OPINIÓN / Afilando columnas

Martín Prieto carga contra ‘Pablemos’: «Aquí tenemos ayatolás catódicos, lerdos ‘cum laude’ por varias universidades»

Arcadi Espada: "Los que quieren reformar la constitución porque no la votaron son narcisos de Facebook que se autoatribuyen derechos por terabytes"

Fernando Ónega señala la puerta a los republicanos del PSOE: "tienen un sitio reservado en las filas de Podemos, de Izquierda Unida, de Esquerra o de Amaiur"

Nos recordaba, la jornada anterior a la escritura de este texto, Antonio Burgos a través de internet que esto de las columnas que aquí nos dedicamos a afilar es una cosa de Madrid. El periodista sevillano nos decía, con amabilidad y un toque de humor, que los «de provincias» escriben artículos. Esperemos que comprendiera la broma de que le dijéramos que tal vez sea porque a los de la capital de España nos gusta ser los ‘pilares’ de la profesión. Con todo el respeto a D. Antonio, no vamos ahora a comenzar a afilar artículos y seguiremos con las columnas.

El debate por la sucesión y las muy minoritarias, por mucho que se empeñen en publicitarlas algunos programas de televisión como si estuviéramos al borde de la revolución, exigencias de un referéndum sobre monarquía o república siguen acaparando los espacios de opinión de la prensa de papel de 5 de junio de 2014. En la prensa de Barcelona no falta tampoco el que se empeña en mostrarse a través de sus artículos como un estereotipo viviente y con teclado del independentismo catalán. Ya saben ustedes, cuando no insulta a los ‘mesetarios’, ‘castellanos’ (eso incluye a andaluces, murcianos y cualquier otro que esté en el lado ‘equivocado’ del Ebro) o españoles, pretende que todo lo que ocurre importante en España tiene que ver con ellos.

Pero lo más jugoso es lo que algunos escriben sobre quienes piden la república ya sea desde las formaciones de extrema izquierda, ya sea desde los sectores díscolos del PSOE. Como cada día, hacemos sonar nuestra armónica de afilador y nos ponemos manos a la obra.

Empezamos en Barcelona, en concreto con todo un clásico del auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’. El mismo Ernest Folch que retrataba a Pedrojota Ramírez como un dragón y ponía sus esperanzas en que apareciera un San Jorge que ‘nos libre’ de él (cada uno puede interpretar dicho deseo como quiera, pero la explicación que se le ocurre a este humilde lector de columnas no es precisamente positiva) o que considera una «vergüenza humanitaria» que Otegi esté en prisión, publica en esta ocasión en El Periódico una columna titulada Homenaje a Catalunya.

Todos los caminos de la abdicación conducen a Catalunya. El epicentro del movimiento sísmico es sencillamente la consulta que viene, y el Estado, a derecha e izquierda, aprovecha para rearmarse.


Ernest Folch.

Insiste en la idea:

La renuncia no es solo una consecuencia del tsunami catalán, sino que va a pasar a la historia como el mejor tributo que le han hecho: es el homenaje a Catalunya, la primera respuesta oficial del Estado después de dos manifestaciones gigantescas y una victoria electoral de ERC. El objetivo es ganar tiempo, concretamente los cinco meses, cinco, que quedan para la madre de todas las fechas: el 9-N.

Si un día se deja de mirar ese ombligo en el que nos tememos que debe de tener tatuado una ‘estelada’, tal vez Folch descubra que hay vida más allá de Cataluña y que algunas cosas pueden tener su origen en cuestiones que no son el reto independentista. Esperemos que después de este toque no identifique a Periodista Digital y a quienes trabajamos en dicho periódico con otro dragón.

Pasamos al diario del conde de Godó y Grande de España que recula a ratos en su apuesta por el independentismo. En La Vanguardia nos encontramos con un artículo de uno de sus no catalanes de cuota, Fernando Ónega, titulado Quo Vadis, PSOE?

Se centra en comentar los ramalazos republicanos de ciertos sectores del Partido Socialista, que se han sumado a quienes reclaman un referéndum:

Toda reclamación hecha desde la moderación y la ausencia de violencia merece un respeto. El supuesto derecho a votar a un rey, también; pero con un pequeño matiz que señaló ayer el fiscal general del Estado: «Lo que no está en la Constitución no existe». Y añade este cronista: un partido con vocación y posibilidades de gobierno no debiera pedir algo que no existe en la realidad legal. Si alguno de sus dirigentes quiere salirse del marco constitucional o se siente irresistiblemente atraído por el discurso de las nuevas fuerzas progresistas, es libre de hacerlo y tiene todo el derecho, pero tiene también un sitio reservado, y quizá preferente, en las filas de Podemos, de Izquierda Unida, de Esquerra o de Amaiur.

Razón no le falta a Ónega, pero el afilador de columnas se teme que el riesgo de que sea el conjunto del PSOE el que se acerque a esas fuerzas (en un desesperado intento de tocar poder de nuevo) es cada vez mayor.

Tras tomar el puente aéreo y aterrizar en Madrid nos acercamos a La Razón, en concreto a un artículo de Martín Prieto titulado Pídele cuentas al Rey. Arranca contando una escena jugosa de 1981:

Días después del 23-F y para evaluar daños cenábamos el general Sabino Fernández Campo, a la sazón secretario de la Casa Real, el teniente general Manglano, responsable de los servicios secretos, el poderoso editor Jesús de Polanco, el director Juan Luis Cebrián, y yo, no sé si en calidad de testigo.

