OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Del Pozo llama «demagogos» a Pablo Iglesias y Tomás Gómez por disputarse la foto con los enfermos de hepatitis

Jiménez Losantos reprocha a Podemos que defienda antes la soberanía griega que la española frente al separatismo catalán

Para los politólogos de la Cuatro, como Pablo Iglesias y Cintora, la mejor época de Roma es la de Berlusconi, intuye Ruiz Quintano

¡Pero qué previsibles son nuestros columnistas! El 6 de enero de 2015, columnas sobre los Reyes Magos, que todavía pubican algunos que llegaron tarde a la fecha, como Carmen Rigalt; y este 7 de enero de 2015, columnas sobre la Pascua Militar.

En éstas, se hace lo de siempre, contar lo inteligente que es el Rey y lo sacrificados que son los militares (recomendable al respecto la tribuna de Santiago Abascal, presidente de Vox, sobre el olvido por los Gobiernos de Zapatero y Rajoy de los militares heridos en Afganistán), con la novedad de que el monarca que pronuncia el discurso es Felipe VI, y no su padre.

¿Exagero? Repase, querido lector, esta breve antología de párrafos del Regimiento del Rey del columnismo y ya me lo dirá. Si todos mantenemos los mismos hábitos, voy a tener muy difícil el quitarme de fumar, siquiera por el ambiente a cerrado…

Carmen Enríquez (La Razón) se fija en el joyero de la reina Letizia Ortiz:

Don Felipe y Doña Letizia ofrecieron una vez mas una imagen sobresaliente en la principal tarea que tienen encomendada: la representación del Estado español. La Reina, que aplica en su arreglo personal esa máxima que dictan los que mandan en la moda de que «menos siempre es más», lucía como único adorno en su elegante atuendo unos pendientes de piedras semipreciosas, a juego con el color de su traje, de diseño avanzado y poco convencional.

Está claro que Doña Letizia no se siente cómoda con las joyas de familia que con tanta frecuencia usaba la Reina Sofía y prefiere utilizar las piezas de su propio joyero en el que, por cierto, debe guardar los anillos que llevaba hasta hace dos años, incluida la alianza de casada. Por cierto, ayer la Reina dejó sorprendidos a los medios gráficos al arriesgarse a ir a cuerpo en la fría aunque soleada mañana madrileña en vez de echar mano de algún echarpe que cubriera sus hombros tal y como solía hacer en la misma ceremonia la Reina Sofía.

A David Gistau (ABC) le pesa tanto la columna en ABC que escribe una con los tópicos de la Transición que podía haberse publicado en Diario 16.

Antes de la primera Pascua de Felipe VI, oí decir con frecuencia que el Ejército se sentía más cómodo con el rey anterior, más «cuartelario» , más «milites» que «quirites» , por rescatar la arenga cesariana. Es verdad que el discurso del rey actual tuvo algo de meritorio comprometido al examen de «servir», como si ayer hubiera necesitado obtener un aval. Cuando no es así. El Ejército ni concede ni retira credenciales públicas. Le basta con ser eficaz en lo posible y con convivir con esos residuos de hostilidad social que forman parte de cuanto quedó inconcluso en la progresión europea de España.

JULIANA PONE A LA CORONA A SALVO DE LA RABIA POPULAR

Enric Juliana (La Vanguardia) retoma otro viejo tópico: la Corona, a salvo de las críticas. El periodista sufriente en Madrid guarda a la Monarquía como ‘ultima ratio’ en la tabarra catalana.

El 2015 será espeso y pocas son las certezas. Una me atrevo a consignarla: la monarquía parlamentaria está a salvo. Ni siquiera la ‘nueva’ izquierda hoy la cuestiona. La lección puede que sea la siguiente. La sociedad española -y aquí cabe incluir a una parte importante de la sociedad catalana, seguramente a la mayoría de ella-, no quiere arrojarlo todo por la borda. Quiere cambios y rectificaciones; nuevos estilos, nuevos enfoques y nuevas actitudes.

