OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

ABC acusa a El Mundo de tirar de fuentes sórdidas para tumbar a González

Luis Herrero se da de baja del club de admiradores de Aguirre por haberse sometido a Rajoy y haberse desentendido de su compañero

Sánchez Dragó deja a Aguirre y a Rosa Díez y se pasa a VOX, el partido de Abascal

Si no fuera porque a estas horas tempraneras de la mañana no soporto los ruidos, apaludiría el genio de Esperanza aguirre para hacer que todo el mundo, amigos, enemigos e indiferentes, hablen de ella (aunque sea bien). Desde el 6 de marzo de 2015 ha sido capaz de opacar al Coletas (Pablo Iglesias) y al Naranjito (Albert Rivera).

Después de haber abandonado en diciembre ABC para publicar sus artículos semanales por El Mundo, también deja este periódico para centrarse en la campaña electoral. Su último artículo es formidable; ideal para seguir con polémicas: propone suspender la final de la Copa del Rey si los separatistas abuchean el himno nacional y al Rey.

Otra vez llegan estos clubes a la final. Y otra vez ya se anuncia que las aficiones van a aprovechar la final de Copa para mostrar ese odio a los demás silbando el Himno Nacional y abucheando a S. M. el Rey. El resto de los españoles no tenemos por qué aguantar esas ofensas. Tenemos que tomar ejemplo del presidente de la República Francesa. Sarkozy lo dejó bien claro: si en un partido de fútbol se silba la Marsellesa, el partido se suspende y se juega días después a puerta cerrada. Con ese aviso se acabaron las bromas.

Ya es hora de que nos tomemos en serio lo que es serio. Esto tendrían que tenerlo muy claro los aficionados de esos equipos. Participar en el Campeonato de España es libre pero si se participa y se llega a la final no se puede despreciar al conjunto de los españoles que somos los que patrocinamos esa competición. El Rey y el Himno no valen por ser el Rey y el Himno, sino porque nos representan a todos. No tenemos por qué aguantar desprecios de nadie. Y menos, cuando lo único que queremos es premiar a los mejores en el Campeonato de España, en el que han competido y se han inscrito libremente.

GISTAU, CONTRA SU ANTIGUO PERIÓDICO, EL MUNDO

Y ahora pasemos a lo que dicen los demás sobre ella.

David Gistau (ABC) escribe una novela de espías en su columna, pero de las modernas, no de las de elegantes espías británicos contra nazis o comunistas o millonarios que quieren dominar el mundo. Primero acusa a compañeros de profesión de ser correveidiles de los espías.

La entrada clandestina en política de los aparatos del Estado, coordinados por algún remedo venido a menos de Fouché que esta vez no es Rubalcaba, ha alcanzado su esplendor en la reacción al independentismo catalán. En la superficie, el Estado parecía paralizado, incapaz hasta de armar un discurso. Pero en profundidad de periscopio no cesaban los periodistas de acudir a cafeterías de las que salían con una carpeta disimulada dentro de un periódico, suponiendo que eso aún se haga de este modo tan artesanal. Las carpetas no contenían forzosamente datos amañados, a veces los presuntos delitos eran verdaderos. Como en el caso del clan Pujol

Luego, concreta en El Mundo:

También ha habido patinazos y difamaciones en lo que concierne a algunos de los políticos nacionalistas cuya reputación se ordenó destruir. Véanse las cuentas suizas del alcalde de Barcelona, de las que nada más se supo. Este caso es paradigmático. El periódico que lideró la información, «El Mundo», hizo las menciones litúrgicas a la verdad y el compromiso periodístico, las habituales. Agregó la referencia a la UDEF, pues la palabra UDEF se ha convertido en un salvoconducto que redime las informaciones endebles. Oiga, esto sale de la UDEF, Elvis vive. Cuando se desmoronó el «scoop», el director del periódico terminó de aliviarse identificando la fuente, que era el Ministerio del Interior según él mismo dijo en un editorial y en un programa televisivo, lo cual fue útil como prueba de las profundidades morales a las que el Estado había descendido para hacer política por otros medios.

