OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Raúl del Pozo: «Ferraz esconde, orilla y silencia a Carmona, y con la ayuda de Prisa entroniza a Gabilondo»

Ruiz Quintano asegura que Podemos y Ciudadanos tienen la misión de salvar a "la casta", sacando a la gente de la calle y llevándola a las urnas

Pilar Ferrer deja caer que Rivera puede fracasar como Miquel Roca con la Operación Reformista

Comienza la semana en que vamos a saber si Albert Rivera está hecho de la materia de los sueños, de acero o al menos de cartón piedra. Se celebrará la sesión de investidura de Susana Díaz en el Parlamento andaluz, y el debate gira ya no en torno al programa de la socialista, sino en torno al comportamiento de Ciudadanos.

Por un lado, El País le sugiere a Rivera que sea responsable y eche una mano a Susanita, la pobre. Por otro, los columnistas del Batallón de Guardia de La Moncloa se van a volcar en presentar a Rivera como alguien manchado: «Yo le vi salir de una casa de mala nota», empiezan ya a gritar, como hacía el amigo obediente del galán rechazado por la hermosa contra su rival en los salones de té.

En La Razón, Alfonso Merlos llega a poner al PP como ejemplo de oposición en Andalucía.

Serán cómplices, o ayudantes, o aliados, o correligionarios del gobierno socialista aquellos que se presentan como ineludibles adalides de la regeneración en España. Y, en este caso, lamentablemente, tanto monta, monta tanto: los herederos de Monedero o los seguidores de Rivera. Porque unos y otros han rebajado su listón hasta extremos no precisamente insospechados, sino perfectamente previsibles.

¡No, no, no! Por aquí no pasaban ni pueden pasar las nuevas políticas para sacar del paro masivo, la precariedad endémica y la pobreza rampante a una región con unas características espectaculares para convertirse en la California de Europa. Todo cuanto en el capítulo de alianzas parece estar cuajando lleva la mancha de la resignación. Éste no es el camino. Las adversidades nunca pueden ser aceptadas. Deben ser combatidas. ¿Vamos o no vamos?

Luis Herrero (Libertaddigital.com) sostiene que es mejor quedar mal que no quedar por ausencia.

El reto no es fácil porque, dicho a lo bruto, se mueve sólo entre dos opciones: o ser cómplice de que el PSOE siga donde lleva cuarenta años haciendo de su capa un sayo o inhibirse del problema y dejar que lo resuelvan otros, proyectando la imagen de que la alta competición le viene grande. O se convierte en Chicharito, alguien con quien nadie contaba pero capaz de marcar goles decisivos, o en Isco, el chico de la filigrana y la inanidad.

Dado el resultado electoral andaluz, inequívoca y desgraciadamente favorable a dejar que el PSOE siga una legislatura más en San Telmo, sobre la base de arrancar de Díaz el compromiso firmado -que naturalmente ella incumplirá antes o después- de apostatar de la corrupción, con el firme propósito de no pisar moqueta a cambio de la ayuda prestada, y teniendo en cuenta que renunciando a la repetición de las elecciones Ciudadanos abjura de lo que más le beneficia, mi consejo a Rivera es que se abstenga en la última votación y deje que pase lo que en todo caso va a pasar con su ayuda o sin ella. Cualquier cosa honrada menos la insignificancia, Albert.

Mi segundo y último consejo a Ciudadanos es que, en caso de aceptar el primero, se ponga el impermeable para protegerse de la lluvia ácida que le caerá, indefectiblemente, si me hace caso. Nadie dijo que fuera fácil.

ALBIAC: MONEDERO, ENCIMA, NO SE PUEDE QUEJAR

Dos de los columnistas que explican la decadencia de la prensa de papel de pago más que Internet son Pilar Ferrer y Francesc-Marc Álvaro, cuyas columnas parecen inspiradas para apuntalar el edificio en que vive su líder amado, en el primer caso Rajoy y en el segundo Mas.

En La Razón, Ferrer aventura que Rivera puede conocer la suerte de Miquel Roca en la Operación Reformista.

El avance vertiginoso de C’s, su decisiva influencia como partido bisagra, puede volverse en contra. La famosa cantinela de «Pactaremos ideas, no sillones», parece que ya no vale. «¿Alguien piensa en rechazar un puesto sólo porque el niño quiere ser presidente del gobierno?», se preguntan con malicia en la cúpula de Génova trece. Una cosa es presentarse como «el gran partido transversal» en campaña y otra bien distinta «mojarse» tras los resultados.

