OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Antonio Lucas culpa a «bicharracos» como Blesa del ascenso de Podemos

Juan Luis Cebrián quiere hacernos a todos federales para darnos cuarenta años más de paz y democracia

David Trueba cita a Francisco Marhuenda para desmontar a Podemos

Este 7 de octubre de 2014, aniversario de la batalla de Lepanto, donde estuvo presente Miguel de Cervantes, otro genio de las letras españolas se dirige a nosotros: el académico, periodista, novelista, ensayista y financiero Juan Luis Cebrián.

Cuando llego a su tribuna en El País, siento el impulso de dejar mi cigarrillo humeante y ponerme de pie para hacer una reverencia antes de comenzar la lectura. La importancia de los artículos de Cebrián es que son como el oráculo de Delfos para la clase política española, la casta, como él dice ya. ¿Será que Cebrián, después de llevar 40 años en el machito, desde su nombramiento como jefe de los servicios informativos de TVE en los últimos años del franquismo, se ha pasado a la revolución?

En su discurso de presentación de la edición en catalán de El País pronunciado ayer en Barcelona y reproducido hoy por el periódico, Cebrián arremete contra el nacionalismo catalán y (ah, la equidistancia) contra el Gobierno nacional. Como hace desde que el periódico salió a la calle en 1976, da sus soluciones a todo conflicto político, y en este caso repite la fórmula de la reforma constitucional. A cambio de que todos los españoles demos más privilegios a Cataluña, obtendremos, nada menos, que cuarenta años de paz y democracia.

Ya he dicho en varias ocasiones que Cataluña no tiene poder político para separarse unilateralmente de España. Pero que no tenga poder para ser independiente no significa que no tenga ningún poder. Es preciso el reconocimiento institucional del mismo si se quieren evitar males mayores.

Cuando hoy se habla de defender la Constitución, que ha sido probablemente vulnerada por algunas disposiciones del Gobierno catalán, se olvida que la mejor manera de hacerlo, me atrevería a decir que la única, es reformarla. Frente al inmovilismo y la afasia de gobernantes y líderes políticos, es el espíritu reformista de la Transición lo que debemos recuperar si queremos que el régimen político de nuestra democracia perviva durante cuatro décadas más sin necesidad de ponernos a inventar todo de nuevo. Una reforma que necesita de nuevo abordarse desde el diálogo y el pacto, siendo por cierto el pactismo una figura política extraordinariamente relevante en la historia política de Cataluña.

Pese a que es académico de la Española, Cebrián nos tiene acostumbrados a faltas de sintaxis y de semántica, como cuando calificó a la Reconquista de «insidiosa».

En esta tribuna confunde el Estado, ente administrativo, con la nación, el pueblo, o el país.

Era aquel el primer esfuerzo de nuestro periódico para singularizarse como un órgano con cobertura en todo el Estado capaz de reconocer la singularidad explícita del principado en la construcción del mismo.

A ver, Juan Luis, si El País tiene cobertura en todo el Estado, quiere decir que llega a todas las oficinas de la Administración, no a todos los kioscos, porque los kioscos no son Estado. Confundir el Estado con la nación es una sinécdoque, muy propia, por cierto, de los fascistas.

REDONDO: AHORA, TODOS LOS DEMÓCRATAS CON RAJOY

El Mundo publica una columna de Nicolás Redondo Terreros, que fue secretario general de los socialistas vascos y cuya cabeza pidió Cebrián en El País después de la derrota en 2001 ante el PNV de Ibarretxe. Redondo, que quizás haya sido expulsado de las páginas de opinión de El País (ya nos enteraremos), refuta la postura de Cebrián, de su cuadra de opinadores y de sus compañeros socialistas.

