OPINIÓN / Afilando columnas

Jabois sobre el escándalo de Caja Madrid: «Es difícil no leer esas noticias con voz de Pablo Iglesias»

Ruiz-Quintano, sobre el líder del PSOE: "La izquierda quiere dejarnos a los españoles sin toros como dejó sin azúcar a los cubanos"

Cuando llevamos poco más de un mes desde el retorno de las vacaciones nos merecemos un descanso del reto independentista catalán. Y da la impresión de que la mayor parte de los columnista de la prensa de papel española han decidido dárnoslo el 3 de octubre de 2014. No es que no no hayan publicado los periódicos ningún artículo sobre este asunto, eso sería casi un imposible, pero al menos ninguno de ellos nos ha parecido que esté entre los más relevantes de una jornada en la que se han escrito interesantes textos sobre otros temas.

El político que quiere demostrar con sus camisas que su detergente lava más blanco ha ganado su hueco en los espacios de opinión de la prensa de papel con sus últimas propuestas, mientras que son varios los columnistas que comentan la afición a «tirar de plástico» sin control alguno por parte de antiguos consejeros de Caja Madrid y Bankia. Vienen calentitos los artículos del día. Hacemos sonar una vez más nuestra armónica de afilador y pasamos a dejar constancia de todo ello.

Comenzamos en esta ocasión en El País, con el crítico televisivo que suele escribir sobre casi cualquier tema menos sobre televisión. En esta ocasión David Trueba utiliza la nueva entrega de la saga cinematográfica española de mayor éxito para comentar la realidad española. Titula Torrente vive.

Torrente sigue presidiendo la vida española, y solo si somos sinceros nos plegaremos a esta certeza. Hay ‘torrentismo’ en Díaz Ferrán, Bárcenas, Montoro, los Pujol, Caja Madrid, el amaño de partidos de Liga, la programación de tele, el Toro de la Vega, la fuga de Esperanza Aguirre, las canonizaciones urgentes, Rouco de okupa, la euforia de Podemos, el sometimiento a los discursos políticamente correctos del progresismo y hasta en el concepto de marca España.

Razón no le falta a Trueba, pero como siempre que el de El País escribe sobre corrupción, a este humilde lector de columnas le da la impresión de que el columnista hace trampas al solitario. Nombra el ‘torrentismo’ de las corruptelas del PP y CiU, así como de antiguos dirigentes de la CEOE, pero ni una mínima referencia a la del PSOE y los sindicatos. Se ve que los ERE de Andalucía, por ejemplo, han tenido lugar en otro país.


Francesc-Marc Álvaro.

Hacemos ahora una breve escapada a Barcelona para asomarnos al periódico del conde de Godó y Grande de España que ha reculado en su apuesta por el independentismo pero sigue manteniendo articulistas totalmente identificados con Artur Mas. Uno de ellos es Francesc-Marc Álvaro, aunque su columna de esta jornada no está referida a Cataluña. Su artículo en La Vanguardia está dedicado a Pedro Sánchez, al que define en el título como Un político recurrente. Más a caldo no puede ponerle.

Pedro Sánchez nos dará grandes tardes y, además, va camino de superar a Zapatero en las artes combinadas de la ocurrencia y la demagogia. Su propuesta -la última- de realizar funerales de Estado para las víctimas de la llamada violencia de género (con presencia del presidente del Gobierno) tiene todo el tufo de los laboratorios de la tontería que quieren combatir el populismo de Podemos con el populismo de -digamos- Aguantemos.

Y eso es sólo el principio, en la conclusión del artículo llega la apoteósis, en la que aprovecha para arrear a un Albert Rivera que saca de quicio a cualquier independentista.

Sánchez llama a los programas del corazón, busca el voto femenino pensando que las mujeres son imbéciles y se disfraza de actor de series madrileñas. Hace reír pensar que, antaño, el fallecido Boyer era mirado con malos ojos por ser la derecha del PSOE. Hoy, el líder del PSOE no es de derechas ni de izquierdas sino un opni que, a imitación de Albert Rivera, telepredica baratijas a ver si cuela.

Ya de vuelta en Madrid, leemos en ABC a Ignacio Ruiz-Quintano, que titula Consenso:

Pedro Sánchez juró en al ágora cultural de Jorgeja que nunca le veremos en una plaza de toros (la izquierda quiere dejarnos a los españoles sin toros como dejó sin azúcar a los cubanos o sin gasolina a los venezolanos), pero, con esos conocimientos, yo le haría jurar que no le veremos nunca presidiendo, no ya el gobierno, sino una junta vecinal.

Concluye:

El consenso que representa Pedro Sánchez tiene vuelo más de corral, y miramos a Cataluña, donde los sublevados también hablan de consenso (consenso es ausencia de conflicto), con lo cual aquí la única procesada por desobediencia a la autoridad (la de dos agentes de movilidad, mitificados por la izquierda cultural como los Galán y García Hernández de la España nueva) sigue siendo Esperanza Aguirre. Lo bueno del consenso es que permite la libertad de expresión. Lo malo, que (a cambio), impide la de pensamiento.

