OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Ignacio Ruiz-Quintano: «Lo de Susana Díaz y el andaluz de Ciudadanos parece el mismo tongo que el Mayweather-Pacquiao»

Edurne Uriarte pronostica que Pablo Iglesias regresará a las tertulias televisivas, el mismo lugar donde empezó su fama

Ignacio Ruiz-Quintano: "Lo de Susana Díaz y el andaluz de Ciudadanos parece el mismo tongo que el Mayweather-Pacquiao"
Susana Díaz y Juan Marín.

Pérez-Maura afirma que el atentado islamista en Texas "estaba un poquito justificado" para la prensa española

Después de leer las columnas que publica la prensa de este 5 de mayo de 2015, concluyo que hay calma chicha, una calma como la de la cocina cuando entro de madrugada para prepararme mi café y encender el primer cigarrillo. Ni siquiera la muerte de Jesús Hermida sale de las páginas dedicadas a los obituarios. Me da la impresión de que los columnistas están haciendo solitarios mientras aguardan la votación de esta jornada en el Parlamento andaluz.

Así, Rosa Montero (El País) hace una empanada mental sobre el terremoto de Nepal de hace unos días y el de Lisboa de 1755, y concluye que no cree ni en Dios ni en los hombres.

Los dioses palidecen cuando la Tierra estornuda; el terremoto de 1755, que demolió la católica Lisboa y derrumbó todas las iglesias, hizo que Voltaire y otros se preguntaran por la indiferencia (o la inexistencia) de Dios. En cambio, a estas alturas del siglo XXI nos preguntamos por la indiferencia de los humanos: ya se sabe que los seísmos matan a mucha menos gente en los países ricos. (…) De los dioses no tenemos noticias, y de las viejas proclamas de igualdad y fraternidad tampoco hay mucho.

Raúl del Pozo (El Mundo) canta a los árboles que hacen más agradable Madrid.

Madrid es la capital de Europa con más árboles. Los madrileños en los últimos años han plantado miles de olmos, robles y fresnos. De pronto, toda España añora el verde. (…) La mala noticia es la lenta muerte de los olmos. (…) un enemigo más cruel llamado grafiosis que los está extinguiendo, ahora que los españoles se habían vuelto ecologistas y animalistas.

El abogado de la infanta Cristina de Borbón y personalidad del catalanismo del 3%, Miquel Roca, elogia la fragmentación política y la diversidad social en un periódico, La Vanguardia, que promueve la unanimidad en Cataluña en torno a quien presida la Generalitat.

La fragmentación electoral no sería preocupante si no se proyectase en una fragmentación social y cívica. Este es el problema. No sería ni malo ni censurable que una sociedad más compleja y plural se tradujese en cámaras y corporaciones que reflejaran este pluralismo. Una sociedad más democráticamente madura tiene derecho a ser más electoralmente diversa. Esto pasa en todas partes. Pero la fragmentación ha de verse acompañada de un esfuerzo y una voluntad de encontrar en el acuerdo la estabilidad que beneficia a todos. El progreso, siempre, es el resultado de acuerdos de amplia base, al que se sacrifican irritaciones y confrontaciones.

Arcadi Espada (El Mundo) medita sobre la culpa y el perdón a cuenta del juicio al ex miembro de las SS Óskar Gröning, partícipe en la muerte de cientos de miles de judíos.

Y ha pedido perdón a las víctimas. La respuesta a su petición, ejemplificada, según la crónica publicada en el diario El País, por el abogado Walter, me parece que cierra de un modo radical todos esos debates que cíclicamente se suceden en torno al perdón de los asesinatos. No tengo autorización de los muertos para perdonarle, ha venido a decirle Walter. Es fama que los grandes abogados se caracterizan por poner al lenguaje simbólico en su sitio.

Hermann Tertsch (ABC) analiza una conducta de Angela Merkel, que es a la vez su virtud y su defecto.

Los pocos grandes errores que ha cometido se han debido siempre a su falta de ganas o valor para llevarle la contraria a la opinión pública. A su poca disposición a hacer frente a la irracionalidad y sus intentos de capitalizarla adhiriéndose al humor popular. Uno de esos casos podría estar ahora a punto de convertirse en una seria amenaza para ella. La tentación populista en la que cayó Merkel, revela esa mínima pero decisiva falla en el carácter que separa a su probada sabiduría de gobierno de lo que sería la marca de un gran liderazgo político.

Merkel no fue capaz de resistir la presión y asumió las protestas contra el espionaje de la agencia norteamericana NSA a instituciones alemanas, entre otros a ella. Ahora todo se vuelve contra ella. Se ha sabido que el BND alemán ayudó a la NSA a espiar a otros. Como otros con seguridad ayudaron a ambos.

