EL FUMADOR / REPASANDO COLUMNAS

La estrategia de Podemos: llegar virgen a las generales sin dar ni una sola pista sobre cómo va a gobernar

Redondo reprocha al PSOE que esté "dominado a control remoto por Podemos" y Espada que sea neutral ante el separatismo

Lucía Méndez asegura que Rajoy, que sobrevivió a Aguirre y a la prima de riesgo, se siente invulnerable

Se dice que los grandes empresarios (¿se puede llamar gran empresario a un señor que entra en pérdidas cuando se queda sin las subvenciones del BOE, como un Entrecanalaes cualquiera?, ¡empresarios son Amancio Ortega y Juan Roig!) se están preparando para la llegada al poder de Podemos y por eso tratan de domesticar a Pablo Iglesias invitándole al Palace. Pues más de una momia del periodismo de la Transición está dedicado a lo mismo, como si fuese portavoz de los planes del Ibex-35.

Este 4 de noviembre de 2014, encuentro a Miguel Ángel Aguilar, el que consideraba que José María Aznar y Francisco Álvarez Cascos eran un peligro para la democracia española y padecían tics franquistas, trata de encajar a Iglesias y Monedero en el sistema y hasta les pide que, porfi, digan si pagaron impuestos por los pagos del chavismo a cambio de sus servicios de asesoramiento constitucional. Así lo cuenta en El País:

Nada de ocupar las plazas, como los del 15-M en Sol. Los que ahora vienen acampan dentro del sistema, son figuras conocidas de la televisión, están preparando candidaturas con gente contrastada sin recurrir a ese personal de aluvión, arrastrado por la expectativa favorable. Quieren impulsar la participación en los comicios y que las urnas se llenen de papeletas. No son extraterrestres, tienen un pasado adolescente en otras formaciones políticas a la izquierda como muchos de nuestros próceres más conservadores. Han prestado servicios de asesoramiento político en otros países, como hacían los Campmany a la Junta Militar Argentina, y otras agencias de comunicación al Chile de Pinochet. También el Gobierno español firmaba sustanciosos contratos para ventas de armas al presidente venezolano Hugo Chávez, que daban carga de trabajo muy de agradecer a nuestras industrias de defensa. El mismo Aznar, espejo de patriotas, andaba en tratos con el libio Gadafi para diversos suministros.

Otra cosa es que incluso a quienes exigen transparencia deba exigírseles que den ejemplo y se adelanten a ofrecerla. De forma que deberíamos saber respecto a sus relaciones con el chavismo en qué materias asesoraron, a qué ministerios, con qué retribución y dónde pagaron los impuestos correspondientes.

El propósito declarado es alcanzar el Gobierno y el procedimiento del que quieren servirse, las urnas.

¡La moral socialdemócrata! ¿Paga impuestos? Se nota que Aguilar es de otra generación, porque las Beatriz Talegón espetarían: ¿fuma usted?, ¿le gustan los toros?, ¿está a favor del matrimonio paritario?

Los martes, Miguel Ángel Aguilar hace doblete, y publica en El País y en La Vanguardia, y en el boletín del conde de Godó advierte al PSOE de que pactar con el PP sería el camino a su tumba, por lo que se deduce que sugiere el pacto entre los socialistas y los ‘podemitas’.

Cunde la sensación de que los tiempos de la hegemonía en la derecha y en la izquierda de PP y PSOE parecen agotados, sin que sus cúpulas hayan sido capaces de advertirlo ni de poner remedio. En los tiempos del cólera que transitamos las agitaciones conflictivas son iluminadoras y permiten que el público se entere de la película. Las apariencias impasibles permiten que pase cualquier cosa sin enterarnos. Hay una patología del consenso, que es la del encubrimiento pactado, si el PSOE se prestara asistiríamos a un final wagneriano.

Casualmente, hoy se publica en El Mundo una columna de Raúl del Pozo en la que trata de quitar miedo a Podemos, asegurando que son la unión generacional contra el régimen.

Estos supuestos ultraizquierdistas de Podemos tienen el pellejo curtido, han militado en los partidos de la glaciación y, aunque habrá bribones, como en el propio cielo, en algunos aspectos siguen como los viejos combatientes: la rectitud que necesita el árbol. No sólo dan guerra en los platós, sino que estudian las encuestas y han averiguado que en su partido hay la misma proporción de gente entre 36 y 54 años que entre 54 en adelante. Ya no dicen ser el partido de los jóvenes, porque saben que los jóvenes han salido corriendo y algunos no pararán hasta que lleguen a China, para ser cocineros de algún millonario. «Somos -me dicen- una unión de generaciones que están de acuerdo en destruir el régimen corrupto del 78».