Ignacio Camacho escribe una columna característica de ABC: mezcla el dinero con el honor, los presupuestos con el patriotismo…

El sentido de actos como el de ayer es el de dar visibilidad, con la implicación de la Corona, a unas Fuerzas Armadas que cumplen callada y ejemplarmente su misión adaptándose a un tiempo de vacas flacas que les restringe literalmente la munición y la gasolina. La escasa percepción social del sentido de amenaza y la extensión de la mentalidad pacifista han mermado la atención a la defensa, que es uno de los elementos vertebrales del Estado. En la España cuasi federal del siglo XXI el Ejército es de las pocas instituciones que conservan una estructura de articulación nacional, hasta el punto de que sólo él posee por ejemplo capacidad de referencia en el plano epidemiológico o de atención a catástrofes.

El desempeño de su función corresponde administrarlo al Gobierno y al Parlamento pero en esta especie de época refundacional conviene hacer pedagogía, siquiera gestual, de los fundamentos y principios democráticos. Y recordar que la seguridad de las naciones descansa sobre su propia voluntad de comprometerse a defenderla.

El columnista al que la Pascua Militar le sirve como pie para ideas interesantes es Santiago González (El Mundo)… y las ideas son los datos de audiencia entre vascos y catalanes al mensaje de Nochebuena del Rey y los mensajes de los presidentitos regionales.

No hubo en el mensaje del Rey ni en el de Morenés alusión alguna a la unidad de España como problema, señal evidente de que no es considerado como tal y así lo acredita el seguimiento del discurso que el 30 de diciembre pronunció el campeón del secesionismo catalán, Artur Mas, y el de Don Felipe en Nochebuena. El del Rey fue seguido por más del doble de los catalanes que el de Mas. Mientras el Monarca superaba en casi 24 puntos el share de su padre en la Nochebuena de 2013, Mas perdió 2,5 puntos con respecto a sí mismo. En Euskadi, el número de vascos que siguieron el mensaje del Rey de España fue cinco veces superior al que siguió el del lehendakari Urkullu en Nochevieja. Y sólo en cadenas españolas.

A Pablo Sebastián (Republica.com) la foto de Felipe VI le sirve para repetir su idea de que la actual efebocracia, encarnada por el Rey, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Albert Rivera y Pdr Snchz, envejece a Rajoy… y a Esperanza Aguirre y Rosa Díez.

El único viejo o mayor que queda en activo es el abuelo Rajoy, porque todos los demás son más jóvenes. De hecho, se habla de que si al PP las cosas les van muy mal en las elecciones locales y regionales de la primavera don Mariano podría dar un paso atrás para favorecer la candidatura de su ‘niña’, Soraya Sáenz de Santamaría. La que, en el caso de llegar al Gobierno, nombraría a María Pico su ministra de Interior a ver si de una vez por todas controlamos al pequeño Nicolás, otro niño de rompe y rasga al que al menos habría que nombrar capitán de fragata con rumbo a la ínsula de Barataria.

En Podemos tenemos a Pablo Iglesias, que es un chaval; en IU a Garzón que es otro ‘niño’; en el PSOE está Pedro Sánchez que es como Pedro el amigo de Heidi; en Ciudadanos tenemos a Albert Rivera que es como el mismísimo Lancelot; y entre las damas nos quedan Rosa Díez y Esperanza Aguirre -que son más amigas de lo que algunos se imaginan- pero que ya son bastante mayores para lo que se lleva. Y puede, incluso, que por ello tienen tan malas pulgas porque ven que su juventud interior no encandila, que no son ni Blancanieves ni la Cenicienta y que se les pasa el arroz.

Y gracias a Sebastián pasamos de la Pascua Militar a la política cotidiana. Federico Quevedo (ElConfidencial.com) se separa del Batallón de la Guardia de Moncloa y critica al Gobierno del PP.

Ya es obvio que no es suficiente confiar únicamente en el crecimiento del PIB para ganar las elecciones. No. Hará falta mucho más, recuperar buena parte del terreno perdido en estos tres años, y hacerlo en unos pocos meses… Y no sé si un Gobierno que ha estado ausente durante estos tres años va a ser capaz de ponerse de nuevo a la cabeza de la manifestación en tan corto espacio de tiempo. Pero en política, un año puede ser una eternidad.

