OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Iñaki Zaragüeta: «Susana Díaz protagoniza a la perfección el papel de Salomé, con la entrega de las cabezas de Chaves y Griñán»

Para Gistau, Pablo Iglesias ha purgado a Monedero como Stalin purgó a Trotski

Para Carreras, Ciudadanos y Podemos pueden reducir a CiU, PNV, Bildu y ERC a partidos sin importancia

Comienzo esta crónica de columnas del 29 de abril de 2015 con la escrita por José María Carrascal en ABC, porque sus primeras frases me parecen un resumen cabal de la situación política que estamos atravesando. Se titula ‘Re-Generación’:

Es la palabra de moda. ¡Y la lanzó hace siglo y medio Joaquín Costa! Tan modernos somos los españoles.

Y añade que, como pasó en la Segunda República, se cambian las caras, pero no los métodos.

Lo que veo en este terremoto en la escena española es un cambio de personajes, no un cambio de políticas. Más que una regeneración ideológica, estamos ante una re-generación generacional.

Ésta es la condena de los españoles, la de vivir encadenados a una noria. Otro episodio de ese anclaje al pasado lo describió ayer Arcadi Espada, cuando escribió que «la gran revolución pendiente de la izquierda (…) es ganar la guerra civil».

Y en esta situación, ¿cuál va a ser el papel del feroz revolucionario Pablo Iglesias? Ignacio Ruiz Quintano lo cuenta en la última de ABC.

La misión que la Historia reservaba a Pablemos era recoger la indignación de la izquierda revolucionaria en la Puerta del Sol y pastorearla hacia el interior del sistema, tal que en Bravo Murillo condujo Panero una manifestación contra el Régimen a un callejón sin salida, donde les dieron.

Mas para llevar a cabo su misión, Pablemos necesita la bandera, como esos guías que en Sevilla pastorean a los turistas japoneses camino del Alcázar, pero no sabe, el hombre, cómo sacarla.

En el 77, Carrillo fue a La Zarzuela y no se volvió a ver una bandera republicana en sus mítines. Pablemos ya fue a Bruselas a ver al Rey, pero aún le falta que en los mítines comunistas no se agiten trapos tricolores, lo que produce esa risa nerviosa que suele acometer a las almas sensibles cuando salen de visitar un manicomio.

Y sobre el baile de banderas de la izquierda, incluye en su columna una cita de César González-Ruano, cuando fue enviado al Alto Llobregat para informar del primer levantamiento izquierdista contra la República.

«En abril quitaban exaltadamente la bandera que estaban acostumbrados aplaudir e izaban con entusiasmo la bandera republicana. Ahora se han cargado la bandera de la República y han levantado la roja. Luego quitan la roja y ponen la blanca. Por último, quitan la blanca y alzan la republicana».

La misma certeza de que Pablo Iglesias  acabará cortándose la coleta, siquiera de su programa la tiene David Gistau, que en su columna abecedaria compara al caudillo de Podemos con el genocida Stalin y a Monedero con el Trotski borrado de las fotos.

Las cosas suceden tan deprisa en Podemos que ya tienen purguitas y personajes fundacionales que de repente son borrados de los retratos colectivos. Estos tiempos son menos dramáticos en los ámbitos ideológicos de Occidente que el volátil siglo XX. Todo parece un poco la repetición como farsa de aquello. Por tanto, no hay que temer que a Monedero lo abata nadie con un golpe de piolet.

Monedero permanece atascado en los años treinta, está en las primeras escaramuzas de la lucha contra el fascismo, está en la utopía comunista antes de que la intoxicaran primaveras como la de Praga, está en las arengas del «¡No pasarán!». Cuando lo conocimos, Iglesias también estaba allí. Pero fíjense con qué velocidad atravesó el medio siglo, que ya lo tenemos en 1977, en el mismo trance que antaño Carrillo, discutiendo si su partido ha de aceptar al Rey y la bandera nacional como parte de un proyecto de refundación como el posfranquista.

Puede sonar rancia, esta izquierda que aún gestiona como un conflicto su sentido de pertenencia al país y sus símbolos, como si éstos tuvieran una carga de ideología culpable. Pero, hace poco, Iglesias estaba echando a Alfonso XIII. Ténganle paciencia, que en breve estará ubicado en el presente de una democracia europea del XXI.

Alfonso Ussía también reivindica a Juan Carlos Monedero en última de La Razón.

Sin la simpatía, ecuanimidad, elegancia y donosura de Juan Carlos Monedero, «Podemos» pierde muchos enteros. Su ataque de «pánico frenético» anticipa desagradables sorpresas dinerarias para el emergente partido del pijerío esnob y desencantado. Como decía unas pocas noches atrás durante una exclusiva y elegante cena la hija de un acrisolado y adinerado noble, bastante fea por cierto, y me refiero a la hija y no al noble: «Voy a votar a «Podemos» porque estoy hasta «le moigné fallére» -el moño fallero- del PP y el PSOE».

