OPINIÓN / Afilando columnas

Ruiz-Quintano: «La Sentencia sobre el cerco al Parlamento catalán parece un editorial de Telesur, el canal bolivariano»

Monegal: "La gran aportación de 'Sálvame' a la televisión es el canibalismo entre ellos mismos"

Comenzamos a escribir el 10 de julio de 2014 con algo de temor. Nos preguntamos si Pablo Iglesias y su partido Podemos van a aumentar su actividad demandante contra periodistas y, si en este caso, nos puede tocar a nosotros ser objeto de su acción ante los tribunales. No creemos que llamarles ‘trotskos-bolivarianos’ de forma habitual sea algo por lo que a uno le pueden intentar enjuiciar, pero a estas alturas nadie sabe. Lo que no deja de sorprendernos es la actitud de buena parte de la profesión.

Si Rajoy, Rubalcaba, Aguirre, Madina o cualquier otro del PP o del PSOE presentara una demanda contra un profesional de los medios de comunicación buena parte de la profesión saltaría escandalizada por lo que consideraría un ataque a la libertad de expresión. Y razón no le faltaría. Lo hace Pablo Iglesias y lo que nos encontramos en diversas tertulias televisivas es a periodistas poniéndose de lado del político y lanzándose al cuello de Eduardo Inda, el compañero de profesión demandado. Triste, muy triste. Esperemos que nunca haya que lamentar consecuencias a largo plazo de una actitud como esta. Que no olviden que para ciertos políticos los ‘tontos útiles’ de hoy pueden ser el enemigo al que destruir de mañana.

Y tras esta reflexión mañanera pongámos en lo que les interesa a los lectores de nuestro ‘Afilando columnas’, que no es otra cosa que los contenidos más jugosos de los espacios de opinión de la prensa de papel española. En esta ocasión viene variada, como un macedonia de fruta de esas que tan bien sientan como postre cuando se sirven frescas en un día de verano. Nos encontramos con comentarios sobre Sálvame, críticas a la Audiencia Nacional por sus sentencias, asuntos de corrupción y las cosas del PSOE. Hay para todos los gustos.

Hacemos sonar, como cada día, nuestra armónica de afilador y nos ponemos manos a la obra.

Arrancamos como otras veces en la Ciudad Condal, en concreto con el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’. Ferrran Monegal pone en su punto de mira ‘Sálvame’ y su quinto aniversario. Les dedica un artículo titulado ‘Kermesse’ canibal.

Considera que el exitoso programa de Telecinco es heredero directo de ‘Aquí hay tomate’ pero con una importante innovación para evitar que lluevan las demandas:

Así nació ‘Sálvame’, una martingala basada en lo mismo, en el mismo ventilador, pero ahora esparciendo las miserias de ellos mismos, las de las criaturas cotillas que están a sueldo de la propia productora que fabrica la papilla. ¡Ah! Eso ha proporcionado un gran confort a la cadena. Ahora no hay demandas judiciales. Las víctimas las tienen en nómina. Y ya se sabe que sarna con gusto no pica. La gran aportación del ‘Sálvame’ como invento televisivo es haber introducido el canibalismo entre ellos mismos. Los integrantes del programa, a cambio de una buena soldada, aceptan irse comiendo las vísceras cada día. Canibalismo seriado.

A este humilde lector de columnas le parece un análisis acertado, pero en realidad poco novedoso. Cosas muy similares las ha escrito ya antes nuestro compañero Sergio Espí. Como se ha defendido en muchas ocasiones en Periodista Digital (no es aportación de quien esto escribe) ‘Sálvame’ en realidad es un realitty que no es presentado como tal y que está protagonizado por los propios miembros de la plantilla de colaboradores.

Dejamos ahora los asuntos televisivos y Barcelona de lado y nos asomamos a la prensa madrileña, donde veremos asuntos políticos, judiciales y hasta de chiringuitos supuestamente empresariales.

Comenzamos en ABC, donde Ignacio Ruiz-Quintano comenta la lamentable sentencia sobre el cerco al Parlamento catalán y la situación de la Justicia en España. Lo hace en un buen artículo titulado Ufología.

Y de ese tribunal de excepción que en una democracia es la Audiencia Nacional sale una doctrina que escribe (en un pésimo español) Valcárcel, pero que parece dictada por extraterrestres.

La sentencia ideológica de [Ramón Sáenz] Valcárcel es como un panfleto de esos que Querejeta arrojaba al Metro de Goya y salía corriendo, o un editorial de Telesur, el canal bolivariano de Venezuela.

Nos parece que razón no le falta, son estos malos tiempos para la libertad de expresión, en buena medida por obra y gracia de populistas de izquierdas situados en ámbitos tan dispares como la política o la judicatura. Cómo si el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante no hubiera ya hecho demasiado mal en este terreno.

También en el diario madrileño de Vocento, Ignacio Camacho dedica Jenarín al caso del pufo de Gowex. Lo cierto es que el afilador de columnas nunca entendió demasiado bien el modelo de negocio de esa empresa, que le parecía inviable, pero uno no era economísta ni nada parecido, así que tampoco se iba a arriesgar a meter la pata criticándola. Y ahora resulta que el modelo de negocio no era otro que la tomadura de pelo.

