OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Federico Jiménez Losantos: «La sucesión de Mariano Rajoy empieza decapitando el pasado del PP»

José Alejandro Vara afirma que el registro y la detención del ex ministro fueron "de guión bien perfilado" por el Gobierno

Camacho advierte al PP de que para todos los demás partidos el "enemigo" común es él

El día después de la detención de Rodrigo Rato por unas pocas horas, las suficientes para que saliese en la televisión y en las tertulias, es otra ocasión para comprobar lo vieja que se que queda la prensa de papel.

La mayoría de los periódicos y de los columnistas queda atropellada por la actualidad.  Sólo los más espabilados (o avisados) han llegado a tiempo. Los editoriales de ABC, El Mundo y La Razón, convertidos en una especie de portavoces del Gobierno, quieren transmitir tranquilidad y calma. «Circulen, aquí no hay nada que ver». Sólo El País sostiene que el registro y la detención de Rato tienen otras causas aparte de hacer justicia.

La columna más interesante sobre la caída de este ‘amo del universo’ la escribe Federico Jiménez Losantos en El Mundo. Para él es risible el sostener que estamos ante un normal funcionamiento de la ley. Por su sintaxis apretada, me da la impresión de que Losantos metió la columna a todo correr, con las rotativas aullando por ella.

Aunque Montoro quiera colgarse la medalla (quizás barruntando que el banco de datos de Equipo Económico/Montoro y Asociados puede hacer de su cabeza el próximo huésped del cesto de la guillotina), la operación mediática fiscal contra Rato tiene la marca de Luis de Guindos, consejero de la CAM y ahora perseguidor de Bankia) y el aval público de Soraya, cuya Mano en el Congreso, Luis Ayllón se acercó ayer a los periodistas del Congreso sólo dos minutos después de que empezara la grotesca operación de asalto a la casa del que fuera ministro, director del FMI, presidente de Bankia y reo de haber competido con Rajoy por la herencia de Aznar.

Todos somos iguales, por supuesto. Pero a Marnie de Borbón y su virtuoso cónyuge seguimos pagándoles la residencia en Ginebra, el esquí en Aspen y las vacaciones en la Toscana. Y Montoro defiende una y otra vez su inocencia en las Cortes, donde insulta a los «creadores de opinión» y políticos de oposición que van quedando, que son pocos. Todos iguales, sí, pero a los más iguales se les ahorra el espectáculo de humillación pública que Hacienda y los jueces reservan a grandes defraudadores: Lola Flores o Isabel Pantoja.

Y en el último párrafo da la explicación: todo se debe a la guerra de poder en el PP entre Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal.

La caída de Rato, como la de Godoy, no hace del caído un hombre virtuoso, pero asquea la vileza con que una casta dirigente tan corrupta como el caído halaga los bajos instintos de la teleplebe, haciéndole creer en la venganza a cambio de la Justicia y en nombre, oh, de la igualdad. Aquí sólo son iguales los caídos. La sucesión de Rajoy empieza decapitando el pasado del PP. Las Niñas Asesinas no pararán hasta guillotinar su futuro.

Ernesto Ekaizer (El País) también se apunta a la teoría de la conspiración.

La operación ha sido espectacular. La pregunta es: ¿Se justifica? ¿Había indicios de fuga? ¿Qué evidencias sobre posible destrucción de pruebas se han valorado? ¿Por qué no llevar el tema fiscal como un delito conexo a los otros delitos por los que se investiga a Rato en la Audiencia Nacional?

El Gobierno de Rajoy intenta ponerse la medalla de la lucha contra la corrupción. Cuando el presidente se refiere a la corrupción subraya que en España la justicia funciona y no duda en apropiarse de las actuaciones de policías y jueces. ¿Es el de Rodrigo Rato, el pretendido Rey Midas de la economía española, un caso en el que Rajoy pretende lucir la medalla haciendo tronar el escarmiento con uno de los nuestros?

El pasado 23 de octubre, el juez Pedraz ordenó la entrada y registro en el domicilio y oficinas de Oleguer Pujol. Los policías detuvieron durante unas horas al hijo del expresidente Pujol. En el día de hoy, seis meses después, Oleguer Pujol no ha sido llamado a prestar declaración ante el juez.

¿Espectáculo de la justicia o justicia de espectáculo?

En esta situación, me llama la atención el billete de Bieito Rubido, el director de ABC, contra los jueces.