Sin Monedero, es más que posible que se les haya escapado a los de «Podemos» otro voto. El mío, con toda seguridad. Dos escopetazos.

A PREGO LE DECEPCIONÓ EL INTERVENTOR DE LA JUNTA

La declaración de quien fue jefe del área de Intervención de la Junta de Andalucía sobre la responsabilidad de los socialistas Manuel Chaves y José Antonio Griñán en el fraude de los ERE no ha dejado satisfecha a Victoria Prego (El Mundo).

Dice el interventor, eso sí, que informes sobre otras irregularidades señaladas por la Intervención tuvieron en su momento una respuesta inmediata y fueron corregidas. Esos ejemplos permiten suponer lo que él a continuación argumenta: que los altos responsables políticos lo sabían todo sobre el fraude de los ERE, pero que en este caso optaron siempre por mirar para otro lado. Esa es una deducción lógica que muchos compartimos plenamente. Pero no es la demostración de un hecho. No sabemos qué valor le otorgará el magistrado del Supremo a esta declaración. Pero algunos esperábamos de ella más contundencia y se nos ha quedado por eso algo escasa.

Por el contrario, Santiago González, en el mismo periódico aplica criterios morales, que no jurídicos.

El hombre que ha sido presidente del Gobierno andaluz durante casi 20 años es responsable del latrocinio que se ha practicado bajo su Presidencia. Su explicación de que él se había enterado del asunto por la prensa tiene un copyright que acuñó Felipe hace 25 años. Tal vez esa complicidad llevó a González ayer a defender a Chaves y a Griñán: según contó a Susanna Griso, él nunca aceptaría su dimisión, como, al parecer, está sopesando Susana Díaz para poder ser investida.

Ésta es la única hipótesis disparatada. O lo sabían, y entonces son responsables penales, o no se enteraron (Chaves durante 19 años, Griñán durante seis), razón para que hubieran dimitido en cuanto la juez Alaya escribió los primeros folios. Por vergüenza torera, al tomar conciencia de su inutilidad para salvaguardar el dinero de los andaluces. Y de todos los españoles.

En La Razón, Iñaki Zaragüeta, muy gráfico, escribe sobre las intenciones de Susana Díaz con tal de conseguir ser investida presidenta de la Junta de Andalucía:

Susana Díaz protagoniza a la perfección el papel de Salomé, con la entrega de las cabezas de Chaves y Griñán

Enric Juliana (La Vanguardia) pone el foco sobre Felipe González y, como de costumbre, cae en el victimismo catalanista.

Hay que prestar mucha atención a González en esta fase agonística de la política española. Sin que pueda afirmarse que pretende dirigir el PSOE a distancia, lo cierto es que está enviando constantes instrucciones estratégicas a la actual dirección socialista. Este último mensaje dice lo siguiente: cuidado, que os estáis metiendo dentro de la jaula de los ‘nuevos’ partidos. Si entregáis la cabeza de dos expresidentes de la Junta, que a su vez fueron presidentes del PSOE, estáis desarbolando moralmente vuestro partido. Si en lo fundamental dais la razón a Podemos y Ciudadanos, la gente os acabará abandonando. Os estáis abaratando.

Susana Díaz, sin embargo, tiene prisa. Hace apenas seis meses, fatalmente adulada por la prensa conservadora de Madrid, se creía invencible y destinada a salvar España del ‘desafío catalán’, encarnando un liderazgo ‘gonzalista’ que podría llegar a pactar una gran coalición con el Partido Popular. Esa era su oferta a los poderes españoles realmente existentes. (…) Díaz es hoy prisionera de Albert Rivera y Pablo Iglesias. La estrella ascendente ha perdido esmalte. No instinto.

Pasemos al PP. José Alejandro Vara (Vozpopuli.com) nos informa de que algunos mandamases de este partido calculan que Rajoy les resta nada menos que diez puntos.

Un grupo de veteranos dirigentes y antiguos altos cargos del Partido Popular, no vinculados precisamente al aznarismo, han transmitido en forma muy discreta a gente muy próxima a Rajoy, la necesidad imperiosa de proceder a un cambio en la cúpula del partido.

Algunos de ellos todavía ocupan cargos de segundo nivel en la Administración, otros los han ocupado hasta no hace mucho tiempo.

«Sin Rajoy seguramente estaríamos ahora por lo menos diez puntos arriba en los sondeos», comentaba uno de ellos.

Antonio Casado (ElConfidencial.com) mantiene el tópico de la izquierda de que la FAES es una especie de Torre Oscura donde Mordor y sus orcos, o sea Aznar y sus cayetanas, conspiran contra Rajoy.

