OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Lucía Méndez: «El silencio con Aznar era de miedo, en cambio con Rajoy es de distancia»

Ekaizer atribuye en El País las estafas de Urdangarín al deseo del rey Juan Carlos de que su hija Cristina viviera como una princesa

Para Camacho, el procesamiento de López Aguilar pulveriza la superioridad moral de la izquierda

Mientras remuevo el café, me llama la atención este 9 de abril de 2015 el silencio de las feministas de partido, cuota y subvención sobre el procesamiento de un ex ministro por un supuesto de delito de violencia doméstica, machista y patriarcal sobre su esposa y sus hijas, ¿Por qué callan? Quizás, amigo lector, porque el ex ministro, Juan Fernando López Aguilar, es progresista y fue el brazo de Zapatero que les dio a las feministas la ley de violencia de género.

El País, que mantiene su renuncia a la batalla por la opinión, no publica ni editorial, ni comentario, ni columna alguna sobre las acusaciones a López Aguilar. Ayer desterró la noticia a la sección de Sociedad, como vio un bloguero de Periodista Digital, pero al menos abrió con ella la sección a página entera. Hoy, ya es sólo una columna en la segunda página de la sección, acompañando a un reportaje a cuatro columnas sobre las caries. Dentro de poco, desaparecerá.

A Ignacio Camacho (ABC) le sorprende que los socialistas hayan reaccionado con tanta rapidez ante el procesamiento de López Aguilar cuando mantuvieron a Jesús Eguiguren, condenado por pegar a su muerte como presidente del PSOE vasco.

Cuando el Gobierno de Zapatero aprobó la Ley de (contra la) Violencia de Género, el Partido Socialista de Euskadi estaba presidido por un hombre condenado por pegar a su mujer con un paraguas y un zapato. Lo estuvo desde 2002 hasta 2014, tiempo en el que ejerció delicadas misiones de Estado como la de servir de interlocutor del presidente con la ETA; no había en el PSOE un ápice de repudio como el que ha provocado la inmediata baja del exministro López Aguilar tras una denuncia de su exesposa por maltrato. Ha cambiado el paradigma, según parece, o tal vez se trata de un circunstancial doble rasero

Luego expone la situación en que se encuentra el ex ministro de Zapatero.

En primer lugar chirría su recurso a una protección de aforamiento que no debería valerle para un supuesto como éste, de índole por completo ajena a su actividad parlamentaria y para el que existen juzgados específicos. Y queda el fondo de la cuestión: si es culpable, que ojalá no, su evidente falta de ejemplaridad trituraría de modo clamoroso la reclamación de superioridad moral de su bando. Pero si resulta, como argumenta, víctima de una conspiración rencorosa, la falsa denuncia se habría colado por una flagrante rendija de su propia obra, que atribuye de hecho una presunción de culpabilidad a todo varón denunciado. Un principio de dudosa constitucionalidad defendido por el PSOE frente a numerosas evidencias de fraude y que acabaría rebotando contra su directo promotor en una especie de bucle del destino.

Isabel San Sebastián también compara el doble rasero de que está disfrutando López Aguilar.

El caso de Juan Fernando López Aguilar, auténtico alguacil alguacilado, ha puesto una vez más de relieve la doble vara de medir con la que actúa la justicia española dependiendo de quién sea el justiciable.

Tratándose de un parlamentario aforado ante el Tribunal Supremo, el exministro socialista, hoy diputado en Estrasburgo (porque al escaño y al sueldo no ha renunciado, aunque haya pedido la baja como militante) se ha ahorrado ese penoso trance, pese a que la protección especial de la que goza no debería aplicarse a un delito tan ajeno al desempeño de su cargo como el que se le imputa. Aduce el acusado, y está en su derecho, que nada de lo dicho es verdad, sino fruto de las disputas inherentes a un proceso de divorcio. O sea, exactamente lo mismo que han aducido antes que él decenas de varones víctimas de una ley que les presupone culpables, sin que esa protesta haya evitado una desagradable estancia entre rejas.