Al margen de los contenidos, es significativo que justo después del golpe se reunieran las personas de confianza de El Rey con los jefazos de PRISA. Ciertas alianzas vienen de lejos.

Pero lo más entretenido viene después:

En este interregno entre la abdicación y la coronación asistimos a las más cursis y cortesanas zalemas hacia el Rey en ciernes y su esposa. Es el mar de fondo del analfabetismo constitucional, texto que ni siquiera ha leído pausadamente una vez la mayoría de los españoles, lo que permite a los líderes de la indigencia cultural calificar la Constitución de «el papelucho del 78». El malévolo líder socialista Indalecio Prieto decía de don Salvador de Madariaga que era tonto en cinco idiomas, y aquí tenemos ayatolás catódicos, lerdos «cum laude» por varias universidades.

Es todo una torta a ‘Pablemos’ Iglesias y los suyos, por mucho que no ofrezca nombres. Fue el líder de Podemos el que se refirió a la Carta Magna como ‘papelito aquel del 78’ en una charla en una ‘herriko-taberna’ en la que elogió a ETA —[VÍDEO] Pablo Iglesias se derrite en elogios a Amaiur y ETA por cuestionar «el papelito aquel del 78»–, y lo de los ‘ayatolás catódicos’ nos resulta también evidente. ¿En qué canal se emite el programa ‘Fort Apache’ presentado por Iglesias? En Hispan TV, televisión en español propiedad del sangriento régimen teocrático de Irán.

Y de ahí, saltamos a El Mundo. Arcadi Espada firma un artículo titulado Bah, dedicado a quienes exigen una reforma de la Constitución con la excusa de la sucesión al trono. Él se opone a dicha reforma:

Y luego están esos chicos que quieren reformar la Constitución, pero sólo porque no la votaron: narcisos de la generación facebook, cuyo arsenal de autoatribuidos derechos se cuenta por terabytes.

Tras repasar otro tipo de personas que exigen la reforma, concluye:

Sólo por estas razones de decencia ontológica apreciaría mucho que el joven Rey se desentendiera de cualquier complejo que pudieran inocularle. Es posible que la monarquía trajera nuestra democracia, pero lo que es seguro es que ha sido la democracia la que ha traído ahora su monarquía.

¿Reforma? Bah. Ruptura. Por eso quieren llamarla la segunda transición.

En ABC, Ignacio Camacho escribe sobre las veleidades republicanas de un sector del Partido Socialista. Firma un artículo titulado El almario del PSOE, que no es ningún mueble de la sede de Ferraz nombrado por un chino.

A Felipe, incluso al Zapatero inicial, este debate le duraría dos días; en el atribulado partido actual sin embargo falta capacidad prescriptiva porque su dirección está con un pie fuera y el otro sujetando a duras penas el desplome de la fachada.

Así que Rubalcaba ha optado por cumplir con lo que estima su deber como quien se come un marrón casi a título póstumo, sofocando a duras penas los conatos de rebeldía.

Concluye:

Hay en toda la clase dirigente española una especie de complejo de apocamiento y culpa -motivos no faltan, desde luego- que le lleva a ceder el espacio de debate público al minoritario pero crecido radicalismo rupturista. Si la socialdemocracia quiere seguir siendo un valor de referencia tiene que recuperar el protagonismo institucional sin inseguridades. Otra cosa es que se arrepienta de los errores y ofrezca voluntad de regenerarse. Pero a esos efectos, la lealtad a la monarquía debería ser la última de sus preocupaciones. Porque puestos a buscar en el almario del idealismo fundacional bien podrían haber empezado por acordarse de los cien años de honradez.

El problema, si nos permite Don Ignacio ponerle un pero, es que eso de los cien años de honradez tal vez tenga algo que ver con «el idealismo fundacional» del PSOE, pero no cuadra con la historia real (y menos la de las últimas décadas) del Partido Socialista. No decimos que sean todos unos corruptos profundos, pero sí han tenido destacados ejemplares de chorizos hispánicos.

Concluimos con un artículo de la contraportada del diario madrileño de Vocento. Ignacio Ruiz-Quintano escribe sobre Los Machado. Más que lo relativo a los dos hermanos escritores, a este humilde lector de columnas le ha interesado algo que dice al principio:

En España, como en toda Europa, es talibán quien no es socialdemócrata. El socialdemócrata, veleta de estos tiempos, tiene por talibán a todo aquél, rojo o facha, que se muestre irreductible en sus principios.

Talibanes y socialdemócratas se dan en las mejores familias, y ahí está el caso de los Machado, Antonio y Manuel, que Ruano, que los trató con frecuencia, retrata en dos anécdotas de sus memorias.

Señala Ruiz-Quintano que eso de señalar como ‘talibán’ a todo el que no es socialdemócrata –o socialistas de todos los partidos, que decía Hayek, añadiríamos nosotros– es propio de toda Europa. Sin embargo, y sin quitarle la razón, muchos nos tememos que en España esto se hace con mucho mayor ahínco que en otros países, y que incluso se denomina así a muchos socialdemócratas de derechas, como es la inmensa mayoría del PP.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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