No estoy en contra de las reformas, no me aqueja el mal del misoneísmo, tan tristemente español como el de los pronunciamientos, antaño militares y hoy civiles que cuentan con toda la fuerza de las instituciones, que puede ser más poderosa que «los cascos de los caballos». Podemos pensar en renovar nuestro marco constitucional, pero no para dar satisfacción a los independentistas catalanes, sino para encontrar formas mejores de participación de todos los ciudadanos en el espacio público, de todos, y por supuesto nunca bajo la amenaza de un chantaje intolerable, sino con la razón como instrumento y todos los ciudadanos españoles, incluidos los catalanes, como objetivo.

Hoy es el momento de defender la Constitución del 78; relacionar su modernización con el referéndum independentista, con soluciones federales o asimétricas, es asegurar no que los nacionalistas en España nunca pierden, algo que todos sabíamos, sino que han empezado un periodo en el que siempre ganan.

Y concluye con este párrafo, en que, a diferencia de Cebrián y de los colaboradores habituales de El País, no hace ningún reproche al Gobierno de Rajoy.

me asombra el silencio de los sindicatos y me preocuparía si el PSOE en estos momentos buscara una diferencia con el PP, que le debilitaría más que lo que le distinguiría. Yo creo que hoy los ciudadanos, desde las discrepancias, desde las diferencias, desde el reconocimiento de los conflictos que se producen en una sociedad democrática abigarrada de contradicciones, debemos apoyar al Gobierno de Rajoy en la defensa de nuestros derechos… Luego ya veremos.

Ignacio Ruiz Quintano (ABC) celebra la aparición de El País en catalán y la enlaza en su columna con la obsesión constitucionalista de su línea editorial.

El diario global en español ya es Punto Cat, con la bendición de la derecha de María Soraya y de la izquierda de Pedro Sánchez, en quien las ranas más veteranas de la charca siguen afeando lo que David Gistau llama en español redondo «el resbalón».

Qué pena de Bulli, porque, si siguiera abierto, ahora, con la cuenta, podrían servirte una deconstrucción constitucional al Punto Cat, con su preámbulo navideño, como nos gusta, y sus deseos de bienestar, que todavía nos gustan más, pues nos hemos acostumbrado a ellos con la Constitución del 78, la misma que prohíbe el mandato imperativo y establece la separación de poderes: derecho a un curro con sueldo majo, derecho a una vivienda digna, derecho a que de viejos nos lleven a Benidorm, y así.

EDURNE URIARTE: LA COBARDÍA DE LOS INTELECTUALES

Salvador Sostres (El Mundo) se burla de la acampada de las huestes separatistas de la CUP en la plaza de Cataluña, que ha durado un par de días, y felicita a Rajoy por su estrategia de no hacer nada.

El aguerrido resistencialismo del que tanto presumen los alegres chicos de la CUP ha durado un fin de semana, como las escapadas con la secretaria.

Cuatro tarados ensuciando la plaza de Cataluña no pueden ser la metáfora de nada, ni mucho menos de una comunidad que dice querer romper un Estado. ¿Para qué Rajoy tendría que ofrecer un pacto? Basta con que ofrezca el camión de la basura, para recoger la porquería que los gamberros dejaron.

La estrategia de Rajoy de no hacer nada ha sido magistral y es así como va a ganar. Todas las líneas del catalanismo político, y su propio público con su actitud infantil de vergonzosa autocomplacencia, han demostrado que no están a la altura de las circunstancias.

En ‘Cataluña, sin Maidán’, Raúl del Pozo (El Mundo) reconoce que el globo separatista se está desinflando, pero anuncia que la inminente independencia catalana la conseguirán dentro de un tiempo los «hijos de los charnegos».

Hace un mes los catalanes que apoyan la secesión hablaban de tomar aeropuertos, de hacer manifestaciones continuas y masivas, de crear ante España y el mundo el espejismo de una insurrección civil imbatible. Me parece que los conspiradores esperaban más apoyo. Hasta ahora la plaza de San Jaime no ha sido Maidán, ni se ha logrado ucranizar el pronunciamiento como esperaban los líderes nacionalistas.