Y plantea otro caso de ‘dura lex’.

No puedo dejar de mencionar el caso de Irene y Ainhoa, dos jóvenes madrileñas de 24 y 28 años que a estas horas deben de estar ya en prisión. En 2008, siendo prácticamente adolescentes, se apropiaron de 800 euros en compras utilizando una tarjeta robada. Nunca antes habían delinquido ni han vuelto a hacerlo después. Tiempo atrás pagaron la correspondiente multa (1.500 euros cada una, más 400 en concepto de responsabilidad civil) y ambas tienen arraigo familiar y trabajo. Mejor dicho, lo tenían, porque Ainhoa lo perdió hace unos días ante su inminente encarcelamiento. Siete años ha tardado la «justicia» (por llamarla de alguna manera) en resolver de la peor manera posible, segando la hierba bajo los pies de dos muchachas a las que todo el sistema judicial falló de manera estrepitosa, hasta el punto de tener que redactarse por su cuenta el escrito de petición de indulto.

¡CUÁNTOS ACUDEN AL ENTIERRO DE ROSA DÍEZ!

Como en el chiste, a Rosa Díez la están metiendo en la tumba a golpes. Aparte del editorial de El Mundo en que le exige que se una ya a Ciudadanos para formar una especie de CiU, se unen varios columnistas.

Dos veteranos que han conocido por dentro al partido socialista explican por qué ha fracasado Rosa Díez. El primero que menciono es José García Domínguez (Libertaddigital.com):

Quién habría de decir que el chiringuito de Díez terminaría encarnando lo peor de lo peor, el paradigma de esa selección inversa de las élites que acabó por expulsar a los más preparados, a los más capaces, a los más nobles, a los mejores, del foro. Estricta militarización del pensamiento so pena de purgas inmediatas; promoción exclusiva de los mediocres dados a la obediencia ciega, esa suprema virtud perruna; desconfianza instintiva hacia todo el que tuviese un medio cualquiera de vida fuera de la política; el clan interno como único receptáculo de las lealtades personales. El fervor entendido como sinónimo de sumisión. He ahí la obra de Rosa Díez y cuanto al final habrá de quedar de ella. Sic transit gloria mundi.

El otro, José Luis Martín Prieto (La Razón), es más cruel:

Rosa Díez cuenta con una dilatada biografía política caracterizada por la arrancada de caballo y la parada de burro, con lo que era previsible que acabara descabalgando en un salto por encima de las orejas del rucio. (…) Como el barón de Munthausen Rosa ha querido siempre elevarse tirando de sus propios cabellos y ha deshojado sus propios pétalos. Por un clavo se perdió una herradura, por ella un caballo que perdió a un caballero, y por un caballero se perdió un reino.

Y de un perdedor a un ganador: Ciudadanos. Victoria Prego (El Mundo) asegura que los candidatos del PP ya están cortejando a los ‘naranjitos’.

Los barones y los alcaldes del PP no tienen ni un minuto que perder, porque las elecciones municipales y autonómicas están ahí y ya han esperado bastante, hasta la desesperación incluso, para ver confirmadas sus candidaturas para estos comicios. Todos los cabeza de lista del partido saben con certeza casi absoluta que van a necesitar recurrir a algún apoyo externo porque los tiempos de las gloriosas mayorías absolutas han pasado ya y por el momento no van a volver.

Así que aplauden a su presidente y a continuación se aplican a la única tarea que les compete, que es la de conservar el poder en cada uno de sus ámbitos. Y saben que su único bastón para mantenerse electoralmente en pie en los gobiernos respectivos no puede ser otro que Ciudadanos, si es que los de esta formación consiguen el éxito que se les augura. No hay otra opción para el PP.

Raúl del Pozo sostiene que esos pactos no van a ser tan sencillos.

