OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Alfonso Merlos: «No hay otra madriguera en el mundo que abrigue mejor a encapuchados que Venezuela»

Federico Quevedo: "El problema de firmar contratos con Rajoy es que casi siempre llevan letra pequeña y Aguirre tal vez no la ha leído"

Remírez de Ganuza, portavoz de Palacio, reclama que dejemos en paz al pobre Juan Carlos

Vaya, vaya, he tenido que esperar casi una semana, hasta este jueves 12 de marzo de 2015, para encontrar una columna que diga que a Esperanza Aguirre le han engañado, que Rajoy es más listo que la lideresa.

La proeza la ejecuta el aguerrido oficial del Batallón de la Guardia de Moncloa Federico Quevedo, en ElConfidencial.com. Primero, reprocha a Aguirre que haya entregado la cabeza de Ignacio González a Rajoy.

Pocas veces en la moderna historia política de España la parte contratante de la segunda parte ha estado tan en desacuerdo con la de la primera, y sin embargo ‘El Contrato’ que han firmado ambas partes está sellado con sangre -metafóricamente hablando, se sobreentiende-: con la sangre de Ignacio González, cabeza de turco entregada por la propia Esperanza Aguirre a Mariano Rajoy para afianzar su propia candidatura.

En efecto, González se creyó que podía seguir por méritos propios, pero no contó con que Aguirre entregaría su cabeza sin pestañear. Rajoy, consciente de que tras la negativa de Soraya Sáenz de Santamaría a ser candidata a la Alcaldía de Madrid no le quedaba otro remedio que aceptar la candidatura de Aguirre, ha querido atar los cabos para evitar que la baronesa lleve hasta el final sus planes, y la ha obligado a reconocer públicamente que si es alcaldesa de Madrid dejará la presidencia del partido.

Y concluye dudando de la ventura electoral de Aguirre.

Y puede darse la paradoja de que Aguirre se quede sin la Alcaldía y Cifuentes, sin embargo, no tenga problema para llegar a acuerdos que la aúpen a la Presidencia de la Comunidad. Aguirre puede pensar que ha salido fortalecida con todo esto, pero el problema de firmar contratos con Rajoy es que casi siempre llevan letra pequeña, y me temo que en este caso Aguirre no se la ha leído.

Isabel San Sebastián (ABC) mira más lejos que Quevedo y anuncia la degradación del PP a la UCD desaparecida.

El autor intelectual del atentado político perpetrado contra el presidente de la Comunidad de Madrid no se encuentra en desiertos remotos ni en montañas lejanas.

Aquí lo que está sobre la mesa no es una operación de limpieza, ni siquiera de imagen. Eso son, si acaso, pretextos. Lo verdaderamente importante en el trasfondo de este crimen es el día siguiente al de la renuncia de Mariano Rajoy, que podría acelerarse dependiendo de los resultados que alcance la formación de la gaviota en las próximas elecciones municipales y autonómicas. De los actuales aspirantes a la sucesión, tres son mujeres y sólo una de ellas ha salido indemne del trance, o incluso fortalecida, en la medida en que sus rivales han sido apaleadas en los medios de comunicación por causar semejantes trastornos a sus compañeros de filas. Están tocadas, aunque no hundidas.

En la guerra que se prepara, González ha sido la primera víctima, pero no será la última. Van a llover puñaladas, tiros y coches bomba, porque ha quedado demostrado que en este lance vale todo, incluidas las más viles operaciones de cloaca. Nada nuevo bajo el sol de esta familia ideológica. Los que tenemos edad y memoria suficientes recordamos a la perfección el grado de maestría que mostró la difunta UCD a la hora de suicidarse, recurriendo a métodos muy similares a los utilizados contra el todavía inquilino de la antigua Casa de Correos. Se ve que ciertas taras peculiares, como empeñarse en negar su propia identidad, están en el ADN de la derecha española.

González Urbaneja (Republica.com) lamenta el poder creciente de los servicios de información y de los ‘dossieres’.

