OPINIÓN / Afilando columnas

Cañete alcanza el grado máximo de ‘arriolismo’: publica una ‘Tercera’ de ABC donde no pide el voto para el PP

Julia Otero lanza un "a votar, queridas" contra la "rancia insolencia" del candidato del Partido Popular

Faltan apenas dos días para esas elecciones europeas que tienen totalmente ocupada la mente de la mayor parte de los españoles, menos la de millones de personas (incluido el portadista de La Razón) que parecen más atentos a la final de la Champions en Lisboa la jornada previa. Los columnistas del papel no están entre estos últimos, o igual sí lo están pero las obligaciones mandan sobre las pasiones y tienen que fingir que les interesan más los comicios que otras cosas.

En cualquier caso, la práctica totalidad de los espacios de opinión de la prensa de papel española está dedicadael 23 de mayo de 2014 a las elecciones al Parlamento Europeo. Hemos de reconocer que nos ha sorprendido la pequeña cantidad de artículos dedicados a apedreamiento del coche de Montoro y Sánchez Camacho en Vilanova i la Geltriú. Que esto sea así en los diarios catalanes no nos sorprende, puesto que de esta manera sus articulistas evitan tener que condenar el ataque, pero es llamativo que en los madrileños no hay más textos sobre este asunto (La Razón es el diario que más columnas le dedica, y son un par).

Hacemos sonar una vez más nuestra armónica de afilador y pasamos a contar lo más jugosos del columnismo del día.

Arrancamos, como otras veces, en Barcelona. Lo hacemos en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’, donde topamos con un artículo de la periodista gallega que ejerce de catalana de izquierdas. Julia Otero, en El Periódico, titula Abstención, no gracias.

Arranca tirando de tópicos, recordando aquello de ‘habla, pueblo, habla’. Parece que quiere demostrar que realmente quiere que todo el mundo vaya a votar. Pero no, tiene truco:

No olvidemos que la abstención da más poder a los que sí van a votar, sobre todo a aquellos que llueva o granice son electores fieles y disciplinados, que suelen ser los votantes de derecha.

Al margen de que esto sea un topicazo que no por mucho repetirse signifique que sea serio (nada demuestra que la abstención beneficie a ‘la derecha’, en realidad quiere decir a esa formación socialdemócrata con un toque conservador llamada Partido Popular) queda claro que lo que le preocupa a Otero es que no vote la izquierda. Si supiera que quienes se van a abstener son casi todos potenciales votantes del PP, igual hasta escribía un artículo elogiando la abstención.

Pero lo jugoso nos llega al final:

A pocas horas de la apertura de los colegios, la incógnita mayor para politólogos y sociólogos es la proyección electoral del ‘efecto Cañete’. Será mayor de lo que los suyos creen, y probablemente menor de lo que merece su rancia insolencia. Su disculpa in extremis cinco días después recuerda el tuit más ocurrente que circuló por las redes los primeros días de la semana: «Verás qué cara se le pone a Cañete cuando descubra que las mujeres votan». Pues eso. A votar, queridas.

A este humilde lector de columnas ese final le parece una cosa bastante patética. Da por hecho que contra el machismo están sólo las mujeres, lo que resulta rancio. Segundo, considera que las féminas van a votar necesariamente a algo que no sea el PP, lo que en el fondo es considerar que la mujer vota por su sexo y no teniendo en cuenta tantas cuestiones como puede hacerlo un hombre. Esto último tiene algo de machismo, por mucho que Otero se crea feminista. Una feminista que pasa por alto que Valenciano intervenga en un mitin junto con un maltratador juzgado y condenado.

Y de ahí pasamos a La Vanguardia, donde Pilar Rahola se debate entre sus ansias independentistas que podrían acercarle al más independentista de los partidos independentistas (ERC) y su fidelidad a un Artur Mas también independentista pero con menos caché en este terreno. La solución la encuentra mirando a Madrid. Su artículo se titula El dilema.

El dilema que vivirán muchos votantes independentistas no es menor, azuzados entre el voto al original independentista, marca republicana, o el voto a un partido central, cuyo líder ha protagonizado un viraje histórico. Es decir, ¿votar a ERC y dejar que Convergència se cueza un poquito, debilitando inevitablemente a Artur Mas, lo cual hará muy feliz a maese Rajoy?, o ¿votar a Convergència, a pesar de que el proceso también necesita una ERC fuerte? Porque lo cierto es que, a diferencia del corazón loco, el voto no puede amar a ambos partidos a la vez.

Concluye:

No nos engañemos, ERC le saca votos sobre todo a CiU, y ello engorda a uno, pero debilita a la suma. Y si CiU quedara segunda la lectura en Madrid sería épica. Lo dicho, pues, un buen dilema.

En definitiva, que Rahola viene a decir a los independentistas que hay que votar a CiU para fastidiar a Rajoy. Un argumento de fondo, o eso debe de pensar ella.