Y por último atribuye la campaña contra Ignacio González, con portadas en El Mundo, al mismo CNI por orden de Moncloa.

Con esto llegamos a Ignacio González. Otra vez las muletillas de la verdad, el compromiso y la UDEF. Sólo que esta vez al tipo se lo han cargado. Lo de González resulta aún más inquietante porque sugiere que este Gobierno se ha acostumbrado tanto a usar los instrumentos sórdidos del Estado que ya recurre a ellos hasta para solucionar procesos internos de elección de candidatos. Cuando lo haces contra independentistas, siempre puedes alegar que es una emergencia nacional, que el CNI está para garantizar la unidad territorial, qué sé yo. ¿Pero cuál es la excusa cuando lo único que hay en juego es el control de un partido y la liquidación de un estorbo?

Con una columna titulada ‘El silenciador’, Ignacio Camacho coincide con su compañero de la sección de opinión de ABC, aunque sin citar a nadie de la profesión.

Rajoy tiene todo el poder y sólo necesita usar el dedo como un rayo láser. Si no le gustaba Nacho González, que en efecto no era la mejor elección, podía designar sin más oposición a otro u otra aspirante. En vez de eso lo han acorralado con una jauría para después liquidarlo con silenciador de sicario. Tiempo perdido para construir liderazgos y malversado en indecisiones contraproducentes y oscuras batallas de desgaste.

Apartar a González era cuestión de un simple manotazo de autoridad que nadie habría discutido; no hacían falta alambicadas historias de tramas policiales y áticos fiduciarios. El PP es muy dueño de utilizar un procedimiento de selección vertical si lo aceptan sus militantes y partidarios; lo que no tiene sentido es renunciar a la transparencia de las primarias para sustituirlas por un sórdido glu-glú de las cañerías del Estado.

Federico Jiménez Losantos (El Mundo) asegura que las campañas periodísticas contra Tomás Gómez y Ángel Gabilondo le recuerdan los modos de Juan Luis Cebrián.

Gestora: esa es la palabra clave, la amenaza, el coco, el último susto que el Faraón de un partido político español puede sembrar en la Pirámide. Lo hemos visto en el PSOE: Tomás Gómez ganó las primarias -la misma fuente de legitimidad que asiste a Pedro Sánchez, se lo recordarán- así que le nombraron una gestora dizque presidida por Simancas y adiós Tomás, hola Gabilondo. La operación, típicamente cebrianita, se desarrolló según el trámite acostumbrado: noticias tendenciosas, ensañamiento personal y político, peticiones de abandono voluntario, silencio hosco en el partido, y dimisión o paredón, también llamado gestora. Enorme alivio en el partido.

ELORDI CUÉ ASEGURA, DESOLADO, QUE AGUIRRE «SIEMPRE GANA»

En un largo texto, Luis Herrero (Libertaddigital.com) se da de baja del club de admiradores de Aguirre y lo explica: por haber aceptado la voluntad del Dedo.

Porque el caso es que, hasta el viernes, yo pertenecía a su club de fans. Admiraba su independencia de criterio, su falta de sumisión a las consignas de rebaño, su capacidad para correr riesgos yendo por libre, su aprecio por los valores, por las causas perdidas, por la diversidad zoológica de la militancia, por la verdad incómoda y por la lealtad con los proscritos. Era la voz de la democracia interna, de las primarias, de la ética, de la renovación. Y sin embargo, lo cierto es que en este episodio la hemos visto llegar a la cabecera del cartel municipal por decreto del dedo índice del líder máximo, sin haberse batido jamás durante los peores momentos del acoso mediático a Ignacio González, tras un ominoso silencio de dos meses que evoca el temor de quien teme moverse para salir en la foto, con la indignidad de quien intercambia principios por una efímera expectativa de poder.

Y a continuación le llama vieja.

Lo que está por ver, sin embargo, es si su cálculo obtiene el visto bueno de las urnas o le sucede lo mismo que a Chamberlain después de haber firmado la declaración de paz de 1938.