Lo que conociendo estos días no son operaciones de limpieza, más bien todo lo contrario, son actuaciones para manchar, para corromper y destruir. El olor a un ajuste de cuentas entre espías de distintas casas o filiaciones es evidente; todas casas del Estado, financiadas por los contribuyentes, pero con distintos deudos, enemigos y pretensiones.

En cualquier caso está demostrado que cuando los de las alcantarillas salen a la superficie suele ser para dañar al estado, para perturbar y abrir una fase de inestabilidad con mezclas de verdad y mentira, con manipulación y chantaje. La guerra ha empezado y en tiempo electoral no es probable que alguien sepa controlar los daños y exigir responsabilidades.

SEGÚN MERLOS, EL ETARRA FUGADO APARECERÁ EN VENEZUELA

Estos días, no se puede negar que el terrorismo es un factor omnipresente en la sociedad española.

Arcadi Espada (El Mundo) ajusta cuentas con los «relativistas» que encontraron «peros» a la matanza de Charlie Hebdo, aunque no a la destrucción de reliquias arqueológicas de Oriente Medio, ambas atrocidades cometidas por islamistas.

Insisto; no oigo ninguna mosca relativista que se muestre comprensiva con la atrocidad destructora. Que el relativismo se ensañe con los hombres que dibujan monigotes y calle contra la destrucción del arte da una idea del lugar ético que ocupan los que en medio de la redacción ensangrentada de ‘Charlie Hebdo’ dijeron: «No, pero». Se les ve mejor ahora en su silencio que antes en la objeción. Quizá deberían atreverse a dar un paso más y decir que el arte y la memoria de las civilizaciones están por encima de la vida de un hombre; que del arte y la memoria únicos todos disfrutamos y que un hombre… pues un hombre… uno de tantos millones de hombres. O, por el contrario, fieles a sí mismos, quizá debieran concluir que no se puede ofender gratuitamente las creencias, que las creencias no se pueden objetivizar y que, por lo tanto, es perfectamente inevitable y lógico que los salafistas acaben con lo que les ofende, muchísimo más si lo que les ofende, animal de piedra, no sangra.

Gabriel Albiac (ABC) lamenta la perversión moral de los españoles ante el 11-M: el grito de «Ha sido Aznar», alentado por el PSOE.

Allá donde han golpeado, los atentados yihadistas soldaron una fuerte unidad en la nación agredida. (…) Aquí, a las pocas horas del asesinato en masa, los líderes más rancios de la oposición socialista comenzaron a cargar las culpas sobre el Gobierno de España. Y a poco menos que justificar la piadosa respuesta del islam frente a la perversa complicidad española con el imperialismo, el sionismo y todos los diablos del averno. Aún hoy, al recordar las palabras de Rubalcaba, siento la acidez del vómito: nunca he visto exhibir el mal moral en una forma tan pura.

Una ciudadanía desnortada votó rendirse. La hipótesis Rubalcaba se impuso como una apisonadora: «¡Ha sido Aznar!», gritaban los bárbaros, que ni siquiera eran conscientes del suicidio al cual se encarrilaban ellos mismos. Lo peor estaba en puertas. Y llegó Zapatero. Y todo fue irreversible. Los casi ocho años de lo que es muy bondadoso llamar gobierno suyo reventaron para decenios esta pobre tierra. Acabó Zapatero. Pero nadie quiere recordar. Menos aún, saber. Duele. Demasiado.

Los de mi edad no verán curarse esa herida. Que nos pudre. Sabemos que todo quedará en noche y niebla. Ese fue el punto en el cual nuestras vidas se cerraron. Sin épica. Y fuimos zombis. Lo que somos.

Seguimos con otros terroristas: los etarras. Alfonso Merlos (La Razón) aventura que el fugado Alberto Plazaola aparecerá en la Venezuela socialista.