Entre los extras y figurantes hay de todo, incluso ese sector de la burguesía catalana que no ama tanto a Cataluña como para perderse el fin de semana en sus casas de campo. Serán los hijos de los charnegos, los nuevos criollos, los que tendrán que llevar adelante la independencia. Pero no ahora, cuando la comedia está a punto de terminar.

En una columna titulada ‘Ni están ni se les espera’, Edurne Uriarte (ABC) critica la deserción de los intelectuales catalanes del bando del derecho y la libertad.

La frase hecha me sirve en este caso para los intelectuales catalanes, esos que ni están ni se les espera en la defensa de la democracia, del Estado de Derecho y de esa mayoría silenciosa catalana que se siente española además de catalana. Salvo contadas excepciones, por supuesto, tan contadas que el silencio intelectual es aún más evidente y doloroso. Y apunta a tres cuestiones que me interesan, la del mito de los intelectuales, la comparación con el País Vasco y la imposición del extremismo nacionalista en una sociedad mayoritariamente moderada.

El espectáculo es digno de estudio para los politólogos, los sociólogos, los psicólogos y los antropólogos. Una democracia con plena libertad de expresión, con una mayoría que quiere seguir siendo española y en la que la palabra, las decisiones y el liderazgo han quedado en manos de los radicales. Con esa mayoría a la espera de que la ley, o el Gobierno de la nación, o un milagro, los libre de los extremistas y de sus locuras. Porque quienes no los van a librar son los supuestos intelectuales valientes.

Aunque Rosa Montero (El País) no es ni intelectual ni catalana, representa a los creadores de opinión de Madrit que piden permiso a los dueños de la masía antes de hablar sobre Cataluña.

Yo también recuerdo los años que trabajé en revistas catalanas; la época en que Barcelona era un prodigio, una isla de modernidad dentro de la casposa sociedad española de los setenta. Siempre he admirado a los catalanes. Siempre los he querido. Empezando por la escritora Montserrat Roig, que falleció tan joven, y que ocupa un lugar en mi corazón. Después de tanta vida juntos, de tantas emociones compartidas, es natural que a muchos españoles nos apene separarnos de Cataluña. Y a mí, que entiendo bien el catalán y que tanto he aprendido en mi juventud de esa sociedad tan vanguardista, también me apena que ahora se entregue al nacionalismo.

No veo una solución fácil a esta fiebre fatal, a esta siembra de odio. Me preocupa la cerrazón del PP, no ya ante el órdago del 9-N, sino de antes, de siempre, porque habrá que ofrecer una verdadera salida; pero, sobre todo, no puedo evitar pensar que esta crispación ha sido fomentada por los políticos catalanes por intereses propios. Porque hace muy pocos años Cataluña no sentía esto, aunque ahora intenten inventarse otra cosa. Que cada cual aguante su responsabilidad frente a la historia.

Todos tienen culpa: los nacionalistas, Artur Mas, el PP… menos ella y su banda progresista.

No puedo acabar la sección de la tabarra catalana sin citar a Pilar Rahola (La Vanguardia). Para los progresistas los golpes de Estado son condenables sólo cuando no los dan ellos. Y Rahola, que fue diputada en las Cortes españolas bajo las siglas de ERC, defiende al golpista Lluìs Companys, y en un periódico que entonces condenó el golpe de Estado del Seis de Octubre de 1934.

