OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

ABC le da un soberano palo a El Mundo por no contrastar la información sobre la cuenta suiza de Xavier Trías

Sebastián remata a Pedrojota: "Nunca fue un periodista independiente, sino un activista ligado a la derecha"

Cernuda afirma que Mas ha comprado editoriales en el Financial Times y el Wall Street Journal

El primer fin de semana de noviembre y de otoño verdadero quedé tan anonadado por la profundidad del reportaje que publicó el sábado en ABC Curri Valenzuela sobre los perros de los ministros del PP y sus claves políticas (seguro que las hay) que casi se me pasa la sábana de Pedrojota en El Mundo de ayer en que gemía porque se le hacía de menos en la que hasta enero había sido su casa… o cortijo.

Si el primer reportaje explica el desprestigio y el hundimiento de la prensa de papel por sus lametones al poderoso y la pérdida del sentido del ridículo, la homilía de Pedrojota (jeremiada, más bien, porque le han quitado la pecera y Rizzoli le reclama 100.000 euros) en cambio aporta al menos entretenimiento mientras uno se fuma el primer cigarrillo del día o se bebe el café.

Este 3 de noviembre de 2014, Pablo Sebastián (Republica.com) asiste con satisfacción al cumplimiento de una de sus permanentes peticiones: que Pedrojota rompa con El Mundo. La otra, la de que Rajoy haga crisis de Gobierno, parece mucho más improbable. ¡Qué saltos, fiestas y cabriolas pega Marcello! Primero nos cuenta que Pedrojota quiso dejar a Casimiro García-Abadillo como testaferro.

Desde dentro y fuera de la pecera del diario El Mundo se están moliendo a palos, como en los frescos de Goya, Pedro J. Ramírez y su sucesor en la dirección del periódico, Casimiro García Abadillo, para sus amigos ‘Casimiro pero no te veo’ y el hasta hace muy poco el gran amigo de ¡Francisco Granados! El motivo de fondo de esta pública reyerta es el cese fulminante y/o marcha pactada de Pedro J. de la dirección de El Mundo, lo que no está tan claro, por lo que habrá que consultar las actas de defunción, para ver si fue un crimen o una eutanasia, muerte asistida, con la que Pedro J. creyó que, después de dos años y caído Rajoy, él podría recuperar el control de El Mundo que, durante ese tiempo podía estar a salvo en manos de su amigo Casimiro.

Sebastián recuerda que a él Pedrojota le censuró una columna. Y lo mismo podría contar Jesús Cacho.

Pedro J. era ‘incontrolable’ para liquidar a Rajoy y poner a Aguirre, pero era el ‘controlado’ y sumiso director de El Mundo bajo los gobiernos de Aznar cuando Pedro Pez impuso la censura a quien se atreviera a criticar al entonces presidente del Gobierno, su amigo y protector, mientras recibía favores personales y empresariales a granel, y con ayuda de la ‘madrastra’ empresarial (Juan Villalonga, ahí incluido). Y, nunca consintió Pedro J., como lo acaba de hacer Casimiro con él, que nadie en El Mundo osara la menor crítica a su dirección. Cierta vez que, en plena guerra mediática de los 90, Pedro J. ofreció a Jesús Ceberio -entonces director de El País- ‘fumar la pipa de la paz’, Aurora Pavón, escribió un artículo titulado, ‘Me fumo un puro’ y Pedro J., lo tiró y lo vetó.

Añade que Pedrojota ha sido un periodista-activista.

Pedro J. nunca ha sido un periodista independiente, sino un periodista y un activista siempre ligado a una operación política de la derecha y pidiendo sin pudor el voto para todos ellos con: Landelino, Garrigues, Conde, Aznar o Aguirre. Y para una vez que rompió con la derecha -que le financiaba el periódico- fue cesado y bien indemnizado pero cometió el error de aceptar la cláusula de su permanencia en la empresa. Debió irse (y no asistir a la fiesta el 25 aniversario) tras su destitución sin paliativos y con la sola indemnización laboral, que no era poca, que le correspondía para luego poder denunciar lo que había pasado con credibilidad. Pero se quedó en su ‘mazmorra’ cumpliendo el acuerdo escrito y el pacto de despedida que el sicario italiano Pietro Scott-Jovane le ofreció, convencido que Casimiro le guardaría las espaldas y, de nuevo, se equivocó.

