OPINIÓN / Afilando columnas

Gistau desvela que los diputados del PP están hartos de Rajoy: «Anhelan el rescate por una figura providencial y efebocrática» a lo Pablo Iglesias

Jiménez Losantos: "Rajoy, antes de largarse, está punto de dejarnos como legado político una escombrera de nacioncitas y estadejos"

Manuel Jabois: "España es un país peligroso para un hombre con mucha agenda. La tenía Granados, la tenía Nicolás, la tiene cualquiera que aspire a ir a la cárcel"

Se aleja uno durante varias semanas de estos quehaceres de comentar los espacios de opinión de la prensa de papel, aunque no haya dejado de leerlos, y cuando se pone de nuevo manos a la obra descubre que pocas cosas han cambiado. Los columnistas siguen escribiendo principalmente sobre dos temas, dos cuestiones que incluso han logrado desplazar al desafío independentista catalán debido a las novedades de los últimos días. Nos referimos, claro está, a la corrupción y al auge de Podemos. Entre todo esto, el registrador de la propiedad que creíamos metido a Gobernante recibe una importante ración de golpes en los artículos publicados el 31 de octubre de 2014.

Desempolvamos nuestra armónica de afilador, la hacemos sonar una vez más y nos lanzamos a dar cumplida cuenta de los más jugoso del columnismo español de la jornada.

Arrancamos en la contraportada de El País, donde Juan José Millás dedica todo su artículo a criticar al presidente del Gobierno de forma inmisericorde con toda una larga batería de preguntas de las que no creemos que espere respuesta. Titula Sin proyecto.

¿Distingue Rajoy la mentira de la verdad, el día de la noche, el arriba del abajo, el dentro del afuera, la corrupción aislada de la infección total? ¿Dispone, como la mayoría de los ciudadanos, de una alarma moral o de otro tipo que le indica cuándo traspasa la frontera entre la compostura y la mentecatez?

Concluye:

¿Quién le organiza la agenda: Bárcenas, el Ibex 35, la Camorra napolitana, alguien que pasa por ahí o el puro y simple azar de cada día? ¿Por qué se personó en el caso Gürtel disfrazado de acusación particular cuando debajo llevaba la toga de abogado? ¿Ve lo que ocurre y lo que desocurre al otro lado de los cristales negros de su coche oficial? ¿Por qué es tan raro? Pero, sobre todo, ¿por qué se pasa la vida presumiendo de normal?

Lo curioso es que, a la última de las preguntas, es que incluso muchos de los altos cargos del PP no podrían responder con conocimiento de causa. Nos tememos que, en todo caso, no es ni tan siquiera idea de algún asesor, sino del propio Rajoy, que parece estar siempre evitando ejercer el liderazgo que necesita un país en tiempo de crisis.

Pasamos ahora a ABC, donde Hermann Tertsch publica un artículo titulado Podemos estar fatal, dedicado a comentar tanto los efectos que tendría un Gobierno en manos del partido trostko-bolivariano español como la responsabilidad que tiene Rajoy en que esa posibilidad sea real.

España se jugará su democracia y lo que en sectores de ese nuevo movimiento se llamarían las «libertades burguesas», es decir la libre expresión, el libre movimiento, la libre asociación, el libre comercio, el libre culto y tantas otras libertades individuales y civiles que estas fuerzas emergentes quieren ver convenientemente «matizadas».

Añade:

En realidad, unos meses bajo estos «leninistas amables» serían instructivos. Una estupenda lección. Pero poco práctica y muy peligrosa. Porque los comunistas saben llegar al poder, pero se les da mal dejarlo. Igual que no existe un régimen comunista que no haya reprimido a los discrepantes y los haya matado cuando lo ha estimado necesario, no hay ningún régimen comunista que no aspire a perpetuarse.

Concluye:

La tragedia que supuso el paso de José Luis Rodríguez Zapatero por la historia de España ha tenido perfecta continuidad con Mariano Rajoy. No ha habido corrección, ni regeneración, ni ley, ni autoridad, para lo que había poder y mandato inequívoco de los españoles. Ahora, si no hay una reacción llena de coraje y determinación -para muchos no ya improbable sino impensable-, los que han gobernado sin creer en nada van a ser laminados por los que creen demasiado. Y los españoles se verán arrollados a la anomalía para décadas.

El problema es que para evitar que eso ocurra son necesarias varias cosas. La primera es que Rajoy (y Pedro Sánchez y Susana Díaz en el PSOE) esté dispuesto a limpiar su partido de corruptos, aunque eso suponga acabar con una buena colección de alcaldes, consejeros de comunidades autónomas y quién sabe si algún ex ministro en prisión. La segunda es que el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante y los suyos dejen de pensar que Podemos les favorece porque divide el voto de la izquierda y moviliza, por el miedo, a favor de los de Génova a los votantes perdidos por el PP los últimos años.

Desde dentro del Partido Popular le cuentan a este humilde lector de columnas que muchos son conscientes de esto último, pero que sus jefes todavía no quieren verlo. Lo malo es que el precio lo pagaremos todos los españoles.

Seguimos en el diario madrileño de Vocento, donde David Gistau comenta cómo se vive en el PP el espectacular resultado electoral que augura el CIS para Podemos. Lo hace bajo el título de Palabras menores.

Los diputados lo viven, con una claustrofobia de ir a quedarse emparedados en el final del régimen, como si en cualquier momento fueran a bajar unos barbudos de Sierra Maestra. No comparten con el periodista la esperanza de diversión depositada en el próximo Parlamento.