Pocas veces en la historia de España las togas han tomado tanto protagonismo. Y no precisamente para bien. Fue siempre cuestión fundamental preguntarse quién vigila al vigilante o quién juzga al juez. Escuchan nuestras conversaciones, leen nuestros mensajes, hasta pretenden vivir nuestras vidas. Algo habrá que hacer ante tanto exceso. ¿Cómo es posible que los jueces prácticamente nunca respondan por sus equivocaciones?

PILAR FERRER CULPA DE TODO A LA SOBERBIA DE RATO

Santiago González (El Mundo) enumera la corrupción más o menos probada de los primates (hay que recuperar esta palabra) de la política española.

El caso Rato viene a ser la guinda que decora el pastel de la corrupción que descansa sobre la democracia española en su conjunto. En la mirada menos intencionada que echemos al estado de la cuestión, parece evidente que los partidos han eliminado todos los filtros que deberían sostener con todo el rigor de que sean capaces para impedir el ascenso de los corruptos y de los inútiles. De unos y otros hay ejemplos más que sobrados.

Los dos partidos mayoritarios de España y el que les hacía alternativamente las asistencias a uno y a otro. Puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija. Es el fin de algo, aunque no sé exactamente de qué.

José Alejandro Vara (VozPopuli.com) da indicios de que la ‘cosa’ estaba preparada por el Gobierno.

La tarde de este jueves fue de guión bien perfilado. Largas horas de registro policial, detención y paseíllo una hora antes de los telediarios de la noche. Como un reloj. Incluso el juzgado número 35, encargado del asunto, cuya titular se encuentra de vacaciones, casualmente.

Hace unas semanas, llamaron poderosamente la atención unas palabras de Montoro, cuando afirmó, también en un pasillo del Congreso, que «la lista Falciani no es más que el aperitivo». Parecía desvelar la que se venía encima. O lo que se estaba preparando.

Veteranos militantes del PP mostraban su desacuerdo ante el ensañamiento de su partido con la figura de quien fue vicepresidente todopoderoso. Pero Moncloa no titubeó. Había que contrarrestrar la imagen de Rato saliendo detenido de su casa con la firmeza granítica de la actitud del Gobierno frente a los corruptos y los granujas.

Curri Valenzuela (ABC) pretende justificar la actitud del Gobierno con la campaña electoral.

La imagen de Rodrigo Rato detenido es una desgracia para el PP en plena campaña electoral. Pero peor sería que quedara la impresión en la calle de que el Gobierno concedió una amnistía fiscal para beneficiar a sus amigos. Forzado a elegir entre esas dos alternativas, Mariano Rajoy se decidió por la segunda. En cuanto tuvo conocimiento de que se había filtrado la noticia de que Hacienda tenía cercado al exvicepresidente económico, la Fiscalía presentó una denuncia de tal calibre que, se sabía, tendría como consecuencia su detención. «Todo esto es malo para el PP -confesaba ayer un ministro-. Tan malo que nuestra única salida es la de demostrar que somos implacables contra la corrupción».

En la columna más patética del día, Pilar Ferrer (La Razón) atribuye la caída de Rato a él mismo. Como si fuese por la calle, tropezase por ir mirando a las chicas y se cayese.

El gran patrón Fraga lo definió un día: «Me gusta por lo preparado que está y la soberbia de su carácter».

Aznar solía decir que Cascos apagaba fuegos, Rato los atizaba y Mariano Rajoy los templaba.

Alejado de sus antiguos amigos en el PP optó por la vía financiera y recaló en la presidencia de Caja Madrid. Dicen que allí empezó su ocaso, porque su altivez le impidió escuchar buenos consejos y rodearse de un buen núcleo de asesores.

Quienes le veneraban y temían, le dan hoy la espalda. Y cuantos bien le conocen opinan que el ocaso de Rodrigo Rato es el de un hombre perdido por su carácter. Nadie sabe si sus trapicheos tributarios arrancan de hace años y los tribunales lo dirán. Pero tampoco nadie ha llegado tan alto para luego caer tan bajo. ¿Cómo se puede dilapidar tanto en tan escaso tiempo?, se preguntan ahora muchos de sus antiguos compañeros y subordinados.

Ely del Valle (La Razón) también sorprende al disparar contra Pedro Sánchez.