Ya veremos si Esperanza, que no pertenece a la hornada de la novedad, es capaz de superar ese corte. A Rajoy no le va demasiado en ese envite. Una eventual derrota le hubiera pasado factura en el caso de que hubiera recaído sobre un candidato de su estricta observancia, pero, así las cosas, si Aguirre se la pega en mayo habrá cavado ella sola su propia fosa y a él nadie podrá colgarle el muerto. No es que la pérdida de Madrid, la joya de la corona del poder territorial del PP, le venga nada bien, por supuesto, pero si se produce le reportará al menos el premio de consolación de haberse llevado por delante, para siempre, la orgullosa insumisión de la aldea de Astérix.

En cambio, Carlos Elordi Cué (El País), con esa simpleza que caracteriza a los analistas progresistas, asegura que Aguirre «siempre gana» y que Rajoy, pobre, tiene que soportar a semejante facha.

Es su peor pesadilla, y a pesar de que él tiene todo el poder, nunca puede con ella, al menos no del todo. Mariano Rajoy lleva 10 años sufriendo los embates de Esperanza Aguirre, que con José María Aznar es el gran rival interno del presidente. Los marianistas la han dado por muerta muchas veces, sobre todo cuando dimitió en septiembre de 2012, pero ella siempre revive. Ahora los fieles de Rajoy estaban convencidos de que Aguirre, con más que probables dificultades para gobernar en el ayuntamiento de Madrid y ya sin el apoyo de su histórica mano derecha, Ignacio González, enfilaba el camino de salida definitivamente vencida.

Entonces empezó otra operación: impedir que González se hiciera con la presidencia del PP de Madrid. Se planteó la posibilidad de colocar a alguien fiel a Génova como Pío García Escudero. Cospedal llamó a Aguirre. Y ella, como el viernes, le dijo que no, que se lo había pensado mejor y quería seguir como presidenta. Al ver que los fieles a Rajoy intentaban controlar el PP de Madrid, Aguirre se hizo fuerte. Y volvió a ganar. Como siempre. Esta vez parece que después de las elecciones al fin dejará paso en el control del PP madrileño. Pero con ella, sobre todo si se habla de poder, nada es definitivo. Lo ha vuelto a demostrar.

Ejemplo de esos análisis que se le escapan a Elordi Cué es el que hace Oneto (Republica.com), que ve en el órdago de Aguirre un riesgo para Rajoy: puede ser el comienzo de la rebelión en las colonias.

Aguirre ha dicho que no, que ella no se inmola, que si quieren su cabeza en el partido, que controla junto con González, con mano de hierro, que se la corten, pero que entonces ella, que no es un «monigote», dimite de candidata. Dice que las listas, el programa y la campaña, no los hace ninguna gestora como quiere Rajoy. En las próximas horas tendrá que decir o hacer algo, a menos que quiera correr el riesgo, tal como está el partido, que le salgan Esperanzas por todas partes y, el PP entre en un proceso de «aguirrización».

Cristina López Schlichting (La Razón) desaprovecha el favor que le hizo Aguirre de darle la exclusiva de su patada a la mesa, con una columna formada por entrecomillados de la entrevista. Sólo tiene interés el primer párrafo para corroborar a otra periodista encantada de alternar con los poderosos.

Entró en antena como una tromba. El domingo en «Fin de semana de Cope» Esperanza Aguirre tenía ganas de contar lo que contó. Planeaba acudir hoy a Telecinco, pero adelantó la información, con una simple llamada en pleno editorial. Le molestaron los titulares de la prensa mal informada. Es la forma libre de actuar de quien recuerda a Margaret Thatcher

Isabel San Sebastián (ABC) tiene el mérito de elogiar al caído González.

Mi gratitud y reconocimiento a Ignacio González, el mejor presidente autonómico de cuantos tiene el PP. Lo ha matado el fuego amigo de manera ignominiosa, pese a esgrimir una gestión sobresaliente que ha permitido a Madrid sortear tanto la crisis como las zancadillas. Se enfrentó a Cristóbal Montoro para no subirnos los impuestos y lo ha pagado muy caro. Mientras no se demuestre lo contrario, es más inocente que otros por quienes todo el PP dio y sigue dando la cara.

