OPINIÓN / Afilando columnas

Sánchez-Dragó, indignado con Amnistía Internacional por no acudir al rescate de la mujer de Frank de la Jungla

Monegal cabreado porque 'Informe semanal' emita elogios a Felipe VI: "Una tarta bañada en praliné y azúcar"

Pasan los días desde la proclamación de Felipe VI como Rey de España, aunque todavía a muchos se nos siga escapando «el príncipe» cuando hablamos de él, y el inicio de su reinado sigue ocupando muchas líneas en los espacios de opinión de la prensa de papel española. Eso sí, se comienza a tratar desde ópticas diferentes a las de las primeras jornadas. El lunes 23 de junio de 2013, por ejemplo, cobra especial relevancia lo referido a los medios de comunicación.

Pero Felipe VI no reina en el corazón ni en la mente de todos los articulistas españoles. Alguno hay que está más preocupado por los avatares vitales de Frank de la Jungla y familia, hasta el punto de mostrar su enfado por el hecho de que su mujer, condenada por narcotráfico en Tailandia —Se descubren todos los engaños y mentiras del caso de la mujer de Frank Cuesta— al ser descubierta con una cantidad mínima de cocaína, no sea protegida por las grandes organizaciones de derechos humanos. Tras hacer sonar, como cada día, nuestra armónica de afilador, nos ponemos manos a la obra y pasamos a relatar lo más jugoso del columnismo de la jornada.

Empezamos, como es nuestra tradición, en tierras barcelonesas. Y lo hacemos con el crítico televisivo del auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’ (de ‘auténtica’ no de ‘monárquica’). En una columna titulada Chavelita: torturas y masaje, Ferran Monegal dedica su último párrafo a comentar un reportaje de ‘Informe semanal’ sobre el nuevo monarca. Y claro, no le gusta que hubiera tantos elogios:

LA TARTA. – Ha rematado el ‘Desinforme semanal’ (TVE-1) la proclamación del nuevo Rey seleccionando a diversos ‘cheerleaders’ de la monarquía, desde gente importante a humildes transeúntes. Les han sacado y han dicho maravillas. De las más de 30 criaturas seleccionadas solo había un catalán: el chef Sergi Arola. Es oportuno: se trataba de elaborar una tarta bañada en praliné y azúcar.

A este humilde lector de columnas no le ha quedado claro si lo que más le ha molestado a Monegal es que de 30 personas entrevistadas sólo una fuera catalana –¿Tenía la partida de nacimiento de todos y cada uno de ellos, incluidos los «humildes transeúntes»?– o que se tratara de una pieza elogiosa con Felipe VI. ¿Qué espera el hombre que, sin ser Nicolás Maduro, habla con un pájaro? ¿Qué en la televisión pública española se hiciera un ataque furibundo contra el Rey de España?

Para criticarle y echarle la bronca está Juan Luis Cebrián, que lo hace en uno de sus poco habituales ladrillos en El País, titulado El rey no gobierna, pero reina. Se trata, como bien se encarga de destacar nuestro compañero en esto de comentar artículos que firma como ‘El fumador’, de un texto plagado de faltas de ortografía —Cebrián abronca a Felipe VI y Losantos le pide que no se deje secuestrar por PRISA y por Godó–. Al Number One de PRISA no le gustó el discurso pronunciado por Felipe VI en su proclamación y se dedica a reprocharle las cosas que no dijo o de las que no habló.

Es tan de lamentar que en su primera intervención como monarca, cuando se está anunciando un acercamiento de la Corona a los ciudadanos, se limitara a hacer un discurso políticamente correcto en el que las palabras que mejor indican las preocupaciones de estos, corrupción y paro, no fueron ni siquiera pronunciadas.

