OPINIÓN / Afilando columnas

Carmen Rigalt, fascinada con Pablo Iglesias: «Las falanges mediáticas inventan argumentos peregrinos para desacreditarlo»

Barril, el hombre de Duran i Lleida en El Periódico, se pone conspiranoico: "Felipe VI Va a ser un títere del poder financiero, mediático y militar de Madrid"

Dos reyes, y todo lo relacionado con ellos, ejercen su dominio sobre los espacios de opinión de la prensa de papel cuando faltan pocos días para que termine el plazo de presentar ante Hacienda la declaración de la renta. Uno de ellos lo es en sentido literal, Felipe VI, y al otro posiblemente le gustaría ser presidente republicano, Pablo Iglesias. Ambos, o materias relacionadas con ellos, protagonizan las columnas más interesantes y jugosas del 25 de junio de 2014, entre lo que se incluye, por cierto, el debate abierto sobre monarquía y república.

Con la tranquilidad de haber cumplido el rito anual ante los miembros de la más peligrosa de las tribus, que no es la Mursi de Etiopía ni la de los jíbaros amazónicos sino la Tribu Taria española, y alertando a los despistados de que les quedan pocos días para presentar su declaración de la renta, hacemos sonar una vez más nuestra armónica de afilador. Les invitamos que, tras oír nuestros sencillos acordes, sigan leyendo, que para eso trabajamos (aunque Montoro y los suyos se queden cada mes con una buena parte de nuestro sueldo).

Empezamos en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’, donde el periodista-intelectual orgánico de Uniò y hombre de Duran i Lleida en El Periódico ofrece una visión conspiranoica de la monarquía que ríanse ustedes de los bolivarianos. Joan Barril titula Rey glorioso, ministro tramposo.

Arranca con una crítica a los medios de Madrid, esa ciudad que parece ser el compendio de todos los males para algunos nacionalistas, por mucho que estén al servicio del democristiano más conocido en el lujoso Hotel Palace de Madrid:

Los programas matutinos y vespertinos se volcaron en los ditirambos hacia el nuevo Rey. Esas comadres y esos compadres son los mismos que, en cualquier momento, estarán dispuestos a llevar a la egregia pareja a la guillotina mediática cuando los poderosos así lo decidan.


Joan Barril.

¿Es que hay poderosos que pueden decidir eso? Pues sí, al menos según Barril:

¿Quién manda aquí? Estoy seguro de la integridad moral y profesional del nuevo Rey, pero también de que, al menos en estos primeros años de reinado, va a ser un mero títere del poder financiero, mediático y militar de Madrid.

Ya ven, tanto quejarse Pedrojota de que el Juan Carlos I estaba detrás de su caída, tanto comentarse que el cambio de director de La Vanguardia era algo deseado por el anterior Rey de España… Y ahora resulta que no, que el «poder mediático» se impone a la monarquía. Algo nos da que el «financiero» tampoco va a dominarla y sobre el «militar» qué decir. Para creer que los miembros de las Fuerzas Armadas, por muy alto que sea su rango tienen algún poder fuera de sus cuarteles hay que estar muy desconectado de la realidad. Afortunadamente hace ya tiempo que la milicia está sujeta al poder civi, como ha de ser.

Pero dejamos Barcelona y las teorías conspiranoias para llegar a Madrid y asomarnos a otro tipo de artículos. En el mismo El País en el que Cebrián echa la bronca a Felipe VI por su discurso de proclamación, Enrique Gil Calvo sale en defensa de la monarquía como forma de Estado, siempre que sea democrática, eso sí. Y lo hace en un artículo en el que se confiesa su republicanismo sentimental. Titula La sobreactuación republicana. Ofrece una explicación a la repentina pasión antimonárquica de destacados políticos:

Entender que, si nuestros políticos profesionales se lanzan a pedir el cambio de régimen, es porque se sienten culpables ante una desafección popular que ha sentenciado su desautorización y deslegitimación colectiva: «No nos representan». Y para tratar de hacerse perdonar todos sus errores y culpas (como la corrupción, el austericidio, etcétera), y de paso lavar su mala conciencia, exageran sus reivindicaciones antisistema pidiendo el fin del régimen y la cabeza del Rey. Lo cual equivale a hacer de la Corona un chivo expiatorio sobre el que poder descargar y proyectar todas las culpas colectivas que son propias exclusivamente de la clase política. Ahora bien, esto demuestra que tan hipócritas eran antes, cuando en la Transición aceptaron la Monarquía por puro interés político, como ahora, cuando alardean de rechazarla para revestirse con la máscara impostada de la virtud republicana. Pero es dudoso que les crean los escépticos espectadores de una tragicomedia que parece tanto más inverosímil cuanto más impostada.