EL TONGO DEL DEBATE ENTRE SUSANA DÍAZ Y JUAN MARÍN

El gran asunto político, casi el único, es el encaje de Ciudadanos y Podemos. Precisamente ‘Podemos y Ciudadanos’ es el título de la columna de Miguel Ángel Aguilar en La Vanguardia.

De manera acelerada con la cuenta atrás para las elecciones municipales y autonómicas, asistimos a una ralentización de las expectativas de Podemos, castigado por Maduro el bolivariano y Varufakis el insolente, por el descuelgue del número tres Juan Carlos Monedero y el desencanto de los puristas y empeñado en mantenerse en la indeterminación de acuerdo con el principio de Heisenberg. A empellones ha querido sacar de ahí a Podemos Carme Forcadell, presidenta saliente de la ANC, según la cual esa formación facilitaría la independencia. Un elogio convertible en torpedo a la línea de flotación.

La otra novedad, Ciudadanos, ha tomado la senda contraria de presentar propuestas, no importa si en el terreno fiscal o en el ferroviario. Además ha expulsado a los indeseables adheridos al calor de las probabilidades y ha excluido el pacto con corruptos. El resultado es un progreso indiscutible de la hueste de Rivera y de modo muy acusado en Cataluña.

José María Marco (La Razón) señala los puntos débiles de ambos partidos.

La novedad está en los dos nuevos partidos presentes en el Parlamento andaluz, los dos partidos más rabiosamente regeneracionistas de nuestro país. En cuanto a Ciudadanos, se ha dejado comprometer en una reunión de algo más de dos horas. El gesto es legítimo, y sabemos que la gobernabilidad justifica siempre cualquier sacrificio (sobre todo los sacrificios). Aun así, resulta un poco sorprendente que un partido tan inmaculado se haya dado tanta prisa. Quizás jueguen afinidades ideológicas no tan soterradas, o bien otras de carácter, entre la grey danesa o noruega, y los andaluces. En dos días, qué duda cabe, Andalucía será un modelo de puritanismo protestante.

En cuanto a Podemos, la cosa es aún más paradójica porque el regeneracionismo de los compañeros politólogos se contempla en el espejo de Chávez y Maduro. Y si se admira y se quiere a Chávez y a Maduro, y se está convencido que el régimen bolivariano es un modelo de pulcritud, transparencia y representatividad democrática, no se sabe por qué motivos ocultos Podemos no se decide por lo menos a facilitar la investidura de los socialistas andaluces, que al fin y al cabo llevan treinta años esforzándose por seguir un camino de regeneración parecido.

Ignacio Camacho (ABC) reconoce su asombro ante el desparpajo de Susana Díaz, que, como hacía Felipe González, consigue mandar ella pero que la culpa de lo malo sea de todos.

La política siempre tiene algo de embeleco, de truco, de artimaña, pero Susana Díaz ha logrado transformar ese habitual ejercicio de ilusionismo en una obra maestra de la elusión. De sus propias responsabilidades. Tras conseguir desplazar sobre la oposición su propio problema de investidura, porque ella lo vale, ayer formuló un programa anticorrupción que debe cumplir el Gobierno… de España.

Ella quiere el liderazgo, la hegemonía, la política pura y desnuda como la poesía de Juan Ramón Jiménez; el Gobierno lo deja para los demás, con todas sus antipáticas rutinas.

Tiene un desparpajo insólito para solemnizar la oquedad, con ecos del similiquitruqui gonzalista. Convierte sus expresiones abstractas -«el tiempo nuevo», etcétera- en hipnóticas jaculatorias políticas ante las que sus rivales asienten como si estuviesen rezando el rosario. Ayer se las apañó para convertir la corrupción en un «problema de todos», siendo así que en Andalucía es sólo suyo. «Si todos queremos acabaremos con ella», dijo muy resuelta. Los que le han pedido medidas regeneradoras aún no son conscientes de que los acaba de embarcar en una responsabilidad que no tenían. Amén.

Toni Bolaño (La Razón) se centra en las rencillas entre Díaz y Pedro Sánchez.

También como convidado de piedra asiste a esta investidura por actos Pedro Sánchez. El líder socialista estña recorriendo a destajo la geografía española en una intensa precampaña que contrasta con su ausencia en los comicios andaluces. El teléfono rojo del secretario general del PSOE no tiene quién le llame. Susana Díaz no lo hace y tampoco Sánchez descuelga. Las negociaciones las lleva el PSOE andaluz y sólo el PSOE andaluz. Los acontecimientos, sin embargo, juegan en favor de Sánchez.

Antonio Casado (ElConfidencial.com) defiende el sistema electoral proporcional, como cualquier editorial de El País.

