OPINIÓN / Afilando columnas

Folch (El Periódico) carga contra «un tal Vargas Llosa» y unos «mindundis»: «Aprovechando la existencia de ETA daban sentido a sus vidas»

Marc-Alvaro: "La derecha que añora a Aznar, la que aplaude a UPyD y Ciudadanos, mataría a Rajoy si pareciera que negocia con Mas"

César Vidal: "El mensaje que el PSOE está lanzando a Podemos es puramente marxista. No en el sentido de Karl, sino en el de Groucho"

Al periodismo orgánico catalán le ha sentado mal, muy mal, el manifiesto ‘Libres e iguales’ de Mario Vargas Lllosa, Alberto Boadell, Carlos Herrera, Hermann Tertsch, Jorge Martínez Reverte y otros.

No tiene nada de sorprendente, la verdad, que así sea. Y como era de Esperar, comienza a sacar la artillería pesada contra los firmantes y volvemos a encontrarnos con argumentos del tipo de que algunos contrarios al nacionalismo encontraban sentido a su vida gracias a que ETA asesinaba.

Pero no sólo ha bajezas como esta en los espacios de opinión de la prensa de papel del 17 de julio de 2014.

Encontramos textos, ladrillo político incluido obra de todo un clásico socialista, sobre el PSOE, elogios a los libertinos en páginas del conservador ABC y, por supuesto, alguna referencia a los trostko-bolivarianos en versión española.

Como cada día, hacemos sonar nuestra armónica de afilador y nos lanzamos a contar todos estos asuntos.

Arrancamos en el autoproclamado ‘diario de la Catalunya real’, con todo un clásico de las ‘buenas maneras’ de las que gusta presumir el periodismo de dicha comunidad autónoma. Ernest Folch, el que caracterizó a Pedrojota Ramírez como un dragón para acto seguido mostrar su esperanza en que algún San Jorge librara a los catalanes de dicha bestia escupe-fuego, publica en El Periódico una columna titulada Llegan los pedantes.

Dedica palabra poco amables al manifiesto Libres e iguales, pero sobre todo carga contra sus firmantes:

Todas estas apelaciones a la libertad vienen de los tiempos pasados en que todo fue mejor y en los que aprovechando la existencia de ETA daban sentido a sus vidas acusando al nacionalismo, no al suyo sino al otro, de terrorista.

A este humilde lector de columnas este argumento le parece, como ya señaló más arriba, de una bajeza moral difícil de igualar. Decir que quienes apelaban a la libertad daban sentido a su vida “aprovechando la existencia de ETA” es de una indignidad profunda. Y, le guste o no le guste a Folch, ETA es nacionalista y es terrorista. Pero la dicha siempre termina: unos dejaron las armas y los otros siguen, erre que erre, escribiendo los mismos manifiestos, como un resorte.

Hasta donde sabemos no existe un nacionalismo español terrorista, y el poco que existió en la transición afortunadamente desapareció hace mucho tiempo. ¿Y que es eso de que la dicha termina cuando ETA deja las armas?

  Al margen de que todavía no las ha entregado, nadie que está triste porque los terroristas hayan dejado de matar, en absoluto. Tal vez Folch debería salir de su mundo autoreferenciado de nacionalismo para ver la realidad.

Claro que se no podemos olvidar que Folch es un personaje que ha calificado de «vergüenza jurídica y humanitaria» que un terrorista como Otegi esté en prisión.

Pero no quedan ahí las descalificaciones:

Todas estas sandeces han sido objeto de atención por el mero hecho de que entre los abajo firmantes está un tal Vargas Llosa, que da cobertura a unos cuantos mindundis, confirmando la vieja sospecha de que ganar merecidamente un Nobel no evita el ridículo.

Ahora resulta que todo un Nobel de Literatura y uno de los mayores pensadores vivos de habla española, un referente en su lucidez como es Mario Vargas Llosa se merece para Folch, cuya fama no hubiera salido jamás del terruño catalán si no fuera porque algunos nos hacemos eco de sus columnas, ser tratado como «un tal». Y el resto de los firmantes son para el columnista de inexistente fama internacional o incluso a nivel español son tan sólo «unos cuantos mindundis».

Mucha prepotencia hay en clasificar como mindundis a filósofos tan destacados como Jon Juaristi o Fernando Savater; dramaturgos y escritores de la importancia de Albert Boadella, Jorge Martínez Reverte, Félix de Azua o Pedro García Montalvo; periodistas del peso de Arcadi Espada, Jorge Bustos, David Gistau, Carlos Herrera, Federico Jiménez Losantos o Santiago González; ex dirigentes políticos y sindicales como Joaquín Leguina o José María Fidalgo… Eso por no hablar de destacados juristas, historiadores y empresarios.

Lo dicho, osar despreciar a firmas de ese peso demuestra o un exceso de prepotencia o un patetismo patético. Ni tan siquiera es cerrazón nacionalista, es algo mucho más primitivo.

Pasamos ahora al periódico del Conde de Godó y Grande de España que sigue titubeando entre recular del todo en su apuesta por el independentismo o seguir nadando entre dos aguas. Fracesc-Marc Álvaro, columnista considerado por muchos en Cataluña como el portavoz periodístico oficioso del presidente de la Generalitat, titula en La Vanguardia Lo que Mas no hará.

Pero el presidente del Gobierno español -según fuentes de alto nivel- hace meses que resume su actitud ante el proceso soberanista con una frase muy gráfica: «Si me muevo, me matan».