Debido a su saber moverse dentro del PP, Curri Valenzuela (ABC) afirma que el partido no va a hacer más encuestas

O el dilema de qué hacer con Madrid es demasiado fuerte, o las prisas de Esperanza Aguirre han sido para peor, pero el caso es que el hueco de la capital solo depende ya del dedo presidencial. Las últimas encuestas (que dicen que colocan en mejor lugar que a nadie a Soraya Sáenz de Santamaría, aunque solo Rajoy y Cospedal conocen su contenido) son eso, las últimas: ya no se va a encargar ninguna más. Y meter en el saco de nombres a la vicepresidenta añade más nervios al desconcierto general. «Imagínate una crisis de gobierno para mandar a Soraya a la alcaldía: ¿ José Manuel García-Margallo vicepresidente?, ¿vuelve Javier Arenas?».

JAIME GONZÁLEZ SE RÍE DE LA FE DEL CAUDILLO DE SYRIZA

Al menos hoy, las columnas dedicadas a Podemos merecen la pena leerse. El más sagaz es Federico Jiménez Losantos, que por fin ha regresado de sus vacaciones de marqués y lo encontramos en El Mundo y en su radio. En el primer párrafo de su pieza, llama «politburó de aprovechados becarios» a la cúpula de Podemos, pero lo mejor viene al final, cuando contrapone la pasión de Pablo Iglesias por la soberanía de los griegos a su indiferencia por la soberanía española.

Este desinterés genuinamente internacionalista, olvidado desde la Komintern, por el dinero de los demás, se complementa con la ardorosa defensa que Iglesias hace de la soberanía nacional griega: «ningún alemán y ningún fondo de inversión van a decirles a los griegos lo que tienen que votar (…) Lo que intentan es que los griegos no voten en libertad». O sea, que votar a Syriza es votar en libertad; no hacerlo, afán de tiranía.

Aparte de esta contradicción, lo que me sorprende de Iglesias, nuevo Byron dispuesto a morir en defensa de la soberanía nacional griega, es que, en cambio, se niegue a defender la soberanía nacional española. No es que no la defienda, es que ni siquiera la concibe. En Cataluña dice que «no son dogmáticos» sobre la independencia. O sea, que le da igual. Para conmover nacionalmente a Iglesias haría falta una cirrosis grecochipriota. Y aún así.

Jaime González (ABC) comenta la sorprendente foto del caudillo de Syriza celebrando la Pascua ortodoxa para que quede claro que él es no un comecuras, a diferencia de Monedero.

Bastó que Yánis Amanatidis, dirigente de la coalición de izquierdas radical griega Syriza, sugiriera hace meses que su líder, Alexis Tsipras, «era ateo» para que se montara la mundial en un país donde la inmensa mayoría se declara XO (cristiano ortodoxo).

La estrategia de «aggiornamento» ideológico de Alexis Tsipras es similar a la empleada en España por Podemos, una formación en pleno proceso de ocultación de sus señas de identidad: ya no son de ultraizquierda, sino un partido «transversal» que abjura de las etiquetas para configurarse en «movimiento social». Maoístas, trotskistas, comunistas y demás familias invocan a Dios para borrar las huellas de una ideología que hasta hace nada combatía la religión con los dogmas de la izquierda más extrema: el milagro de la «conversión» de los ateos.

Tsipras celebró ayer la Epifanía ortodoxa con indisimulado fervor. La imagen que ilustra este comentario me trae a la memoria el poema de Alberti: «Se equivocó la paloma. Se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba. Creyó que el mar era cielo; que la noche, la mañana. Se equivocaba».

En esta línea, Raúl del Pozo (El Mundo) se revuelve ante el descubrimiento que han hecho los socialistas y los ‘podemitas’ de los enfermos de hepatitis C.