Dentro de la más estricta legalidad constitucional y neutralidad respecto a los partidos, el nuevo monarca podría haberse referido a la disposición de nuestro país a trabajar por la paz en un mundo en el que proliferan los conflictos bélicos; podía haberse erigido en defensor de las libertades constitucionales, a comenzar por la de expresión; haber anunciado su compromiso con el ejercicio de los derechos humanos, en referencia a los abusos contra los inmigrantes, e incluso podía haber citado a su padre cuando este recordó solemnemente la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. También, ¿por qué no?, podía haber sido más explícito en lo que se refiere a los derechos de la mujer en nuestro país, dada la circunstancia de que si naciera un varón de su matrimonio, la princesa de Asturias sería desplazada por su hermano en la prelación sucesoria al trono, un hecho absolutamente contradictorio con las promesas de modernización de la Monarquía. En definitiva, podía haber hecho un discurso para la Historia y no haberse limitado a rellenar un formulario de buenas intenciones. Estoy seguro de que así habría sido si, además de tener presente que el rey no gobierna, alguien le hubiera hecho notar que, cuando menos, reina.

Nada, plantea tantos temas que sí Felipe VI los hubiera tocado el suyo hubiera sido un discurso más largo que el de mayor extensión de Fidel Castro. Y concluye reclamando a Felipe VI lo mismo que le exige el independentista Artur Mas:

Muchos estarán de acuerdo en que estamos en vísperas de un grave desorden en el funcionamiento de la máquina política si no se ataja a tiempo, y se orienta con lucidez, la deriva independentista en Cataluña. A este respecto, de nada valen los lugares comunes sobre la unidad y diversidad de España. Estamos ante un problema institucional que demanda respuestas institucionales. Exactamente lo que expresó Artur Mas tras la proclamación del Rey cuando dijo esperar alguna iniciativa de este al respecto, y por lo que ha sido, al margen cualquier otra consideración, injustamente criticado. Ojalá el príncipe de Girona se muestre sensible a la sugerencia. Y demuestre la utilidad de un rey que no gobierna, pero reina.

¡Qué pena de Felipe VI sea Rey de España y no portavoz y empleado del Grupo PRISA!

Y como pensando en ese artículo, aunque haciendo referencia a otros contenidos anteriores de El País, Federico Jiménez Losantos publica en El Mundo una columna titulada Transparencia mediática. Tras elogiar el discurso del nuevo rey, el turolense escribe sobre el tratamiento a la monarquía en los medios españoles:

En primer lugar, un desequilibrio ideológico total, que puede comprobarse enumerando las tertulias televisivas de signo liberal o conservador en las cadenas públicas o privadas. En segundo lugar, un sectarismo nacido de ese desequilibrio y que desde hace más de 20 años nos lleva a padecer un adoctrinamiento en clave chistosa, aunque maldita la gracia que tiene, a cargo de un biotipo, casi una especie, de graciosete, generalmente catalán y nacionalista a fuer de progre, cuya sensibilidad para todo lo español, Corona incluida, oscila entre la mofa y la befa. Y en tercer lugar, un monopolio, el del acceso a la Corona, que explica el ataque feroz de la acorazada PRISAGUARDIA -Cebrián y Godó siempre defienden juntos sus privilegios- contra el discurso del Rey, por no obedecer «lo que se le pidió», es decir, ese discurso grotescamente tetralingüe redactado por el lobby catalanista que con su Roca en Madrid y su Tibidabo o Vostedabo en Barcelona viene marcando la política nacional -antinacional- de la Corona desde hace décadas. Sin cambiar ese panorama mediático, incluido el trato de La Zarzuela, no sé si habrá mucha transparencia, pero pocos la percibirán.

Lo cierto es que, después de haber leído el artículo de Cebrián, al afilador de columnas se le queda la sensación de que Jiménez Losantos puede haber dado en el clavo al afirmar que el de PRISA y el Conde de Godó están molestos por el hecho de que el Rey no ‘obedeciera’.

Y cambiamos de tema de la mano de Fernando Sánchez-Dragó, que titula con un lacónico Frank. Primero se apunta el tanto de haber descubierto al popular y, al menos para este humilde lector de columnas, poco agradable Frank de la Jungla. Cuenta que le hizo un reportaje para un magazine de Telemadrid «que no llegó muy lejos». Añade:

Mi tentativa de lanzamiento televisivo no cuajó, pero otras cadenas sacaron el proyecto a flote. Hoy lo conocen hasta los cimarrones que trepan por la valla de Melilla.