Me explica un sabio fontanero: «Admitida la mayor de que nadie volverá a gobernar con mayoría absoluta en las plazas fuertes, todo el baile se va a concentrar con los calcos de charol de una baldosa. En Madrid dicen que la Esperanza es lo último que se pierde, pero tendrá que someterse a las alianzas; así que chulerías, las justas. Arriola metió a Pablo Iglesias en la cocina del PSOE y Satanás hizo lo propio con Ciudadanos en las despensas de Génova. Ya advirtió Bono, citando la Biblia, que el de Ciudadanos no se va a dejar seducir porque es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que Rivera y Aguirre se marquen un chotis».

Pero Arcadi Espada (El Mundo) encuentra una critica a Ciudadanos: su propuesta de suspender la construcción de más líneas de AVE, porque beneficia al turismo, que es lo que vivimos los españoles.

Al campo de las ocurrencias pertenece también esa oferta de C’s de dejar de hacer líneas de AVE para construir un Silicon, incluso en un valle, parece. La ministra de Fomento niega que el AVE sea deficitario y hay personas de ideas por lo común respetables que reclaman precaución analítica a la hora de numerar la rentabilidad en una infraestructura de esa naturaleza. Pero al margen de esa discusión, la excelente red de alta velocidad española sirve a un modelo productivo basado en los servicios y más concretamente en el turismo, y cuyo banderín de reenganche laboral es, como se demuestra mes a mes, la construcción.

Y añade.

Ese es el modelo productivo español en nuestra era y no va a cambiar por mil voluntarismos. Comprendo que aún perviva en algunos españoles un fondo de hidalgo al que repugna el servicio y el comercio. La memética es vigorosa y hay españoles que antes de ser camareros del Rey morirían por las industrias de Alfanhuí. Pero el principio de la realidad, geográfico, socioeconómico y cultural, es implacable: los españoles, del Rey abajo, están destinados básicamente a servir.

A ÓNEGA, RAJOY LE EMPIEZA A RECORDAR A SUÁREZ

Si Ciudadanos ha tropezado con el asunto del AVE, Juan Carlos de Borbón está caído en el barro y recibe más pellazos; hoy se los propina Ernesto Ekaizer en El País a cuenta de los correos electrónicos aportados por el abogado del socio de Iñaki Urdangarín.

El punto de partida todo el proyecto de Iñaki Urdangarin solo podía asumir las características que finalmente tuvo. Una empresa de relaciones públicas donde el valor añadido que aportaba era el de ser consorte de la infanta Cristina y yerno del rey Juan Carlos.

Urdangarin era, al desposar a la infanta, un jugador de balonmano de clase media acomodada. No era ni un hombre de negocios ni tenía fortuna. Carecía de patrimonio para garantizar a la infanta una vida de princesa. El rey Juan Carlos, sin embargo, no quería renunciar al deseo de que su hija llevara una vida de princesa y si para conseguirlo había que echar una mano a su yerno pues manos a la obra.

Los correos electrónicos arrojan luz sobre el destino inevitable de la empresa de relaciones públicas, por no decir tráfico de influencias, que montó Urdangarin. Y sobre la mano que le echó el rey Juan Carlos.

¡Cómo cambian las tornas en la vida! El periódico que bramó contra los conspiradores republicanos y las acusaciones de corrupción del anterior rey ahora se alegra de que vaya a declarar como testigo.

La defensa propone la declaración del rey Felipe VI, de don Juan Carlos y de su esposa, doña Sofía. El rey goza de inviolabilidad. Según el artículo 411 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal él y la reina están eximidos de prestar declaración. Pero el artículo 412 sí establece para los «otros miembros de la familia real» la declaración, aunque por escrito. Por tanto, la declaración de Juan Carlos I y de la reina Sofía no parecen estar por encima del juicio oral.

Quizás, amigo lector, se pregunte usted lo mismo que yo: esa empresa de tráfico de influencias ¿funcionó durante largos años sin que El País, tan atento a los casos de corrupción, se diese cuenta?