Hombres de poca fe -y mujeres- que no creen en Rajoy y, como le ocurre en las filas socialistas a Susana Díaz y Zapatero respecto a Pedro Sánchez, no les importa que se sepa. A saber: Aznar, San Gil, Aguirre, Mayor Oreja, Cayetana, y esa derecha ilustrada que se retrata en FAES.

Ignacio Camacho, más realista en mi opinión que Vara y Casado, asegura en ABC que en el PP no se moverá nadie.

En realidad el marianismo carece de líderes de recambio y en el Partido Popular, una organización intensamente presidencialista, las conspiraciones no pasan de amagos. No existe tradición de motines ni masa crítica de rebeldía para intentarlos. A estas alturas tampoco tiene discurso alternativo; lleva tres años concentrado en la economía y no hay tiempo de inventar otro relato que tampoco se iba a creer nadie.

Y anuncia los planes de Rajoy.

Está descontado que algunos tripulantes, alcaldes y presidentes autonómicos se caerán por la borda en mayo. Daños colaterales. La bitácora del presidente apunta a otoño, al poder del Estado, y da por hecho que antes perderá una cuota territorial significativa. Él va a contar los votos a escala nacional en las municipales, que probablemente ganará, mientras el partido hará recuento de los sillones perdidos y el desalojo de cientos, acaso miles, de cargos y de concejales. Aguantará con el barco mellado y la mirada fija en el horizonte; ese fue el mensaje del lunes. Cuando dijo «confiad en mí» sonó a «no corráis que es peor».

Un último apunte sobre el PP. Curri Valenzuela (ABC) firma una hagiografía de Cristóbal Montoro.

Lo de Rato es «indignante», va diciendo desde que el vicepresidente económico fue detenido por unas horas, lo que supuso para él un varapalo personal por tratarse de un viejo amigo con el que colaboró como secretario de Estado de Economía y luego como colega en el Gobierno Aznar. No fue una sorpresa. Hace año y medio descubrió que Rato se había acogido a su regularización fiscal con datos que no cuadraban con sus posteriores declaraciones a Hacienda. Lo supo porque sus instrucciones a la Agencia Tributaria son las de ser informado cuando se investiga una información relevante.

Entonces se lo contó al presidente del Gobierno. Cuándo le informó de las últimas actuaciones del Fisco y la Fiscalía, que llevaron a la llamativa detención, es un detalle que Montoro guarda para sí.

BURGOS: «RIVERICA, COLÓCANOS A TÓS»

Llegamos a Ciudadanos. Antonio Burgos (ABC) recupera una palabra que se puso de moda en la Transición para calificar a los que pasaban del Movimiento a la UCD y del PCE y la Guardia Roja al PSOE.

Rivera pretende nada menos que una interrupción del tracto sucesivo de los chaqueteros españoles. Un descaste de trincones. Un expurgo de mangones. Un cervantino escrutinio de enchufistas. Que en Ciudadanos no se le metan medio PP y medio PSOE, fecundos criaderos de chaqueteros y enchufistas.

Dice que van a rastrear por Google los antecedentes de los candidatos, por si son de gañote vil. E incluso va a contratar a una agencia de detectives. Va a necesitar a Sherlock Holmes, Maigret, Carvalho, Torrente, Plinio, Mortadelo y Filemón, porque va a tener que investigar a la media España que, como se huele la tostada del 24-M y citas electorales posteriores, quiere perpetuar con Ciudadanos, adaptándolo, lo que sus paisanos le gritaban a don Natalio Rivas: «Riverica, Riverica, colócanos a tós»…

Antoni Puigverd (La Vanguardia) arremete con la cerviz baja contra Albert Rivera, al que llama «producto farmacéutico perfecto». Le acusa de ser un buen «patriota español» que se inventa un «enemigo»: Cataluña.

Rivera no se olvida de describir negativamente la Cataluña actual (que, a pesar de los problemas presentes, contiene no pocos elementos positivos: el éxito internacional de Barcelona, el empuje de la economía exportadora y la aceptable resistencia del Estado de bienestar). Esta Cataluña, en cambio, es descrita como un infierno. En este punto Rivera no se opone a Sartre: el infierno son siempre los demás. Ha sacado mucho petróleo del infierno del catalanismo. Rivera cultiva en positivo un patriotismo que reivindica la herencia de los tres presidentes antagónicos, pero no se olvida de la lección principal: para ser realmente atractivo el patriotismo necesita por encima de todo un buen enemigo interior.

¿Por qué esta inquina de los catlaanistas burgueses contra un chico de orden como Rivera? Francesc de Carreras (El País) lo explica muy bien: los partidos nacionalistas, sobre todo CiU, pueden perder su poder de veto, del que disfrutan desde 1977.