Si ahora se está investigando el origen de la fortuna del ex vicepresidente milagro es precisamente porque así lo ha decidido Hacienda. No se entiende, por lo tanto, que Pedro Sánchez pida a voz en grito la dimisión del ministro, ni mucho menos que lo haga antes de saber si Rato consiguió o no el dinero de manera fraudulenta. Y desde luego lo que no tiene un pase es que lo haga el mismo día en que el interventor de la Junta de Andalucía presentaba en el Supremo los ocho informes técnicos con los que avisó en su día del fraude de los ERE, y que dejan a los pies de los caballos a Chaves y Griñán que hoy siguen disfrutando de un apacible retiro

Sobre Sánchez escribe su columna-elogio Raúl del Pozo. Para el escritor, todo marcha estupendamente: el mandato del secretario general, la democracia…

En los últimos días ha dado mucha guerra en el Parlamento, pidiendo la dimisión de Montoro por la amnistía fiscal a Rato y denunciando la corrupción del PP. Se ha adelantado al suceso más extraordinario de la historia del PP: la detención de Rodrigo Rato. La democracia funciona.

Parece mentira que el director de un periódico como La Vanguardia, Màrius Carol, continúe repitiendo tópicos sobre Rato.

Luego Rato conseguiría la pedrea de dirigir el FMI, lo que no es poco, aunque no acabó el mandato, entre otras razones porque su pareja no se adaptaba a Washington.

¿No porque quisiera prepararse para suceder a Rajoy? Por favor…

Victoria Prego (El Mundo) coge un cabreo con los Pujol, los Rato, los Chaves, los Griñán tan grande que exige que se nos informe de quiénes más han robado y defraudado a los españoles.

Qué le va a pasar a España ante este desfile incesante de sinvergüenzas que en su día ocuparon las tribunas de los prohombres. Todos ellos han cometido un delito más grave que los que están castigado en el Código Penal: la traición a su país y a su historia. Y esa deuda no la podrán saldar jamás porque han dañado profundamente la consideración que los españoles tenían de sí mismos como nación. Es un delito de lesa patria porque han ofendido y dañado al país entero.

Pero esto no puede acabar aquí. Los españoles tienen todo el derecho a reclamar que se hagan públicas las listas de todos los que han hecho lo mismo que Rato y que parecen ser miles, según la Agencia Tributaria.

Cómo se ve el escándalo de Rato fuera de la capital del Reino. El bloguero de Periodista Digital Pedro Fernández Barbadillo reprocha a La Vanguardia que en tres días, desde el 15 hasta hoy, haya dado en su edición de papel dos portadas y cinco páginas de información sobre Rato y nada sobre la condena a dos años al abogado catalán Cuatrecasas.

Que no, que no es Internet, o al menos no es sólo Internet. Tampoco es Juego de tronos, ni la LOGSE, ni los videojuegos. La causa de que la prensa de papel de pago camine hacia su muerte reside en los periodistas y, sobre todo, en los editores.

¡Qué alivio han debido de sentir el conde de Godó, grande de España, y Màrius Carol, director de La Vanguardia, con la detención (por unas horitas) de Rodrigo Rato! Así ya no tienen que dar la noticia de que Emilio Cuatrecasas, el abogado más rico de España según la Wikipedia en catalán, ha aceptado una condena de dos años de cárcel por ocho delitos fiscales, ocho.

PSOE, CIUDADANOS Y PODEMOS, UNIDOS CONTRA EL PP

Si la detención de Rato es una maniobra para las elecciones locales, el PSOE no se queda atrás. En una gran columna, Ignacio Camacho (ABC) advierte de que los socialistas están dispuestos a pactar con todos, incluso los proetarras, salvo con los populares.

Bienvenidos al multipartidismo. Se rifaba ayer en Andalucía el primer castigo de advertencia contra la hegemonía de los grandes partidos vertebrales, la primera andanada testimonial de la irrupción de Podemos y Ciudadanos en un nuevo Parlamento más plural y fragmentado. Constitución de la Mesa de la Cámara. Reparto de asientos. Bronca. ¿Y a quién le tocó el coscorrón? ¿Tal vez al PSOE de los ERE y los 35 años de gobierno ininterrumpido en la región con más paro de España? Frío. ¿A la Izquierda Unida que apuntaló el último gabinete socialista y se hundió en las pasadas elecciones? Frío. El escarmiento inaugural de la nueva situación pluripartidista fue para… ¡¡Bingo!! El PP.

La malvada derecha, que jamás ha gobernado en la comunidad, castigada sin postre. Para que se vaya enterando.