El pájaro ha escapado de la jaula. Cazarlo dentro de España quizá sea lo más complicado. Si burla nuestro control de fronteras lo hará rumbo a Venezuela. No hay otra madriguera en el mundo que abrigue mejor a encapuchados de la estirpe de Alberto Plazaola, a roedores -ahora metidos a licoreros- que como De Juana también nos la colaron.

Victoria Prego (El Mundo) carga contra los magistrados de la Audiencia Nacional que liberaron al etarra y los del Supremo que se tomaron con calma su devolución a la cárcel.

En un asunto que importa tanto a la opinión pública como es el trato que las instituciones otorgan a los terroristas, esa desidia funcionarial, esa desconsideración hacia los sentimientos de los ciudadanos, esa dejadez, resultan altamente ofensivas y del todo intolerables.

BUSTOS EXPLICA A LUCAS LO OBVIO: EL EJÉRCITO NO ES DEMOCRÁTICO

Otra víctima humillada por el Estado democrático es la oficial Zaida Cantera, que ha sufrido acoso sexual según ha declarado probado el Supremo. Varios columnistas le echan en cara al ministro de Defensa, Pedro Morenés, su comportamiento de ayer en el Congreso.

Así lo cuenta David Gistau (ABC):

Lo más desagradable de la mañana fue la pregunta de Irene Lozano acerca del acoso sexual sufrido por la oficial Zaida Cantera, que seguía el pleno con una expresión muy tensa. Desagradable no ya por las maneras de Morenés, por el mandar callar, sino porque el ministro trató el Ejército como un ámbito hermético del que no se orea nada, con una presunción de infalibilidad moral desmentida por la carrera arruinada de la comandante.

Antonio Lucas (El Mundo) también aborda esta cuestión:

No pensaba decir esto, pero no quiero dejar de escribirlo: el Ejército aún alberga por dentro un siniestro ramalazo machista e intransigente. Las Fuerzas Armadas se han modernizado, pero uno siempre duda de la modernidad de esas estructuras que premian la sumisión (ajena a la inteligencia y a la azarosa tarea de ser libre) y donde se premia a gregarios e invictos.

El que zahiere a una mujer física o mentalmente, abusando, además, de la autoridad que concede un uniforme, es un reaccionario para el que no hay disculpa. Señor Morenés, manda huevos (que dijo el otro). Ni una comparecencia a tiempo. Ni una explicación. Ni una disculpa por haber dado la espalda a alguien que presuntamente juró entregar la vida por este tinglado que llamamos España. Por su España.

En el mismo periódico, Jorge Bustos considera que:

Morenés, inapto para el alto voltaje mediático de este caso, perdió los estribos frente a Irene Lozano. Se lamenta Évole de que en el Ejército no hay democracia, pero lo propio del Ejército es que no la haya. El problema es otro: la endogamia que, por lo militar o lo partitocrático, ha oxidado los engranajes del sistema.

LAS PERIODISTAS CORTESANAS, LLENAS DE ORGULLO Y SATISFACCIÓN

El carpetazo que da el Supremo a la demanda de paternidad interpuesta por Ingrid Sartiau contra Juan Carlos de Borbón y Borbón llena de orgullo y sastisfacción a las periodistas que cubren Casa Real.

Mariángeles Alcázar (La Vanguardia) riñe a Ingrid y a su madre Liliane.

Aun aceptando la buena fe de ambas, lo que resulta una charlotada y resta puntos a la demandante es que se pusiera en manos de un abogado, cuyo nombre más vale olvidar, que la convenció de presentar la demanda, primero con Albert Solà, otra alma cándida que en el mejor de los casos inventó unos orígenes mejores que los que tenía, y después sola. El letrado alimentó los deseos de grandeza de su representada añadiendo, como pruebas, el testimonio de un falso primo y un hijo aún más falso de don Juan Carlos. A pesar de esos mimbres, el Tribunal Supremo (TS), quizá para que nadie dude de su independencia y rigor, aceptó una demanda con menos base que una pirámide invertida. Ayer corrigió el tiro; los abogados de don Juan Carlos desmontaron la demanda de Ingrid y el TS cerró el caso. Resumen, Ingrid sigue sin saber quién es su padre, su abogado ha cobrado su minuta y el Supremo ha salvado el honor, aunque entre todos han puesto en duda el de don Juan Carlos.

