LA CLAVE DEL DÍA

El País de Juan Luis Cebrián se niega a editorializar sobre Cayetana

El resto de los periódicos elogia en sus editoriales la gran obra cultural realizada por la fallecida duquesa de Alba

La Vanguardia descubre en su comportamiento social un gesto antifranquista

Ante la muerte, todos nos retratamos como somos y El País que dirige nominalmente Antonio Caño y realmente Juan Luis Cebrián, lo hace este 21 de noviembre de 2014.

El periódico progresista demuestra su mal gusto omitiendo la muerte de la duquesa de Alba de sus páginas de opinión. Los editoriales los dedica a la regulación de los viajes de los parlamentarios y a los curas homosexuales de Granada y la sección titulada ‘El Acento’ a una polémica de Internet.

Este silencio es tanto más reprobable cuanto que El País publicó en los años 80 y 90 tribunas del segundo marido de doña Cayetana, el ex jesuita Jesús Aguirre, y en el Palacio de Liria cenaron numerosos colaboradores y directivos del llamado periódico global, incluyendo a su gran editor Jesús Polanco.

Quizás se deba a que en 2011 la propia Cayetana de Alba respondió a la biografía de Jesús Aguirre escrita por una de las ‘vacas sagradas’ de El País, Manuel Vicent,

Los demás periódicos publican sendos editoriales sobre el fallecimiento de la duquesa de Alba. Todos coiniciden en elogiar la obra cultural realizada a través de la Fundación Casa de Alba, instituida en 1975.

La Vanguardia aporta el punto ridículo al presentar la campechanía de Cayetana de Alba como un acto de antifranquismo. ¿Se podría presentar de igual manera el monarquismo de los Godó y la fortuna hecha con sus negocios como antifranquismo?

ABC

Cayetana de Alba se dio a sí misma, y a su Casa, un papel en la España de su tiempo. Durante la Transición supo ocupar un lugar relevante atrayendo a su entorno a políticos del PSOE y de la UCD. Y en todo momento se mantuvo cerca de las clases populares. En ese sentido, una mujer que fue bautizada en la capilla del Palacio Real de Madrid, siendo sus padrinos en la pila bautismal los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, también fue émula de su antepasada la decimotercera duquesa de Alba, Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, la amiga de Francisco de Goya, de los toreros y los cantaores, la que gustaba de vestirse de maja y salir de incógnito a la noche madrileña. Quizá por tener esa personalidad es por lo que la duquesa de Alba ha muerto rodeada del afecto de muchísimos españoles. También ella deja un gran legado.

LA VANGUARDIA

Y es que en tiempos marcados por la dictadura franquista, la duquesa se comportó ya a su aire, obviamente porque eso era lo que le apetecía en cada momento, pero aportando también de paso un soplo de aire fresco a una atmósfera corrompida.

EL MUNDO

Hay una dimensión que trasciende su faceta más conocida como protagonista recurrente de la prensa rosa, que es su labor de mecenazgo y la creación de la Fundación de la Casa de Alba en 1975. Con esta institución, la heredera de un legado cultural de 500 años vinculó las propiedades de su familia al patrimonio nacional para impedir su venta y dispersión después de su muerte. Como contrapunto, hay que señalar que la principal terrateniente del país no prestó al cuidado de sus latifundios el celo que sí dedicó a la salvaguarda de sus bienes artísticos y culturales. Vivió como quiso sin olvidar las obligaciones de su linaje y fue consciente de su papel en la Historia.

LA RAZÓN

Llegó a la jefatura de la Casa de Alba en 1953 tras la muerte de su padre, Jacobo Fitz-James Stuart, y se propuso el objetivo de conservar un patrimonio inmenso y asumió la responsabilidad de devolver a sus descendientes lo recibido, siguiendo la lección de su padre, que mandó que en la entrada del Palacio de Liria, en Madrid, una vez restaurado tras haber quedado destruido en la Guerra Civil -por las bombas de unos y el fuego de los otros-, figurase una frase de Cicerón: «Para los dioses inmortales cuya voluntad fue no sólo el que yo heredara estas cosas de mis antepasados, sino el que se las transmitiera también a mis descendientes». Cumpliendo lo que dijo el clásico, creó en 1975 la Fundación Casa de Alba, dedicada al cuidado de sus bienes artísticos y arquitectónicos.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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