OPINIÓN / Afilando columnas

David Gistau: «Belén Esteban debería estar preocupada con que Pablo Iglesias le quite el Principado del pueblo»

David Trueba, preocupado por el PSOE: "El partido está al borde de la irrelevancia"

Bromean en la redacción de Periodista Digital, en especial Roberto Marbán (@robermarban) y José Pablo González (@josepabloglez), con la poca previsión de la FIFA al poner la final del Mundial de Brasil el domingo 13 de julio de 2014. Dicha cita deportiva coincide con las primarias en el PSOE y claro, ironizan, deberían haberlo pensado antes porque las elecciones internas de los de Ferraz van a obtener mucha más atención.

Bromas aparte, lo cierto es que las primarias del PSOE sí que concentran el interés de parte de quienes escriben en los espacios de opinión de la prensa de papel española en 11 de julio de 2014, dos días antes de esas elecciones y de la final del Mundial. Se las toman especialmente en serio en El País, que nos sigue ofreciendo ladrillos firmados por alguno de los candidatos a sustituir a Rubalcaba. Eso sí, en esta ocasión además de aburrido el texto es más cursi que la foto de un teletubi abrazando a un oso amoroso.

Pero hay un asunto que concentra la atención de todavía más columnistas. Se trata, como no de Pablo Iglesias y Podemos, que han calentado los ánimos con sus propuestas de control público de los medios de comunicación y sus demandas contra Eduardo Inda y Esperanza Aguirre.

Hacemos sonar, como cada día, nuestra armónica de afilador, y pasamos a repasar lo más jugoso del columnismo español del día.

Arrancamos en El País, con el ladrillado cursi al que nos referíamos más arriba. Su perpetrador es José Antonio Pérez Tapias y se titula Tejiendo el PSOE con hilo rojo. Damos por hecho que lo ha escrito él, dado que ningún negro resultaría tan engolado ni recargado. Como botón de muestra, las primeras frases:

Casi como herrumbrosas lanzas quedaron las armas ideológicas del PSOE. Fue desigual la batalla contra ese ejército neoliberal que le comió el terreno cuando quiso ganar la guerra contra el azote de la crisis económica. Como banderas deshilachadas se vieron destrozadas las enseñas socialistas en torno a la igualdad y las políticas sociales.

Dirán ustedes que habrá algo más que una jerga pseudo épica, y tendrán razón. No hay demasiado fondo, la verdad, más allá de reclamar un giro a la izquierda y una única propuesta concreta:

La hora crucial para adentrarse en nuevos caminos por la izquierda frente a las vías impositivas de la derecha es también momento para acometer procesos que, reformando la Constitución -al final un proceso constituyente-, den paso a un renovado pacto constitucional que recoja lo relativo a la inaplazable reforma federal del Estado de las autonomías, situándola bajo el horizonte de un Estado federal plurinacional.

Ahí es nada. El último en convertir a un país en un Estado oficialmente plurinacional fue Evo Morales, que no pasará a la historia como un genio precisamente.

Concluye:

En el caso de los socialistas es la pasión por la justicia, la que anuda lucha por la libertad y objetivos de igualdad, la que es razón de ser de una tradición que en el próximo congreso del PSOE ha de encontrar el hilo rojo para tejer de nuevo su propio futuro, al servicio de las trabajadoras y trabajadores, de las ciudadanas y los ciudadanos, de una sociedad española que en una Europa fracturada quiere encontrar ese sitio que de ninguna manera puede ser el de una posición subalterna en unas relaciones neocoloniales. También la reconstrucción de una Europa desdibujada tiene que ser por la izquierda. También para eso hace falta una candidatura para la secretaría general del PSOE con la convicción de que si no está en la izquierda, un partido socialista está fuera de lugar.

Y tras recuperarnos de la lectura de un texto cursi y radical a partes iguales pasamos a lo que comenta un articulista de El País sobre la situación el PSOE. El crítico televisivo que escribe sobre prácticamente todo menos televisión se ha lanzado al ruedo. David Trueba titula Aparato.

Tras destacar que los candidatos a sustituir al apparátchik que creyó que siendo secretario general se convertiría en un líder socialista buscan el apoyo del aparato socialista al tiempo que tratan de que no se les identifique con él, concluye:

¿Son conscientes los militantes de lo que se están jugando? Porque el partido está en el alambre, a un paso de la irrelevancia, minoritario en demasiados lugares del país, percibido como jurásica, carente de flexibilidad e incapaz de elaborar un discurso con propuestas creativas pero creíbles y opciones de cambio realistas pero que desactiven el cabreo incendiario de tantos que anhelan renovar de una vez la política nacional ante tanta estafa continuada. ¿Qué dice el aparato de todo eso? O quizá el aparato prefiere seguir siendo aparato aunque ya no haya partido. Le ha pasado a la selección brasileña de fútbol. Tenía un aparato sólido, fuerte, robusto, asentado, pero resulta que no tenía fútbol dentro, solo tenía aparato.