Acto seguido habla sobre la condena, que realmente parece exagerada, impuesto a la mujer de Frank Cuesta:

¡Quince años de cárcel por un pellizquito de cocaína! La legislación vigente en Tailandia y en otros países de la zona relativa a la posesión y consumo de determinadas drogas es un disparate jurídico, un escándalo moral y una flagrante violación del código de derechos humanos. Se llega al extremo de condenar a muerte a personas cuyo único delito es el de llevar en la maleta 30 gramos de marihuana. Nada dicen al respecto Amnistía Internacional y otras organizaciones similares que tanto barullo arman cuando en Estados Unidos se ejecuta con toda clase de garantías jurídicas a asesinos en serie convictos y confesos. ¿Qué va a ser de los cuatro hijos de Frank, niños aún, y de los demás inquilinos de su zoo franciscano, si la madre falta? ¿Eso no cuenta? ¿Importa más el castigo de una infracción mínima que el amparo de los inocentes?

Meter en esto a Aministía Internacional nos parece algo exagerado, aunque tiene razón en señalar lo selectiva que es dicha organización a la hora de denunciar a según qué países y por según qué cosas. En realidad esto tiene toda la pinta de ser una maniobra en la que las autoridades tailandesas buscan un gran eco mediático para asustar a occidentales varios que juegan con el trapicheo de droga en su país.

Saltamos ahora a ABC, donde volvemos a cambiar de tercio, ahora de la mano de una Isabel San Sebastián que dedica Esperar a ver qué pasa al registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante. Arranca con una anécdota del 11-S, cuando un ministro se pone en contacto con el entoces vicepresidente del Gobierno:

El ministro da por finalizada la charla y telefonea, alarmado, a Mariano Rajoy, a la sazón vicepresidente del Gobierno, en funciones de jefe del Ejecutivo dada la ausencia de Aznar. -Mariano, tenemos que informar al presidente. -No; ya sabes cuánto le molesta a él que se le llame a ese teléfono, que además se oye fatal. -¿Qué hacemos entonces? -Esperar a ver qué pasa. La anécdota, resumida a fin de extractar lo esencial de su significado, es tan real como la brutal masacre que la ocasionó. Tan fiel reflejo de lo ocurrido ese dramático 11-S-2001 en el Palacio de la Moncloa como reveladora de la personalidad de Mariano Rajoy, «el hombre que metía los problemas en un cajón».

Lo cierto es que la imagen que transmite del actual jefe del Ejecutivo es muy triste. Y eso viene a colación por su modo de enfrentar el reto independentista catalán. Y nos habla de cómo vivió la recepción tras la proclamación del Rey:

Fui de un corrillo a otro en busca de esperanza, de una idea o un indicio a los que agarrarme para convencerme a mí misma de que, tal como nos dijeron en su día, existe un plan perfectamente trazado con el que parar los pies a los separatistas. No hallé rastro de ese plan ni constancia de su existencia. Únicamente inquietud ante la probabilidad de que esté a punto de pasar algo irreparable, dado que todo lo sucedido hasta ahora ha pasado como si no pasara nada.

Va a ser que eso del ‘manejo magistral de los tiempos’ que algunos atribuyen a Rajoy no es más que un mito. Y para terminar, nos fijamos en la columna de Ignacio Camacho. Con el título de Intocables comenta las quejas de algunos por el aforamiento que se está preparando para Juan Carlos I. Concluye su artículo:

Parece contradictorio negar el blindaje procesal al ex Jefe del Estado mientras lo tienen un diputado regional de Murcia o un policía de Oviedo. Incluso, y esto es más espinoso, cualquier juntero foral de Bildu. Pero sucede que además quienes han de decidir sobre ese asunto están ellos mismos bajo fuero y no parecen dispuestos a renunciar, ni aunque quisieran pueden hacerlo. A los debates legales hay que ir con fundamentos jurídicos, no retóricos. En una sociedad democrática y transparente debe ajustarse al mínimo la existencia de intocables, pero con criterio racional y procedimiento reglado. La mentalidad posmoderna ha engendrado un «pensamiento Twitter» y una «política Twitter». Pasar a un «derecho Twitter» resulta demasiado arriesgado.

A algunos nos parece que, simplemente, nadie debería tener aforamiento alguno. Eso sí, es cierto que lo que no tiene sentido es negárselo a quien ha sido jefe del Estado mientras sí disfrutan de él miles de personas con cargos menores.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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