OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Camacho se burla de los socialistas que aceptan la orden de votar no a Juncker

Pablo Sebastián pasa de reprocharle a Rajoy su indolencia a anunciar que está preparado para el contraataque contra Artur Mas

Pedro Sánchez no recupera el voto de Maruja Torres

Otro día flojo en el patio de columnas patrio este 17 de julio de 2014. No sé cuánta gente comprará un periódico por leer a un columnista, pero desde luego no lo compra para leer artículos basados en confidencias anónimas a los periodistas. La cabecera más vendida y supuestamente más influyente de España, El País, parece haber renunciado casi por completo a la opinión y el análisis fuera de los editoriales.

¿Cuándo se les meterá en la cabeza a los directores, consejeros delegados y propietarios que la página editorial es la menos leída de todo el periódico, aunque pongan junto a ella chistes y fotos de colores?

En esta impresión mía coincide Fernando Ónega (La Vanguardia).

Esto de los socialistas es la mar de entretenido y da de comer a bastante gente: fuera del partido, a todos los cronistas políticos, analistas y tropel de tertulianos que nos asombran con su sabiduría. Y en Cataluña, ni les cuento: eso de tener dos almas es un privilegio exclusivo del que carecen todas las demás fuerzas políticas. Da un juego impresionante, porque permite medir la intención de Iceta cuando propone al compañero más soberanista para presidir el PSC; inspira la especulación, porque resucita la creación de grupo parlamentario propio en el Congreso, que erotiza mucho en Madrid; fomenta las cábalas de qué sector acabará dominando y eleva al propio Iceta a la categoría de sabio de la estrategia y el juego florentino.

En fin, que el Partido Socialista en sus vertientes estatal y autonómica es de gran utilidad pública. Es como el opio del periodismo político.

Por fortuna, quedan otras columnas con ingenio y con sorpresa dentro, como los bombones de chocolate que resultan estar rellenos de licor de cereza.

Pedro Sánchez es, de momento, tan poquita cosa que en seguida ha desparecido de las columnas en favor de la matraca catalana. Quienes más se ocupan de él estan en ABC y La Vanguardia, periódicos de derechas. ¡Vaya paradoja!

Ignacio Camacho (ABC) escribe la columna más amena de la jornada al criticar la dictadura imperante en la partitocracia española, en concreto el PSOE, donde todos obedecen la orden de Pedro Sánchez de votar no a Jean-Claude Juncker, pese a haberse comprometido en ello, y, lo que es peor, están dispuestos a justificarlo.En concreto, Camacho se refiere a José Blanco y Ramón Jáuregui.

Ambos dos, como otros socialistas, saben que Sánchez ha tomado la decisión equivocada. Que por tacticismo ha situado al partido fuera de su ámbito natural de la socialdemocracia europea, junto al populismo de los extremistas de izquierda… y de derecha. Que ha dado la orden pensando en Podemos. Y que Matteo Renzi, el líder italiano al que considera su modelo, se negó a alinearse con el antisistema Beppe Grillo.

Los dos, sin embargo, acataron el encargo. Lo cumplieron con la determinación de la vieja política, la que concede todo el poder a la dirección orgánica.

Tal vez, sólo tal vez, haya en el temido auge de Podemos un componente significativo de rechazo social a esa forma sectaria de entender la política. Y tal vez, sólo tal vez, Sánchez la haya utilizado para engordar sin pretenderlo al adversario que teme. De momento le ha dado la razón en vez de buscar la suya propia. Pablo Iglesias puede sonreír: nada más empezar le ha forzado a meterse un autogol sin hacer otra cosa que aproximarle la sombra.

CARRASCAL AGRADECE LA CORRUPCIÓN A FELIPE GONZÁLEZ

En el mismo periódico, José María Carrascal escribe la Tercera sobre lo que se puede esperar de Sánchez: ‘Pedro Sánchez, entre FG y ZP’. El veterano corresponsal parece que cree que el nuevo secretario general del PSOE durará tiempo suficiente como para elaborar su pensamiento político y le recomienda que piense en España.