Los partidos de la oposición se han disputado la foto con los enfermos de hepatitis como si estos fueran trofeos de caza. Le gente está harta de demagogos -los «estranguladores de civilizaciones»-

José García Domínguez proclama desde Libertaddigital.com un dictamen sobre la crisis griega como mínimo sorprendente por la cabecera que lo acoge: basta de austeridad.

la idea de la austeridad encierra eso que los profesores de lógica llaman una falacia de composición: algo que resulta bueno de forma individual deviene malo para el conjunto si todos lo imitan. Al ponernos todos los países de la Unión Europea a ahorrar mucho a la vez, solo el gasto de los habitantes de Marte podría habernos salvado de esta recesión autoinfligida por suicidio de la demanda. Es la razón por la que la austeridad ha fracasado de forma tan estrepitosa. No porque sea mala en sí, que no lo es, sino porque universalizar su uso simultáneo siempre acaba provocando un desastre.

En 2009 el PIB de Grecia valía 204.000 millones de euros. Cinco años y varios planes de austeridad después, el PIB de lo que todavía queda de Gracia apenas suma 162.000 millones. Sin casi variar la deuda, entonces representaba el 130% de ese mismo PIB y ahora ha trepado al 174%. Cuanto más austeros, más pobres. Y cuanto más pobres, más incapaces de pagar. Una espiral que podría alargarse eternamente si no hubiese en medio del camino hacia la nada un estorbo llamado democracia. Habrá que elegir, pues. Y pronto. Muy pronto.

Como casi siempre, me río con Ignacio Ruiz Quintano. Primero, un juicio sobre las maravillas que hemos vivido bajo la Constitución de 1978.

Esos transicionistas prósperos cuyo mejor argumento en defensa de la Santa Transición es que han sido «los mejores años de la historia de España», la mitad de los cuales los pasamos a las órdenes de González y Zapatero.

Como tampoco es cosa de ponerse a comparar la España de Gonzalón y Zetapé con la de Cortés y Pizarro (¡ni con la de Joselito y Belmonte!), si oigo a un transicionista próspero repetir la gilipollez, sabré que se trata de un malentendido entre la historia personal del transicionista y la historia nacional de España, cuyas bondades económicas no tienen por qué coincidir.

Y a continuación el puyazo a los politólogos de la Cuatro, entre los que incluye al amigo ‘Chistorra’.

Es el caso de los politólogos de la Cuatro (Monedero, Cintora, Errejón…): pregúnteseles qué época de Roma (la de los Césares incluida) les parece más interesante, y, si son sinceros, contestarán que la de Berlusconi, porque es quien les pone el parnasillo desde el que proyectan sus lirismos y ocurrencias para ese gobierno de becarios que nos tienen prometido.

David Trueba (El País) escribe una frase que se puede aplicar también a ese foro de la ciencia política que es Cuatro, la cadena antes propiedad de PRISA.

Incluso las televisiones, tan entregadas a perpetuar la idiotez en la ciudadanía, han encontrado un filón para ciertos horarios en señalar los defectos estructurales del país.

EL INGENIO DE RAFAEL POCH: HOUELLEBECQ ES FEO

Alfonso Rojo (ABC) se ocupa de las protestas en Alemania contra los privilegios de que gozan los inmigrantes.

Se equivocan el excanciller y los demás. Alemania es un país de acogida, pero lo que pasa en Dresde, Colonia o Berlín es puramente alemán. Lo que empezó como una protesta minoritaria y, tres meses más tarde, reúne a decenas de miles de ciudadanos, no es muy distinto a lo que ha ido creciendo en Gran Bretaña, Francia, Dinamarca u Holanda. Tiene que ver con la crisis y con un número creciente de ciudadanos convencidos de que el Estado, que han levantado con su trabajo y sostienen con sus impuestos, se ocupa menos de ellos que de los que «no se quieren integrar».

No son neonazis alucinados los que protestan en Alemania, como no son ultraderechistas nostálgicos los cinco millones de franceses que apoyan a Marine Le Pen y no eran fascistas tabernarios quienes dieron 26 escaños a la Lista Fortuyn en 2002 o la victoria al PPD danés.

Desde los despachos, alguien debería prestar atención a esa pancarta que abría el lunes la manifestación de Dresde donde ponía: «Exigimos respeto y tolerancia, también a nuestro pueblo».

