OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Raúl del Pozo: «Pablo Iglesias teme más que le llamen estalinista que ‘socialtraidor'»

Sánchez pactará con Podemos sin más reparos morales que los que proporciona la aritmética

Raúl del Pozo: "Pablo Iglesias teme más que le llamen estalinista que 'socialtraidor'"
Pablo Iglesias.

Ussía reconoce que va a votar al PP aunque este partido ha sido "incoherente y decepcionante" en estos años

No me mienta, querido lector, que yo tampoco lo hago, y menos a estas horas tempraneras en las que sólo brilla la luz de la lumbre de mi cigarrillo. ¿Usted entiende que Ángel Gabilondo sea el candidato más valorado de los que se presentan a gobernar la Comunidad de Madrid cuando sólo fue unos pocos años ministro de Zapatero y nadie le conoce ninguna propuesta para Madrid? Por tanto, ¿qué fiabilidad tienen las encuestas?

Por ello, José Oneto (Republica.com) clama contra la sondeocracia.

Estamos hablando de lo que Cayo Lara llama «Sondeocracia», precisamente la gran derrotada en las últimas elecciones del Reino Unido, según viene recordando Rajoy a todos los que le preguntan por lo que pasará el próximo domingo.

Más que de una encuesta, me fío de las columnas. Me llama la atención que a medida que se acerca la hora de votar, los columnistas que leen los votantes del PP se olvidan de sus deseos de regeneración y sus enfados con Rajoy y Soraya, y apelan, de manera más o menos descarada, al voto útil.

LOS COLUMNISTAS LEÍDOS POR LA DERECHA LLAMAN A VOTAR AL PP

Alfonso Ussía (La Razón) nos dice que va a votar al PP, aunque reconoce que está enfadado con el partido.

No obstante, y aunque haya sido incoherente y decepcionante tengo la intención de conceder una última oportunidad al PP con mi voto

Luis Herrero (Libertaddigital.com) trata de llevar al zurrón de Esperanza Aguirre los votos de los enfadados con Rajoy.

Cuentan entre susurros algunos periodistas que se mueven bien entre los despachos de Génova, donde anidan de un tiempo a esta parte las caras largas y los ánimos cortos, que Rajoy está preocupado por la posibilidad -anticipada en algunas encuestas- de que Esperanza Aguirre emerja del aquelarre electoral del día 24 como la gran amenaza a su maltrecho liderazgo en el partido. Si además de retener la alcaldía madrileña consigue acreditar la remontada electoral que pronostican los oráculos demoscópicos, la infatigable Esperanza se convertirá en la gozosa alternativa a Rajoy el mustio. La lideresa popular comenzó la precampaña con un 28 por ciento de intención de voto y puede rematar la faena con una cosecha superior al treinta y cuatro. Es decir, que sobrevolando por encima de las siglas del PP, con un mensaje y un estilo que poco o nada tienen que ver con el de Rajoy y el pragmático y rancio partido acomodado a su imagen y semejanza, habrá aportado al cesto de votos un tirón adicional de más de seis puntos.

César Vidal, también en La Razón, nos interpela para votar a los buenos gestores, siguiendo el ejemplo de sus admirados Estados Unidos. ¿Y cuál es el partido con más alcaldes? El PP. Me pregunto si Vidal es vecino de Madrid…

Unas de las circunstancias que más me agradan -y no son pocas- de la política en Estados Unidos es el planteamiento de ciudadanos y partidos que se desarrolla en el curso de las elecciones locales. Todos, absolutamente todos, tienen más que asumido que los alcaldes y los concejales no deben ser lo que denominan «partidistas» sino, fundamentalmente, gestores.

Sé que para muchos españoles -a fin de cuentas, culturalmente dados al dogmatismo más rígido- esta posición parecerá intolerable. A mí, sin embargo, me resulta la única razonable en una escala local. Para apoyar o castigar a un partido concreto me reservo el voto de las elecciones generales de las que surgirá el próximo gobierno. En los comicios de este mes, para mí es cuestión de votar a personas. A las ya conocidas, a las eficaces, a las mejores.

A José García Domínguez (Libertaddigital.com), el miedo a que su ciudad, Barcelona, esté gobernada por Ada Colau le lleva a elogiar a Xavier Trias, el actual alcalde, por muy separatista que sea.