El problema es que están jugando con fuego, claro que al mismo tiempo los pocos republicanos que salen a la calle se han convertido en una fábrica de monárquicos con su contante exhibición de hoces y martillos y diversos símbolos comunistas.

Pasamos ahora a ABC, en cuya contraportada Ignacio Ruiz-Quintano dedica Orbaneja a comentar las últimas jugadas del number one de PRISA en El País:

Tampoco Cebrián sabe qué es el «derecho a decidir» (esa forma forense del cojonudismo hispánico: hacer lo que a uno, si puede, se le ponga en los c…)

Cebrián sólo quería colocarle al Rey su discurso, una pieza trufada de citas falsas y por la paz del mundo (?) y la libertad de expresión (?), pero se ve que el Rey no quería parecer una aspirante a Miss Mundo, cuyo trono acostumbra adornarse con los discursos por la paz mundial, y tampoco un huelguista de «El País» como los que hemos visto manifestarse por la libertad de expresión en la calle de Alcalá, y devolvió el discurso.

La reacción de Cebrián, en quien todo es ya reaccionario, ha sido irse con Mas para proceder a la voladura controlada, no de España, que para él es concepto franquista, sino de «Estepaís», mas no el suyo, sino el nuestro.

Al afilador de columnas le da la impresión de que la sucesión en el Trono ha abierto una clara guerra mediática que tiene visos de continuar. Claro que tampoco podemos sorprendernos, ¿o acaso Cebrián pensaba que podía tratar de tutelar y abroncar al Rey sin que nadie le respondiera? Ese debe ser el «poder mediático» que según Joan Barril maneja a FelipeVI como una marioneta.

Seguimos en el diario madrileño de Vocento, pero cambiamos al segundo gran tema de la jornada: Pablo Iglesias y Pdemos. Antonio Burgos le dedica El gol de Casillas. No hace referencia al portero de la selección española, sino al ya famoso camarero que le cantó las 40 al trotsko-bolivariano en el Ritz. En realidad, ese hecho es lo menos destacable del artículo del periodista andaluz con apellido de la provincia donde se hacen las mejores morcillas de España (él mismo bromea sobre ello). Así, habla sobre medios:

Dicen «Vaya los de Lara, qué forma más bajuna de meterse con el Rey y con la Monarquía» y no sabes a qué Lara se refieren: si a los chicos de Cayo o a los de José Manuel; si a los republicanotes de IU que quieren tomar este verano el Palacio de Invierno o a los manipuladores de La Sexta, propiedad del señor marqués del Pedroso de Lara. (Que esto es lo más grande del mundo: enseguida en el Reino Unido una televisión propiedad de un lord se iba a dedicar a ganar dinero y audiencia complaciendo los más bajos instintos de radicales, antisistemas y pelusos mediante el demagógico procedimiento de largar fiesta inmisericorde contra la Corona británica…)

Define a Pablo Iglesias en los siguientes términos:

El demagogo de Podemos, que es más difícil y meritorio, porque es un ídolo, un mito, un monstruo para todo el peluserío nacional. Para toda la Castuza. ¿Ah, no saben qué es la Castuza? Pues los que aseguran que la culpa de todos los males patrios es de la que llaman La Casta. Esos a los que no se les cae la palabra «Casta» de la boca no son gente: son gentuza. Por eso, la que ellos, a su vez, han creado, no es la casta radical, es La Castuza, en la que los antiguos antisistemas se disponen a mangar del sistema, pero por todo lo alto, incluido desayuno en el Ritz pagado por la oligarquía financiera y por todos los tópicos del capitalismo con el que dicen que quieren acabar. ¿Será que quieren acabar con el capitalismo a base de mangarle cruasanes en los desayunos del Ritz?