¿Cuál sería la conclusión de este pacto PSOE-Podemos? Ignacio Ruiz Quintano (ABC) lo explicita así:

Antes de los exilios que el domingo avanzaba Emilia Landaluce, repárese en que el «comunismo amable» de Pablemos no es ni más ni menos casta que la «socialdemocracia bellotera» de Monago, que pactaría con él, pues aquí nadie habla de democratizar el sistema electoral ni de sacar a los partidos del Estado y devolverlos a la sociedad.

Es decir, mantener el tinglado de la vieja farsa. O eso pretenden algunos.

REDONDO, A FAVOR DEL ACUERDO ENTRE EL PP Y EL PSOE

La mejor tribuna del día, y mejor también que muchas columnas, la escribe Nicolás Redondo Terreros en El País, donde vuelve a analizar la subida de Podemos y la caída del PSOE. En ella encuentro una frase tan afortunada como divertida: «El Partido Socialista, dominado a control remoto por Podemos».

Un buen ejemplo de este vacío político lo encontramos a la hora de enfrentar el problema que nos plantean los independentistas en Cataluña, ante los cuales los dos grandes partidos nacionales oscilan entre el cerco jurídico y una propuesta de negociación que se parece más a una capitulación, al anunciar lo que se va a ceder; olvidando la política de los valores, de los principios en defensa de la ciudadanía española… la de Cataluña y la del resto de España. Hubiera sido más razonable que el problema catalán hubiera provocado un debate nacional, evitando que se convirtiera en un asunto exclusivamente interno de los catalanes, con una única solución que tiene más de palaciega y de intriga que de participación democrática y compromiso cívico de la sociedad española. Pero en un escenario público sin política, el debate se confunde con el conflicto y de este siempre se debe huir, imponiéndose o capitulando.

Redondo propone un acuerdo entre los dos grandes partidos, pero con un objetivo de reforma y revitalización de la soceidad verdadero.

El Partido Socialista, dominado a control remoto por Podemos, se niega a llegar a un acuerdo con el Gobierno para luchar contra la corrupción y el Partido Popular se apresura a aprobar una serie de medidas que, sin ser rechazables, son insuficientes. No se trata de llegar de prisa y corriendo a un pacto, es un objetivo noble pero insuficiente, muy humilde para la situación que vivimos. El objetivo debería ser más ambicioso y el diagnóstico acertado. El objetivo es una regeneración de la política que obligue a reformas profundas del sistema, de sus actores y de su comportamiento.

¿Serán capaces de comprender la situación, de actuar en consecuencia y por lo tanto disminuir su protagonismo? Esta y no otra es la cuestión. Luego vendrán los cambios imprescindibles en la ley electoral y los compromisos de la sociedad española para convivir -vivir juntos- respetando las diferencias de unos y de otros originadas por su religión, ideología o lugar de nacimiento, pudiendo ser a la vez todos ciudadanos españoles de pleno derecho.

¿Qué sería hoy del PSOE de haber contado con Redondo como uno de sus dirigentes en vez de con el grupo de Zapatero y su banda de barbies y niños? Las reclamaciones, a Juan Luis Cebrián, que consiguió su liquidación en 2001 y va a conseguir la del PSOE y, también, la de El País.

Arcadi Espada (El Mundo) va más atrás para encontrar las causas de la decadencia del PSOE, y del PSC: el rechazo a considerarse español. Ante las protesta socialista por el almuerzo organizado en Washington por la embajada española para presentar Libres e Iguales, Espada replica lo siguiente:

El Partido Socialista considera que la embajada española de los Estados Unidos no puede invitar a diversos think tankers locales a que conozcan el punto de vista de un grupo (diría «relevante» si no estuviera yo) de españoles, que defienden la continuidad de la democracia en su país y la necesidad de que cualquier reforma sustancial del Estado sea pactada entre todos los ciudadanos. Este, sin duda, es el momento en que el castizo se para, templa y dice inclinando sagazmente la oreja: «¿Perdón…?»