Tanto Aguirre como Trias, los dos pesos pesados en liza, han dado en seguir a pies juntillas la estrategia que tan buenos resultados diera a Feijóo en Galicia: premiar como interlocutor exclusivo a la izquierda extraparlamentaria, en su caso el Beiras a quien asesoraba un tal Pablo Iglesias Turrión, en detrimento del candidato socialista. Deliberado ninguneo del PSOE que le abriría las puertas de la mayoría absoluta. Ahora, salta a la vista, vuelven a repetir la jugada a escala nacional. Nada que objetar. Al contrario. Por lo demás, tanto Aguirre como Trias, la una desde ese populismo casticista tan del gusto de la derecha pata negra, el otro desde el alejamiento profiláctico de los talibanes de su propio partido, han acertado al fijar distancias con un par de marcas, las de PP y CiU, que ya poco les podrían aportar.

Otro método que veo en ese grupo de columnistas es el ataque a Albert Rivera.  Fernando Sánchez-Dragó (El Mundo) le dice a éste que no sueñe con su voto.

Guapo eres, pero no tanto como para meterte en mi cama. Ni que fueras Pepe el Rápido (¿conoces el chiste?). Anda, lee. Los que vivimos, de Ayn Rand, y recapacita. España aún no es aquella Leningrado, aunque vaya camino de serlo. ¿Qué harán quienes gusten de los tríos, como yo, o de los amontonamientos? Adiós a las familias numerosas. Los bebés no podrán dormir en la habitación de sus papás ni los niños jugarán con ellos en la cama los sábados y los domingos. ¿Servirá el sofá sólo para ver la tele? Por favor, Albert: ‘don’t disturb’ y, de paso, retira lo del impuesto de sucesiones, que es robo con alevosía. Si lo haces, igual te voto la próxima vez.

Isabel San Sebastián (ABC) también carga contra el presidente de C’s por su metedura de pata sobre la reserva de la política a los nacidos a partir de 1978. La periodista se siente tan ofendida que no duda en revelarnos su edad.

Se ha equivocado Albert Rivera, seguramente en razón de su propia juventud y desde la ingenuidad, acaso por desconocer en carne propia lo que significaron esos años en los que España salió del ostracismo internacional y la obsolescencia política arrastrada durante siglos para incorporarse finalmente al contexto histórico que le era propio. Los protagonistas de ese viaje, quienes, en mayor o menor medida y desde distintas esferas profesionales, contribuimos a colocar a este país en su sitio devolviéndole el orgullo que otros le habían robado, no podemos hacernos responsables del saqueo generalizado al que se han dado después algunos desaprensivos.

Tampoco los ladrones, mentirosos, prevaricadores, traidores a sus promesas o a sus programas son ni han sido siempre «viejos» mayores de cuarenta años. Los hay de todas las edades, en todos los partidos y con un único elemento común: la ausencia de escrúpulos, de palabra… En definitiva, de honor.

Por último, Bieitio Rubido (ABC) recuerda la responsabiliad del PSOE en la crisis económica.

Estamos saliendo de una de las crisis económicas más largas y severas que hayamos conocido en varias generaciones. Una situación extraordinaria, que ha traído consecuencias extraordinarias. Lo sorprendente es que casi todo el mundo habla de ella como si hubiera surgido por generación espontánea. Al parecer, el PSOE de Zapatero no tuvo nada que ver en su génesis

El único disidente es Ignacio Camacho (ABC), que duda de la alianza poselectoral entre el PP y C’s.

Su transversalidad ideológica le va a ocasionar problemas si pretende trasladarla a equilibrios de alianzas variables. Una abstención táctica o descomprometida también implica costes porque participar en las elecciones significa asumir responsabilidades.

Tampoco el PP se lo pone fácil; su campaña no es la de un potencial socio. Inquieto por la brecha abierta en su flanco, el marianismo arremete en tromba contra un rival al que tal vez debería tratar de matar a abrazos en vez de molerlo a patadas. Cada invectiva, cada descalificación, los separa y encarece los posibles acuerdos. En la vieja política la aspereza de la contienda electoral era parte de una escenificación, de una pragmática simulación sobreactuada; pero el mensaje de Ciudadanos es, precisamente, el de una nueva política más sincera o más depurada de hipocresías rituales. Y aunque sus votantes no se lean el programa quizá deberían hacerlo los que aspiran a convertirse en sus aliados.

