EL FUMADOR / REPASANDO COLUMNAS

Isabel San Sebastián: «Rajoy ha tirado la toalla y, con ella, cualquier posibilidad de ser reelegido»

Curri Valenzuela asegura que Gallardón no entró jamás en el círculo de Rajoy porque nadie se fiaba de él

Isabel San Sebastián: "Rajoy ha tirado la toalla y, con ella, cualquier posibilidad de ser reelegido"
Isabel San Sebastián. PD

Salvador Sostres: El feminismo "busca imponer su tiranía en la vida de los otros"

Casi todos los gobernantes tienen alguien en quien confían y a quien prestan oídos: el cónyuge, una amante, un familiar, un confesor, un ministro, un vidente, un eunuco, un antiguo tutor… Como pertenecemos a una sociedad posmoderna y civilizada, Mariano Rajoy tiene como valido a Pedro Arriola, un sociólogo que lee en las papeletas de votación las almas de los ciudadanos.

Muchos columnistas siguen empeñados en que quien se ha cargado a Alberto Ruiz Gallardón es Arriola. Este 25 de septiembre de 2014, Alfonso Ussía afirma en La Razón que es tal el ascendiente de Arriola sobre Rajoy que estamos bajo su dictadura, una dictadura que proseguirá con el sucesor de Rajoy.

Se ha cargado un partido político tan poderoso y compacto como el PP. Lo ha resquebrajado poco a poco, con la inestimable colaboración de Rajoy y una buena parte de su Gobierno. Ha logrado que Mariano Rajoy incumpla sus principales promesas electorales. Y Rajoy perderá sin duda alguna las próximas elecciones, en tanto que Arriola permanecerá encerrado en su despacho facturando sus estudios y encuestas sociológicas a espaldas del conocimiento general.

Rajoy se marchará de la política con el rabo entre las piernas, y Arriola seguirá engañando a su sucesor mientras el PP se mantenga como partido político, que está por ver.

Los españoles no hemos elegido a Arriola, y Arriola nos gobierna. Es decir, que vivimos en un permanente golpe de Estado antidemocrático. Ha hecho bien Gallardón en marcharse. Y cuidado con el rarito, que puede darnos prontas sorpresas.

RAJOY NO LE MATÓ, GALLARDÓN SE TIRÓ POR LA VENTANA

Sin embargo, otros columnistas, curiosamente los cercanos a Moncloa, empiezan a difundir la versión de que Gallardón se suicidió. Así, Curri Valenzuela (ABC), que nos descubre la existencia de un G-5 (que antes se habría llamado logia) subraya la incapacidad del ex alcalde de Madrid para trabajar en equipo.

Alberto Ruiz-Gallardón está convencido de que se ha ido del Gobierno porque no ha salido adelante su ley del Aborto, pero sus compañeros de Gabinete creen que han pesado otras razones para que Mariano Rajoy le enseñara la puerta. «El presidente había dejado de fiarse de él hace tiempo -dice un ministro- y nosotros sus compañeros, también». Hace meses, Gallardón se dirigió medio en broma al grupo que se autodenomina G-5, los cinco miembros del Gabinete amigos personales de Rajoy que se reúnen a cenar con frecuencia, para pedirles el ingreso. Lo trataron y contestaron así: «No te vamos a admitir porque no nos fiamos de ti».

Pese a las declaraciones corteses de despedida ante las cámaras, muchos de los ministros se sienten aliviados por la marcha del ministro de Justicia que nunca abandonó su fama de verso suelto. Gallardón no hizo ningún amigo. «Nuestros primeros meses en el Gobierno fueron muy duros, con la incertidumbre del rescate y las medidas de austeridad; todos hicimos piña, incluso a nivel personal, menos él», recuerda uno de ellos.

Ignacio Camacho (ABC) titula su columna ‘El hombre que no supo esperar’, con lo que culpa a Gallardón de su desgracia.

Atrapado por un desasosiego vital, incapaz del cálculo y de la espera, Gallardón terminaba descubriendo sus cartas a destiempo. (…) Él ha pensado siempre sus pasos en función de objetivos propios y eso no es posible en un Gabinete colegiado. Si además lo preside un hombre hermético como Rajoy, una esfinge a la que hay que interpretar como un jeroglífico, la cartera se puede convertir en un regalo envenenado para quien no esté acostumbrado a la gestión de perfil bajo.

Y además asegura que su carrera ha acabado:

Elegir un momento crítico ha sido su única concesión a la revancha. Los escépticos sospechan que su ambición no le dejará retirarse de verdad. Con un tipo de tan intensa vispolítica resultaría arriesgado comprometer la última palabra, pero esta caída deja lesiones y secuelas; no es de las que permiten sacudirse el polvo y reincorporarse fácilmente a la carrera.