Pero veamos lo que dice Camacho sobre el asunto. Nos quedamos en especial con el último párrafo:

Ahora todo son prisas por borrar huellas, por retirar fotos, por deshacer contratos, por eludir responsabilidades. Jenarín es un apestado y tal vez pronto se forme una asociación de perjudicados que reclame al Estado el dinero que se dejaron estafar por codicia o negligencia. Pero quedan los créditos concedidos, las recomendaciones formuladas, los informes emitidos, los avales prestados. Demasiados rastros para pretender que nadie conocía a nadie.

Lo cierto es que Jenaro García, ‘Jenarín’, pudo hacer lo que hizo gracias al apoyo recibido por unos políticos que deseaban ganar votos ofreciendo lo que no podían (wifi gratis ‘pa tós’) y los burócratas de una institución pública, el ICO. Si ha podido pegar el tufo y dañar a muchos particulares es en buena medida gracias al mensaje que lanzaban los políticos. Eso sí, lo que no queremos es ser nosotros quienes paguemos la factura de los perjudicados con nuestros impuestos. Nadie les obligó a confiar en ‘Jenarín’.

Y hablando de corruptelas, pasamos a ver el artículo que sobre choriceos made in Catalonia escribe Alfonos Ussía en la contraportada de La Razón. En realidad, Venta normalísima versa sobre el diferente comportamiento de determinados jueces según a qué partido esté vinculado el protagonista del presunto caso de corrupción. Tras comentar en tono irónico el asunto de los terrenos de 900 euros vendidos por casi 5 millones por el hijo de Jordi Pujol, dice:

Estoy de acuerdo con el juez Ruz en sus esfuerzos por abrir todas las ventanas del «Caso Bárcenas». No conozco a Bárcenas y como ciudadano tengo motivos suficientes para desconfiar plenamente de su honestidad. De la de él y de la de muchos de su partido. Pero temo asimismo que si todo lo que ha hecho Bárcenas al margen de la ley y como tesorero del Partido Popular con sede en Madrid, lo hubiera llevado a cabo en Barcelona y en un partido nacionalista, quizá el juez Ruz habría decretado ya su libertad condicional y con alta fianza para evitar el riesgo de fuga. Creo que la Justicia, o la Política que sobrevuela la Justicia, o el Gobierno de España que nadie sabe a ciencia cierta en qué piensa y a qué se dedica, pueden estar condicionados por el temor que les produce cualquier acción que el separatismo catalán estime favorable para denunciar la terrible persecución de «Madrit» con el fin de impedir sus propósitos independentistas.

Lo cierto es que esta comparación da al menos como para pensar. Los chorizos, o presuntos chorizos, de todos los partidos deberían recibir igual trato.

Nuestra última parada del día es el diario ahora dirigido por Casimiro García Abadillo. Y tenemos ración doble de El Mundo. En primer lugar vamos a su contraportada, donde Raúl del Pozo dedica al ministro de Defensa una columna titulada Bankia y media.

Irene Lozano, lingüista como Chomsky, ha declarado: «La mayor amenaza para la seguridad de España es el Ministerio de Defensa». La diputada de UPyD no va de progre oenegé, pero ha tenido el atrevimiento de decir que Morenés, el hombre-lobby, le parece más peligroso que el hombre-lobo.

Comenta:

El ruido de sables acabó en ruido de euros y si es cierto que a través de la puerta giratoria se concedieron créditos blandos a los amigos, si todo se hizo con opacidad absoluta, lo debemos saber. Parece que compraron tanques que no pueden ser llevados en aviones de transporte, porque pesan más, van a velocidad de tortuga, sólo valdrían para defendernos de Andorra.

Lo cierto es que debería aclararse un asunto como ese. En realidad, muchas veces parece que Morenés sigue actuando más como directivo de la industria de Defensa que como ministro del ramo.

La segunda ración de El Mundo es El autismo de la izquierda, de Victoria Prego. La responsable de Opinión del diario de Unidad Editorial compara lo que está pasando con los partidos socialistas del resto de Europa, destacando el caso de las políticas de austeridad en Francia, con el PSOE y los candidatos a sustituir al apparátchik que creyó que siendo secretario general se convertiría en un líder socialista.

Lo más preocupante es que los candidatos a la secretaría general del Partido Socialista incluso están radicalizando las posiciones de sus predecesores. De este modo, nos encontramos con que el segundo partido con opciones de gobierno anuncia por boca de sus líderes que, si llegan al poder, derogarán todas las medidas de reforma aprobadas por el Gobierno de Rajoy y harán, efectivamente, el experimento que defienden. En caso de llevar a cabo lo que pretenden, convertirían a España en el único país de Europa que siguiera una línea contraria a la que aplican los demás gobiernos, socialistas incluidos. Es este autismo político de la izquierda española, que la mantiene tercamente fuera de la realidad, lo que la convierte en un potencial peligro para el futuro del país.

No es que el Gobierno de Rajoy sea una maravilla, más bien lo contrario, pero un PSOE radicalizado sería todavía peor.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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