato: "A la presidenta de la Diputación de León la mataron ayer dos veces"

Decía una de esas absurdas y pegadizas canciones de Georgie Dann, que en estos tiempos de corrección política tal vez no se hubiera atrevido a grabar, aquello de ‘Mami, ¿qué será lo que tiene el negro?’. Viendo la pasión por El País por parte de los principales líderes del PP, no nos arriesgamos a errar si imaginamos que en la madrileña calle Génova algún recién llegado se pregunta algo parecido: ‘Mami, ¿qué será lo que tiene PRISA?’. Efectivamente, una vez más, un dirigente del partido de Rajoy elige el diario de Cebrián para publicar un artículo, en el que lanza como de pasada un anuncio importante.

Pero lo realmente jugoso en los espacios de opinión de la prensa de papel del 13 de mayo de 2014 son los artículos sobre al propuesta de ‘gran coalición’ lanzada por Arias Cañete y Felipe González. De hecho, resulta llamativo que en un periódico en el que no se informó sobre el asunto se le dedique dos columnas, una de ellas a cargo de su director, que puede estar lanzando unos mensajes al ex ministro de Agricultura, y quién sabe si a Aznar, que La Moncloa no considera adecuados enviar de forma directa.

Tras hacer sonar, como cada día, nuestra armónica de afilador, pasamos a dejar constancia de todo ello.

El dirigente político que ha optado por escribir su ladrillo periodístico en El País es José Antonio Monago, que de esta manera responde a través del diario de PRISA a la moción de censura contra él ideada por el socialista Guillermo Fernández Vara. El presidente autonómico titula La Extremadura de todos.

Como era previsible, defiende su coalición con Izquierda Unida y saca pecho de lo realizado hasta el momento por su Gobierno. Pero lo que más le ha interesado a este humilde lector de columnas es esto:

Si los extremeños quieren que deje de representarles como presidente autonómico en 2015, lo entenderé y abandonaré la primera línea política. Porque ellos no nos deben nada a nadie y somos nosotros sólo los que se lo debemos todo. Y habrá sido un honor durante cuatro años haberles representado en condiciones tan difíciles.

Así, como de pasada y casi al final de un artículo bastante aburrido en el que la mayor parte de los lectores habrán optado por dejarlo antes de llegar a ese punto, anuncia que si no gana las próximas elecciones dejará eso que llaman «la primera línea política». Eso suele significar una renuncia a todos los cargos públicos y de dentro del partido. Y un anuncio de ese calado se reserva para el final de un artículo en El País.

Pasamos ahora a ABC, donde Ignacio Camacho se muestra escandalizado por algunas reacciones en las redes sociales al asesinato de la presidenta de la Diputación de León. Titula La yihad antipolítica y vincula el odio que él percibió con un rechazo a los políticos en el que la violencia o su justificación cobra cada vez más fuerza. Sostiene:

A la presidenta de la Diputación de León la mataron ayer dos veces. Una por presunta venganza individual y otra por pura fobia antipolítica.

Añade:

La diatriba contra «la casta», la oleada de inquina, la repugnante empatía confesa por un crimen entendido como parcial desquite de un supuesto agravio colectivo. La falta de respeto y piedad por una mujer acribillada a balazos ante su propia casa. La comprensión paliativa o atenuante del asesinato, la alarmante ausencia de reproche social, no mayoritaria pero peligrosamente extensa, ante un suceso con inevitables reminiscencias de la atmósfera de violencia cainita de los años 30. La floración en internet de frívolos linchadores de salón enfermos de estupidez o de maldad. La expresión escalofriante y desacomplejada de un estado de ánimo rabioso y revanchista, de una primitiva y sectaria patología justiciera que viene a considerar a la homicida, más allá de sus propios y trastornados motivos, como sumarísimo y espontáneo brazo ejecutor de una suerte de yihad antipolítica.

Lo cierto es que algunas de las cosas que pudimos leer justo después del asesinato resultaban realmente repugnantes. Y la mayor parte de ellas relacionadas con posturas políticas.

Sin salir del diario madrileño de Vocento, entramos de lleno en los artículos referidos a las propuestas de Gobierno de unidad entre el PP y el PSOE. Hermann Tertsch titula Grandes coaliciones.