Sánchez se enfrenta a una misión imposible: rehacer un partido de izquierdas sin caer en el izquierdismo puro y duro. Yo me contentaría con que no olvidase las lecciones del pasado: una injusticia no se corrige con otra injusticia ni gobernar consiste en saldar cuentas pasadas, sino en corregir errores pasados. Y si pretende ser a la vez FG y ZP su fracaso va a ser doble. Tanto él como Rajoy necesitan pensar en España antes que en sus propios partidos, pues nuestros males han venido siempre de pensar en clave partidista en vez de nacional.

Sin embargo, en su tribuna hay una de las grandes memeces del día, pues encuentra en los 14 años de gobierno de Felipe la perla de que convenció a los españoles de que la izquierda podía ser tan corrupta como la derecha.

Felipe González fue capaz de enfrentarse a los demonios familiares enviando a Marx a las bibliotecas para convertir el PSOE en una socialdemocracia europea, las únicas adaptadas a nuestro tiempo. Que catorce años en el poder le desgastasen y que la corrupción socavara su régimen hasta hacerlo inviable no impiden reconocer aquel primer éxito. Al que podría añadirse un segundo no bastante subrayado: el felipismo demostró a los españoles que la izquierda puede ser tan corrupta como la derecha. Algo que necesitábamos saber para llegar a una democracia todo lo perfecta que la democracia puede ser.

Pues menuda gracia. Parece que a Carrascal le gusta que los políticos le roben.

Como primera parte de su formación, Lluìs Foix (La Vanguardia) le aconseja a Sánchez viajar por Europa.

Pedro Sánchez expresó su decisión en un tuit y se quedó tan tranquilo. Ramón Jáuregui, número dos de la lista, estaba decepcionado porque el discurso de Juncker estaba comprometido con una idea social y de renovación de la política económica. Un error lo puede cometer cualquiera. Pero sería recomendable que Pedro Sánchez viajara también por Europa para estar más próximo a sus aliados. Coincidir con Marine Le Pen o Nigel Farage no es cómodo ni conveniente.

Vaya, recuerdo el enfado que se cogió hace unos días Enric Sopena (ElPlural), que es al PSOE como la cabra a la Legión, con Ramón Jáuregui.

Tome nota, Jáuregui. Votar a un conservador, como Juncker, es una indecencia impropia del socialismo. Y mezclar al PSOE con Le Pen no se le ocurre ni a Esperanza Aguirre, ni al ínclito Marhuenda. Quo Vadis, Jáuregui?

Pues nada, Enric, a esa lista unes a Foix.

De todas maneras, la orden de Sánchez, que ha hundido el escaso prestigio que le quedaba al PSOE en la UE, no le ha devuelto el voto de Maruja Torres (Eldiario.es), cuyas columnas cada vez están más peleadas con la sintaxis.

Iba todo muy bien, decía, hasta que a Pedro Sánchez le entró un arrebato populista -él, que tan remilgadamente ha aludido al populismo y a la demagogia de, sin nombrarlo, el coco Podemos-, y se negó a apoyar a Juncker en la cosa europea, desencadenando con ello las iras de los más establemente establecidos de su partido, mientras los más bipolares se daban codazos, ele, entérate, qué izquierdistas somos de nuevo.

Irrelevante todo ello, pues este pulcro e inane desmelenamiento del flamante líder lo único que indica es que seguimos igual de dados por el saco, y que, posiblemente, el PSOE del inminente futuro continuará dando tumbos hacia la nada

Y ahora, lector amigo, respire hondo, que entramos en la matraca catalana.

¡RAJOY TIENE UN PLAN LISTO PARA FRENAR A MAS!

La gran sorpresa del día es que Pablo Sebastián (Republica.com) ha pasado de zumbar a Mariano Rajoy por su indolencia y hacerle crisis de Gobierno a transformarse en uno de sus defensores. Con la de hoy, esta es la segunda columna seguida dedicada a alabar al presidente. ¿Seguro que estoy fumando sólo tabaco? Así comienza.