Hasta entonces haremos caldo de cerebro con las propuestas de alcance nacional que nos dejó la lideresa. Como su segunda vuelta en la elección de presidentes de Gobiernos nacionales, regionales y locales, sin explicar cómo gobernarían luego contra la mayoría adversa que les impidió salir elegidos en primera vuelta. Adiós a los pactos de despacho y hola a los mandatos personalistas. Se institucionalizaría el llamado «pacto de perdedores». En fin, lo ganado en estabilidad lo perderíamos en cultura del pacto, tan ensalzada ante la fragmentación que se avecina.

Ergo, si no nos dan más datos la inestable y bloqueada presidenta andaluza en funciones y la candidata del PP a la alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre, que también está por la labor, no acabaremos de entender esta enmienda a un sistema electoral vigente que tan buenos servicios ha prestado al juego político en nuestro país.

Jorge Bustos (El Mundo) comprueba que el mantra del gobierno de la lista más votada sólo sirve cuando gana el PSOE, mientras que cuando gana el PP la izquierda monta un ‘pacto de progreso’.

Democracia es el gobierno de la representación de la mayoría. Por eso no dejan de sorprenderme esos gruesos titulares que alarman a la población con la terrible posibilidad de «que gobierne la lista más votada». ¡Hasta ahí podíamos llegar!, parecen clamar a cinco columnas. Pero si merece tal énfasis la noticia es porque en España no siempre la democracia ha deparado el gobierno del más votado, escrúpulo aritmético que vino a aliviar la doctrina parda del cordón sanitario, cuya bandera pirata acaba de ondear Garzón el Joven ante Esther Esteban.

El cordón sanitario es a la política lo que el tanga a la costura: un argumento nacido a pachas de la desidia y el impudor que persuade a la mente progresista de que el pueblo siempre tiene razón… salvo cuando vota a los fachas del PP, en cuyo caso se equivoca, su mandato no rige y se declara abierta la veda de los frentes, es decir, del chalaneo hasta el paroxismo hexapartito.

Y por último Ignacio Ruiz Quintano (ABC), que compara el debate entre Susana Díaz y el de Ciudadanos (¿alguien recuerda cómo se llama?) con el combate de boxeo de la otra noche.

Lo de Susana Díaz y el andaluz de Ciudadanos parece el mismo tongo que el Mayweather-Pacquiao (compárese el espectáculo con el de Thomas «La Cobra» Hearns-Sugar Ray Leonard), un «do ut des», pero al revés, no te doy para que no me des, y en septiembre, con la revancha, otro combate del siglo.

En una Tercera en ABC, José María Carrascal explica que el PP merece perder las elecciones.

Hay muchas razones para no votar el PSOE y al PP. La primera y más importante, la corrupción que han dejado crecer en sus filas, inadmisible en un partido de gobierno en una democracia. A la que se añade una persistencia en el error del PSOE, una cerrazón doctrinal de sus líderes actuales que asusta, pues no sé si se dan cuenta de que se han desplazado hacia la extrema izquierda, cuando hoy la izquierda es socialdemocracia o es la Syriza griega, que ya vemos como está. Mientras, en el PP lo que más desespera es la desastrosa política de comunicación que lleva, metiéndose más goles él mismo que los que le meten los rivales. Unido a ese complejo que la derecha española tiene ante la izquierda, la imagen que da a menudo es patética. Sólo por eso, merece perder las elecciones, como el PSOE, por su incapacidad de crecer ideológicamente.

Pero añade que no hay que confiar ni en Podemos ni en Ciudadanos.

Lo malo son sus reemplazos jóvenes. A Podemos le ha durado el disfraz de moderno lo que ha tardado en salir de los estudios de televisión. (…) Lo único que quieren esos chicos es poder y si han conseguido acercarse a él ha sido gracias al inmenso cabreo que tenemos los españoles por habernos creído que éramos ricos sin serlo. Pero ha bastado que Pablo Iglesias, Monedero y compañía se pusieran a hacer política de verdad para que se descubra que están más verdes que el perejil. Darles el poder es como dar a un niño una pistola cargada para jugar.

En cuanto a Ciudadanos, bastante más avispados, han preferido interpretar el papel de buenos chicos, sin enfrentarse con nadie, que es la mejor forma de engañar y engañarse, pues si la política no es «Juego de Tronos» como cree Iglesias, tampoco es una película de «Cine de Barrio», como parece creer Rivera. La política es una cosa muy seria, muy dura, muy desagradable la mayoría de las veces, sin que Albert y sus chicos nos hayan mostrado hasta la fecha que posean esas cualidades. Desde luego, acostándose con uno u otro de los grandes, como van a hacer en Andalucía, no se solucionan los problemas de España. Se prolongan con la coartada de una falsa estabilidad y una peor gobernabilidad.