Gabriel Albiac (ABC) afirma que Gallardón se perdió cuando renunció a defender la independencia del Poder Judicial.

Gallardón se fue el martes. Su ley sobre el aborto había sido desautorizada por el presidente. Pero es eso más un desencadenante que una causa. Gallardón estaba muerto, políticamente muerto, mucho antes. El ministro de Justicia tenía un mandato electoral en el cual la Constitución se jugaba todo: restablecer el nombramiento interno del CGPJ, en la literalidad que enunciaba el texto de 1978. Así afirmó ir a hacerlo, a los pocos días de ser nombrado ministro. Y anunció, a los pocos meses, lo contrario: la elaboración de un pacto para que los partidos siguieran nombrando a sus jueces. Ese día, Alberto Ruiz-Gallardón dejó de existir. Pero es útil, en política, mantener a un cadáver en su despacho. Sirve de parapeto. Y sale gratis.

Pero Rajoy también ha salido tocado de esta crisis. Dos columnistas creen que su fin está cerca.

Isabel San Sebastián (ABC) está convencida de que ha perdido las posibilidades de ser reelegido presidente en 2015.

Incapaz de lidiar con las diferencias crecientes que enfrentan a un Partido Popular cada vez más desligado del Gobierno con un Gobierno cada vez más alejado de la tradición y valores propios del Partido Popular, el presidente ha tirado la toalla y, con ella, cualquier posibilidad de ser reelegido.

Quien realmente ha dimitido en esta crisis no ha sido Alberto Ruiz-Gallardón, cuyo adiós a la política está revestido de la dignidad que habita en la coherencia, virtud sumamente rara en la vida pública española, sino Mariano Rajoy. Es Rajoy el que ha dimitido definitivamente de sí mismo para encarnarse en otro personaje ajeno al que decía ser o, acaso, mostrarse al fin ante su electorado tal y como siempre fue. Él es quien ha abdicado de su compromiso ético, de su enésima promesa, del discurso que le llevó a conquistar once millones de votos, de su palabra. Se ha marchado a China. ¡Qué gran metáfora!

Y Marcello (Republica.com) se da cuenta de que la renovación de líderes en la vida pública española de momento se ha librado Rajoy, que se ha convertido en un abuelo.

Un virus demoledor está diezmando, y a la fuerza renovando, la clase política española. La última victima ha sido el exministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, cuya fulminante salida del Ejecutivo de Rajoy y renuncia a continuar en la vida pública se sumó a otros ceses y dimisiones de alto alcance en los primeros partidos políticos del país.

Lo que convierte a Rajoy en ‘abuelo’ de los dirigentes políticos y en el dueño y señor del PP, donde ya no queda casi nadie de todos los que fueron sus compañeros en la cúpula del Partido Popular de los tiempos de Aznar.

Ignacio Ruiz Quintano (ABC) se asombra de lo que ha cambiado España en unos años que hasta la Corona ha superado en progresía a Gallardón.

Mientras en la ONU el Rey llamaba a la cruzada contra el cambio climático, en Madrid el ministro Gallardón sucumbía a la ola progre de su propio partido.
-A progre no me gana a mí Gallardón.
En su partido, desde luego, Gallardón no gana hoy a progre ni a Torres Dulce, y no era este el final que uno imaginaba para él.

Ya somos el país más socialdemócrata de Europa: el más progresista en lo que dice, y en lo que hace, el más reaccionario.


UTRERA MOLINA CUBRE DE ELOGIOS A SU YERNO

Reaparecen dos veteranos en la prensa.

José Utrera Molina (ABC) firma una lacrimógena tribuna en honor de su yerno, cuyas virtudes son tantas que no podemos sino elogiar el gusto y la fortuna de su hija al escoger a Gallardón como marido.

Su preparación era asombrosa; su capacidad de réplica, escandalosa e increíble; su meditación, honda y sabia. El ejercicio de sus funciones, siempre adecuado a lo que él consideraba su deber. Me he sentido orgulloso de tenerlo próximo a mí por circunstancias familiares. Nunca me decepcionó, pues hasta en sus horas bajas me demostró la nobleza de su humildad; nunca encontré en él cobardes vacilaciones, sino jubilosa entereza.

Impertérrito ante las ofensas de sus enemigos, nunca descompuesto ante las injurias, jamás afectado por rencorosas vicisitudes. Noble, leal, amistoso y comprensivo, jamás contemplé en él ánimo de descalificación de sus adversarios. No escuché de él ninguna crítica, y hay algo que me permito subrayar: su inmenso amor a España, su valor de caballero legionario paracaidista, su moral que nunca reblandeció su ánimo, sino que le impulsó a afrontar las mayores empresas.