No se equivoquen el presidente Rajoy y su Gobierno ya están preparando las medidas oportunas para aplicarlas sin dilación en el momento que se produzca el llamado ‘choque de trenes’ con el nacionalismo independentista catalán. ‘Si vis pacem para bellum’, reza la máxima militar romana, y podemos asegurar que al día de hoy en Madrid y en las altas instituciones del Estado ya está todo en marcha para hacer frente al desafío catalán. De ahí que poco o nada importa el trámite anunciado de la visita de Mas a Madrid, o de la famosa pregunta con la que los independentistas quieren ahora marear el proceso y la discusión. No hay nada que pactar.

Todo apunta que viene solo para contentar al empresariado catalán, que le pedía diálogo, y también para decir que en Madrid siempre le dicen a todo que no.

Este optimismo no abunda en los demás columnistas. Abel Hernández, que durante años fue un entusiasta del régimen, muestra hoy su preocupación y declara que firmará el manifiesto Libres e iguales.

Es la hora del coraje cívico. Las cosas han llegado demasiado lejos en Cataluña como para seguir callados. Esto no se arregla con componendas ni con mirar para otro lado. Mucho menos con falsos diálogos y con concesiones oportunistas forzando las piezas maestras de la Constitución vigente. Hay que parar ya este despropósito que conduce directamente al desastre; primero a los catalanes, embaucados con falsas razones y promesas inalcanzables, y después al resto de los españoles. Es preciso evitar el doloroso desmembramiento de España. Cualquier silencio en las presentes circunstancias podría interpretarse con razón como una cobarde complicidad.

Quizás, querido Abel, la semilla del problema la plantase Adolfo Suárez con la creación del Estado autonómico.

Alfonso Ussía (La Razón) considera que la reunión de marras es inútil y que Rajoy y Mas matarán el tiempo en Moncloa jugando a la oca.

Me figuro la escena. Todos los medios de comunicación pendientes del encuentro. Redactores especializados en política desplazados a La Moncloa. Centenares de fotógrafos. Y en el despacho de Rajoy, el Presidente del Gobierno y el de la Generalidad de Cataluña compitiendo en el juego de la Oca para hacer tiempo. «De oca a oca y tiro porque me toca»; «¡qué suerte tienes, Mariano».

A diferencia de este gran pensador de los socios de casinos de provincia y clubes de golf, Josep Ramoneda (El País) aporta alguna idea al debate, aunque sea mala.

La hegemonía sólo se consolida con proyectos políticos. Tomemos el ejemplo del secesionismo catalán. Desde el primer momento el PP y el PSOE han renunciado a dar la batalla política en Cataluña como si reconocieran que es para ellos territorio perdido. Simplemente, se han parapetado en la ley y la Constitución para decir no y punto.

De los dos manifiestos presentados esta semana, Ramoneda opta por el que propone ceder ante los nacionalistas y abomina del que apadrina Mario Vargas Llosa.

Acaban de aparecer dos manifiestos en Madrid sobre la cuestión catalana. Uno, es una apelación al nacionalismo español para que despierte y vaya a una lucha sin concesiones: el secesionismo es el mal, no merecería consideración aunque fuera absolutamente mayoritario. La ventana catalana está llena a rebosar de aguas sucias nacionalistas. No pretenden moverla, simplemente cerrarla. El otro manifiesto parte de la sensata idea de que una salida negociada y pactada siempre será mejor que una salida no pactada. La primera opción refuerza el enfrentamiento, la segunda abre la vía del reconocimiento.

LA CULPA DEL PSC EN EL CARAJAL CATALÁN

En el mismo El País, un tribuno, el catedrático Javier García Fernández, replica a Ramoneda y recuerda las grandes responsabilidades de los socialistas catalanes en desencadenar el monstruo nacionalista que les está devorando.

Aunque pueda sorprender a los propios interesados, fue el PSC el impulsor del decisionismo en Cataluña. En primer lugar, con un proyecto de Estatuto que no respetaba totalmente la Constitución, aunque al menos en esa fase había mecanismos jurídicos para retornar a la constitucionalidad (Tribunal Constitucional).

Si no hubiera predominado el decisionismo en el Gobierno catalán y en el PSC, si hubieran tenido en cuenta que el Estatuto había sido aprobado sólo por el 36 % del electorado catalán, el propio Gobierno (o al menos su componente socialista) hubiera podido contribuir a restar la tensión que promovían CiU, Esquerra y los pequeños grupos independentistas y buscar vías de entendimiento con el Estado.Pero el Gobierno de Montilla encabezó la protesta contra la sentencia y, lo que es más grave, deslegitimó al defensor de la Constitución española, al Tribunal Constitucional.