Hace unos días, en el Parlamento catalán, Artur Mas se le acercó y le dijo: «Sé que me pisas los talones, pero te queda lo peor». Algunos diputados convergentes que lo escucharon recordaron la figura de Miguel Roca y aquella «operación reformista», llena de apoyos políticos y económicos para que un catalán lograra el Gobierno de España. Fue un rotundofracaso. Rivera se volvió, les invitó a un café y pronunció su pronóstico: «A mí esto no me va a pasar». El tiempo lo dirá.

Sin embargo, Francesc-Marc Álvaro (La Vanguardia) hace un análisis irónico sobre la marcha de Monedero.

Una buena jugada. El hombre puro que huye del puente de mando es de gran utilidad para el éxito de la causa y para el marketing porque acredita el mensaje principal de Iglesias dirigido a los de arriba, a la casta como él dice: no sufran, señoras y señores, nosotros somos buenos chicos, no haremos nada que les pueda molestar, los que querían tomar el palacio de invierno no mandan ni mandarán. Podemos -lo he escrito hace días- no es ningún proyecto de ruptura, es la versión 2.0 del PSOE de 1982. Monedero confirma la estrategia de Iglesias al sacrificarse en el altar de la pureza ideológica. Paradoja y buen negocio. Todos contentos, también los votantes de Podemos, que ven que Pablo y Juan Carlos siguen siendo amigos.

No puedo dejar de sonreír cuando leo el texto donde Monedero explica sus motivos. Dice que quiere empujar con más fuerza este proyecto «sin la ponzoña de los medios ni sus enredos que envilecen». Sensacional. ¿Dónde estaría hoy Iglesias sin algunas televisiones?

Ignacio Camacho (ABC) descalifica la idea de que Podemos se está moderando para convertirse en un partido socialdemócrata y asegura que la defenestración de Monedero es parte de esa piel de oveja que se está poniendo encima el Coletas.

Podemos no se centra ni se modera: se disfraza. Su paso a la política real desde las tribunas televisivas obliga a sus dirigentes a una lógica adaptación a las reglas del juego que desean romper, pero esa presunta templanza no pasa de ser un requisito táctico de su proyecto de ruptura. Se trata de no inspirar miedo. Su intención de voto procede en gran mayoría de sectores sociales radicalizados y el debate de sus bases en las «ciberplazas» continúa siendo de enorme virulencia revanchista. Es una fuerza de raíz antisistema, parentesco bolivariano y pulsión autoritaria cuyos promotores han comprendido la necesidad de un cierto maquillaje que les permita comparecer ante una sociedad cabreada pero no extremista. Y han creado una superestructura publicitaria para desprenderse de la amenazadora etiqueta de su propio origen ideológico.

Con todo y con ello, el supuesto programa «socialdemócrata» tiene un potencial destructivo suficiente para reventar la delicada trama institucional y socioeconómica del país. Con moderantismos como ése se puede venezolanizar una nación desarrollada. Incluso aceptando que hayan renunciado a liquidar lo que llaman «el régimen del 78» -es decir, el constitucional- lo podrían conseguir sin proponérselo. Esas propuestas «centradas» tal vez no destruyan el sistema pero se sobran para arruinarlo.

Por el contrario, Gabriel Albiac (ABC) escribe una columna en la que asegura que Monedero puede dar gracias por no conocer la suerte de los bolcheviques apiolados por Stalin.

El tópico estaliniano imponía al bolchevique ser «hombre de una materia diferente» . Que no es la de los sueños shakesperianos, desde luego. Dice don Pablo Iglesias que no estaba así forjado su hasta anteayer camarada: «No es un hombre de partido». Tiene suerte, Monedero. En otro tiempo, no ajustarse a la materia consagrada hubiera tenido un coste muy distinto al del simple «vuelo». Si un dirigente hubiera escuchado esa fórmula, «quiere volar», entre 1934 y 1938, se hubiera estremecido.

Tras la retórica humanitaria, acechaba la carnicería: procesos de Moscú. Suele pasar. Algo de eso hay en la purga de Monedero. Jibarizado. Mejor así. Un muerto simbólico puede, al menos, dedicarse a cuidar su jardín. Es mucho, si uno recuerda lo que fue la historia. La historia de los hombres que fueron forjados en una tan diferente materia. La que el jefe niega ahora a Monedero.