Y recuerda la explicación de que el cese o la dimisión pudo ser pactado entre Pedrojota y los italianos:

Puede que incluso una muerte provocada por el propio Pedro Pez quien, a la vista de la ruina imparable del periódico, de la que era corresponsable, provocó la ruptura con el poder del PP (Rajoy) y el ‘establishment (Juan Carlos I). Los que cayeron en su trampa y en su provocación aunque se dieron el gustazo de cesarlo en medio del rio revuelto de los peces de colores del que Pedro J. sacó una suculenta indemnización -‘ya cobrada’ a medias con Montoro dice él- que más adelante le facilitará reaparecer por Internet.

En toda la larga columna sólo encuentro un error: sostener que Pedrojota siempre ha apoyado las operaciones políticas de derechas. Recuerdo que en 1982 el entonces director de Diario 16 era un publicista de Felipe González. Tampoco hay que pasarse, Pablo.

El Mundo recibe otra bofetada propinada por David Gistau (ABC) a cuenta de la información sobre el dinero de Xavier Trias en Suiza. El columnista declara que

el Ministerio del Interior está practicando guerra sucia al filtrar a los medios dosieres fabricados únicamente para desacreditar, destruir el prestigio de políticos relacionados con el nacionalismo catalán. Que los periódicos, fatuamente, llamen a esto periodismo de investigación es solo un señuelo comercial. Más grave es que al Ministerio del Interior ni siquiera le preocupa que algunos de estos dosieres contienen informaciones falsas, verdaderas difamaciones, como parece ser el caso -aún por confirmar del todo- del que alude al alcalde de Barcelona, Trías. El ministro del Interior en persona ha avalado esta información ante diversos periodistas. ¿Qué hacemos con él si resulta ser falsa? ¿Qué hará con su propia conciencia el periódico que la publicó, «El Mundo», sin exponerla a cualquiera de las honestas maniobras de contraste que bastaron a Javier Chicote (periodista de investigación de ABC) para descartarla?

La conclusión evidente es que estas artimañas de las alcantarillas ponen en duda moral todas las diligencias abiertas al nacionalismo, sobre todo las que rompieron una impunidad de décadas concedida por el propio Estado. Tal vez sea conveniente agregar a esto la inquietud que me produce saber que el Estado dedica recursos a aplastar por motivos políticos las vidas y las honras de individuos. Este gobierno consigue que incluso cuando se trata de un valor colectivo superior uno termine dudando estar en el bando de los honorables.

FRENTE LA CORRUPCIÓN, MERLOS RECOMIENDA JUECES

El ascenso de Podemos en las encuestas (hoy se difunde la del CIS) arrasa en las columnas. José Oneto (Republica.com) se fija en el trasvase de votos del PSOE y del PP al partido-protesta.

Quizás lo más importante para los dos partidos dominantes hasta ahora, es que votantes tradicionales de estas dos formaciones o se refugian en la abstención o, por el contrario, se pasan a «Podemos». En el Partido Popular no valoraron la importancia que tuvo el que en las europeas, unas elecciones que no eran decisivas, 100.000 votantes populares votaran «Podemos». Ahora, las encuestas señalan que un porcentaje próximo al 8% de votantes del PP, pueden plantarse votar a «Podemos», lo que explicaría el nivel de malestar de los electores populares. En el caso del PSOE es más grave ya que el 31%, confiesa que pueden dar su voto al partido de pablo Iglesias.