En algo disiente el afilador de columnas. Según cuál sea el consenso, puede llegar a impedir la libertad de expresión. Tal vez no por ley, pero sí de facto.

En el diario madrileño de Vocento vemos el primero de los artículos dedicados al uso de tarjetas de crédito sin control alguno por parte de los ya ex consejeros de Caja Madrid. Su autor es Ignacio Camacho y tiene un titular que, por puro porteño, nos parece más propio de David Gistau: El Río de la Plata.

Un carro de votos. Eso es lo que suma Podemos cada vez que aflora un escándalo como el de la tarjetas de Bankia-Cajamadrid. Esta clase de episodios parecen inventados a su medida por los ideólogos de Pablo Iglesias: tipos de todos los partidos -¡¡la casta!!- aventando sin control gastos personales con cargo a una entidad bancaria rescatada por el Estado.

Añade:

[Bankia] se fue al traste por la mala gestión de los beneficiarios de la prebenda; unos tomaron decisiones disparatadas, otros impulsaron fórmulas fraudulentas -las preferentes- y la mayoría miró para otro lado. Cómo protestar a riesgo de quedarse sin las franquicias, las sinecuras, los momios. En aquel nuevo Río de la Plata que fluía sin cesar era fácil perder la perspectiva. Y si surgía algún desasosiego moral, o acaso un mínimo reparo estético, bastaba mirar en derredor: todos hacían lo mismo sin el menor atisbo de sentido culpable. Comunistas, socialistas, conservadores, sindicalistas; habría resultado incluso antipático torcer el gesto.

Esto nos ha hecho recordar nuestra única participación en la tertulia de ‘La Tuerka’ –todos tenemos nuestros pequeños pecados de los que arrepentirnos de por vida–. En aquella ocasión, y bajo la sonriente mirada de Pablo Iglesias, Tania Sánchez nos replicaba indignada que en todo lo ocurrido en las cajas no tenía nada que ver que estuvieran controladas por los políticos y los sindicatos, que el problema era que se habían portado como bancos. ¿Se atreverá ahora a seguir defendiendo eso? Algún compañero suyo de IU se ha puesto las pilas ‘tirando de plástico’, algo que posiblemente Botín no le hubiera permitido, pro ejemplo.

Ely del Valle escribe sobre el mismo asunto en La Razón. Titula Regla de tres. Dice de quienes se beneficiaron de esas tarjetas y que ahora defienden que era legal el uso que les daban:

A tenor del documento que Anticorrupción ha enviado al juez que investiga el «caso Bankia», una de dos: o estas personas tienen un grave problema para discernir lo normal de lo que no lo es, o son los dos únicos memos que no se enteraron de lo de la «tarjeta black», que por lo visto era como la Oro pero tan a lo bestia que, a juzgar por las cantidades que algunos cargaron, no se descarta que se pagarán de golpe con ella la hipoteca, que es una manera mucho más elegante que abonarla en incómodos plazos mensuales como el resto de los mortales.

Suponemos que esos personajes preferirán intentar pasar por tontos, aunque al final lo único que lograrán es agrandar su imagen de caraduras.

Concluye:

Por cierto, acabo de acordarme del caso de aquella madre valenciana que en 2013 a punto estuvo de pasarse cinco años en la cárcel por comprar pañales y comida para sus hijas por valor de 193 euros con una tarjeta de crédito que se encontró en la calle.

Sólo espero que de confirmarse la sospecha de Anticorrupción, los jueces utilicen la calculadora para hacer una sencilla regla de tres. Ni más ni menos.

Puede esperar sentada si espera que los jueces utilicen la calculadora.

Terminamos en El Mundo, donde Manuel Jabois titula Prácticas habituales.

Cúpula de Caja Madrid, tarjetas opacas y millones de euros parece el título de una película de Podemos. De hecho es difícil no leer estas noticias con la voz de Pablo Iglesias, que suena de fondo con una cara suya gigante en neblina como las cartas de un ser querido.

Comenta una entrevista de un compañero suyo de El Mundo a uno de los implicados:

Hay una entrevista de Carlos Segovia a Pablo Abejas, director general de Economía de la Comunidad de Madrid, en la que se destaca una curiosa nube de tags: «Todo el mundo lo sabía», «soy una víctima», «era una práctica habitual», «no estoy imputado», «era todo legal». Parece que en lugar de con Segovia está hablando con Cintora. ¡Era todo legal! Hombre, no hay camino más corto para la delincuencia que ajustarse a la ley.

Igual a Cintora le da un patatús si lee que le comparan con alguien de El Mundo, a él, al ‘fan boy’ de Podemos. Añade:

La sustancia de la declaración de este hombre Abejas es que él se limitó a la tradición. Es una defensa apropiada porque todo el mundo sabe lo que cuesta romper una tradición en España, sobre todo si ahorras. Cuando se puso de moda no pagar por los periódicos, por ejemplo, al día siguiente eso ya era una tradición ancestral.

Con todo el respeto a Jabois, lo de las tarjetas de Caja Madrid es mucho más grave que coger un periódico gratuito en el Metro, por malo que sea dicho diario.

 

Siga en Twitter al autor de esta revista de prensa. El usuario es @chinchetru.

Te puede interesar

Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído