LA CLAVE DEL DÍA

El País trata de salvar a Sánchez al que llama «promesa de futuro» para el PSOE

El Mundo y el ABC le reprochan al dirigente socialista que no acabe de convertirse en una alternativa sólida y confiable

La Vanguardia publica hoy el editorial sobre la comparecencia de Pujol y riñe más a los diputados que a aquel

Todos los periódicos dedican su principal editorial este 25 de febrero de 2015 al Debate sobre el estado de la Nación y como los oradores del Congreso ven los mismos hechos con opiniones diferentes y hasta opuestas.

El punto más interesante es lo que dice cada diario sobre el secretario general del PSOE. El País es el único que considera que Pedro Sánchez ha hecho un buen papel y asegura que «estuvo bien», pero no estaría tan bien cuando empieza por elogiar su disposición a la reforma constitucional, una de las obsesiones del periódico y de su jefe, Juan Luis Cebrián.

ABC, La Vanguardia y El Mundo lamentan que Sánchez haya desaprovechado la ocasión para separarse del populismo y ofrecer estabilidad y propuestas atractivas a los españoles.

Sin sorpresa alguna, La Razón de Marhuenda sostiene que el ganador ha sido Mariano Rajoy.

En este día, por casualidad o no, El País y La Vanguardia publican sendos editoriales sobre la última comparecencia de Jordi Pujol, su esposa y su primogénito en el Parlamento catalán. Ambas piezas pasarán sin dudad desapercibidas.

El diario propiedad del conde de Godó dedica más espacio a afear a los parlamentarios su comportamiento y su escasa preparación que a reprochar sus modos a los Pujol o a preguntarse de dónde ha salido semejante fortuna.

El diario de PRISA asegura que la comisión antifraude «está realizando una tarea notable: contribuye a la desacralización de los mitos y leyendas asociados al nacionalismo catalán durante 30 años».

EL PAÍS

Sánchez acertó al reivindicar la reforma de la Constitución frente al inmovilismo de Rajoy, pero también frente a «los que quieren destruir la Constitución». Fue uno de los destellos del líder socialista en que se vio una promesa de futuro y la defensa de la autonomía de un proyecto frente a los demás contendientes en el tablero político.

En este primer gran duelo entre dos figuras que se medirán muchas veces a partir de ahora sorprendió la capacidad de Sánchez de sobreponerse a las muchas dificultades que ha encontrado hasta ahora para asentar su liderazgo. Sin deslumbrar, el líder socialista estuvo bien; lo suficiente como para exasperar al presidente algunos grados más de lo conveniente.

EL MUNDO

El secretario general del PSOE perdió su primera gran oportunidad de presentarse ante la sociedad como un sólido aspirante a gobernar España. No ofreció ninguna propuesta de futuro, más allá de insistir en las mismas derogaciones de leyes del PP que lleva anunciando desde hace meses -Lomce, reforma laboral, tasas judiciales,…- y de las generalidades sobre la reforma de la Constitución para encajar en ella a Cataluña.

El debate transcurrió en el terreno económico, el que más interesaba a Rajoy y por eso lo ganó. Ahora bien, es decepcionante que la corrupción política -la tercera preocupación de los españoles, según el CIS- sólo apareciera como arma arrojadiza: a las menciones de Sánchez a Bárcenas y a los «sobresueldos en cajas de puros», Rajoy contestó con Chaves y Griñán. No hubo ninguna nueva propuesta concreta de regeneración democrática.

ABC

Pedro Sánchez (…) no pudo construir un discurso de crítica que no recordara las responsabilidades históricas del PSOE ni la corrupción pandémica en la Administración andaluza. (…) tenía otras prioridades en su confrontación con Rajoy, como es tratar de reafirmar su liderazgo en el PSOE. En eso, Sánchez no salió maltrecho. (…) Sánchez quiso y no pudo. Y si exagerado es todo hipotético triunfalismo gubernamental, no lo es menos el balance final de Sánchez y el presunto «destrozo descomunal a España» que el líder del PSOE atribuye a Rajoy.

Pero, más allá de constatar estas posiciones enrocadas, Sánchez hizo buena ayer la manera en que Rajoy se presentó a sí mismo como garante de la estabilidad política, frente a la demagogia oportunista o el populismo. España no precisa de superficialidad, y sí del tan denostado bipartidismo porque, como en todas las naciones más prósperas del planeta, es la mejor fórmula de progreso de las naciones libres.

LA VANGUARDIA

Pedro Sánchez, en sus intervenciones, roció al presidente de críticas. Lo que a ojos de Rajoy era un proceso de recuperación económica modélico, para Sánchez constituye un rosario de fracasos. Porque, en opinión del líder socialista, el nombre de Rajoy se asociará de por vida a la precariedad, las subidas masivas de impuestos y Bárcenas. Nadie le negará que tuvo un discurso enérgico, y que exhibió soltura parlamentaria. Pero tampoco puede negarse que en sus palabras primaron el reproche y la crítica sobre la propuesta de alternativas de gobierno, que era, quizás, lo que la ciudadanía hubiera apreciado más.

LA RAZÓN

Pedro Sánchez, que se estrenaba en este tipo de comparecencia, se vio más apremiado por afianzar su liderazgo que por poner encima de la mesa medidas concretas. Ha perdidouna oportunidad. Ése es el signo de los tiempos: política de la queja frente a política de los hechos.

Pedro Sánchez cometió el error de responsabilizar al Gobierno de la crisis y presentar un país sin futuro. Estamos en un momento político en el que están de moda los discursos tremendistas, mientras las soluciones la deben poner otros. Ayer, fue Rajoy quien puso las medidas.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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