JULIANA: EL PSOE ABANDONA A CARMONA POR CARMENA

En la izquierda, detecto el reconocimiento de que Podemos va a captar mucho voto, que incluso puede quedar por delante del PSOE, y de ahí la pretensión de presentar a Pablo Iglesias y sus greñudos como gente que no asuste.

Raúl del Pozo (El Mundo) asegura que Iglesias es socialdemócrata de verdad.

¿Cuál es el auténtico Pablo Iglesias, el de las entrevistas o el de los mítines? ¿El del lenguaje moderado o el del discurso incendiario? (…) Se veía la rebelión de Podemos como un motín español, una conjuración de muchos para derribar el poder establecido. Y, de pronto, Pablo condena a los enemigos del pueblo, cuando su poder avanza vertiginosamente en Madrid, donde su candidata, Manuela Carmena, está a un concejal de Aguirre.

¿Qué ocurriría si Podemos ganara las elecciones y el Palacio de Cibeles se convirtiera en una lubianka para descubrir a los enemigos del pueblo? Ese fresco de horrores, esa redada de contrarrevolucionarios es imposible por muchas razones y, sobre todas, por una: Pablo Iglesias se ha definido como un socialdemócrata que busca un rodal en el arco parlamentario. Teme más que le llamen estalinista que ‘socialtraidor’, aunque en los mítines sufra resbalones, ‘lapsus línguae’ o malas jugadas del inconsciente.

En el mismo periódico, Pedro Cuartango se ríe de la fe socialdemócrata de Iglesias.

las declaraciones que hizo ayer a este periódico de Pablo Iglesias en las que se definía como «socialdemócrata como Marx y Engels». Una referencia emocional pero que no aclara nada sobre su programa.

Enric Juliana (La Vanguardia) asegura que los socialistas han condenado a su candidato a la alcaldía de Madrid, Antonio Carmona.

Entre muchos electores de izquierda sin carnet está cuajando la idea del doble voto: Carmena para la alcaldía de Madrid y Ángel Gabilondo, independiente al frente de la lista del PSOE, para la presidencia de la Comunidad. Hay un runrún, pero Carmena, poco pasionaria, no lo canta.

Un par de columnistas ponen en solfa al secretario general del PSOE. Uno es José Luis Martín Prieto (La Razón).

Pedro Sánchez no tiene enmienda ni quien le entienda, insistiendo en meter en el mismo saco a Bildu y el PP. Este líder provisional del PSOE no apunta maneras de estadista. Le alivia la Susanita andaluza, la que asó la manteca, jugando con el ratón, pero en su Comité Federal afilan las gumías si los socialistas son tercera fuerza en Madrid. Histeria en la guardería.

Otro es Santiago González (El Mundo):

Pedro Sánchez no es Gerhard Schroeder, que pactó con Angela Merkel para no hacerlo con su correligionario radical Oskar Lafontaine. Snchz pactará con Podemos sin más reparos morales que los que proporciona la aritmética, ahora que Pablo Iglesias se ha declarado socialdemócrata, como Lenin, según dice.

Gabriel Albiac (ABC) me sorprende proponiendo una gran coalición, a la manera de su detestado Felipe González. ¡Él, que es autor de un libro titulado ‘Contra los políticos’! Lo que hace el miedo.

Las municipales y las autonómicas dibujarán el mapa fragmentario -en rigor, más rompecabezas que mapa- de una España imposible de gobernar. De una España imposible de administrar. De una España imposible. Y todos quedaremos a la espera de que las elecciones generales trasladen ese rompecabezas a la máquina completa del Estado. Entonces, lo de Grecia será nada, comparado con el batacazo económico que habrá de seguirse en una España cuyo Estado se paralice.

Ante el riesgo de quiebra nacional, pacto de Estado y gobierno de concentración son respuestas automáticas. Porque sólo hay eso o el suicidio. PP y PSOE pueden aún dar ese paso, aunque los tiempos les son cada vez más adversos y los riesgos más altos. Y ese paso requiere cirugías previas: amputación de los miembros gangrenados en ambos partidos.