Pero a qué sorprenderse. Este es el Partido Socialista que realmente existe. El que considera que las instituciones del Estado han de ser neutrales entre los que defienden el Estado y los que quieren destruirlo. El que en la oposición nunca distingue entre Gobierno y Estado, porque esa es la forma más sencilla de llegar al Gobierno. El que viste de demócrata impecable con implacables lamparones morales. En el subtexto del manifiesto de Libres e Iguales hay una convicción. Los nacionalistas son los primeros responsables del grave conflicto español; pero no son los más importantes. Se amontonan las pruebas para sostenerlo.

¿Cómo puede el PSOE detener la sangría que le está haciendo Podemos? Ignacio Camacho (ABC) da algún consejo.

Utilizando la corrupción como herramienta los jóvenes coletudos, herederos radicales del zapaterismo, plantean a la izquierda moderada un conflicto más complejo de legitimidad dinástica: la asocian a un régimen en desplome, a un viejo orden que no ha encontrado respuestas para la crisis del bienestar y del capitalismo. El punto débil no sólo del PSOE, sino de toda la socialdemocracia europea.

Para salirse de ese rincón jubilar en el que desdeñosamente lo arrumba la eficaz retórica podemista, el socialismo convencional necesita encontrar propuestas reformistas convincentes que trasciendan los debates del telespectáculo, donde siempre le va a llevar ventaja el facilismo demagógico. Se trata de una cuestión capaz de amenazar la supervivencia misma del discurso socialdemócrata. Sánchez está obligado por su propia tradición a atenerse a un pragmatismo sensato mientras sus flamantes competidores prometen tomar el cielo por asalto y repartirlo gratis. Y además le vigila de reojo una Susana Díaz que tiene y sabe manejar un poder real que él aún no ha catado.

A Pablo Iglesias sólo le puede aventajar por realismo y solvencia; no le va a ganar por joven ni por telegénico ni por descamisado.

TERTSCH Y LAS NUEVAS DICTADURAS POPULISTAS

A Antonio Lucas (El Mundo), la marcha triunfante de Podemos es ocasión para hacer literatura.

Podemos es el castigo y la esperanza, equivocada o improvisada, pero esperanza para muchos. En forma de ajuste de cuentas, de justicia poética, de fin de partida. Un amigo me decía que les votará porque va a ser como apretar «el botón de la risa». Decidir libera. Y decidir es escapar, por ejemplo, del cerco autista en el que se instalan PP y PSOE, con su respectivo bandidaje de naturaleza intocable.

Lo de Podemos es la convocatoria mansa de esa batalla en la acera que muchos reclamaban. Tiene más de placebo que de antibiótico. Más de crecepelo que de vacuna.

Más maduro y más viajado, Hermann Tertsch (ABC), por el contrario, no ve nada que le dé risa.

Hace falta hoy tanto valor para criticar a la democracia como para criticar a un tirano. Porque en la actual democracia, inmediata por mediática y por interconexión permanente, las masas dirigidas a golpe de consigna no toleran que la razón y lo que es más grave, la ley, cuestione su propia tiranía. Por lo que ley, inteligencia y razón cada vez juegan un papel menor en la toma de decisiones. Lo estamos viendo en España con sus dos populismos, el nacionalista y el ultraizquierdista. Ambos tienen por objetivo arrollar las instituciones y lo hacen «en nombre de la democracia». Frente a ellos, la democracia debilitada por la corrupción y los políticos mediocres parece inerme.

Y advierte de lo que pasa en la antigua URSS y en las repúblicas bolivarianas.

Países que tienen nominalmente partidos legales de oposición y campañas electorales, pero en los que el Estado de Derecho es inexistente. Son los regímenes de esas dictaduras casi ideales en las que los tiranos dejan votar tranquilamente porque al final, lo que importa es, como decía Stalin, «quien cuenta esos votos» y eso lo hace el poder. Porque las instituciones democráticas han sido destruidas, neutralizadas o vaciadas. Hay países que avanzan ya de nuevo hacia esas «democracias populares», eufemismo que ya se utilizó para denominar a las dictaduras de corte soviético. Ejemplos de ello son repúblicas de Asia Central, lo es también la Rusia de Vladimir Putin y lo son las repúblicas bolivarianas en las que las instituciones ya son meros órganos de ratificación y blanqueo de los caprichos del caudillo y la casta dirigente.