Tomamos el puente aéreo y nada más aterrizan en Madrid nos acercamos a ABC, que pone toda la carne en el asador a favor del ex ministro de agricultura. Lo hace otorgándole el privilegio de publicar una ‘Tercera’. El ‘ladrillo’ político que nos ofrece Miguel Arias Cañete lleva por título Repensar Europa. Se trata de un texto aburrido en el que habla de lo que, según él , necesita la Unión Europea. Concluye:

La crisis financiera ha afectado a un sinnúmero de instituciones, ha llevado a estados a la bancarrota y ha erosionado el viejo sueño. Europa carece de un objetivo de carácter global y se queda solo con el rendimiento como fundamento legitimador. Y ahora ni siquiera eso. Ya no existe un sentimiento de «fin compartido». Si antes se anhelaba un futuro mejor, hoy se echa la vista atrás. Por ello, tenemos que atrevernos a mirar más allá de cómodas justificaciones y descargos, y encarar la realidad con valentía. Por encima de todo.

Un dato curioso. En ni una sola ocasión nombra al Partido Popular ni pide el voto de forma directa para él o su partido. Nunca antes alguien había alcanzado un grado tan extremo de ‘arriolismo’. El asesor áulico de Génova estará orgulloso de su obra.

También en el diario madrileño de Vocento, Ignacio Camacho analiza la campaña en una columna titulada Vae victis.

El traspiés [de Cañete], agrandado por la tardanza en rectificarlo, ha cambiado la estrategia del PP al obligarle a situarse a la defensiva. Con todas las encuestas a favor los populares terminan pidiendo la hora, escondiendo a su cabecera de cartel y con el discurso optimista del presidente enterrado bajo los cascotes de la polémica. Puede que el rédito electoral del alboroto sea escaso pero los socialistas han logrado opacar el argumentario de su rival. No soñaban con un regalo así y al menos han llegado al final con el derecho a soñar con voltear los sondeos.

Pero si no lo consiguen les espera el escarnio de los perdedores. Vae victis.

Concluye con un argumento que, sin citarlo, en el fondo hace referencia al debate sobre un posible Gobierno de coalición entre el PP y el PSOE:

En todo caso algo se ha roto ya antes de que se abran las urnas: el encono sobre Cañete ha vuelto a destrozar cualquier atisbo de entendimiento bipartidista. Es la lógica cruel de la política. No es posible subirse a un ring y combatir sin hacerse daño.

 

Saltamos ahora a El Mundo, donde en Los votos útiles Federico Jiménez Losantos deja clara su postura ante las elecciones:

El Consejo General del Poder Judicial, escaparate de la corrupción política, lo forman PP, PSOE, CiU, PNV e IU. No creo que sea útil votar a los artífices de la corrupción de la Justicia, salvo para los que gusten de esa corrupción. Vótenlos ellos.

Hay tres partidos pequeños que propugnan algo grande y necesario: la regeneración del sistema político y la defensa de la nación española como reunión de ciudadanos libres e iguales ante la ley. Son UPyD, Ciudadanos y VOX. No veo otra forma de voto útil que hacerlo por alguno de ellos. La pena es no poder votarlos a los tres.

Al afilador de columnas le llama la atención ese empeño de Jiménez Losantos en presentar a Vox, Ciudadanos y UPyD como formaciones prácticamente idénticas. Estamos seguro de que piensa que es así, pero no compartimos su opinión al notar puntos de discordia bastante importantes entre las tres. Es cierto que en algún asunto no menor, como la oposición al nacionalismo, comparten posturas muy similares. Pero en otras son bastante distantes.

Podemos entender que alguien dude entre votar a UPyD y Ciudadanos, o entre Ciudadanos o Vox. Lo que no nos imaginamos es que haya quien dude entre UPyD y Vox. Las diferencias entre ambas formaciones son muy significativas.

En la contraportada del periódico ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo nos topamos con Raúl del Pozo, que escribe sobre el Apedramiento más sonado (puede que el único, no sabemos) de la campaña electoral. Cuenta como en sus conversaciones con un equipo de TV3 que le grabó en varias ocasiones para un documental, los profesionales de la televisión pública catalana le insistían en que el proceso independentista es imparable y que es y será pacífico. Añade:

La independencia será pacífica, pero los políticos que no están en la aventura ya no saben dónde poner las posas. Después de escraches, rotura de muebles en las sedes del PP, Ciutadans y PSC llegaron las amenazas: «Os liquidaremos a todos», «Vais a caer todos como Isabel Carrasco».

Anteayer apedrearon a la «puta España», interpretada por Cristóbal Montoro, en Vilanova i la Geltrú, ciudad donde nació Francesc Macià, aquel militar que llegó a la Presidencia de la Generalitat. El apedreamiento tiene la carga simbólica del suplicio islámico contra las adúlteras, o del castigo a los enemigos del pueblo prometido. Es un salto cualitativo, un paso más exaltado que el de los cristales rotos.

Tal vez muchos catalanes se pueden permitir el lujo de pensar que todo el reto independentista es pacífico. Al fin y a la postre, los medios públicos y subvencionados de Cataluña ponen mucho empeño en no informar sobre cualquier acto de violencia, o cualquier amenaza de la misma, que se produzca en relación con ese tema.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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