LOSANTOS, CADA VEZ MÁS INCÓMODO EN EL NUEVO EL MUNDO

Dejemos la política de partido y vayamos a columnas más reflexivas.

Federico Jiménez Losantos (El Mundo) deja claro su desprecio intelectual por la profesión periodística, debido a su izquierdismo. Precisamente, su periódico conmemoró el aniversario del 15-M con un despliegue de buenas intenciones.

El 15-M fue un movimiento esencialmente mediático, cuya almendra política era totalitaria y de izquierdas, que fue instrumentalizado por el Gobierno de ZP contra el PP de Esperanza Aguirre y que, cuatro años después, los mismos periodistas que proyectaban en los ‘acampados’ la inocencia y bondad que a sí mismos se atribuyen, tratan de ‘blanquear’ manipulando los hechos.

Lo que no cambia de un siglo a otro es la excelente opinión que los periodistas tienen de sí mismos. Ellos buscan el bien y si producen el mal, la responsabilidad nunca es suya; es que la realidad es fea, no «sueña», que es lo que debe hacer la gente para gustarle a los medios. Que no piense, sino que «sueñe»; y contará con gran cobertura mediática, prueba de los buenos sentimientos del sueño. Al despertar, los medios se habrán ido a «soñar» a otra parte, pero ¡está tan mal el mundo! ¡Hay tanto que soñar! ¿Para qué despertar?

Yo recuerdo el albañal de la Puerta del Sol, canonizado por la Cuatro, la Sexta o Intereconomía.

Le noto cada vez más incómodo en El Mundo…

David Gistau (ABC) firma una de las mejores columnas del día, porque en la suya escribe que a los españoles no les preocupó la corrupción hasta que dejaron de recibir gabelas del Estado y que entre nosotros todo es socialdemocracia.

A la sociedad española empezó a escandalizarla la corrupción sólo cuando se consideró que ésta desviaba recursos necesarios para satisfacer el concepto de «pueblo» subvencionado. Búsquenme iras populares en los noventa, los de mayor actividad de Bárcenas y los Pujol.

Esta mentalidad explica que, en España, la única forma exitosa de gobernar sea siempre estatalista. Lo único que debe hacer el Estado es cumplir con sus obligaciones proveedoras: se le aceptarán todas las alienaciones individuales mientras lo haga. La izquierda, sobre todo la izquierda redentora de Iglesias, propone este contrato que hace de la sociedad un inmenso cliente del Estado sin ningún disimulo, e incluso inventa coartadas morales para obtener mediante la incautación el dinero que necesita. Pero la derecha no es muy distinta: obsérvese el maná peronista que, en vísperas electorales, anunció la vicepresidenta después del último consejo. Vamos a aclararlo ya, que andamos liados con las adjudicaciones de etiquetas: en España, socialdemocracia es todo.

Ignacio Ruiz Quintano (ABC) explica que ya no se estudie a Aristótoles en la enseñanza media por sus críticas a las oligarquias.

Aristóteles era muy del Bachiller. Un sabio con sus manías, como creer que las mujeres tienen menos dientes que los hombres, pero también con sus aciertos, como que la dictadura da en oligarquía, la oligarquía en democracia y la democracia en dictadura. Lo de los dientes de las mujeres no importaba: para desmontar el error aristotélico la Santa Transición siempre podía enseñar a Ana Belén (amor platónico, ay, de Rubalcaba). Pero lo de los regímenes políticos eran palabras mayores. ¿Qué era eso de que una dictadura da paso a una oligarquía? ¡Fuera Bachiller!

Censurando a Aristóteles se evita el conocimiento de su ley, pero no su cumplimiento. Y ante el temor de que, después de cuarenta años, sea el momento de pasar del sistema proporcional al sistema representativo (la señal de alarma es que ya nadie cree en nada), parece natural que los beneficiarios de lo que hay (¡el cuarentañismo!) intenten salvarse enfoscando el edificio.

Luz Sánchez-Mellado (El País) traslada la inestabilidad social y laboral en que vive la juventud, o sea, los menores de 40 años, a la política.