Alfredo Pérez Rubalcaba (El País), como buen socialista, no desaprovecha la ocaisón de seguir humillando al PP. Ahora le sugiere que retire del recurso contra la ley del aborto ante el tribunal Constitucional… porque es la ley es inconstitucional, pero no se debe decir.

Si el Tribunal Constitucional declarara inconstitucional la ley de plazos -que es lo que pretende el recurso del PP-, millones de ciudadanos estarían legitimados para pensar que en nuestra Carta Magna no cabe que las mujeres puedan decidir sobre su embarazo, y que, por lo tanto, está desfasada y hay que modificarla.

Es evidente que un fallo del Tribunal Constitucional a favor del recurso del PP pondría, primero al propio tribunal y después a nuestra Constitución, en una delicada situación.

¡Qué bien ha aprendido el químico la teoría de la interpretación alternativa del Derecho!

Por un día, Raúl del Pozo (El Mundo) aparca su entusiasmo por Podemos y dedica una columna a Antonio Carmona, el futuro candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, y al que el lunes auguraba un fracaso hasta el punto de preguntarse si en vez de convertirse en el nuevo Enrique Tierno Galván se quedaría en Ramón Tamames, es decir, en concejal. Don Raúl cuenta que Carmona es un socialista que, a diferencia de tantos de sus correligionarios, no siente asco ante la historia de España.

Lo primero que pensó es que si llegaba a baranda, cambiaría el nombre de la plaza de Margaret Thatcher por el de Blas de Lezo que, según Carmona, andaba con los pies abiertos porque le pesaban demasiado los huevos. Le digo que la llame Pulga o Fornarina para no asustar -acaba de saludarle un caballero diciendo: «Soy de derechas, pero le voy a votar a usted»-. Él insiste en que la plaza se llamará de Patapalo, que así nombraban al manco y tuerto, vencedor de los piratas del almirantazgo británico.

Ahora bien, menudas propuestas las de Carmona:

Dice que en Madrid habrá librerías abiertas toda la noche, como en Buenos Aires. Olvida que Madrid es también una ciudad de golfos, bravía, con 300 tabernas y ninguna librería.
Lo más interesante es que Carmona intenta descifrar los designios de Rajoy:

A ver si va a salir Esperanza diciendo que quiere cerrar las tascas. «Sospecho que no van a presentar a Esperanza. Hay un tapado. O Margallo o Pío, o una cara nueva. Rajoy es como el gas sarín, mata despacio y silenciosamente. A Esperanza le puede ocurrir lo que a Gallardón», contesta.

UNZUETA CUENTA LAS VECES QUE HAN VOTADO LOS CATALANES

Pasemos a la tabarra catalana. Curiosamente hoy nadie escribe sobre Podemos. Màrius Carol replica a quienes han censurado al nuevo ministor de Justicia por sus declaraciones sobre dar un estatus especial a Cataluña dentro de la Constitución. Y lo hace con el respeto característico de los catalanistas.

Las palabras de Rafael Catalá no podían ser más mesuradas, sensatas e inteligentes, pero en algunos altavoces de Madrid fueron respondidas con una letra y una música más propia del nodo. Si el término singularidad referido a Cataluña puede ser considerado una afrenta y si propugnar una reforma para su encaje es un sacrilegio, el problema se agranda enormemente. Jaume Vicens Vives sostenía que el primer resorte de la psicología catalana es su voluntad de ser. Singularidad, le llama el nuevo ministro. Pero eso parece ofender a quienes son poco plurales. Hasta el punto de que a estos seguramente les indispone incluso que el titular de Justicia se llame Catalá (y sin n).

¿Pero a quién le molesta el apellido de Catalá? O son unos manipuladores o están enfermos.

Francesc-Marc Álvaro (La Vanguardia) primero niega la existencia del terrorismo nacionalista catalán y luego da una lista de atentados terroristas cometidos en Cataluña, tanto por vasquistas como por catalanistas, pero al hablar de Terra Lliure se olvida de citar a los tremendos asesinatos de Viola y Bultó.

¿Le suena a Díez el atentado de Hipercor? ¿Tuvo noticia del ataque contra el cuartel de Vic? ¿Hace falta que le mencionemos el nombre de Ernest Lluch? (…) sólo sé que Cataluña, por ejemplo, gestionó con acierto -de acuerdo con el Gobierno español- el fin de Terra Lliure y el paso a la política democrática de una parte de sus miembros y simpatizantes.

El hartazgo en muchos columnistas con este victimismo y esta superioridad es tan grande que hoy el mesurado y pactista Patxo Unzueta (El País) responde a los mantras catalanistas:

En los debates sobre la crisis catalana hay algunas afirmaciones que distan de ser evidentes, pero se toman por tales, como la de los soberanistas que levantan la voz para decir al mundo que no se les deja votar, o la que sostiene que el momento crucial del giro hacia el independentismo fue la sentencia del Tribunal Constitucional que «laminaba el Estatut».