A este humilde lector de columnas hay algo que le ha llamado poderosamente la atención de este artículo. En ningún momento se refiere Trueba al ‘el PSOE’ o a ‘el Partido Socialista’. Al contrario, escribe como lo haría un militante o un periodista orgánico en una publicación de la propia formación política, en todo momento se refiere simplemente a «el partido». Cada uno puede apoyar e identificarse con quien quiera, pero al menos quedaría más bonito guardar las formas.

Y si David Trueba está preocupado por el hecho de que el PSOE se pueda quedar en nada, en ABC nos encontramos con un Ignacio Camacho al que lo que le quita el sueño son los efectos que para el resto de España puedan tener los resultados de las primarias socialistas. Su artículo se titula Cartón piedra.

Tras alertar de un auge de la extrema izquierda reflejado en las encuestas del CIS y del riesgo de que una gran coalición radical que fagocite al PSOE, comenta:

En este delicado contexto el proceso de reconstrucción socialista tiene carácter de cuestión nacional porque está en juego la propia existencia de un reformismo de centro-izquierda.

Añade:

Autodescartados los escasos referentes de la actual nomenclatura del partido, estas primarias apuntan al alumbramiento de un nuevo ZP, un adalid lineal de la política líquida.

Concluye:

Más vale que la cosa salga bien porque está en juego la estabilidad de uno de los pilares históricos del régimen partidista, afectado de grave aluminosis en toda su estructura. El destrozo es grande y ninguno de los que lo tienen que reconstruir está doctorado en arquitectura política.

Y sin salir del diario madrileño de Vocento nos acercamos a Pablo Iglesias de la mano de David Gistau, que escribe un divertido artículo titulado El ‘reality’. Describe la polémica entre Esperanza Aguirre y Pablo Iglesias como un producto televisivo «de la escuela de Sálvame». Sostiene:

El conflicto narrado por entregas, las indignaciones simuladas, los alegatos contra el rival pronunciados a cámara y, al final, la utilización intimidatoria de la querella, esa sustitución poco honorable del duelo al amanecer cuyo último defensor fue Roberto Bolaño, que en «Los detectives salvajes» fantaseaba con la posibilidad de ajustar cuentas así con los críticos literarios. Son cosas que vemos casi a diario en el plató de Jorge Javier, donde Belén Esteban debería estar preocupada por la posibilidad de que Podemos le arrebate el principado del pueblo y la deje sin salida profesional. A la trama Aguirre/Iglesias sólo le falta la reconciliación, que ya se está preparando con el destino a una ONG de un dinero que por ahí circula, como en el caso de Bertín y Montañez. Los dineros benéficos siempre redimen espectáculos de baja estofa.

Tras imaginar debates entre Iglesias y Aguirre moderados por Jorge Javier Vázquez, concluye:

Este último incidente de Pablo Iglesias, que tiene para los bolos un posible acompañante sanchopancesco en Revilla, ha terminado de convencerme de que el fenómeno Podemos es ideal para aquellos a los que prejuicios snobs nos impiden confesar que nos gusta «Sálvame». Da idéntico entretenimiento, pero con el entrecejo en tensión intelectual y apelaciones a la redención de los pueblos con los que uno puede engañarse creyendo que está leyendo a Chomsky por otros medios. Sólo me falta algún coito: «empoderar» a un semental nigeriano como los de la peluquera.

Querámoslo o no, y por mucho que se insista en el uso de las redes sociales, la televisión sigue siendo clave en la contienda política. Y quien mejor lo ha entendido son los dirigentes del Podemos, y en esa estrategia, no nos engañemos, todo vale, hasta el recurso a Sálvame. ¿O acaso no se metió Pablo Iglesias a comentar Juego de Tronos  —En Canal+ no gustó que Pablo Iglesias comentara ‘Juego de Tronos’: dieron orden de silenciarlo–?

Nos quedamos todavía por un rato en ABC, para poder leer en su contraportada a un Ignacio Ruiz-Quintano que titula Castas su artículo dedicado al líder de Podemos.

En la socialdemocracia, la única competición entre derecha e izquierda se reduce a ver cuál adula más servilmente a la masa.

Concluye:

A la hora de adular a la masa no hay ninguna diferencia conceptual entre Ana Mato, ministra pepera de Igualdad (ese imposible metafísico), y Pablo Iglesias, el antisistema que no sale de la TV y que por eso lidera el socialismo «benarroché» que fascina al pijerío de melena distraída.

Muchos se sorprenderá a la hora de ver al PP y al PSOE incluidos dentro de la socialdemocracia. Lo cierto es que en el caso de los de Génova no nos sorprende en absoluto, puesto que la mayor parte de ese partido es socialista de derechas, sus medidas en el Gobierno lo demuestran. Sí nos resulta más extraño en el caso de Podemos, puesto que se sitúa muy a la izquierda de lo que podemos considerar una socialdemocracia de centro-izquierda en términos europeos y modernos. Para aceptar que son socialdemócratas habría que admitir el uso que del término hacían los bolcheviques o hacen ciertas izquierdas bolivarianas.