Los votantes ya no son los que eran. Ni los mayores, defraudados por los suyos. Ni los jóvenes, que no deben fidelidad a nadie. Los mayores se ennoviaban de adolescentes, firmaban una hipoteca a 30 años y se casaban para toda la vida. Los jóvenes llevan inserto el chip de cambiar de trabajo, pareja y/o país una o varias veces en la vida. En el tiempo nuevo del que hablan todos como si fuera suyo, uno no se casa con nadie y menos con unas siglas. Se vota lo que conviene. Pablo Iglesias ya no es el de la Espasa, sino el de Google. Y ya no sirve sacar en procesión a los abuelos González y Aznar a poner orden en la familia porque ya no hay más vacas sagradas que Nadal y Beyoncé, y no para todos ni por este orden.

Pues quizás tenga razón la periodista de El País. Me explico. Jorge Martínez Reverte, también en El País escribe contra Francia:

Qué mala prensa sigue teniendo Francia en España por la manera en que acogió a los refugiados españoles en febrero de 1939. Hay innumerables testimonios de los horrores vividos en las playas de Argelès.

Pero la realidad es que Zapatero agradeció a los franceses esa acogida a los exiliados. Don Jorge, que vivimos en la sociedad líquida, instaurada por los buenistas.

MÀRIUS CAROL JUSTIFICA LA FORTUNA DE LOS CLINTON

Y de viejos en la política a viejos en los toros. Julio Llamazares (El País) recuerda que hace unos años los santones de la izquierda iban a los toros y escribían satisfechos sobre las corridas y los maestros.

Hubo una época, que algunos recordarán, en la que los intelectuales y artistas españoles competían entre sí en escribir las cosas más originales y, a su entender, llenas de significación sobre ese espectáculo prehistórico que consiste en alancear y trapacear un toro hasta su final, que le puede sobrevenir por estocada mortal o por degollamiento con el verdugillo.

Pero aquella época pasó y los intelectuales se retiraron a sus cuarteles de invierno, como sus compañeros de viaje taurómaco, los cantantes y artistas de la movida nacional, y las corridas de toros regresaron a donde siempre estuvieron, esto es, al mundo de los aficionados de cuna y a los japoneses. Los filósofos y los artistas desaparecieron de las barreras de Las Ventas y en los graderíos volvieron a quedar los de toda la vida, esto es, los aristócratas, las folclóricas, los políticos de la derechona (también alguno de izquierdas), los empresarios de puro en boca y whisky entre toro y toro y los aficionados de sol y bota de vino. Eso sí, todos cada vez más viejos, pues la cantera parece que no se renueva mucho.

Joaquín Luna (La Vanguardia) pide que le dejen en paz, que él sólo quiere ver toros.

Si por mí fuera, me sentaba en una terraza con los amigos de las banderas para hacer negocio. El asunto es sencillo: a ustedes les chifla ondear estelades donde les da la gana, y a mí se me rompe el corazón cuando paso por la Monumental de Barcelona y un día veo un circo y otro leo que deberían montar un centro comercial con sus tiendas de Calzedonia, Mango y Naturhouse. Ustedes se quedan con los mástiles y la bandera presidencial de la plaza, y yo vuelvo a ver toros.

Y a la legalidad, candela.

La columna ridícula del día es el billete de Màrius Carol, director de La Vanguardia, que reivindica la inteligencia y la fortuna de los Clinton, cuando en EEUU se está conociendo el inmenso y sospechoso patrimonio de su fundación.

Las conferencias aportan a las arcas de los Clinton 25 millones de dólares al año. Bill y Hillary son una máquina de ganar dinero. Paradójicamente, tratan con ellas de sensibilizar a la gente sobre la pobreza. Contratar al expresidente o a la ex secretaria de Estado con sus fábulas morales no sale por menos de 325.000. Más allá de lo que puedan explicar, sin duda la gente paga por ver a gente que admira. Una encuesta de la consultora demoscópica YouGov sitúa a Bill Gates y a Angelina Jolie en cabeza de las listas de los más admirados. Se trata de otros dos millonarios comprometidos. El poder seduce, aunque nos gusta saber que las personas que nos agradan sean socialmente sensibles.

Tanto vivir junto al conde de Godó, aliena, que diría un marxista, socialdemócrata o no.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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