¿Quién mataría a Rajoy si pareciera que negocia algo con Mas? Una parte de la derecha, la misma que añora a Aznar, la que aplaude UPyD y C’s, la que querría poner al president de Catalunya en la cárcel hoy mismo. Y el PSOE, que no quiere parecer dudoso cuando se habla de la patria, como ya ha subrayado el nuevo líder, Pedro Sánchez. El manifiesto liderado por Vargas Llosa, que recupera la retórica frentista contra ETA y la aplica perversamente al pacífico caso catalán, es la expresión más auténtica y sincera de los que vigilan que el presidente no se salga de la ortodoxia españolista que va de la FAES al todopoderoso socialismo andaluz.

Suponemos que si Rajoy ha dicho eso de «me matan», si es que es cierto lo que atribuye el columnistas a unas fuentes de alto nivel de las que no especifica ni tan siquiera si son del Gobierno central o del catalán, lo habrá hecho en sentido figurado. Pero en el siguiente párrafo no queda claro si dicho sentido figurado se mantiene cuándo Álvaro se pregunta sobre «quién mataría a Rajoy». Esperemos que sí, si no es una acusación muy grave.

También cae en autorreferencias nacionalistas. En su pequeño mundo no se han dado cuenta de que quienes apoyan a Ciudadanos o UPyD no tienen que añorar necesariamente a Aznar. De hecho, muchos no lo hacen, y que entre los que le echan de menos son numerosos los que no aguantan a UPyD y no tienen especial simpatía por Ciudadanos. Claro que para apreciar esos matices hay que mirar más allá de las propias filas ideológicas.

Y sobre la referencia a ETA, ni nos molestaremos en comentarla.

Tomamos el puente aéreo y nada más aterrizar en Madrid no topamos con el ladrillo político del día en El País. Lo perpetra Manuel Chaves y se titula Los socialistas y su liderazgo. Estimado lector, allá usted si quiere perder su tiempo en él. Hágalo sólo bajo responsabilidad pero no nos acuse a nosotros de animarle a leerlo.

Le dejamos el último párrafo como muestra de su vacío intelectual:

Toda etapa de cambio tiene sus riesgos y oportunidades: esta también. Pero cuando muchos ciudadanos se preguntan si el PSOE puede cambiar y si puede cambiar a este país, la situación es crítica y comprometida. Al PSOE le queda un tramo importante de una difícil travesía del desierto. El congreso es la oportunidad para atravesarlo con éxito. El éxito que demanda el PSOE, pero también la sociedad española, que necesita una alternativa sólida y solvente a las agotadas políticas de la derecha.

Y en ABC Ignacio Camacho dedica al nuevo líder del PSOE y a los eurodiputados de dicho partido Obediencia debida, dedicado al voto contrario al nombramiento de Juncker, traicionado así el acuerdo alcanzado entre populares y socialistas en Europa.

Ambos dos [Ramón Jáuregui y José Balnco], como otros socialistas, saben que Sánchez ha tomado la decisión equivocada. Que por tacticismo ha situado al partido fuera de su ámbito natural de la socialdemocracia europea, junto al populismo de los extremistas de izquierda… y de derecha. Que ha dado la orden pensando en Podemos. Y que Matteo Renzi, el líder italiano al que considera su modelo, se negó a alinearse con el antisistema Beppe Grillo.

Los dos, sin embargo, acataron el encargo. Lo cumplieron con la determinación de la vieja política, la que concede todo el poder a la dirección orgánica. Blanco, veterano aparatchik, buscó explicaciones retóricas para amparar a su nuevo jefe; Jáuregui prefirió justificarse a sí mismo. Los demás callaron y obedecieron; el que manda, manda.

Lo cierto es que peor papel no han podido jugar tanto los eurodiputados como su nuevo secretario general.

Sin salir del diario madrileño de Vocento nos econtramos con Gabriel Albiac, que nos presenta unos de esos artículos que son en sí breves ensayos con gran profundidad de pensamiento. Se titula Elogio del libertino. El afilador de columnas quiere destacar la parte más pegada a la actualidad:

La libertad es -un pensador algo más joven vendrá a formularlo enseguida- conocimiento. Estricto. O bien, no es nada. Y todas las ilusorias fantasías populistas revelan entonces su fatal destino: servir de máscara a la peor de las esclavitudes. En la Francia de Le Pen como en la Venezuela de Chávez. Puede ser que en España pronto.

Franco solía decir que la libertad lleva al libertinaje. Y algunos sospechábamos entonces que ese libertinaje debía, con seguridad, ser la libertad verdadera. Leo, en la tarde tórrida del Madrid canicular, a los héroes de Lomba. Me escucho susurrar: seamos libertinos. Sin la menor esperanza.

Cada vez hay más personas dispuestas a dar su apoyo electoral a quienes quieren ponernos la máscara con la disfrazar la peor de las esclavitudes. En las europeas fueron 1,2 millones de personas.

Y terminamos en La Razón, con un César Vidal que se pregunta ¿Renovación? ¿Qué renovación? Habla de la renovación prometida por Pedro Sánchez, y comenta:

La supuesta renovación va a consistir en terminar la labor de ZP, que erosionó hasta lo indecible el orden constitucional cediendo ante los nacionalistas catalanes con el malhadado estatuto y en señalar que lo único que tendría el PSOE renovado de diferencia con Podemos es la salida del euro y el impago de la deuda. Si se observa la Historia reciente del PSOE que ha ido del «OTAN, de entrada NO» a pedir el voto afirmativo para la permanencia en la OTAN o del GAL a entregar a ETA lo que desea en las conversaciones de Loyola, el mensaje que se está lanzando a Podemos es puramente marxista. No en el sentido de Karl -el de «Proletarios de todo el mundo, uníos»-, sino en el de Groucho que afirmaba: «Éstos son mis principios y si no le agradan, tengo otros».

Esperemos que Vidal se equivoque, pero lo cierto es que en sus primeros días de mandato el nuevo líder socialista ha ido por el peor de los caminos.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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