Lucía Méndez hace una escapada del cuartel del Batallón de la Guardia de Moncloa y con su columna reverencia, en la que explica por qué la diputada Cayetana Álvarez de Toledo no pudo interpelar a Mariano Rajoy.

El silencio en el PP es lo normal. Lo era con Aznar, lo es con Rajoy y seguramente lo será con el siguiente.

Aunque España ha cambiado mucho en 12 años, el PP apenas lo ha hecho. Sigue teniendo la misma estructura de mando heredada del anterior presidente y profesando una fe ciega en la disciplina como motor del éxito electoral. Mucho más cuando vienen mal dadas como ahora. Mariano Rajoy lo sabe y le saca buenos réditos. Es un reflejo condicionado. Una vez que el presidente ha hablado, todos callan. Y si alguien va con intención de hablar, las circunstancias lo hacen imposible, como le sucedió a la diputada Cayetana Álvarez de Toledo. No es que Rajoy pretenda acallar ninguna voz -todo lo contrario, igual le hubiera gustado escucharla-, es que los aplausos, las prisas por abandonar la reunión y las muchas manos que se abalanzaron para felicitar al presidente después del discurso hacían invisible e inexistente cualquier brazo que se levantara intentando pedir la palabra a partir de la fila ocho.

Pero la biógrafa de Rajoy añade una diferencia entre el gallego y Aznar.

El reflejo mudo del PP, sin embargo, sí ha cambiado en estos 12 años. El silencio con Aznar era de miedo. El silencio con Rajoy es de distancia.

Sin embargo, Fernando Ónega (La Vanguardia) sostiene que Rajoy falló ayer ante los suyos.

Los aplausos de la sala se volvieron palos en el exterior. Ayer, ni las voces habitualmente amigas le mostraron comprensión. Eso es el desgaste. El desgaste no es sólo caer en los índices de popularidad. El desgaste es que, haga lo que haga un político y diga lo que diga, quienes lo examinan siempre lo consideran un error. Ocurrió, ya digo, con otros presidentes.

Ración diaria de Podemos a cargo de Francesc de Carreras (El País), que opone el populismo a la democracia.

La democracia no es sólo el poder del pueblo sino, además, un sistema orgánico de controles mutuos. Las decisiones políticas no son producto de una sola voluntad sino de un proceso en el que actúan voluntades diversas con funciones -legislativas, ejecutivas y jurisdiccionales- muy distintas. Para la democracia el Estado es un engranaje complejo, un instrumento cuyo único objetivo es que las personas sean libres e iguales. Para el populismo, el Estado es un instrumento que conoce previamente cuáles son los intereses del pueblo y, por tanto, no necesita debates ni controles para garantizarlos.

SALVADOR SOSTRES COMPARA A ARTUR MAS CON SU MADRE

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, pronunció ayer un discurso en un foro organizado por ABC que el director de éste, Bieito Rubido aprovecha para elogiar al Gobierno y reprochar a muchos periodistas su catastrofismo.

No deja de llamarme la atención, sin embargo, que el nuevo récord de España, que por primera vez en su historia cobra por colocar deuda pública a corto plazo, haya sido despachado con no más de un par de párrafos en la mayoría de medios. A principios del 2012 nadie se atrevería a vaticinar semejante circunstancia. En el arranque de aquel año, y durante todo el ejercicio, diarios, radios y televisiones se llenaron de datos negativos e informaciones apocalípticas. La prima de riesgo subía, y nos caíamos del euro. Incluso un gran periódico nos advirtió de que «el rescate era cuestión de horas…». Los columnistas cogieron gusto a la catástrofe. Se recreaban. Ahora pasa que los expertos en economía real dan buenas noticias, y eso, para algunos, es vasallaje. Hay muchos tipos de sectarismos: este es uno de ellos.

Por el contrario, Xavier Vidal-Foch riñe a Linde en El País por alabar la política del Gobierno.