Antonio Casado (ElConfidencial.com) señala que Podemos sólo encarna el disgusto con lo que hay, sin aportar soluciones.

la escalada de Podemos no se basa de ninguna manera en la terapia para salir del agujero, según sabemos por los sondeos y el sentir de los ciudadanos ante unas propuestas extravagantes o ya fracasadas en el pasado. Es el atenuante de quienes dan por hecho un terremoto electoral cuando la gente se retrate en las urnas de verdad para elegir a sus gobernantes municipales, autonómicos y nacionales.

Federico Jiménez Losantos (El Mundo) culpa a Rajoy de la subida de Podemos y la caída del PP:

El hundimiento del que sin duda es el mejor partido de Gobierno en lo municipal y autonómico con que cuenta España es la complacencia de su líder, Mariano Rajoy con la corrupción en general y del PP en particular. El hombre que tiene un jaguar en el Consejo de Ministros y al tesorero del PP como rehén en la cárcel desde hace año y medio es el gran responsable de que la corrupción se haya convertido en la clave del devenir político.

Y ante Podemos, el Gobierno de Rajoy ha oscilado entre usarlo para asustar a su base electoral o despreciarlo como hizo Arriola, el adivino, que los definió como «unos frikis de corto recorrido». ¡Y se forra adivinando!

Si Rajoy no se toma en serio la corrupción, es decir, si no asume como responsabilidad personal e intransferible la limpieza de su partido de la única forma posible, que es democratizándolo con primarias a todos los niveles -incluido el de elegir candidato a La Moncloa-, la llegada al Poder de los «frikis» es cuestión de pocos meses. Su salida, de muchos años.

¿Cuál puede ser la solución? Alfonso Merlos propone en La Razón que confiemos en la Audiencia Nacional, donde Garzón cometió sus delitos y el mismo tribunal que puso en la calle a terroristas antes de que se tradujese la sentencia del TEDH sobre la etarra Inés del Río.

Es tan descarnado en su extensión y profundidad el fraude que hay que confiar en la Audiencia Nacional. Hasta el final. Más que nunca. Nos jugamos demasiado.

ISABEL SAN SEBASTIÁN ANUNCIA UN DUELO DE ABOGADAS DEL ESTADO

Isabel San Sebastián (ABC) plantea que el efecto de un batacazo del PP en las elecciones locales de mayo próximo podría ser la dimisión de Rajoy y la desaparición de Pedro Arriola. Entonces quedarían en el tablero dos mujeres, que podrían jugarse el liderazgo del PP en unas primarias.

Supongamos ahora, por difícil que resulte, una contienda limpia entre los aspirantes a administrar semejante herencia. Tendríamos en la palestra, en calidad de favorita, a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, la más cercana a Rajoy, esgrimiendo su condición de mujer joven, la buena reputación que la precede en la gestión de cualquier crisis, su control del CNI y el grupo parlamentario, así como la influencia considerable que ejerce sobre el IBEX 35 y los medios de comunicación dependientes de su auxilio. A su lado, disputándole la «pole position», aparecería la secretaria general, Dolores de Cospedal, no exenta de munición con la que librar la disputa. Y es que ella, también mujer, ambiciosa y abogada del Estado, es quien maneja el partido y conoce sus secretos, quien da y quita prebendas, quien controla las listas de las que dependen millares de cargos electos. Ella ha recorrido una a una las agrupaciones que a Soraya le son completamente ajenas y además ha conquistado el feudo al que no renuncia.

Supongamos, puestos a suponer, que el Partido Popular celebrara unas primarias. ¿Quién saldría vencedor? ¡Hagan juego, señores!

En la columna que firma con su nombre, Sebastián (Republica.com) imagina unas elecciones generales en las que participarán por el PP Soraya Sáenz de Santamaría y por el PSOE Susana Díaz.

si el batacazo electoral de la primavera también le pasa factura al ‘PSOE de Pedro Sánchez’ -como lo llama Luena-, entonces aparecerá en las primarias socialistas la presidenta andaluza Susana Díaz poniendo orden sin complejos y cohesión nacional (frente al PSC), punto final al estilo ‘buenista’ y confuso de Sánchez, que ya puso en marcha ZP.