En cualquier caso, sí que nos parece acertado que señale el parecido entre Iglesias y Ana Mano (uno de los mejores exponentes de eso que solemos llamar ‘socialistas de todos los partidos’ dentro del PP) a la hora de intentar adular a la masa.

En El Mundo, Federico Jiménez Losantos comenta la relación del líder trostko-bolivariano español con los medios de comunicación. Lo hace en una columna titulada Pablemos quiere salvarnos.

En una de las infinitas cadenas de televisión de Berlusconi, símbolo de la plutocracia y la corrupción en Europa, Pablo Iglesias II ha anunciado su voluntad de rescatar al periodismo español de sus miserias. Gracias, jefe.

Añade:

Pero llega tarde Iglesias cuando trata de que los jueces amordacen a Eduardo Inda por mostrar documentos que prueban el apoyo financiero a Podemos de la dictadura venezolana a través de dos fundaciones, o sea, como cualquier partido de la casta.

Para ser precisos, el afilador de columnas ha de recordar que quienes sacaron los documentos que muestran la financiación venezolana de la Fundación CEPS fueron, en primer lugar y con datos de un sólo año, Periodista DigitalEl tertuliano Pablo Iglesias, miembro de una fundación que recibe 320.000 euros anuales del Gobierno venezolano — y después El País (con cifras de diez ejercicios). Eso es algo que ha dicho el propio Eduardo Inda —Inda sobre la demanda de Podemos: «He dicho la verdad, lo publicaron Periodista Digital y El País y tengo los documentos»–. Pero bueno, pensemos que lo de Losantos no deja de ser un mero despite.

Concluye:

En cuanto a su frase «no se puede tolerar que un periodista diga impunemente cualquier barbaridad», la dijo González contra Diario 16 y ELMUNDO por destapar los crímenes del GAL y la corrupción felipista. Lo mismo contra el mismo Inda dijo el fiscal Sol por destapar la corrupción de la dinastía Pujol y, años antes, de la rama cristina de la dinastía Borbón. Hace ocho años, con esa misma frase, me sentó en el banquillo Gallardón por decir que le daban igual las víctimas del 11-M. Añado las de ETA y a las pruebas bolinagas me remito. O sea, que nos pillas ya muy salvados. No te esfuerces, Pablusconi, que se te ve la casta.

Pablo Iglesias y los suyos han estudiado muy a fondo la importancia de los medios de comunicación, su uso y su influencia. Lo han hecho mucho más que cualquier otro partido y, al igual que saben utilizarlos a su favor, son consciente de la importancia de tratar anular a cualquiera que pueda hacerles daño desde el periodismo. Y para eso sirve desde el asesinato de carácter hasta la radicalización, pasando por las querellas con objetivo de asustar y cualquier otra vía que se encuentre.

Retornamos, siguiendo todavía en el diario ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo, a la lucha por mandar en el PSOE. Antonio Gala tiene a los aspirantes a secretario general de dicho partido por poco menos que héroes y por esos les da Mi mejor bienvenida.

Madina y Sánchez son ejemplos de buena voluntad. Estoy seguro de que, en cuanto a ambición, tienen sólo la dosis suficiente para mantenerse en pie y ofrecerse con generosidad.

Concluye:

En España, la política está como para huir de ella, no para hacer carrera. A mí personalmente me suben los colores a la cara si pensase en el pasado de la izquierda. Y si caigo en la tentación de imaginarme su futuro, me obligo a dejar de hacerlo: con el que me queda a mí no tendré la luminosa ocasión de ver el suyo. Sean bienvenidos.

Pues nada, lo dicho. Que quienes aspiran a hacerse con el trono de la Calle Ferraz son todo generosidad, humildad y espíritu de sacrificio. Ahora, estimado lector, cuando termine de reírse puede usted continuar con la lectura de nuestro ‘Afilando columnas’, al que estamos a punto de poner punto y final.

Para concluir vamos a La Razón, donde José María Marco comenta la sentencia de la Audiencia Nacional sobre el cerco al Parlamento de Cataluña en un artículo titulado Manos limpias.

Los jueces son, efectivamente, el núcleo mismo del sistema, el poder encargado de aplicar la Ley. Pues bien, parece que ya no es así y la Audiencia Nacional acaba de sumarse al mundo alternativo. Esto puede resultar cómico… o no. Todo depende de hasta qué punto nos tomemos en serio la percepción de que el sistema en el que vivimos no es una auténtica democracia. En los últimos 120 años, los españoles nos hemos especializado en negar la realidad en la que vivimos. Es posible que estemos entrando en una nueva etapa de alucinación a lo grande. En cuanto a los jueces de la Audiencia Nacional, no sería de extrañar que se crean los héroes de Mani Puliti (Manos Limpias), que acabaron con el sistema político italiano en los 90.

Claro que la diferencia es que aquellos quisieron limpiar de corrupción un sistema y estos por el momento lo que han hecho es cargar contra la libertad de expresión y la representación democrática de la ciudadanía. Por eso Marco dice que «no sería de extrañar que se crean» y no que lo sean.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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