Las columnas más divertidas sobre Ciudadanos y Podemos son para mí las escritas por Raúl del Pozo y por Ignacio Ruiz Quintano.

El primero lamenta desesperanzado que no vaya a haber renovación, pero primero se queja de que el PSOE haya decidido laminar a su amigo Carmona por medio de una encuesta de El País. ‘Sondeos trucados’ se titula su columna.

Me explican que los últimos sondeos -borran al PSOE de Carmona y no al de Gabilondo- no reflejan sino una «vendetta» de aparato: Ferraz esconde, orilla y silencia a Carmona, y con la ayuda de Prisa entroniza a Gabilondo.(…) «La encuestas -explican- son ajustes de cuentas internos. Quieren liquidar lo que queda de Tomás Gómez. Están a botijazos La Sexta y Prisa, con mediciones contradictorias. Los primeros apoyan a Susana; los segundos, a Pedro Sánchez, mientras el Padre Eterno urde la gran coalición». Felipe es más líder del PSOE que nunca y ha sido -junto a Mariano Rajoy y Félix Sanz- otro de los que aliñó la abdicación del Rey.

Después, le rezuma su enfado con Pablemos y Rivera.

Se vio en Andalucía, se verá en Madrid: una urna no es un confesionario para el arrepentimiento. En algunas ciudades ganará la derecha, pero funcionará eso que Esperanza Aguirre llama «el pacto de perdedores». Hay temor a un frente popular municipal y espeso con asambleísmo permanente. Pero no se volverá a la España cantonalista y libertaria, porque los dos nuevos mamoncetes son hijos del bipartidismo: uno se parece a papá; el otro, a mamá. Al final, todo quedará en familia.

Ruiz Quintano sonríe en la última de ABC, porque en el desinflamiento de Podemos en favor de Ciudadanos ve una confirmación de sus pronósticos: la misión de los dos nuevos partidos es recauchutar el régimen.

Pablemos es un político de bolsillo, pero es un político. Al margen de la literatura, conquistar y conservar el poder es la única misión del político. Con una beca de Blesa en Londres y un cursillo de María Escario en TV, Pablemos conquistó el poder (de su partido, no de España, como llegó a creerse), y para conservarlo no ha pestañeado al deshacerse de iconos perrifláuticos como Echenique, Tania o Monedero.

Dos cosas aterran a lo que Monedero llamaba «la casta»: la abstención y la gente en la calle, aunque sea gritando. (En la calle la gente grita porque es bruta, y no entiende que lo realmente aterrador sería guardar silencio.) Mas como muñeco de Pablemos, Monedero no vino para acabar con «la casta», sino para salvarla. Disparó la participación electoral y devolvió a la gente a sus casas.

Podemos movió el árbol y Ciudadanos recoge las nueces. Como estaba escrito.

AYUSO SACA AL HOMBRE DEL SACO DEL PROGRE: AZNAR

Javier Ayuso firma en El País el típico artículo que suelen escribir los de letras cuando quieren jugar a ser de ciencias y causan la risa por sus metáforas. Compara a Rajoy con el Sol y luego enumera los planetas que giran en torno suyo, cada uno representando a un político del PP. Estará de acuerdo conmigo, querido lector, que el planteamiento no es nada original.

Las estrellas, como el Sol, son cuerpos celestes que emiten luz propia. Este enunciado es básico para entender el sistema solar, pero también para comprender el modelo de poder de Mariano Rajoy: él es el único que brilla por sí solo y alrededor de él giran los planetas y satélites en una órbita elíptica por la cual se puede estar más cerca o más lejos del líder, o incluso desaparecer o convertirse en un agujero negro.

Y nos suelta que Aznar está preparado para regresar a los mandos del PP si las elecciones municipales son una hecatombre.

Pero hay otra estrella que nadie sabe qué posición tendrá en el cosmos posterior al 24 de mayo. Se trata del antiguo Sol, José María Aznar, que cedió su fuego a Mariano Rajoy hace ya 11 años, pero se mantiene a la espera dentro del sistema solar, sabiendo que algunos de los planetas mayores (y muchos satélites) estarían dispuestos a girar en torno a su órbita en caso de necesidad.