Los catalanes han votado cerca de 40 veces desde la restauración de la democracia. Que no puedan hacerlo sobre la independencia no se debe solo a que la ley no lo autoriza, sino a razones de lógica constitucional. El pueblo decide mediante la regla de la mayoría, pero existen decisiones (como las que cuestionan derechos fundamentales) sustraídas al poder del pueblo o sometidas al control de tribunales especializados. Entre otras razones, para que no puedan ser condicionadas por mayorías circunstanciales.

La sentencia del Constitucional se presenta tópicamente como prueba de que las aspiraciones de los catalanes no caben en la Constitución. De un texto de 223 artículos, el tribunal anuló 14 y sometió a interpretación 27. Eso no es laminar el autogobierno. Y pocos especialistas cuestionan que tales artículos tuvieran tacha de inconstitucionalidad.

¿Se publicarían artículos como éste en La Vanguardia?

LLAMAZARES: NO HABLES DE LIBROS EN LA TELEVISIÓN

En la columna de Salvador Sostres (El Mundo) encuentro un palo al feminismo, con motivo del nombramiento de Gala León como la capitana del equipo de Copa Davis español, que endulza el primer cigarrillo del día.

Las cuotas son contrarias a la calidad y al espíritu competitivo. La alta competición, como el Ejército, no está para hacer experimentos sociales. El feminismo es un fanatismo que busca imponer su tiranía en la vida de los otros, y llama conquistas sociales a sus delirios totalitarios. A cualquier hombre se le habría exigido unas credenciales, un currículo, un mínimo grado de conocimiento público. Un debate sobre su idoneidad habría sido un debate técnico, deportivo. De Gala León sabemos que es una mujer, y la mayoría hemos aprendido su nombre justo en la hora de su nombramiento. Los que saben un poco más de ella, entienden que fue una tenista mediocre, y que las chicas a las que entrenó tampoco ninguna llegó a nada. Cualquier comentario sobre su capacidad y su idoneidad es tachado de machista por los deprimentes jinetes de la corrección política. Pero ¿dónde están sus méritos? ¿Qué talento desmiente que su contratación fue una decisión puramente sexista?

Y concluye con un consejo al presidente de la Federación de Tenis:

Si tan feminista es Escañuela, y tanto quiere hacer por la mujeres, que dimita y recomiende a Gala para presidenta.

José Luis Llamazares (El País) lamenta que el debate sobre el Toro de la Vega se haya reducido a la llamada de Pedro Sánchez al programa Sálvame.

Puestos a elegir entre un debate moral, verdaderamente importante, y otro superficial, la preferencia de los españoles es clara: primero lo superficial.

La última vez que me invitaron a intervenir en un programa televisivo me advirtieron enseguida de que podía hablar de todo menos de literatura. ¿La razón? Que los jóvenes no leen y que el público del programa al que me invitaban era mayoritariamente joven. La advertencia no me pilló por sorpresa, pues ya en otra ocasión, no sé si en esa o en otra televisión, tras aceptar acudir a ella, me habían aconsejado que no hablara más de un minuto y medio seguido porque, según el presentador, a partir del minuto y medio «el espectador normal desconecta». Fue el último programa al que acudí. Desde entonces, cada mañana rezo una oración, la única en todo el día: «¡Señor, sálvame de mis compatriotas!».

La columna ridícula del día la firma el muy honorable Enrique Gil Calvo, que se pone a distinguir entre prostitución y explotación sexual. La primera, una conducta que debe ser legalizada, mientras que la segunda debe ser perseguida. Con el tono característico de los progres que escriben en El País, el catedrático de la Complutense menosprecia a quienes no comparten su opinión, aunque sean feministas.

Se trata de qué hacer con el comercio sexual alegal, si penalizarlo como proponen los abolicionistas y reclama la fracción puritana del feminismo, o regularizarlo como proponen las feministas más comprensivas que luchan en defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales.

Se trata de romper la aparente unidad semántica del concepto deprostitución para dividirlo en dos mitades antitéticas diametralmente opuestas entre sí. Por una parte tenemos los servicios sexuales voluntariamente ofrecidos por trabajadoras libres que no estén sometidas a ninguna coerción física ni moral, económica ni autoritaria. Llamemos a esa categoría «comercio sexual». Y por otra parte aparecen las cautivas sexuales obligadas a someterse a los clientes cómplices de las redes criminales que las secuestran y las obligan. Llamemos a este otro contingente «explotación sexual».

De modo que los señores (y las señoras) que alquilen un servicio sexual tendrán que preguntar primero: ¿tú eres trabajadora sexual sindicalizada o eres explotada laboral?

Y mientras tanto, siguen los anuncios de prostitución en El País.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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