Las masas llevan al poder a una minoría totalitaria. Y ésta desde el poder lleva a cabo unas transformaciones de instituciones y estructuras, también de propiedad mediática, que al término de la legislatura hacen imposible una competencia en buena lid. La perfecta dictadura llega cuando una jauría indignada aúpa a unos totalitarios al poder en elecciones de venganza y después se convierte en el rebaño de la dictadura con una oposición testimonial y dividida.

PODEMOS NO QUIERE GESTIONAR AYUNTAMIENTOS EN QUIEBRA

Pero Podemos no tiene un camino de rosas al poder. Hay baches y puentes hundidos que sortear. Javier González Ferrari da en su billete de La Razón una de las razones por las que Podemos dice que no se presentará a las elecciones municipales: no romper el hechizo.

La estrategia de Pablo Iglesias no presentando a su formación a los comicios municipales y autonómicos de mayo lejos de tranquilizar a los partidos tradicionales les provoca auténtico pavor. No hace falta ser un genio del análisis político para saber que lo que pretende Podemos es llegar virgen a noviembre del próximo año de forma que los ciudadanos no tengan ninguna pista sobre su manera de gobernar. Iglesias no quiere hacerse cargo de ayuntamientos en quiebra y comunidades autónomas con telarañas en sus arcas y, por lo tanto, no poder llevar a cabo ninguna de sus propuestas de «Alicia en el país de las maravillas». Porque para llevarnos a su prometida Arcadia hace falta una cosa tan pedestre y ordinaria como el dinero y aunque, como dice Carlos Herrera, el líder populista se dé un aire a Jesucristo Super Star, no parece que esté en condiciones de multiplicar los panes y los peces a partir de las migajas con las que se mantienen nuestras corporaciones locales y regionales por obra y gracia de la crisis y, en algunos casos, por la acción de los mangantes que se lo han llevado a paletadas.

Y José Oneto (Republica.com) constata el discreto olvido de algunos puntos de su programa.

Antes de las elecciones al Parlamento Europeo, Iglesias anunciaba abiertamente que si consigue la Presidencia detendría el pago de la enorme deuda del país (del 92% del PIB) y se instauraría un salario social para todos, sin excepción.

Desde entonces, ha retirado el primero y ha matizado bastante el segundo. Pero el programa de su partido, se destaca en los medios europeos, sigue incluyendo puntos complicados, como recortar la semana laboral a 35 horas, reducir la edad de jubilación a 60 años, asegurar suministros gratuitos de electricidad, agua y calefacción para todos, renacionalización de los centros de sanidad privatizados y suprimir las subvenciones para la educación privada. Iglesias quiere también convocar un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, poner coto a los privilegios fiscales de la Iglesia, y legalizar la eutanasia.

Durante estas últimas semanas Iglesias ha venido insistiendo en que «no somos de derechas, ni de izquierdas» y que su objetivo es alcanzar «la centralidad del ajedrez político».

¿Y cómo está el PP? Lucía Méndez (El Mundo) niega toda base a los columnistas que plantean una dimisión de Rajoy o una rebelión contra él.

A día de hoy, no hay nadie que tenga trato directo con el presidente del PP que albergue ninguna duda sobre su voluntad de concurrir a las próximas elecciones generales. Por muchos motivos. Primero, porque Mariano Rajoy se considera un superviviente de varios ataques nucleares contra él: el de Esperanza Aguirre y otros en 2008 y el de los mercados en 2012. Si la lideresa no pudo apearle del partido ni la prima de riesgo de La Moncloa, estos de Podemos -a los que seguramente considera unos mamarrachos, dado que proceden de la tele- tampoco van a poder con él. Segundo, porque en momentos de dificultades, lo último que haría sería salir huyendo como un cobarde.

Todo ello no quiere decir, ni mucho menos, que el PP no pueda implosionar de aquí a las generales, con parada en las municipales. Puede. Pero lo hará a la manera de Rajoy, con suavidad, en silencio, sin que se note, si acaso deshilachándose paulatinamente en las convocatorias electorales. El PP ha sido toda la vida un partido presidencialista. Lo fue con Aznar y lo es con Rajoy. Para mayor información, los que esperan que Rajoy vuelva a nacer pueden consultar a quienes han compartido la soledad del poder absoluto. Uno de ellos, José Enrique Serrano -ex jefe de Gabinete de González y Zapatero-, tiene dicho que los presidentes son Dios desde el mismo minuto que ponen el pie en La Moncloa. Y también que todos los presidentes han acabado mal por sus propios errores.

