LA CLAVE DEL DÍA

El País y La Vanguardia despiden a Rubalcaba como a uno de los suyos

El periódico catalán titula su editorial dedicado al socialista "Adiós a un político virtuoso" y lo cubre de alabanzas

Sólo El Mundo recuerda su vinculación al GAL y los servicios secretos

El PSOE es el principal partido del régimen constitucional de 1978 -o lo ha sido hasta ahora- y los periódicos principales del régimen de 1978 son El País y La Vanguardia. Hoy se ve esa identidad en los editoriales que dedican ambos diarios a  Alfredo Pérez Rubalcaba con motivo de su despedida. La Vanguardia de Màrius Carol lo considera incluso «un político virtuoso».

Para El País y La Vanguardia, Rubalcaba ha sido un político de Estado, que ha coadyuvado a la estabilidad institucional.

Sólo El Mundo desentona un poco al recordar el pasado siniestro de Rubalcaba en los Gobiernos de Felipe González (GAL) y los de José Luis Rodríguez Zapatero (caso Faisán), aunque no menciona su responsabilidad en la destrucción de la educación.

El ABC y La Razón, que están fuera del mainstream (¿dónde publicó ayer Mariano Rajoy su artículo-conferencia sobre su participación en la reunión de la Unión Africana? En El País), ni mencionan a Rubalcaba en sus páginas editoriales.

LA VANGUARDIA

Se va uno de los grandes políticos del último cuarto de siglo. En los gobiernos socialistas de Felipe González, ejerciendo como ministro de Educación y de Presidencia, desplegó sus virtudes políticas, que son, fundamentalmente, cuatro: lucidez analítica, capacidad de diálogo, habilidad comunicativa y sentido de la lealtad y la discreción.

A pesar de que sus virtudes lo han convertido en uno de los políticos más serios del país, Rubalcaba no pudo hacer frente al desprestigio que el gobierno de Zapatero había acumulado.

Con sus éxitos y fracasos, Rubalcaba se va habiendo dado a la vida pública mucho más de lo que personalmente ha recibido, lo cual, en un contexto de corrupción y desprestigio de la política, dice mucho a su favor.

Es un profesional serio, competente, leal, austero, entregado a la cosa pública. Podría marcharse como hacen otros: abusando del alarde o del reproche. Pero lo hace a su estilo: elegante a fuer de íntegro y discreto.

EL PAÍS

Rubalcaba abandona definitivamente la escena española tras una larga trayectoria de servicios públicos, coronada por la inteligencia política demostrada en la gestión del final del terrorismo de ETA y en los esfuerzos para evitar la ruptura de la política catalana con la del resto de España. Persona con más hechuras de hombre de Estado que de dirigente partidista

En todo caso, la retirada deja paso definitivamente a otra generación. La suya, la de los protagonistas del PSOE de la Transición y de los Gobiernos de Felipe González -y en parte de los de Zapatero-, se encuentra fuera del primer plano en una España en la que bullen otros problemas y otras personas. Simbólicamente acompaña la retirada de don Juan Carlos, cuya abdicación también ha apoyado.

Al borde de los 63 años de edad, retirarse discretamente a la universidad tras una trayectoria tan prolongada dice mucho de su honradez personal.

EL MUNDO

A la hora de hacer balance sobre lo que ha supuesto Rubalcaba para el PSOE y para España es obligado reseñar su contribución a la estabilidad del sistema, pero resulta imposible no reparar en sus desaciertos. Rubalcaba ha sido artífice de importantes pactos de Estado con el PP y el resto de fuerzas políticas, y ha contribuido a la mejora y el desarrollo del país como ministro -varias veces- y como vicepresidente del Gobierno.

Sin embargo, también ha protagonizado algunos de los episodios oscuros de nuestra democracia. Con el felipismo miró hacia otro lado con los GAL, no tuvo empacho en engañar a todos los españoles con la falsa detención de Roldán en Laos y negó el saqueo de los fondos reservados. Con Zapatero, su sombra está tras el chivatazo del bar Faisán. Esta doble faceta, de hombre de Estado y de político pragmático, resumen al personaje.

Queda la duda de si el PSOE que deja estará a la altura de su incontestable capacidad política y, principalmente, de su sentido institucional.

 

 

 

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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