Por si no estaba claro, a la misma hora y en Madrid el número dos de Pedro Sánchez explicaba con nitidez y sinceridad su futura política de alianzas. «Con cualquiera y con todos menos con uno: el Partido Popular». Nadie podrá acusarle de falta de claridad en sus intenciones. Valen los nacionalistas, los secesionistas, los regionalistas, los batasunos -al menos se le olvidó excluirlos-, los Ciudadanos, los de Podemos, los de Ganemos y hasta los de ya veremos. Valen los que cuestionan la Constitución e incluso la nación, pero no los que la defienden. Todos son adversarios, pero el enemigo es sólo uno. El de siempre. El que está en el lado incorrecto de la vida.

¿Y cuál es ese «lado incorrecto»? Jorge Bustos (El Mundo) da alguna pista: el de quienes reivindican la responsabilidad personal por los actos propios.

Todos hemos oído cómo la CIA introdujo la heroína en Harlem para diezmar a la población negra, tan problemática, cosa que Willy Toledo creerá a pies juntillas; y no hace tanto que el animista Monedero compró públicamente la conspiranoia de que la Policía habría sembrado Euskadi de droga para distraer a los cachorros vascos de veleidades políticas. El otro día en lo de Ferreras me defendía Echenique que el maltrato es fruto de las condiciones socioeconómicas, como si los eurodiputados no supieran vejar. Cierta izquierda no acepta la noción de responsabilidad individual: uno obra según cobra, parece. Y si cobra mal, destruye o se autodestruye. No hay elección. Pero es mentira: precisamente porque la hay, inventamos luego las excusas. O las ideologías.

El resto de las noticias de la semana se han quedado viejas.

David Gistau (ABC) llama petulante al Coletas por querer dar lecciones de gobierno y supervivencia a un Borbón.

Un síntoma del nivel de Pablo Iglesias es que crea que nuestro mundo se explica a través de una serie entretenida, pero de espadas y fantasía y dragones y enanos priápicos y todo residualmente shakespereano. Un síntoma de su petulancia es que crea que el Rey necesita que él le explique cómo es el mundo, y que además lo haga con displicencia, tirándole un vídeo, hala, empieza con esto. Jiménez Losantos hizo ayer una observación de la que me apropio: cómo va a necesitar recurrir a la ficción para enterarse de qué es un juego de tronos el hombre cuyo apellido es compartido por un decapitado en la guillotina.

Que sí, hombre, que un Rey español cuyo abuelo estuvo exiliado y que no ha hecho en su vida más que cocerse en el caldo de la historia necesita que venga un profesor con falsas veleidades revolucionarias a explicarle con un programa de la tele qué son el poder, la política y los juegos a los que juegan los reyes.

Ignacio Ruiz Quintano (ABC) asocia a Pablo Iglesias con Hugo Chávez por su gusto de regalar ocio y cultura.

«Las venas de América Latina», libro que Chávez (en gesto que Pablemos ha reproducido en DVD con el Rey) regaló a Obama, que no sigue en Twitter a Cascante y no sabe que lo mejor que escribió Galeano fue su «mea culpa»… por «Las venas…».

Toni Bolaño (La Razón) nos da noticia de «un rumor está tomando cuerpo en las filas socialistas»: el Supremo desimputará a Chaves y Griñán, y éstos, en agradecimiento, dimitirán de sus cargos.

Este rumor da por hecho que Chaves y Griñán no serán imputados por el alto tribunal. Da por hecho que los ex presidentes no fueron los responsables de lo que Griñán calificó como de «gran fraude» porque siguiendo con sus palabras no existió un «gran plan». Por tanto, hay que esperar a que el Supremo decida, pero una vez conocida su decisión que se espera favorable jurídicamente para Chaves y Griñán hay que tomar decisiones políticas. Ni Sánchez ni Díaz quieren poner el cascabel a este gato, o sea, tomar la decisión fatal: exigir que dejen sus escaños. En el PSOE esperan que por «cariño a las siglas», «por responsabilidad» y «por el partido» -poniendo de ejemplo a Juan Fernando López Aguilar- Manuel Chaves y José Antonio Griñán dejen motu proprio sus escaños, asumiendo así sus responsabilidades y liberando al PSOE de una carga que se está haciendo muy pesada ante un calendario electoral muy largo y muy apretado en el resultado.

Y Pedro Narváez (La Razón) se detiene en la propuesta de C’s de legalizar la prostitución.