Pablo Iglesias irá allá donde le inviten para hablar, sobre todo si eso atrae medios de comunicación, lo mismo le da el Ritz que un cine de barrio. Es un maestro de la propaganda. El problema es que haya algunos que crean que se lo van a ganar agasajándole como un héroe, mientras que él tiene muy claro que les expropiaría. Pues ese, y no otro, es el futuro que quiere para las empresas que patrocinaron su desayuno en el lujoso hotel madrileño.

En El Mundo nos topamos con una nueva fan de Podemos y su mediático líder, Carmen Rigalt, que les dedica Pudiera o pudiese.

Hoy quiero hablar del Pablo Iglesias. Si no lo he hecho hasta ahora es porque estaba muy divertida viendo cómo las falanges mediáticas de la otra acera se ponían nerviosas e inventaban argumentos peregrinos para desacreditarlo. El argumento más recurrente era (es) la coleta, que a estas horas ya se ha convertido en metáfora.

Ya ha disgustado Rigalt con el primer párrafo a este humilde lector de columnas, fan suyo. Referirse a quienes critican a Iglesias como ‘falanges mediáticas’ es algo muy por debajo de su talento. No sabemos si busca retratarlos como fachas irredentos, por aquello de FE de las JONS o va por el lado militar, puesto que es le nombre de un tipo antiguo de unidad castrense. Si es así, es la versión suave de aquello de ‘La Brunete mediática’. Al margen de la tontería de la coleta, la mayor parte de las cosas que se han contado sobre Podemos y su líder no son ‘argumentos peregrinos’ inventados, sino hechos contrastados.

Concluye:

Podemos crece poco a poco. Cada vez que un bocazas del otro lado del espectro la emprende a insultos con Pablo Iglesias, la formación gana cinco simpatizantes y recibe un empujón publicitario que ríete tú del anuncio de Mahou.

Podemos ha demostrado el don de la oportunidad y va a aprovecharlo. Respecto al toque bolivariano, no se asusten porque es una excentricidad. En algo tenía que diferenciarse de la vieja izquierda.

Nos gustaría saber qué es lo que Rigalt considera que son insultos dedicados a Pablo Iglesias. ¿Llamarle comunista? Hay vídeos donde le podemos oír definirse como tal. ¿Chavista? Tenemos otros donde lamenta la muerte de Chávez y le pone como ejemplo a seguir.

Y se engaña Rigalt si de verdad cree que el «toque bolivariano» es una «excentricidad» de Podemos. Es la naturaleza ideológica misma de los líderes del partido. Basta con leer su programa o, mejor aún, ver los vídeos de Iglesias, Juan Carlos Monedero y Errejón. Pero no los de sus intervenciones en las grandes televisiones españolas, sino los otros. Los de sus conferencias en foros comunistas o en una ‘herriko taberna’ (por cierto, ¿qué pensará la columnista de El Mundo sobre su comprensión hacia ETA), así como las entrevistas que dan a diversos medios venezolanos. Ahí es donde vemos a los auténticos líderes de Podemos.

Y terminamos en La Razón, con uno de esos a los que Rigalt debe e incluir dentro de las ‘falanges mediáticas’, Martín Prieto. Publica un artículo titulado Psicofonías del chavismo nacional.

Quedan cándidos que aún se hacen lenguas de los cuatro meses que le han bastado a Podemos para embaucar al público desde los «shows» televisivos. Con Juan Carlos Monedero de letrista y Pablo Iglesias de guitarrero estos caballeros llevan diez años traduciendo el chavismo al español e intentando dar cuerpo al esotérico socialismo del siglo XXI. Desde la Facultad de Políticas de la Complutense esta fauna ha tardado una eternidad en descubrir el fascismo criollo del general Perón.Y acabarán siguiendo su conseja: «Todos los intermitentes a la izquierda y adelantar por la derecha». Pero el catetismo nacional admira las ideas de bombero de una asamblea de profesores no numerarios.

Por fin alguien que deja claro la verdad. Podemos no ha sido improvisado, sino que lleva gestándose desde hace muchos años, paso a paso. Y no han actuado así para ser flor de un día.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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