Otro que ve el PP como un calco del PSOE, donde sigue mandando Felipe González. Por esto, Ayuso recibe el premio a la columna ridícula del día.

José Antonio Zarzalejos nos da en ElConfidencial.com otra versión del hombre del saco para marquesonas.

No es lo mismo ganar o perder en Miraflores de la Sierra -aunque los votos de sus naturales tengan el mismo valor- que hacerlo en Madrid. El resultado electoral no siempre es cuantitativo. En 1931 las candidaturas monárquicas ganaron en número a las republicanas, pero estás se impusieron en las ciudades y aquellas en los pueblos. Y se proclamó la II República. Hay, pues, cifras ‘tramposas’.

¡Que vienen los rojos!

Alfredo Pérez Rubalcaba reaparece con una tribuna en El País, en la que enjuicia el sistema educativo español, y concluye que si está mal, y eso no es seguro del todo, es por culpa del PP, que no acepta la hegemonía del PSOE.

Desde hace mucho tiempo se reclama, no sin razón, un amplio consenso educativo en nuestro país. Se piden reformas meditadas y, sobre todo, pactadas. Conviene recordar, en todo caso, que las dos últimas leyes educativas españolas, la LOE del año 2006 y la denominada ley Wert, tuvieron amplios consensos: la LOE a favor, pues solo se opuso el PP; y la ley Wert en contra, ya que sólo la votó el PP. Como conviene precisar que en nuestro país sólo ha habido tres grandes reformas educativas en democracia, o mejor dos y media: la LOGSE de 1990, y las ya mencionadas LOE, que supuso una revisión parcial de la LOGSE, y la ley Wert del año 2013.

José Luis Martín Prieto (La Razón) le da la razón a Rubalcaba: para los socialistas, el PP es un leproso.

Si Pedro Sánchez formara Gobierno, se derogarían la legislación laboral del PP, la Educación de Wert, la modestísima enmienda al aborto y la seguridad ciudadana. El PP legisla como el que ara en la mar. Socialistas de la Transición y los recién horneados coinciden en que la Educación y los asuntos «sociales» sólo pueden ser administrados por el PSOE. Algunos, y no los más sectarios, argumentan que tras cuarenta años de franquismo harán falta otros tantos de gobernanza socialista para enderezar la sociedad española.

Entre las columnas que no citan a los políticos de hoy, destaca la de Juan Manuel de Prada (ABC). El novelista nos trae unas citas del último escritor que está leyendo, george Bernanos, para explicar la corrupción.

Resulta, en efecto, estremecedor, que el Dinero campe por sus fueros y perpetre las más sangrantes rapiñas, sin que los gobiernos hagan nada por impedirlo; y sin que los pueblos exijan otra cosa sino el cetrino consuelo de que tal o cual defraudador o exministro sea puesto en la picota de vez en cuando, como chivo expiatorio. Ni siquiera los gobiernos que han enarbolado el estandarte bravucón del cacareado combate contra el Dinero -como el griego Syriza- hacen luego nada por domeñarlo; e incluso se humillan reverenciosos ante él. ¿Cómo se han alcanzado tales extremos de postración? Georges Bernanos explica este proceso de un modo muy convincente.

«Una civilización inhumana -escribe Bernanos- es aquella que está basada en una definición falsa o incompleta del hombre»; y, en concreto, «la civilización moderna está basada en una definición materialista del hombre». Al olvidarse de Dios, el hombre moderno se olvida también de su espíritu; y vende su libertad verdadera -la que es un medio para alcanzar un fin más alto- por una libertad devaluada, que sólo anhela un bienestar material.

Pedro G. Cuartango (El Mundo) sigue llevando muy mal su existencia consigo mismo. Ha cumplido 60 años y nos lo cuenta en otra columna nostálgica.

Cuando mi abuelo cumplió 60 años, sus hijos y sus nietos lo celebramos en un restaurante de Miranda. Todavía creo que existe una foto en el álbum familiar en la que se nos ve a todos sonrientes posando frente a la cámara. Casi todas las personas que aparecen en aquella imagen han muerto.

Acabo de cumplir 60 años y ya soy como mi abuelo aquel lejano día de 1960. Y tengo la misma edad que mi padre cuando se le diagnosticó una cruel enfermedad que le llevó a la tumba. Escribo estas cosas sin dramatismo, como un hecho natural e inevitable.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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