A Alvite y a Umbral les salían buenas columnas de putas, tanto que cuando se leían diríase que te habían desvirgado y había que confesarse. Hubieran disfrutado con esta tertulia sobre la legalización de las meretrices y los gigolós, abierta por Albert Rivera y a la que se apunta hasta Esperanza Aguirre, en su sofá orgiástico ya de propuestas contrarias a las del partido, y su compañera de cartel (Begoña Villacís). Ésta insiste en el discurso de la denigración de la mujer, feminista y conservador al tiempo, mientras la primera saca abanico liberal para que la Plaza de la Villa termine en Montera si es necesario. Los políticos hablan de la prostitución como si fuera un foro sobre el sexo de los ángeles en un club de carretera. Un drama oscuro la mayoría de las veces que hasta parece aseado si lo pronuncia Rivera, Don Limpio. Y ninguno aclara del todo el fondo de la cuestión: si es una cuestión moral o tan prosaica como aflorar dinero negro. O sea, quién paga la cama.

NUEVO RETRASO A LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA

Florencio Domínguez escribe una divertida columna en La Vanguardia sobre el nuevo aplazamiento de la independencia de Cataluña, hecho esta vez por Ibarretxe.

El pasado miércoles el exlehendakari Juan José Ibarretxe regresó de las sombras para hablar en una ponencia del Parlamento vasco donde anunció que Catalunya y Euskadi serían independientes en el 2030 y estarían representados en la ONU. Visto desde el lado catalán lo de Ibarretxe es un jarro de agua helada pues el plan suscrito el pasado marzo entre Artur Mas y Oriol Junqueras pretende alcanzar la independencia en 18 meses si ganan las elecciones del 27-S.

Los líderes catalanes trabajan con la perspectiva de romper con España a principios del 2017 y llega Ibarretxe retrasando la independencia prometida trece años más. Para tranquilidad de Mas y de Junqueras hay que señalar que el exlehendakari deja bastante que desear haciendo profecías.

No sé qué le ocurre a María José Navarro (La Razón), pero ésta es la segunda columna seguida que traigo a este repaso por su acierto. ¿Habrá madurado?

Esta semana se ha celebrado una de esas chorradas planetarias que tanta vergüenza ajena provocan: el Día Internacional del Beso. Por lo visto se trata de conmemorar el beso más largo de la historia, que duró nada menos que cuarenta y seis horas, veinticuatro minutos y nueve segundos. No me puede dar más asco, amigos. Bueno, en realidad, sí me puede repugnar doblemente. La misma pareja superó su propio récord.

David Trueba (El País) tiene el rostro de defender a Xavier Vinader, periodista condenado por haber ‘señalado’ como ultraderechisats a dos vascos a los que ETA asesinó.

Con la muerte de Xavier Vinader, el estupendo reportero de infiltración, recuperamos algo de esa nostalgia por los reportajes escandalosos, pero con filo. Sus denuncias de torturas, de guerra sucia, de actividades de la ultraderecha e incrustaciones de elementos desestabilizadores en las fuerzas del orden, como gustamos de llamar ahora, invitaban a muchos jóvenes a sentir la palpitación del periodismo como algo no solo necesario para una sociedad libre, sino apasionante para completar una idea certera de verdad. Era también un periodismo de carne y hueso, frente al espectáculo nocivo de la silicona informativa. Sirva esta línea de homenaje.

Francesc-Marc Álvaro (La Vanguardia) vuelve a ganar el premio a la columna ridícula del día al proponer que el catalanismo siga recreando los grandes hechos de la historia catalana, como recreó la toma de Barcelona de 1714.

Admiro la manera como los estadounidenses disfrutan recreando el pasado. Se les da bien. Aquí, en cambio, tenemos más gracia con los pesebres vivientes y los carnavales, pero todavía no somos bastantes buenos en este género, aunque, a raíz de las conmemoraciones de 1714, se ha hecho algo en esta línea. Entre nosotros, estos ejercicios generan muchas críticas y polémicas, hay siempre almas dispuestas a denunciar mil y una manipulaciones con barretina. Se ve que sale más a cuenta hacer, por ejemplo, como la Fundación Nacional Francisco Franco, integrada por ilustres personas que no recrean el pasado, viven en él.

Me malicio que Álvaro quiere poner sus posaderas en una comisión de efemérides. Subvencionada, por supuesto.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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