Carmen Remiréz de Ganuza (El Mundo) parece que transmite un mensaje de la Casa Real a todos los españoles, picapleitos, periodistas y bastardos (reales o presuntos):

En el entorno del antiguo Rey se reclama respeto y comprensión hacia el descanso, las amistades privadas y la recién estrenada libertad de un jefe del Estado jubilado y que ha servido durante casi 40 años. Además, se pone en valor el gesto del viejo Monarca de haber abeirto despacho en el palacio Real con el objeto de no interferir, ni siquiera con su presencia, en la labor de su sucesor.

Raúl del Pozo me hace reír con la mejor frase que encuentro en su columna, dedicada al último fichaje de Podemos: Manuela Carmena, juez por el cuarto turno, roja y septuagenaria.

Manuela Carmena, una de las fundadoras junto a Clemente Auger de Jueces para la Democracia, va a ser el cartelón de sus nietos rojos.

Menuda renovación.

Como es habitual en él, Manuel Jabois (El País) también me hace reír, pero por otros motivos. Se ha trasladado a Andalucía (o bien no se ha movido de Madrid, porque su crónica no está datada) para contar cómo marcha la campaña y de pronto se siente conmovido por la seriedad de los votantes, que en la tierra de la corrupción a gogó de pronto no están dispuestos a pasar ni una a los políticos.

La sensación, evocada por quienes siguen la campaña y los propios equipos electorales, es que la crisis y el agotamiento del crédito en los políticos ha provocado un repliegue incluso en los militantes más entregados. Hay un público más vigilante, más desconfiado y más proclive a la sospecha que el viejo militante irreducible dispuesto a poner las manos sobre el fuego y disculpar pecados veniales. Esto sucede no sólo en los partidos tradicionales sino también en los nuevos, a los que se escucha con atención y se examina con más severidad de la acostumbrada. Se les votará, a unos y otros, pero no tanto como gesto de euforia sino más bien como aval de confianza. Un voto crítico, más elaborado, más pensado. Por eso en los actos se escucha más, y se grita menos.

Reconozco que en su crónica Jabois da una pincelada de realidad recomendable:

Martín de la Herrán, el candidato de UpyD, acaba de dar el campanazo en el debate a siete de Canal Sur. Levantó la voz, derrochó energía y repartió notas de transparencia aprovechando que los magenta tienen un 9 en Transparencia Internacional. A Agustín Rivera, de El Confidencial, le dijo esto: «En un pueblo gobernado por el PSOE había un señor al fondo de la sala donde teníamos un acto apuntando la gente que venía para luego pasarle la lista al alcalde. Nos lo dijo, no me lo invento. Ese caciquismo socialista, con su aparato, con esa vigilancia de los apoderados que fichan quién vota y a quién vota… Todo eso pasa en Andalucía».

Bueno, esto tampoco es nuevo: ocurre desde los años 70 en docenas de pueblos vascos.

LAÍNZ ENUMERA LAS VIRTUDES DE LA IZQUIERDA

Jesús Laínz (Libertaddigital.com) declara que quiere ser de izqueirdas, porque es un chollo.

Alberto Garzón, joven promesa de la izquierda suicida, ha afirmado que «un delincuente no puede ser de izquierdas». Pues si un político de izquierdas roba es porque realmente no es de izquierdas. ¿Y a qué se debe esta incompatibilidad? Pues a que, textualmente, «la izquierda representa una forma de vivir y una forma de relacionarse en la que no cabe utilizar al prójimo para beneficio propio».

La izquierda puede presumir eternamente de sí misma; la derecha debe ocultarse. La izquierda puede utilizar la palabra derecha (o sus variantes, como «la derechona») como insulto; la derecha no sólo ha de utilizar siempre la palabra izquierda con respeto, sino que hasta debe ocultar su derechismo camuflándolo como centrorreformismo y otros artificios palabreros.