De esa manera en las elecciones generales de finales de 201, o de primeros de 2016 -el PP agotará el vaso de la legislatura-, podríamos encontrarnos en la campaña electoral con Soraya Sáenz de Santamaría (PP), Susana Díaz (PSOE) y Pablo Iglesias (Podemos). A los que se les podría sumar Albert Ribera, si Rosa Díez pacta desde UPyD con Ciudadanos y da un generoso paso atrás, político y generacional, tras haber perdido su gran oportunidad en las elecciones europeas de mayo en plena caída del bipartidismo PSOE-PP.

Aunque Ignacio Camacho (ABC) cree posible la retirada de Rajoy, está convencido de que a éste no le pueden imponer plazos ni el Ibex, ni el partido, ni la Corona.

El presidente nunca ha dicho que vaya a volver a presentarse. Se daba por supuesto pero en un hombre tan poco transparente no caben los sobrentendidos. Tiene fama de no leer bien la temperatura social porque es refractario a los espasmos urgentes; sin embargo ha hecho carrera a base de escudriñar el fondo de la opinión pública más allá de sus revueltas aguas superficiales. Es imposible que no haya detectado y tomado nota del fenómeno de descorche generacional que comenzó con la desaparición de Suárez y la abdicación del Rey Juan Carlos. El año ha traído una renovación biológica de la nomenclatura pública española: Felipe VI, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Ana Botín, Dimas Gimeno. Es la hora de los cuarentañeros. Rajoy aún no ha cumplido los sesenta pero en la Moncloa hay espejos.

Tiene todas sus ambiciones personales cumplidas y aunque lamenta que la sociedad no aprecie su trabajo de estabilización de la economía y muy en especial la evitación del rescate, en privado se le ha oído decir con cierta displicencia que ya ha sido presidente del Gobierno.

Lo que en ningún supuesto va a permitir es que le impongan o le quieran manejar el calendario. Los poderes cesáreos no admiten empujones por su herencia. La sesión de fotos de familia del posmarianismo no está aún convocada. Y los o las aspirantes a figurar en ella se pueden enterar por una pantalla de plasma.

¿QUÉ DICE LA LEY D’HONDT?

César Vidal (La Razón) añade a la renovación de caras y programas un nuevo elemento: la gran coalición.

Ante una imposibilidad del PP para gobernar en solitario (…) sería un gobierno de gran coalición de los dos partidos mayoritarios. Con todo, ésta sólo funcionaría si estuviera dispuesta a realizar un drástico recorte del gasto público, una bajada muy acentuada de los impuestos, un borrón y cuenta nueva y una reestructuración del Estado que incluyera tascar el freno de una vez y por todas al nacionalismo catalán y avanzar hacia la supresión de los conciertos vasco y navarro como se nos viene exigiendo discreta pero firmemente desde hace demasiados años. Un programa semejante permitiría reactivar la economía y, si fuera llevado por gente nueva, hasta crear la sensación de regeneración indispensable para que se pueda salir de una lamentable situación que dura demasiado. Pero si la gran coalición no sale adelante en esos términos, temo que sólo quedará esperar la llegada del Frente popular.

Recomiendo la lectura de la columna de José García Domínguez (Libertaddigital.com) a muchos de los que parecen a punto de tirarse desde la muralla de Gondor, como el Senescal, ante la irrupción de los orcos de Podemos.