Todo parece indicar que, en más o en menos, el cambio del sistema de partidos español es ya una realidad. Es precisamente este cambio el que produce una profunda y razonable inquietud en el nacionalismo catalán. Hasta ahora, una de las ventajas de CiU era su posición de partido bisagra en el Congreso de los Diputados, así facilitaba Gobiernos del PSOE o del PP. Todo eso está en peligro. Por un lado, tanto Podemos como C’s restarán votos a los nacionalistas en Cataluña. Por otro, y más decisivo, es muy probable que estos partidos sean suficientes para conformar mayorías parlamentarias en España. Hasta ahora los nacionalistas eran dominantes en Cataluña y, a cambio de garantizar la gobernabilidad, ejercían de grupo de presión, de lobby, de los intereses catalanes en Madrid. De ahí su fuerza entre el mundo empresarial.

Pues bien, con el cambio en el tablero político español, todo esto se les acaba. CiU y ERC (y el PNV y Bildu) pasarán a ser simples partidos regionales y el Gobierno de España estará sostenido por partidos nacionales, no por partidos nacionalistas, los intereses generales primarán sobre los particulares. El independentismo, a la postre, habrá resultado ser un mal negocio.

LEILA GUERRIERO Y SU PENSAMIENTO PROGRESISTA

Jaime González elogia a Ana Botella.

Ahora que la ruindad corre calle arriba, quisiera recordar a Ana Botella como una mujer leal. Puede parecer poca cosa, pero la rectitud es un signo de distinción en estos tiempos de franca decadencia en los que la única convicción que tienen algunos es que no hay que tener convicciones, sino instinto de supervivencia. Cuando llegó a la alcaldía ya venía de lejos, pero ser la mujer de José María Aznar en esta España crepuscular es tatuarse a perpetuidad, y ya se sabe que la fidelidad no es virtud para necios

Joaquín Luna (La Vanguardia) se ríe de los tertulianos que clamaron contra el funeral católico en una basílicia católica por los muertos del avión de Germanwings.

El caso es que no encontré los perfiles que presuponía habida cuenta de la polémica. A ver si resultará que las tertulias van por un lado y la gente por otro…

Yo veo indignante que la Iglesia católica no ceda la Sagrada Família para un funeral laico y estoy convencido de que el mismísimo Gaudí hubiera preferido un rito zulú, algunos bailes Hare Krishna y un pasaje de las memorias de Bono para consolar a las familias golpeadas por semejante tragedia de la que me guardaré muy mucho de hacer bromas.

Ahora bien, de la misma manera que uno se apunta a quemar conventos por aquello del españolismo y las tradiciones populares, también les confieso que si un ser querido hubiera viajado en ese vuelo habría encontrado el funeral muy apropiado porque soy de los que cuando van mal dadas pido al único Dios que he tenido el gusto de tratar que me eche un cable. O dos.

Leila Guerriero nos da en El País una de esas lecciones de pensamiento progresista: buenos sentimientos, malas ideas y ninguna acción. Para ella, se empieza destruyendo los barcos de los negreros y se acaba bombardeando a los pobres.

Cuando se constate que con hundir buques vacíos no basta, quizás se empiece a pensar en medidas preventivas más eficaces, como bombardear las casas de potenciales inmigrantes o, incluso, impedir que nazcan: no hay mejor manera de evitar el horrendo espectáculo de la pobreza y la exclusión que impedir que pobres y excluídos vengan al mundo. Con todo, la propuesta dice sin tapujos lo que tantos, sin atreverse, querrían decir: muéranse en sus países, víctimas de la guerra, el hambre y las pestes, pero no vengan aquí a dar -a darnos- su horrendo espectáculo.

Concedo con orgullo y satisfacción el premio a la columna ridícula del día a la tribuna que en El País firma el diputado del PP Gabriel Elorriaga Pisarik. Al hablar sobre la salvación de miles de judíos del Holocausto perpetrado por los nazis, Elorriaga se refiere sólo a los diplomáticos españoles, como si el Gobierno de entonces, que era franquista, mira tú qué cosas, no hubiera hecho nada.

Ese conjunto de normas, laxamente interpretadas, permitieron durante la II Guerra Mundial escribir al servicio exterior español una de sus páginas más gloriosas. Figuras como la de Sanz Briz, Romero Radigales, Ruiz de Santaella, Rolland de Miota, Julio Palencia, José de Rojas, Martínez de Bedoya o Eduardo Propper, algunos de ellos reconocidos como Justos entre las Naciones en Yad Vashem, el centro mundial de documentación y conmemoración del Holocausto, contribuyeron a salvar de los campos de exterminio nazis a miles de judíos, encarnando así nuestra mejor historia contemporánea.

Y eso que lo resumió Arcadi Espada en su libro-relato sobre el embajador español en Hungría Ángel Sanz Briz: En nombre de Franco.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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