La verdad es que la izquierda contiene demasiadas ventajas como para no sumarse a ella, incluidas, lo acaba de recordar Garzón, el altruismo y la honradez, virtudes morales que adornan a las personas por el mero hecho de ser izquierdistas. Por eso yo quiero serlo. ¿Qué hay que hacer?

Los viejos periodistas de la época de la Transición se derriten de placer con Ángel Gabilondo, sobre todo si son de izquierdas. Patxo Unzueta lo pone como contramodelo a Pedro Sánchez.

«Quien solo sirve para diputado será un mal diputado», dijo hace años Felipe González. Gabilondo es, como lo era Ortega, catedrático de Metafísica. O sea, un intelectual profesional. Personajes que compatibilizaron esa condición con la de político fueron Pi y Margall, Cánovas, Azcárate, y más tarde Azaña, Besteiro, De los Ríos, Zugazagoitia, Sánchez Albornoz, Semprún.

La condición de intelectual no garantiza un comportamiento dialogante, pero sí puede ser un antídoto contra la superficialidad demagógica de tantos políticos profesionales.

Y a Sánchez le da este capón:

En 2002, en vísperas de las elecciones federales, hubo unas dramáticas inundaciones en el este de Alemania. El canciller Gerhard Schröder se personó de inmediato en el lugar de la catástrofe, con sus botas de pisar barro y su chubasquero.

Alguien debió recordar ese antecedente a Pedro Sánchez, que el lunes volvió a orillas del Ebro para ofrecer su colaboración al Gobierno y proponerle convocar una comisión interministerial e interterritorial para desplegar varias iniciativas urgentes contra los efectos de la riada. Actitud que él mismo embarró este miércoles volviendo al tono demagógico para acusar a Rajoy de que «no le importa el sufrimiento de la gente». Manca finezza.

Fernando Ónega (La Vanguardia) ha descubierto como nueva estrella dle PP a José Antonio Monago. El párrafo es una muestra del estilo del periodista gallego: la derecha no sabe pactar y la izquierda sí, pero lo malo es que los últimos pactos de la izquierda, o sea del PSOE, han sido un desastre. Conclusión: Monago, guapo.

Lo interesante del cuadro que se empieza a dibujar es que la izquierda tiene esa cultura de pacto, aunque los resultados no sean para presumir tras el tripartito de Catalunya o después del bipartito de Galicia. La derecha tiene una cultura de mayoría dominante y su último ensayo ha sido pactar ¡con los comunistas! en Extremadura. Pero, para que tan extraño matrimonio funcione hace falta un Monago, Monago no hay más que uno y ese uno, desde luego, no es Rajoy. Quizá esa cultura de la izquierda es la que teme el poder económico. Quizá esa incultura de la derecha es la que trata de cambiar el banquero que se atreve a pronunciarse sobre política.

La columna ridícula del día se la gana Mayte Alcaraz. Tanto ella como Curri Valenzuela escribieron en ABC que Mariano Rajoy podía aplazar la decisión sobre las candidaturas de Madrid hasta después de las elecciones andaluzas y horas después el Dedo señalaba a las elegidas. Hoy, Alcaraz repite una idea que ya enunció ayer Javier Casqueiro en El País: el duelo entre Soraya Sáenz de Santamaría y Susana Díaz.

Puede ser, pues, que sin que nos demos cuenta lo que se esté ventilando estos días en Andalucía sea el anticipo de duelos venideros. Hasta hoy la vicepresidenta no se había medido directamente con ningún rival político, más allá de los debates en el Congreso de los Diputados, con tiempos y liturgia muy reglados. Sin embargo, la campaña andaluza está tornándose en un simulador de vuelo en el que dos mujeres, que conocen como la palma de su mano cada pieza, cada engranaje, del avión están probando a sentarse en la cabina, coger los mandos e iniciar el vuelo. Por si algún día el comandante tiene que dar un paso atrás y dejar el despegue en sus manos.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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