Y concluye con unas frases que me explican que lleve casi cincuenta años dando opinión en los periódicos, como el difunto Manuel Martín Ferrand. «No se meta en política, joven.»

¿Entonces, me preguntarán ustedes, qué recomienda usted? Pues nada. Ésa es una decisión que tiene que decidir cada español y española.

Edurne Uriarte (ABC) parece dar por amortizado a Pablo Iglesias.

No sólo de comunicación vive un partido. Y, sobre todo, que es un grave error hacer de la comunicación el primer objetivo de un partido político. Tal como lo ha hecho Pablo Iglesias, en detrimento de las dos claves de una organización para establecerse, perdurar y triunfar a medio y largo plazo: la identidad ideológica y la organización. Justamente las que están ausentes en Podemos. Porque el líder Iglesias tiene más vocación de comunicólogo que de ideólogo. Está más interesado por la televisión que por las ideas.

De líder revolucionario a vulgar admirador de «Juego de Tronos». «Las tertulias televisivas han sustituido al Parlamento», dijo también el comunicólogo, y acabará probablemente de vuelta en ellas, como empezó.

EL SILENCIO DE LA PRENSA ESPAÑOLA SOBRE EL YIHADISMO

Ramón Pérez-Maura (ABC) es el único columnista que se ocupa del atentado islamista frustrado en Texas y que apenas tratan los periódicos españoles.

La mayoría de los medios de comunicación lo despachaban ayer con un interés matizado. Dos tipos habían muerto el domingo en Garland (Texas) cuando intentaban asaltar una exposición de caricaturas del Profeta Mahoma. La escasa repercusión sobre semejante acontecimiento indicaba dos cosas: que como los terroristas no mataron a nadie, tampoco fue para tanto y que como atacaban una exposición supuestamente islamofóbica, su acto estaba un poquito justificado. Otro gallo nos cantara si hubiesen atacado una exposición cristofóbica. En ese caso el que fuesen finiquitados habría sido totalmente inaceptable.

E insiste en el peligro que corremos en Europa.

La batalla continúa. A este lado del Atlántico tuvimos el mes pasado la detención en Barcelona de la célula de la Fraternidad Islámica para la Predicación de la Yihad. Un hecho que puso de manifiesto algo escalofriante: cuando la Policía logra impedir que musulmanes españoles viajen a Oriente Medio para entrenarse en actividades terroristas, la reacción de las células en España está siendo que los miembros que quedan aquí pongan en marcha planes terroristas sin entrenamiento previo. Lo que genera la paradoja de que el éxito policial a medio plazo puede provocar más ataques terroristas a corto plazo.

Pablo Planas (Libertaddigital.com) afirma que el comportamiento de Artur Mas, con los contratos para una empresa que emplea a un cuñado, es el mismo que el de Jordi Pujol con sus hijos.

Cambian las caras, a veces los apellidos, pero se mantienen los procedimientos. Todo el griterío y los supuestos agravios, los desfiles de antorchas y las Diadas del rencor, las estructuras de estado, la épica y los mitos; todo remite a un cuñado de Mas, Juan Antonio Rakosnik, a sueldo de una empresa que consigue trincar los contratos informáticos de la Administración catalana.

A este Rakosnik, hermano de doña Helena, esposa de Mas, le llaman «el cuñadísimo». Su hermana es más de fulares que de collares y además Serrano Suñer era cuñado de Carmen Polo y no de Franco. En cualquier caso, Rakosnik es lo que se llama un cuñata, el típico conseguidor de gangas, el que sabe dónde sirven las mejores gambas y la contraseña de la informática a la catalana, un negocio redondo con derivaciones en los ciberespacios fiscales. Juan Antonio, no Joan Antoni, porque entre ellos se llaman como les da la gana y si las leyes españolas no les afectan, menos las catalanas, que son suyas. Pujol tiene familia y Mas, pues también.

Para Salvador Sostres (El Mundo), este último caso de corrupción no es lo peor de Artur Mas. Repasa otros de los asutnos scuios en que está metido el presidente catalán, como la negociación del estatuto con Zapatero, las subvenciones a La Vanguardia, la fortuna de los Pujol, el engaño a su gente, y concluye lo siguiente:

La peor corrupción de Mas está en su estrechez de espíritu, en su mediocridad, en su humillante agresión a lo que dice defender, en su desierto moral. A Mas le falla el amor, ese amor que es el revulsivo de cualquier victoria y de cualquier libertad. La propina de sus familiares, qué quieres que te diga. Por mí se la puede hasta quedar.

La columna ridícula del día la recibe Sebastián Carbó (El País) por caer en el tópico de la ‘joven democracia española’.

España ha progresado pero la trayectoria democrática es aún un poco corta.

Oiga usted, que la «trayectoria democrática» española va a cumplir cuarenta años.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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