Paradojas de la Ley D’Hondt, el Partido del Cabreo, que no otra cosa resulta ser lo de Iglesias y Monedero, va a devenir en lo que un marxista de la vieja escuela llamaría «aliado objetivo» del Gobierno. Inopinada extravagancia de la aritmética electoral hispana que, sin duda, no debe resultar desconocida para los estrategas de Génova. Así, el hecho de que en las provincias menos pobladas del interior el régimen electoral sea equivalente de facto a un sistema mayoritario convierte a Iglesias en una bendición para los de Rajoy. En esas circunscripciones, y con muchas menos papeletas que en 2011, el PP podrá rascar ahora más escaños merced a la fatal fragmentación que introduce Podemos en el sufragio de la izquierda. Un regalo del cielo con coleta.

Está calculado: con apenas el 34% de los votos populares, el PP obtendría más asientos en las próximas Cortes que la suma de PSOE, Izquierda Unida y Podemos. Son números, no especulaciones gratuitas de barra de bar. Y el muy sorprendente fervor hacia Iglesias de ciertos magnates de la comunicación que están a la derecha de Tutankamón acaso no resulte del todo ajeno a esa incontestable evidencia algebraica. Quién nos lo iba a decir, gracias al mago D’Hondt y sus inexplicables juegos de manos, las patadas a Rajoy, al final, se las van a dar en el culo de Pedro Sánchez. Sí, Podemos puede ganar… el Gobierno para el PP.

ARTUR MAS COMPRA EDITORIALES EN LA PRENSA INTERNACIONAL

Pilar Cernuda (ABC) cuenta los sobres que reparte Artur Mas para conseguir editoriales y fotos favorables al ‘procés’.

Artur Mas no repara en gastos a la hora de conseguir sus objetivos. Tira con pólvora del rey, así que igual le da treinta que treinta mil.

Su consejero Homs ya reconoció hace meses en sede parlamentaria que contrató a la agencia Independent Diplomat para que el presidente de la Generalitat fuera recibido por dignatarios internacionales, y pagaron 360.000 euros por ello. Mal pagados, porque nadie de primera fila, ni siquiera de segunda, ha recibido a Mas en sus múltiples viajes al exterior. Sin embargo esa cifra no encajaba con la suma de las cantidades mensuales -54.000 euros- que pagaba a I.D. la empresa Diplocat, con participación mayoritaria de la Generalitat.

La contratación de una agencia internacional es lo que explica los editoriales a favor de la consulta en el Financial Times y el Wall Street Journal y que una serie de personalidades respalden la celebración de una consulta para que los catalanes ejerzan su «derecho a decidir».

Cabe preguntarse si el Reino del España, que dispone de embajadas y de un presupuesto mucho mayor, hace algo parecido en los medios de comunicación internacionales en contra del proceso separatista catalán.

Francesc-Marc Álvaro, uno de los periodistas subvencionados del nacionalismo catalán (impagable el artículo del novelista Ignacio Vidal-Foch sobre la condición de altavoz del racismo catalán de TV3, en el que llama al columnista catalanista «conspicuo portavoz de Artur Mas») explica lo que quiere la Generalitat: la foto.

El Govern Mas y los partidos del derecho a decidir han convertido una encuesta voluntaria a gran escala en una jornada de afirmación política. No hay marcha atrás. Por mucho que se multipliquen las amenazas. La foto de las colas de personas que quieren votar será portada por doquier. De Rajoy dependerá que las fotos del 9-N sean las de la derrota del inmovilismo o las del mayor descrédito de un Gobierno pretendidamente democrático en Europa occidental.

Luis Antonio de Villena (El Mundo) rebusca en los pactos de la Transición la causa del furor nacionalista y señala a las autonomías.

El nacionalismo artero y trapisonda, utilizó la autonomía para lanzar el mensaje: si cada vez estamos más lejos del Estado, ¿para qué necesitamos ese Estado? Pero eso es parte de la añagaza nacionalista (que por ejemplo ha permitido que Cataluña borre de la historia a Aragón) y no en principio de los ciudadanos. Tengo mayor simpatía por ERC porque no ha ocultado su voluntad independentista incluso con bajos resultados electorales, que por CiU que ha actuado con España tan torticeramente como Pujol con Banca Catalana. Cuando caiga Mas -lo que debe ocurrir pronto- habrá que replantearse muchas cosas. Los límites de las autonomías es una, otra la pluralidad efectiva de España que logre que todos remen en la barca común sin dejar de ser quienes son. La ingenuidad autonomista es una jaula para el ciudadano y un regalo para los Mas de turno.

