LA CLAVE DEL DÍA

ABC exige a los musulmanes en Europa el estricto cumplimiento de las leyes

El País reclama que se aplique el Código Penal en toda Europa a los movimientos que el periódico progresista califica de racista

El periódico de PRISA prefiere fomentar la inmigración musulmana a la natalidad de los europeos

Nueva coincidencia editorial entre El País y ABC. El 6 enero de 2014 el periódico favorito de los progres y el de los conservadores coincidieron en reclamar sosiego frente a las elecciones parlamentarias de Grecia.

Este 7 de enero de 2014 editorializan sobre las protestas contra la inmigración musulmana en Alemania, lo que demuestra que la Europa multirracial es un elemento capital de la Unión Europea.

En ‘La islamofobia no es el camino’, ABC invoca al humanismo cristiano para justificar la convivencia de diferentes religiones en Europa y reclama a los musulmanes que se sometan a las leyes civiles, que están por encima de todas las religiones.

El editorial de El País, ‘El Otro soy Yo’, es mucho más duro, ya que propone la persecución penal de quienes el periódico considera racistas y, también, política.

El partido progresista muestra su doble vara de medir al calificar a Alternativa para Alemania, que por ahora sólo se opone el euro, de «ultraderechista», cuando Podemos y Syriza, también contrario al euro, pero de izquierdas, suelen recibir elogios y disculpas en las mismas páginas editoriales.

El editorialista de El País no comprende que haya alemanes opuestos a la inmigración cuando ésta es, según él, imprescindible para la superviviencia de Europa dada su baja natalidad.

Al menos, rectifica una política de puertas abiertas y descontrol mantenida por la izquierda europea, incluidos el PSOE, IU y Podemos, y demanda una inmigración ordenada.

ABC

La herencia filosófica y humanística del cristianismo, que está en la base de la cultura europea, le pese a quien le pese, no puede justificar en ningún caso una acción que presupone que la convivencia con fieles de otra confesión religiosa resulta imposible. Basta con utilizar los principios básicos de la declaración de los Derechos Humanos para reconocer los límites de lo que es lícito proponer en la arena pública. En este sentido, la acción de los fanáticos del movimiento «Pegida» no solo es inútil para proteger a la sociedad alemana, como pregonan, sino que sus ideas y movilizaciones le causan un daño terrible.

Al margen de estas manifestaciones, la comunidad islámica europea debe recordar que para su necesaria integración es preciso que acepte sin restricciones los mismos principios por los que su presencia en Europa será protegida. La convivencia se construye con un esfuerzo de comprensión mutua. Y el hecho de que la mayoría de la sociedad alemana se niegue a escuchar a los extremistas xenófobos no debe ser un argumento para ignorar que esa armonía social depende de que todos respeten las mismas reglas, basadas en un compromiso en el que la religión se somete a las leyes.

EL PAÍS

Las manifestaciones xenófobas del movimiento antiislamista alemán y la ultraderechista Alternativa para Alemania vienen a equiparar a la República Federal con Francia en la fragua de un deleznable extremismo basado en un ataque casi único a la inmigración.

No hay que entregarse a la mínima autocomplacencia cuando sus dientes de sierra marcan cierta reactivación, ni hay que conceder a los movimientos reaccionarios reactivos la menor benevolencia, tolerancia o comprensión.

Se precisa una labor pedagógica sobre la necesidad de la inmigración, dados el envejecimiento de nuestras sociedades y su escasa fertilidad. Y una continua explicación sobre su rentabilidad -ya científicamente demostrada-, al ser mayores sus beneficios económicos que sus costes.

Se precisa una actuación coordinada y contundente contra los flujos poblacionales ilegales alentados por las mafias, combinada con la promoción ordenada y sin complejos de la inmigración legal. Y se precisa una actuación enérgica, también coordinada entre los socios de la UE, contra los movimientos racistas: criminalmente, cuando se pueda; políticamente, siempre.

O la Unión sabe disolver estos movimientos disgregadores o estos acabarán disolviéndola a ella. No podemos dejar a Alemania, o a Francia, o a Grecia, solas contra los enemigos de todos.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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