Hoy hace ochenta años, después de un 6 de octubre intenso y efímero, todo había acabado y el país se preparaba para vivir la enésima etapa represiva, con el encarcelamiento de miles de catalanes, entre otros la Generalitat, la mayoría del Parlament, alcaldes y concejales de toda Cataluña y centenares de líderes civiles, desde directores de diarios hasta presidentes de entidades culturales. No cabían en las prisiones y tuvieron que encerrar a los represaliados en los famosos barcos anclados en el puerto de Barcelona y de Tarragona

Es probable que algunos añoren aquellos tiempos en que la represión violenta silenciaba las razones y los derechos, pero este hecho es incompatible con formar parte de la UE. No creo, pues, que haya ninguna otra comparación posible con el Sis d’Octubre que aquella que emana de la mala fe, la falta de sensibilidad democrática y la falta de escrúpulos. Entre otras cosas porque, por el camino del menosprecio, se ríen de un presidente fusilado.

¡Pobrecitos todos y desdichado Companys! La doctora Rahola se olvida de que el antojo de Companys, aparte de ser un golpe de Estado contra un Gobierno democrático, causó la muerte de casi un centenar de personas. Quién sabe si se hubiese fusilado a Companys en 1934 en vez de en 1940 nos habríamos ahorrado la guerra civil.

LA MENTIRA DE PABLO IGLESIAS SOBRE LOS FUTBOLISTAS

El descubrimiento del chanchullo de las tarjetas negras de Caja Madrid ha reanimado las meditaciones de nuestros columnistas sobre Podemos.

Antonio Lucas (El Mundo) se une a los que aseguran que estas corrupciones impulsan al partido antisistema.

Un bicharraco como Blesa dirigió la entidad con el apoyo de todos los partidos, pues pronto comprendió lo que se esperaba de él. Y así hasta tirarla abajo. Lo acompañaron, incondicionalmente, una recua de tunos que hacían pala en el cajón de las monedas con la pandereta. Eran los comisarios políticos, enviados especiales al dinero negro sin otro mérito que ser los más trepas del lugar, los enchufados, los tontos útiles, los cómplices de secretos inmundos, el sobrino de la novia del hermano de mi prima concejal. Estos tipos, antes o después, suelen ser conscientes de su inferioridad. Valen lo que una tarjeta de crédito. Podrían estafar a su madre. Se inclinan ante cualquier desharrapado con influencia. Son mendigos de la codicia. Y luego preguntan que de dónde sale Podemos. Animalicos.

David Trueba (El País) tiene el mérito de no amagar con su marcha a Podemos, a diferencia de ilustres columnistas de El País, como Almudena Grandes y Juanjo Millás. En su columna deja por mentiroso a Pablo Iglesias y para ello usa palabras de Marhuenda. El pasmo hace que me caiga la ceniza en la magdalena.

Fue Francisco Marhuenda quien adoptó, desde la oposición frontal, un tono respetuoso que sirvió, por una vez, para escuchar algo más que dogmatismos y afrentas. Pablo Iglesias asegura, y lo ha repetido en su gira latinoamericana, que los debates televisivos han sustituido al Parlamento. Puede que sea un análisis cierto, pero elude que los convocados a ese debate lo hacen por designio de los directores de las cadenas y no por decisión popular. Y que ese Parlamento responde, en última instancia, al negocio del espectáculo y no a la voz del pueblo expresada en ese derecho a decidir cierto y habitual que consiste en el recuento del día de las votaciones. Necesitamos la regeneración, pero liderada por los votantes.

Una frase de Pablo Iglesias fue destacada en esos titulares que jalonan ahora toda entrevista de tele resumiendo la esencia de lo que escuchamos. Decía así: «Cuando nosotros gobernemos no habrá futbolistas que no paguen impuestos». Suena bien, pero a día de hoy Messi va a ser juzgado por delito fiscal y la directiva del Barcelona ha de arreglar con Hacienda el fichaje de Neymar y sus despieces mercantiles fraudulentos. Es decir, las leyes y las instituciones españolas están diseñadas de manera correcta; faltan recursos y personas al mando elegidas por su capacidad y honestidad. Las limitaciones de la democracia residen en las personas, no en las instituciones.