Es cierto que un Congreso lleno de miembros de Podemos liderados por Pablo Iglesias puede ser un filón para un cronista parlamentario, pero el afilador cree que esta especie periodística es uno de los pocos sectores que saldrían ganando de una victoria de ese partido. Y sería además tan sólo a corto plazo, dudamos mucho que a medio nos dejaran seguir ejerciendo con libertad a algunos como el propio Gistau o quien esto escribe. Más que nada porque tienen claro que a los medios hay que atarles en corto. Cómo concluía un ‘reportaje’ (es un decir) del propio Iglesias dedicado al periodismo, ellos creen que: «Expropiación es democracia».

El último párrafo es interesante:

Con todo, lo más llamativo es la cantidad de diputados del PP que empiezan a decir que sería mejor concurrir a las próximas elecciones sin Mariano Rajoy. Una mayoría absoluta convertida en algo a extirpar en menos de tres años: eso es combustión espontánea. Hay tal apetencia de romper con el pasado -con un pasado al que Rajoy pertenece por completo- que en el PP comienzan a parecerse a Podemos en el sentido de que anhelan el rescate por una figura providencial y efebocrática, limpia de todas las contaminaciones que provoca la pertenencia a un sistema que ya nadie defiende. Como aparezca en la más remota pedanía un concejal del PP con coleta, me da que lo van a ungir como líder carismático aunque no quiera.

Seguro que es cierto que muchos diputados del PP creen que Rajoy es una losa de la que deben desprenderse, pero no nos engañemos. Nadie moverá ficha para desplazarme, hacia dentro de su partido, el presidente del Gobierno es implacable cuando alguien le molesta.

Pasamos ahora al periódico de la ‘disciPPlina’, donde nos topamos con una columna donde se critica al partido al que tan fiel es Francisco Marhuenda, si bien lo hace dentro de una crítica generalizada a los partidos tradicionales en su conjunto. Ely del Valle titula en La Razón Todos se equivocan.

Se equivoca el PP cuando se niega a la comparecencia de Rajoy para dar explicaciones cuando hay tanto que explicar. Se equivoca el PSOE al acusar al PP de ser el partido de la corrupción porque lo primero que se nos viene a la cabeza es lo de la sartén y el cazo. Se equivoca Cayo cuando pone los cataplines sobre la mesa por los escándalos ajenos porque antes debería ponerlos por los propios. Y se equivocan UPyD y Ciudadanos cuando presumen de virginidad cuando todavía no han tenido la oportunidad de demostrar que el poder no les mina la honradez.

Tras repasar la situación creada en España por la corrupción, concluye:

El «todos son igual de chorizos» se ha instalado en el imaginario colectivo, y por eso quienes crean que yendo por libre, escurriendo el bulto o sacando la artillería se van a librar del palo se equivocan. Y lo malo es que ninguno parece darse cuenta.

Algo nos dice que esto es una crítica a Esperanza Aguirre por su pronta y llamativa reacción ante la redada de políticos corruptos. Aunque no la cite, pocas otras opciones se nos ocurren.

Terminamos este afilando columnas en El Mundo, donde Manuel Jabois comenta la figura del ‘Pequeño Nicolás’ y habla de corrupción. Comienza su Gente que invita con una anécdota:

Hace dos semanas observé en un restaurante que el cocinero salía y se preocupaba por un hombre anodino, Francisco Granados. Este chef le agasajaba y el hombre se dejaba agasajar. Hay algo cetrino en ser obsequioso con alguien, sobre todo si no hay terceros, pero nada supera el rasgo primitivo del hombre que cede su voluntad al magreo.

Concluye:

España es un país peligroso para un hombre con mucha agenda. La tenía Granados, la tenía Nicolás, la tiene cualquiera que aspire a ir a la cárcel. Aquí se está conociendo mucha gente. Se ha perdido al hombre solitario, huraño, que desconfía cuando alguien saluda con una sonrisa. Las primeras impresiones, el piropo, los contactos y el «no te preocupes». Gente que invita y que se deja invitar. Cada vez que en una mesa no se paga a escote arranca un delito: ya hay dos hombres desabrochándose el cinturón, y uno de ellos no lo sabe.

El gran Borja Montoro comentaba en una de sus viñetas que lo que más le molestaba de los impresos de la declaración de la renta es que en la copia para el contribuyente pone «para el sujeto pasivo». Se ve que no sólo a la hora de pagar impuestos existen los pasivos.

Por su parte, Federico Jiménez Losantos se lanza a comentar tanto el reto independentista catalán como el auge de Podemos, y señala la culpa que el ve en Rajoy. Lo hace con el título de Hacia dos repúblicas.

De aquí a pocos meses, en marzo o abril, proclamarán en Barcelona la República Catalana Independiente. De aquí a un año, tras las elecciones generales en Madrid pueden proclamar la República Popular o Bolivariana de los Pueblos de España, que dará a luz media docena de republiquitas al modo catalán.

Añade:

El día en que mueran Fidel Castro y su íncubo Raúl -ojalá sea antes del Juicio Final-, quedará una Cuba corrupta y arruinada, pero habrá Cuba. En cambio, las dos repúblicas antiespañolas en ciernes, ferozmente liberticidas, no van a dejar de España ni los escombros. Rajoy, antes de largarse, está punto de dejarnos como legado político una escombrera de nacioncitas y estadejos, a una de las cuales y a uno de los cuales muchos vamos a seguir llamando España. Ya veremos cómo.

Concluye insistiendo en la idea:

Pero es la República Popular que tras la victoria electoral que ya anuncia el CIS pueden esgrimir o proclamar, según les convenga, los coletudos en Madrid lo que convierte la fractura catalana en explosión española. Si esto no cambia, vamos hacia un caos absoluto y una ruina duradera. Porque lo malo no es que en España caiga una monarquía; es que la sucedan siete repúblicas. Para empezar, dos.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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