Abel Hernández (La Razón), tan bondadoso y tan buenazo, no comprende que el poderoso ama el poder.

Pero, aun reconociendo que se trata de una auténtica política de raza, muchos no entienden qué necesidad tenía Esperanza Aguirre de meterse en berenjenales y enfrentarse a estas alturas al reto más complicado de su vida.

También Salvador Sostres (El Mundo) demuestra que no conoce las reglas de la partitocracia, ya que trata de apelar al sentido común.

El PP haría bien en no hacerse él mismo su peor oposición. No puede ser que al presidente de la brillante recuperación le salgan cada día los enanos de su partido a meter la pata; ni es tolerable que teniendo a la política con más tirón electoral de España, en lugar de protegerla, irrumpan las tacañonas a sabotearla con su incompetencia y con su atraso.

Pasemos a Andalucía. Manuel Jabois (El País) hila muy fino en su columna.

Es tal el desconcierto que el sábado, en un late-night, Moreno Bonilla prometió 300.000 empleos, que sumados a los tres millones de Rajoy vuelve a obligar a los españoles a la emigración. El candidato hizo la promesa con tanta credibilidad que luego pareció vérsele corriendo por el plató como el técnico de Amor obsoleto, el culebrón de Airbag. La derecha tiene un problema de autoestima desde los tiempos de Arenas, que son anteriores a la propia derecha; Arenas, por cierto, acaba de sentenciar que las elecciones están abiertas, un diagnóstico con el que lleva sobreviviendo como animal político 40 años.

Susana Díaz dedicó la mañana a hablar de su niño. El embarazo de Susana empieza a ser el embarazo del pueblo, al fin y al cabo el peronismo consiste en hacer partícipes a los ciudadanos de las circunstancias de sus dirigentes.

Sobre Andalucía también escribe Raúl del Pozo (El Mundo). El columnista nos prepara para la Semana Santa y recuerda, con ironía, que el PSOE es el partido que más ha contribuido a la exaltación de esta fiesta católica.

Susana Díaz es devota de La Esperanza de Triana, su marido sale de costalero en esa misma cofradía, se casó en la Capilla de los Marineros, en la calle Pureza. (…) Desde 1982 hasta nuestros días, la égida socialista ha contribuido a que las fiestas populares -El Rocío, la Semana Santa, la Feria de Sevilla- tengan más esplendor que nunca.

¿Pero es fe o es compra de votos?

EL PAÍS DEJA A ROSA DÍEZ ARREMETER CONTRA CIUDADANOS

El País publica una tribuna de la otra dama de hierro de la política española, Rosa Díez, que se resiste a desaparecer. El texto es un ataque a Ciudadanos: ‘Diez diferencias entre UPYD y Ciudadanos’.

Podría seguir señalando las diferencias que, hoy por hoy, han hecho imposible un acuerdo entre Unión Progreso y Democracia y Ciudadanos. Pero lo que verdaderamente nos separó en aquel momento fue su actitud. Confieso que nos engañaron; porque nosotros fuimos de buena fe a tres reuniones y ellos se negaron en redondo a darnos ningún tipo de información sobre cuestiones esenciales para explorar las posibilidades de un pacto. Entonces descubrimos que todo era una bien tramada operación de imagen.

Pasarán las modas; pero el magenta seguirá siendo tendencia mientras los corruptos sigan gobernando y los estafados no hayan recuperado su dinero.

Vaya, vaya, El País, que ninguneó a Díez durante años ahora le abre sus páginas para zumbar a Ciudadanos.