¡QUÉ BIEN CONOCE SOSTRES LOS USOS DE LA BANCA SUIZA!

Salvador Sostres (El Mundo) trata de salvar la cara a su periódico después de la metedura de pata con la cuenta suiza de Xavier Trias, alcalde de Barcelona, y recurre a los precedentes de CiU y a su conocimiento de la banca suiza.

El UBS es un banco y es suizo, y vive de lo que vive y daría una imagen pésima a sus clientes si abandonara a uno de ellos a su suerte sin ninguna necesidad de hacerlo. No digo que el banco que brillantemente lidera Sergio Ermotti haya mentido: simplemente digo que Jordi Pujol también obtuvo un certificado de Lombard Odier que aseguraba que el ex presidente nunca tuvo allí cuentas, y que el UBS -como Lombard- no da respuesta a un requerimiento judicial, sino a la petición de uno de sus clientes, de modo que tienen margen para huir de la literalidad. Nada hay más cuco -y esto no hay que olvidarlo nunca- que un banco suizo. Como, por ejemplo, a la hora de escribir el segundo apellido del alcalde. ¿Hay error en la transcripción de «Vidal de Llobatera» por «Vidal de Liobatero», o es que el UBS ha querido textualmente decir que el señor Xavier Trias i Vidal de Liobatero no ha tenido cuentas en aquella entidad durante los 10 últimos años?

Hay muchos modos de tener cuentas en Suiza. Se pueden tener a título personal o a través de sociedades participadas también por otros miembros de tu familia. Los grandes bancos del país -Lombard y UBS entre ellos- suelen poseer bancos más pequeños con los que aparentemente no guardan ninguna relación y a los que difieren las cuentas de sus clientes más relevantes, para poder precisamente emitir sin mentir el tipo de certificados que Pujol y Trias les han reclamado.

Hay que recordar que para Convergència i Unió las investigaciones sobre su corrupción suelen tener inicios heroicos -¡la nación está siendo atacada!- y finales en que los héroes son canallas y acaban confesando.

En la tabarra catalana, Pilar Rahola se enfada con Podemos. Para la ex diputada, columnista de La Vanguardia y biógrafa de Artur Mas (¡toma casta!), para movimiento popular y antisistema, el catalán catalanista. Si Pilar fuese un hombre, presumiría de que su miembro es el más grande y gordo.

Podemos es, para muchos, el salvavidas en el naufragio, el clavo donde aún se pueden colgar las ilusiones, y su imagen de renovación completa representa la catarsis que una mayoría anhela. Más que gobernantes de lo público, son vistos por muchos como los barrenderos del sistema. Es decir, serán aquellos que levantarán las alfombras, romperán los cerrojos y abrirán los armarios. O lo serán, o ahora lo parecen. Y todo ello construido sin que el ideario esté cuajado, los tópicos de la izquierda al uso triunfen en los titulares y las ambigüedades en temas delicados cabalguen sin sorpresa. Por ejemplo, con el tema catalán se hacen un lío considerable, y todo es muy guay, pero nada está claro. Lo cual es sorprendente, porque el fenómeno ciudadano de masas más importante de España es el catalán, pero claro, es un fenómeno que rompe esquemas en el sector izquierdo.

La columna ridícula del día es la de David Trueba (El País), que de nuevo sirve para conocer la debilidad intelectual de la progresía. Con motivo de un reportaje sobre los untes municipales en la compra de banderas españolas, Truena suelta su cosita:

… colocar una bandera española en la localidad, por si alguien se olvida de en qué país vive una tarde en que anda de paseo.

Éste no ha viajado por países como Suiza y Estados Unidos. ¡Qué poco le gusta la bandera española a alguien que está todo el día danto la tabarra con que los contribuyentes hemos de apoyar al cine español por español!

Y concluye con una interpretación de la historia muy habitual entre los intelectuales progresistas: una frase que parece una cita del Calendario Zaragozano.

Hace exactos 40 años, en medio de la crisis petrolera y los recortes que tumbaron la socialdemocracia británica a los pies del neoliberalismo de Thatcher

La culpa siempre es de otros, no de la paralización económica de Gran Bretaña, ni de las exigencias de los sindicatos, ni del déficit… No existió el invierno del descontento, del que hablan, en cambio, otros columnistas en el mismo periódico.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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