El PP evitó un inmediato naufragio y la catástrofe nacional. Pero, con toda su mayoría absoluta y su abrumador poder, España está en muchos campos tan lejos de sus objetivos como antes. Y en algunos, más. El peor fracaso es este cinismo omnipresente. Trágico es que, si en el terreno político el Gobierno no hubiera despreciado tanta promesa e ignorado tanto principio, quizás no necesitara especular nadie sobre coaliciones inviables. Y tendría opción a renovar una mayoría que las cifras de maniobras contables nunca le darán. En España aún hay una amplísima mayoría absoluta que votaría a un proyecto regenerador de la nación y de transformación profunda del Estado. Como el que el PP parece haber olvidado. Pero ninguna coalición de cambalache podrá suplir a ese necesario proyecto de España.

Parece claro que Tertsch ha perdido del todo la confianza en cualquiera de los dos grandes partidos.

Pasamos ahora al periódico de la ‘disciPPlina’, ese mismo La Razón en la que no se informó sobre las opiniones favorables a un gobierno de coalición PP-PSOE por parte de Arias Cañete y Felipe González —La prensa monclovita pasa por alto los guiños cariñosos de Arias Cañete al PSOE–. A pesar de que no se informara del asunto al día siguiente de las declaraciones de ambos políticos, una jornada después lleva dos artículos de opinión sobre este asunto. Y no son dos textos cualquiera, uno corre a cargo de José María Marco, colaborador habitual de FAES y considerado próximo a Aznar, y otro tiene por autor al mismísimo Francisco Marhuenda. No hace falta a estas alturas explicar con quién están las lealtades de este último.

El artículo de José María Marco lleva por título El centro y la gran coalición y se centra exclusivamente en las declaraciones de Felipe González, sin citar en ningún momento la entrevista de Arias Cañete. Tras comentar que el PSOE se ha ido alejando del centro político, concluye:

El PP tiene, efectivamente, todo el interés del mundo en que el PSOE vuelva al centro, pero no porque se encuentre debilitado en la posición actual, sino porque una posición centrista, en política, requiere que haya alternancia, algo que no ocurre en la actualidad. El PP podrá -y deberá- hacer todo lo que esté en su mano para facilitar los grandes pactos, incluida, si llega el caso, una gran coalición. Antes será necesario que el PSOE esté dispuesto a gobernar para España, para toda España y no sólo para los colegas de la izquierda.

En definitiva, Marco no ve con malos ojos un gobierno de concentración, siempre y cuando el PSOE optara por moderar sus posiciones izquierdistas.

La de Francisco Marhuenda es una postura radicalmente contraria a la de Marco. Está en contra de un Ejecutivo de unidad entre PP y PSOE y titula «La innecesaria ‘gran coalición'». En su caso, no nombra a nadie que haya propuesto esa opción, ni a Cañete ni a González. Arranca diciendo:

No hay nada que haga necesaria una gran coalición entre el PP y el PSOE. Nada es nada. Otra cosa distinta son las ocurrencias de los espontáneos que contemplan los toros desde la barrera. Es muy cómodo diseñar planes fantasiosos donde los principales beneficiados son aquellos que quieren dar lecciones sin presentarse a las elecciones.

Con esos ‘espontáneos que contemplan los toros desde la barrera’ y esas menciones a quienes ‘quieren dar lecciones sin presentares a las elecciones’ parece referirse a Felipe González, que de los dos que han hecho declaraciones es el que no se presenta como candidato a los comicios europeos ni a ningún otro. Sin embargo, puede que no sea él el destinatario del mensaje. La clave, al menos para el afilador de columnas, podría estar en estas frases:

El debate artificial sobre la gran coalición sirve para animar algo la campaña, aunque no conocen a Rajoy los que creen que pueden influir en él. Es habitual utilizar el nombre del presidente, tanto de éste como de los anteriores, pero es un juego bastante estéril.

«No conocen a Rajoy quienes creen que pueden influir en él». Indudablemente esto no se refiere a Felipe González. ¿De quién habla entonces? Si tenemos en cuenta que Cañete compartió acto público unos días antes con un Aznar que nunca ha renunciado a tratar de influir en Génova y Moncloa, tal vez se esté refiriendo al ex presidente del Gobierno que sustituyó su estomago por una tableta de chocolate. ¿Está enviando Rajoy un mensaje a Aznar por medio de Marhuenda? Y si Marco es hombre cercano al marido de Ana Botella, ¿están dirimiendo el PP sus batallas internas en las páginas de La Razón? Habrá que seguir atentos.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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