En la campaña contra Ciudadanos, hoy participa Francesc-Marc Álvaro (La Vanguardia), que dispara a todo lo que mueve contra su sueño de una Cataluña independiente. Para este propagandista de Artur Mas, tanto Podemos como Ciudadanos, son creación de los «poderes fácticos» españoles 

El artefacto de Rivera nació como formación identitaria contraria al catalanismo y con la obsesión de luchar contra la política lingüística de la Generalitat. Ahora, pasado un tiempo, quiere ser otra cosa de cara a los votantes de fuera de Cataluña, aprovechando el momento de descrédito de los grandes partidos y la fractura del bipartidismo: un partido bisagra, centrista y fresco, con un regeneracionismo que no asuste y represente la nueva política sin poner en cuestión los poderes fácticos. Un partido vacuna contra Podemos y el soberanismo, un partido refugio para los desengañados del PP, y un partido amigo de las élites que ya no pueden fiarse de Rajoy ni de Sánchez.

Si España no fuera España, el artefacto de Rivera podría aspirar a ser como los libdem británicos, pero no. Demasiada indefinición, demasiada soberbia y demasiada ayuda de los despachos donde los políticos son vistos como figuritas del belén. Uno de los compromisos principales de Ciudadanos indica que, en el fondo, aspiran a salvarnos, igual que Podemos. Rivera y los suyos prometen «restituir el principio de realidad en la política española». Es la modestia de los elegidos.

El País publica un comentario de José Pablo Ferrandiz, investigador principal de Metroscopia, esa empresa que elabora encuestas de las que se ríe todo el mundo, para instruir a todos los partidos que deben colocarse en el centro.

Todo partido que pretenda ahora ganar las elecciones tiene que tener en cuenta dos factores. Uno más pragmático: cuanto más se aleje del centro, menos electores habrá. No llega al 5% el porcentaje de estos que se posicionan en los puntos más extremos de la escala ideológica. Otro más ideológico: los españoles quieren cambios, pero desean que estos se realicen dentro de sus mismos parámetros ideológicos moderados. El apretado resultado electoral que estima el sondeo de Metroscopia publicado ayer en EL PAÍS- la distancia entre el primer y el cuarto partido sería de tan solo 4,1 puntos- obliga a las cuatro formaciones políticas que hoy aparecen en cabeza a tener que seguir contando con el electorado de centro. En España no hay sitio para los extremistas.

¡Llevo escuchando esto desde 1977!

Carles Castro hace en La Vanguardia un análisis más novedoso que el sociólogo Ferrandiz.

El problema, pues, lo tiene el PSOE. Y aunque ya no está en el Gobierno, para el electorado de izquierda es como si lo estuviera, pues la marca socialista sigue bajo el impacto negativo de haber incumplido su programa y haber gestionados sin éxito la crisi (a lo que se añaden sus propios casos de corrupción). Y además compite -como le ocurría a UCD con la derecha de Fraga- con un adversario que sintoniza mejor con las inquietudes y los anhelos del grueso del electorado de izquierda.

Pero Antonio Casado (ElConfidencial.com) nos cuenta que las cúpulas del PP y del PSOE están encantados con las nuevas encuestas.

El último sondeo electoral, conocido ayer, confirma que a la histórica disputa del PP y el PSOE por el poder se suman otros dos partidos: Podemos, por la izquierda, y Ciudadanos, por la derecha. (…) Ni en Moncloa ni en Ferraz se lo creen. Por distintas razones, claro, si bien ambos coinciden en señalar como una buena noticia el retroceso de Podemos, que pierde cinco puntos desde el sondeo mensual de febrero.

En el PSOE celebran la mejora de dos puntos respecto al anterior sondeo mensual de Metroscopia y lo relacionan con el despegue de Pedro Sánchez hacia la consolidación de su discutido liderazgo, toda vez que el trabajo de campo del sondeo se llevó a cabo después del debate sobre el estado de la nación, la cumbre madrileña de los líderes socialistas europeos, amén del desahucio de Tomás Gómez y el lanzamiento del exministro Gabilondo como aspirante a la presidencia de la autonomía madrileña en las lista del PSOE.