Raúl del Pozo (El Mundo) cuenta que le han dicho que no habrá referéndum y sí elecciones anticipadas. Pero lo que de verdad es destacable de esta columna es esta cita de Eugenio D’Ors.

Los Xénius se transforman en Eugenios, y empiezan a ver la Sagrada Familia como un sombrero viejo. Eugenio D’Ors, hablando con voz cursiva, terminó diciendo que nacer en la Costa Brava o en la Meseta es un fenómeno absolutamente fortuito, y reclamar derechos por ello supone una delirante locura.

Ultimamente, Isabel San Sebastián (ABC) recurre a la hemeroteca de la misma manera que suele hacer Santiago González en El Mundo, y recuerda que el principal jurista de Artur Mas contribuyó en 1999 a liberar a la mesa de HB desde su puesto de vicepresidente del Tribunal Constitucional. ¡Siempre la traición de los nacionalistas!

El redactor de ese «monumento jurídico» exculpatorio, pionero de la que tiempo después legalizaría al brazo político de la organización terrorista con el fin de permitir su regreso a las instituciones democráticas, en el contexto del «proceso de paz» auspiciado por Zapatero, se llamaba Carles Viver Pi-Sunyer y era a la sazón el número dos del TC, órgano al que había accedido a propuesta de CiU. Hoy día este jurista de discutible prestigio preside el Consejo Asesor para la Transición de Cataluña

Han pasado quince años y el nacionalismo desleal ha seguido jugando sin mesura con las cosas de comer, mientras devoraba ávidamente toda ofrenda destinada a aplacar su apetito insaciable.

Sólo queda aprender de los errores pasados y actuar en consecuencia, o bien quemar la Constitución y tirar definitivamente la toalla.

DE ETA A LA GRAN CORRUPCIÓN

Para escoger la columna ridícula del día he dudado entre la tribuna de Manuel Chaves, ex presidente del PSOE y la de Ignacio Sotelo, ambas en El País.

Al final he desechado la primera, porque la banalidad de las recetas y fórmulas que propone para que los socialistas recuperen su pulso son las mismas que ya hemos leído en otras ocasiones:

El reto es el de un liderazgo fuerte, con un discurso serio y cercano a los ciudadanos, que también combata el populismo en boga. Y el congreso debe tener claro que el liderazgo se basa en la autoridad democrática y autonomía (la elección directa y abierta otorga al secretario general un plus de legitimidad) acompañadas de voluntad de diálogo e integración. (…) Toda etapa de cambio tiene sus riesgos y oportunidades: esta también.

Así que he preferido la de Sotelo, que se ha pasado a la postura de restar legitimidad a la Transición, cuya dirección antes gustaban de apropiarse los socialistas, en la línea de los Cayo Lara y Juan Carlos Monedero.

La Transición se llevó a cabo bajo la vigilancia de unas Fuerzas Armadas, adictas a un franquismo residual, como puso de relieve el 23-F.

Creo recordar que el 23-F fracasó y que de los 12 capitanes generales que había en ese momento sólo se sublevó uno… y que en las conspiraciones que concluyeron en la asonada participaron los socialistas.

Otros pensamientos escogidos son el vincular la corrupción a la lucha antiterrorista.

la lucha contra el terrorismo de ETA marcó de manera decisiva estos años, no solo por los costes enormes que ocasionó, sino también por la falta de transparencia que impuso combatirlo. Una carencia que se trasladó a otros ámbitos, favoreciendo, en último término, la corrupción.

Ya, los ERE andaluces y el vacimiento de Bankia y Caixa Catalunya fueron hechos para pagar los GAL…

Y por último, que me causa una carcajada:

La conversión del PSOE al neoliberalismo

Sí, el PSOE neoliberal, el del 7% de déficit, el de la ocupación de las cajas de ahorro, el que renunció a supervisar éstas desde el Gobierno y el Banco de España, el del derroche en subvenciones a ONG y Alianzas de Civilizaciones…

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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