ESTEFANÍA, EMPEÑADO EN QUE EL CAPITALISMO SE DERRUMBA

Juan Manuel de Prada compara en ABC (un poco tarde) la festividad católica de Todos los Santos con la juerga neopagana de Halloween, y, sorpresa, cree que ésta debe sustituir a la primera en España.

Yo no sé si Halloween es una mera fantochada de origen yanqui o una celebración satánica cuyos orígenes debemos buscar allá en la noche de los tiempos. Pero es de justicia que en la España de hogaño se celebre Halloween por todo lo alto, en sustitución de la solemnidad de Todos los Santos; y, para ser del todo justos, yo propondría que la celebración de Halloween sea encumbrada a la dignidad de fiesta nacional, con reyes y ministros disfrazados de zascandiles macabros, alcaldes jugando al truco o trato (previo cobro de comisión, se entiende) y militares desfilando con prosopopeya y ringorrango ante el gran calabazón.

Y es, en efecto, de justicia, que el pueblo aguerrido que empujó hasta el mar a los moros tuviera la asistencia de todos los santos; como es de justicia que la ciudadanía pusilánime que tiembla ante los moros y discute si debe cederles sus catedrales para que sustituyan el perfume del incienso por el tufo de los pinreles tenga la asistencia de los diablejos de Halloween.

El País publica una patética tribuna de los sindicalistas de Comisiones Obreras Antonio Gutiérrez y Francisco Javier López Martín justificando el acuerdo que firmó el sindicato con el PP para sustituir a Jaime Terceiro en la presidnecia de Caja Madrid por Miguel Blesa.

Pero la columna ridícula es para Joaquín Estefanía, el único columnista en las páginas interiores de El País, junto con el afamado experto en no se sabe qué Antonio Navalón. Estefanía, que fue director del periódico progresista escribe sobre el XXV aniversario de la caída del Muro y repite, como portavoz que es de la socialdemocracia, que los perjudicados han sido el comunismo y el capitalismo.

Sólo le falta añadir lo que decía Alfonso Guerra, ese pensador, de que después del Muro de Berlín iba a caer el Muro de Wall Street, y sólo quedarían en pie en las ruinas los socialistas democráticos. Ya, ya. No hay más que ver el auge del socialismo en Estados Unidos.

La crisis económica, que arrancó en el corazón del sistema (Wall Street) apenas dos décadas después de la caída del Muro, corrigió una vez más la matraca del fin de la historia. Cuenta el periodista Seumas Milne ( La venganza de la historia, Capital Swing editorial) que desde el punto de vista de la autoestima occidental, 1989 fue el año perfecto: una fábula en la que triunfa la libertad individual y el rival ideológico era derrotado, retransmitida esa derrota en directo por televisión en medio de la destrucción ritual del símbolo del odiado enemigo en el corazón de Europa: el muro de Berlín.

Doscientos años después de la toma de la Bastilla y de la Revolución Francesa, 1989, al acabar con su principal rival ideológico, abrió la puerta a un modelo de capitalismo sin frenos (su aplicación al antiguo glacis del socialismo real, Rusia y Europa del Este tuvo unos efectos comparables a la Gran Depresión de los treinta en EE UU), que ha conducido a la gigantesca crisis económica con sus efectos permanentes en materia de empobrecimiento, desigualdad y, sobre todo, desafección ciudadana ante la escasa calidad de la democracia realmente existente. La crisis económica, con la imposición de una austeridad destructiva y, sobre todo, mal repartida, ha convertido lo que era déficit democrático en una crisis de la democracia.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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