El asunto es tan serio, pese a los editoriales de progresista indignado con que nos bombardea El País, que alguien tan incrustado en el régimen, tanto español como catalán, como Màrius Carol, dedica su billete en La Vanguardia a pedir una reflexión.

El rechazo a la inmigración entre los sectores que más han sufrido la crisis crece en una Europa condenada a la austeridad económica, sin un proyecto alentador ni un liderazgo ilusionante. En este contexto, la novela de Houellebecq es una provocación en toda regla, que al menos debería servir para abrir un debate responsable, sin falsos buenismos, sobre qué Europa realmente queremos.

La verdad, me parece más equilibrado que el regueldo que publica Rafael Poch unas páginas más atrás en su periódico. El periodista al que indigna (otro progre airado) la descalificación de la gente por su color de piel o sus ropas califica de feo a Houellebecq.

Nada de eso aparece en la última mediocre novela de Michel Houellebecq, escritor de éxito y Quasimodo físicamente tan ambiguo como feo. Sumisión, se titula y aparece hoy en librerías. Su tema: la islamización soft de Francia.

MUCHOS YA VIVEN COMO SI CATALUÑA FUESE INDEPENDIENTE

La tribuna más interesante es la que escribe Miquel Porta Perales en ABC sobre cómo el nacionalismo catalán está moldeando a su gusto la sociedad, sin que los Gobiernos nacionales se opongan.

El nacionalismo catalán hace su trabajo. De la teoría a la práctica, de la pantalla del ordenador a la calle, el proceso de aprendizaje del nacionalismo catalán se extiende cual tela de araña. En Cataluña hay quien vive como si fuera independiente. Ese «como si» -la teoría del «como si» procede del filósofo kantiano Hans Vaihinger- que hace que algunos individuos, territorios e instituciones construyan y asuman la ficción independentista. Y actúen como si esa ficción respondiera a la realidad. En buena medida, el Gobierno de la Generalitat actúa ya como si fuera un Estado. Lo peor es que la gente se acostumbra.

En El País, tan prepotente como desorientado, se publica una tribuna d euna escritora para mí desconocida, Monika Zgustokova, en que culpa a los pueblos de los países liberados de la opresión comunista de ser malos europeos.

Aquellos países simplemente no han regresado a Europa aunque oficialmente estén en ella. Desconfiados y débiles como un animal herido, estos países buscan instintivamente a alguien que los proteja de sus enemigos tradicionales -Alemania o Rusia o ambos- y mientras sus ciudadanos confían más en los Estados Unidos y la OTAN que en la Unión Europea, sus dirigentes flirtean con las ofertas de Rusia. De esta manera han ido debilitando a la UE y frustrando sus incipientes intentos de fijar una política exterior y un sistema de defensa propios. Y por haber seguido el modelo estatal americano, esos países ayudaron a que el modelo europeo del Estado de bienestar haya ido fracasando.

No es éste el artículo al que doy el premio de ridículo del día, sino a la columna de Carrascal (ABC), que elogia a Mariano Rajoy por ser un «traidor» a sus votantes.

Visto desde esta perspectiva, el papel de los traidores no resulta tan odioso como tienen fama. De hecho, si nos ponemos a buscar en la historia, son absolutamente necesarios para ir adaptando las naciones a la marcha de los acontecimientos.

Don Juan Carlos fue un traidor a los Principios Fundamentales del Movimiento que había jurado respetar, al ver que no había otra forma de hacer de España una democracia parlamentaria. Felipe González fue un traidor a la línea de su partido cuando envió a Marx a las bibliotecas como único medio de convertirlo en una socialdemocracia acorde con los tiempos.

Aunque conviene advertir que esa traición se refiere solo a la política, a los partidos, nunca al país, a la nación.

¿Necesitamos un traidor? Algunos de su partido se lo han llamado a Rajoy. Pablo Iglesias, desde luego, no es un traidor. Es más bien el desenterrador de Lenin. O de Chávez. Pedro Sánchez, ni siquiera eso: el Hamlet del PSOE.

Me bebo el último sorbo de café y repito la cita clásica: con amigos como éste, quién necesita enemigos.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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