TERTSCH COINCIDE CON PRADA EN LA DECADENCIA DE EUROPA

Hermann Tertsch (ABC) me mete el miedo en el cuerpo al contar en su columna que la mayor potencia económica de la zona euroa, Alemania, no tiene aviones militares capaces de volar.

En Alemania han intentado ayudar estos pasados meses un poco en Ucrania, un poco en Irak y un poco en los países afectados por el virus del ébola. Un poco solo. Y no ha podido hacerlo en ninguno de los tres casos. La mayor potencia económica y política europea ha tenido que constatar que no tiene aviones que vuelen. Y que todo el material del ejército de este orgulloso exportador de armamento de alta tecnología está tan anticuado que, con leyes y ordenanzas en la mano, los soldados pueden negarse a todo. El ejército alemán no puede ni soñar en realizar una operación eficaz ni lejos, ni cerca ni dentro de la patria. Tiene suerte de estar muy lejos de ese ejército de guerreros yihadistas, que arrasan Irak y Siria en estos momentos para ampliar el Estado Islámico (EI). Porque si por el ejército alemán fuera, unos miles de soldados islamistas con convicción y experiencia podrían cruzar Alemania de un lado al otro sin encontrar más resistencia que la que les ofrece hoy el descompuesto ejército iraquí.

En su conclusión, noto una coincidencia con Juan Manuel de Prada, defensor de la Santa Rusia. Ambos columnistas del mismo periódico coinciden en que la decadente Europa está podrida.

la peor amenaza a nuestra seguridad son la soberbia e ignorancia que hacen ignorar motivaciones de fuerzas en este mundo que quieren destruir la civilización. Su última máxima y paradigmática expresión nos la ha ofrecido el líder socialista español Pedro Sánchez con su ocurrencia sobre la abolición del Ministerio de Defensa. Lo más grave es que sin duda fue espontánea y es sincera. La peor amenaza para nuestro continente no son Putin ni el Estado Islámico, sino nuestro rampante pensamiento débil.

Pablo Sebastián (Republica.com) publica una columna muy sensata sobre el caso de ébola conocido en España, en la que pide al Gobeirno información y a los políticos y tertulianos calma.

En el caso de la enfermera contagiada está claro que hubo fallos o puede que imprudencia por parte de la enfermera a la hora de guardar el máximo cuidado en su, sin duda encomiable y arriesgada, atención de los pacientes misioneros que luego fallecieron. Por ello el discurso de las dimisiones no es oportuno porque tenemos claro que nadie actuó de mala fe y que los que en su día afirmaron las ausencias de riesgos de contagio lo hicieron desde la certeza de que las medidas preventivas adoptadas eran las más oportunas y estaban bajo control.

Lo que no parece es que éste sea el momento para utilizar los casos de ébola, con los que España se coloca como el primer país de Europa en el que se produce un contagio, como una materia para la discusión política y partidaria, aumentando el desasosiego y la alarma social en un tiempo en el que España ya tiene tantos problemas por delante e inquietud económica, institucional y social.

La columna ridícula del día se la gana Pilar Ferrer (La Razón), por una crónica de un acto al que asistió el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. Es tal el arrobo con que Ferrer trata a González que parece su abuela.

Frente al morbo y los rumores políticos, seriedad y gestión. Eso fue lo que exhibió Ignacio González en un expectante desayuno informativo en Madrid, bien arropado por una nutrida élite empresarial.

Todo el mundo se deshizo en elogios hacia un hombre que ha dado un paso adelante para ser candidato y conoce como nadie los entresijos del PP madrileño y del Gobierno regional.

Ignacio González se enorgullece de ser español y defiende la unidad de la Nación. Alto y claro, su discurso fue un soplo de aire fresco. Algunos de los empresarios asistentes lo decían: «Es el sucesor que Madrid se merece». Aunque la providencia decida, el balance cuenta y ahí queda.

Si la prensa quiere recuperar su prestigio, tiene que acabar con estas columnas-masaje.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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