El gobernador del Banco de España lee mal. Lee con sesgo los papeles de la institución que preside. En su mediocre discurso de ayer, Luis Linde aseguró que los «buenos resultados» de la economía española «están sustentados por las políticas desplegadas en los ámbitos nacional y europeo».

Y añora a los gobernadores anteriores.

Con este acto insólito pero tan humano de inclinarse ante la voz de su amo, Linde ha roto una cierta tradición de exigencia, incluso de impertinencia, de los gobernadores hacia los Gobiernos de turno. Lamentable en cualquier caso, pero menos grave hoy día, cuando la entidad que preside ya es solo una mera terminal del BCE.

La fragilidad intelectual de Linde es una anécdota. La categoría es la economía de más de 46 millones de personas. Por eso habrá que volver a este asunto.

¿Es que añora al economista socialista Miguel Ángel Fernández Ordóñez, nombrado gobernador por Zapatero y que asistió al colapso del sistema financiero, «el mejor del mundo», según ZP, sin mover un músculo, el que impulsó las fusiones de decenas de cajas de ahorro y aprobó la salida a bolsa de Bankia?

Abel Hernández (La Razón) escribe sobre los yihadistas detenidos en Cataluña y hace una mezcla que no comprendo entre islamistas violentos y nacionalistas pacíficos.

El ministro ha insinuado, valiente o temerariamente, que los musulmanes extremistas habían encontrado buena acogida en círculos independentistas como la fundación «Nous Catalans». Sus razones tendrá para decirlo. Pero una acusación de tal calibre, contra la que se han revuelto enseguida los activistas de la independencia, no puede quedar así. El asunto es tan serio que merece una investigación a fondo. Es lo que faltaba para enmarañar más aún la «cuestión catalana». No sería bueno que al peligro secesionista, procedente de Cataluña, se asociara ahora en la opinión pública española la amenaza terrorista. Es preciso reconocer que hasta ahora el proceso soberanista se ha desarrollado allí pacíficamente. Sólo se han violentado las leyes y la opinión pública.

Con su tacto habitual, Pilar Rahola (La Vanguardia) sale en defensa de su amigo y ex jefe Àngel Colom.

¿Realmente es necesario, para luchar contra el proceso catalán, que un ministro del Interior se rebaje a estas polémicas de baja estofa? (…) ¿es decente utilizar la lacra mortífera del yihadismo para combatir el soberanismo?

El premio a la columna insulsa del día lo recibe Salvador Sostres, que publica una en El Mundo que me causa vergüenza ajena, porque saca los trapos sucios de su madre para atacar a Artur Mas.

Mas en su lento agonizar me recuerda mucho a mi madre. Los dos son de la misma generación e intentaron demostrar que eran más inteligentes que sus padres. Mas quiso parecer más valiente que Pujol y más independentista que Esquerra Republicana, haciendo surf sin comprenderlas sobre las heridas de mi pueblo. Mi madre quiso desmentir a mi abuela y enmendar sus 50 años de mucho éxito y muchísimo trabajo. Mas dejará una Cataluña desorientada, invertebrada y colapsada por los antisistema. Mi madre destrozó en seis años un negocio memorable, hoy en manos del juez y de los procuradores concursales.

La única idea empresarial que tuvo mi madre fue desmantelar la empresa de mi abuela, su equipo y su dinámica, robarle las joyas e incendiarle las cuentas bancarias. (…) Ningún arrepentimiento, ninguna piedad, y el intento desesperado de aferrarse hasta el último instante a culpables imaginarios: mi abuela, la crisis, el Partido Popular o España. Y entre el polvo desaparece la figura del fantasma.

También es criticable la columna de Gabriel Albiac, aunque no tanta. En enero escribió para reivindicar a Charlie Hebdo cuando la matanza de su redacción por terroristas islamistas, pero sigue sin mencionar la matanza de cristianos kenianos. Hoy dedica su columna a Billie Holyday.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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