Y volviendo al partido de Rajoy, si quieren ustedes el minuto y resultado de sus preocupaciones no tienen más que reparar en la equiparación de su expectativa electoral con la de Ciudadanos. En Moncloa y en Génova no se lo creen. Eso dicen, pero resulta evidente que les preocupa su avance. Hasta el punto de concertar una ofensiva argumental contra el partido de Albert Rivera, que fue militante del PP en su primera juventud.

VIDAL ELOGIA A LA CHINA ROJA CON ARGUMENTOS FRANQUISTAS

Sin embargo, parece que Aguirre ha perdido a uno de sus hinchas en la prensa: Fernando Sánchez Dragó (El Mundo), que se pasa al partido de Santiago Abascal: Vox. Primero comenta otro libro escándalo publicado en Francia por el periodista Eric Zemmour.

Zemmour defiende la identidad francófona frente a la igualdad republicana, denuncia la masculinización de la mujer, la feminización del varón y el desastre que esa inversión de polos supone para los hijos, la sociedad y el futuro de la especie, reivindica el colaboracionismo del régimen de Vichy -que libró, según él, a decenas de miles de judíos franceses de las represalias de los nazis-, analiza el feminicidio perpetrado por las feministas y ve en la islamización de Eurabia, en la inmigración (‘Le grand remplacement’), con el vuelco demográfico y de valores que de ella se deriva, y en la militancia europeísta las tres katanas del harakiri colectivo que se cierne sobre su país. Dice Zemmour lo que muchos piensan sin atreverse a decirlo. De ahí su éxito entre los valedores de la Francia Eterna, hoy aún ninguneada y amordazada por el galleo de la progresía, pero dispuesta ya a dejar de estarlo. Zemmour pone voz a las ‘Voces del Silencio’, como la puso Malraux en muy distinto contexto. Marine Le Pen y Matteo Salvini hacen lo mismo.

Y en la última frase del último párrafo declara su admiración a Vox.

El segundo volumen de mis memorias, todavía en el telar, lleva en su cabecera una cita de María Zambrano: «Hay cosas que no pueden decirse, y es cierto. Pero lo que se tiene que escribir es lo que no se puede decir». Zemmour las ha escrito. ¿Lo haremos también nosotros? Quizá lo haga Vox, mientras los grandes partidos callan y, por ello, otorgan.

Juan Manuel de Prada (ABC) vuelve a confesar su veneración por Rusia, de la que espera que redima a Europa.

El «hombre prometeico» (Nuevo Orden Mundial) odia a Rusia con todas sus fuerzas, aunque lo disfrace de odio a Putin; y trata de asfixiarla económicamente, de orquestar burdas campañas de intoxicación mediática y operaciones de falsa bandera con el inconfundible tufillo de los guisos de Langley. Pero le dará igual: Rusia, tarde o temprano, vendrá a redimir a Europa; sólo deseo que cuando lo haga no esté enfadada.

César Vidal (La Razón) le está sacando jugo a su viaje a China y, qué quiere que le diga, amigo lector, me da la risa cuando leo a este mega-super-chachi liberal no sé si estadounidense o confederado alabar la política de China, de la China roja, donde se persigue a los cristianos como él. Su columna de hoy contiene un elogio a las dictaduras por su capacidad de hacer planes a largo plazo que habría firmado Franco.

Una visión del tiempo como la de China permite, por ejemplo, contar con un sistema educativo no sujeto a veleidades y basado en el mérito; articular una política económica que no deriva de los «lobbies» extranjeros – milagro sería que los transgénicos se lleguen a cultivar en China – y sentar las bases de un sistema de infraestructuras que no deriva de las ilusiones del cacique local, sino de una estrategia más que bien perfilada. Quizá sean los chinos los equivocados y, ciertamente, el «ir tirando», el «aquí te pillo y aquí te mato» y el «deprisa, deprisa» resulten las soluciones ideales. Quizá. Pero ellos están sembrando ahora la cosecha que recogerán sus nietos mientras que no es nada seguro que nosotros recibamos pensiones cuando seamos ancianos.

Hala, el premio a la columna ridícula del día marcha para Vidal, aunque no sé si se lo remitimos a Miami, a Texas o a Pekín.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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