LA CLAVE DEL DÍA

ABC propone la exclusión del Barça y del Athlétic de la Copa del Rey

El País pide a Artur Mas y a Íñigo Urkullu que hagan el favor de condenar las pitadas al himno nacional y al Rey

La Razón pone como modelo la reacción en Francia: toda ofensa al himno acarrea la suspensión del partido

La pitada al himno nacional y al Rey en la final de la Copa del 30 de mayo de 2015 y sus consecuencias son el tema de sendos editoriales en tres periódicos, que tienen en común la desaprobación en mayor o menor grado.

En ‘La ofensa a España no puede quedar impune’, ABC recuerda que los clubes se han comprometido a erradicar de los estadios los insultos racistas y reclama para los insultos a los símbolos nacionales el mismo tratamiento. Si hay clubes que no quieren hacerlo, propone que se retiren de las competiciones de la Liga Española.

El editorial de la La Razón, ‘En defensa del Rey y del himno’, recuerda la medida que tomó en Francia Nicolás Sarkozy en 2008: cualquier ofensa a su himno acarreará la suspensión del partido. Y desde entonces no ha pasado nada.

El País se pone patético al pedir a los presidentes autonómicos vasco y catalán y a los presidentes de los clubes implicados que, por favor, condenen el insulto a todos los españoles. ‘Aún están a tiempo’ es el título del editorial.

EL PAÍS

Los pitidos al Rey y al himno nacional en la final de Copa no pasarían de ser un nuevo alarde de incivilidad e incultura, como define el diccionario al gamberrismo, si no fuera porque esa manifestación, ofensiva para muchos españoles, estuvo acompañada esta vez por la exhibición de una gigantesca pancarta con el lema Jota ke irabazi arte (Dale duro hasta vencer):la misma que ha empleado ETA como señal de identificación en sus armas y sus comunicados.

Lo de los pitidos no tiene solución que no implique riesgos graves: no es posible suspender el evento antes de que ocurra la ofensa ni prohibirlo una vez producida con 90.000 personas en el estadio; y tampoco plantear sanciones indiscriminadas. Pero sí habría sido esperable de los presidentes catalán y vasco y de los de ambos clubes un pronunciamiento previo y conjunto. Urkullu, al menos, llamó a que imperase el grito de Aúpa el Athletic a otras manifestaciones. Aún están a tiempo de condenar lo ocurrido.

ABC

Tan impresentable resulta el regocijo en la ofensa a los símbolos de España como perjudicial la indolencia o parsimonia en su condena.

Por ello, más allá de las habituales declaraciones políticas de rechazo, es fundamental imponer sanciones ejemplares con el fin de que tal esperpento no se repita. La Comisión contra la Violencia en el Deporte, que se reúne este 1 de junio de 2015, debe adoptar todas las medidas precisas que contempla la ley para sancionar dicho comportamiento e imponer el castigo correspondiente a los clubes, responsables no solo de no haber hecho el necesario ejercicio de pedagogía para evitar la pitada entre sus aficiones, sino, incluso, de justificarla en alguna ocasión, a imagen y semejanza de los políticos nacionalistas. Además, la sanción tendría que ser lo suficientemente contundente como para desincentivar que se vuelvan a proferir insultos a los símbolos de España. Si los clubes no se comprometen a evitar este deleznable comportamiento en próximas ediciones, tal y como ha sucedido con los gritos racistas y otros insultos, que no participen. Ni España se puede permitir hacer el ridículo ante medio mundo ni los españoles se merecen que nadie les vilipendie.

LA RAZÓN

La respuesta del Gobierno fue convocar la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte para que analice los hechos y proponga las sanciones, que, muy probablemente, no pasen de una multa. Que los poderes públicos puedan sentirse satisfechos con ello o sean incapaces de articular una respuesta de mayor alcance redunda en la falta de coraje que el Estado de Derecho ha manifestado hasta ahora. En un país tan dado a la sobreactuación en la promulgación de normas, que no exista un precepto que proteja la pitada al Rey o al himno sólo puede explicarse por la falta de voluntad política. La Francia de Sarkozy -el ejemplo más reciente- nos demostró que es posible hacerlo si se tiene la determinación suficiente cuando su Gobierno acordó en 2008 que cualquier tipo de menosprecio hacia el himno provocaría la suspensión automática del partido en cuestión. Desde entonces, «La Marsellesa» nunca más fue abucheada.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído