LA CLAVE DEL DÍA

El País da la bienvenida a la radical Ada Colau a «las poltronas del poder»

El periódico progresista aprueba la suspensión de nuevas licencias hoteleras, pero le pide que suavice su programa económico

El editorial, titulado 'Conviene madurar', es una lección sobre buen gobierno impartada desde la superioridad moral

Las declaraciones de Ada Colau en una entrevista en El País publicada ayer sobre la desobediencia a las leyes («si hay que desobedecer leyes que parezcan injustas, se desobedecen») parecen ser la causa del editorial de hoy, 2 de junio de 2015, en el periódico progresista.

Con el título de ‘Conviene madurar’, el editorial es una lección impartida desde la superioridad intelectual a la bisoña candidata. El País está contento de que Ada Colau sea la próxima alcaldesa de Barcelona. Para el diario progresista, «las poltronas del poder» harán madurar a Colau y sus concejales, que han copiado el desprecio a la legalidad de Artur Mas. La entrada en las instituciones de estos «movimientos de protesta» es buena noticia, porque demuestra que el sistema es capaz de acoger a quienes quieren reformarlo o incluso demolerlo.

La lección-editorial concluye con un consejo a Colau: «no debe imponer su programa electoral, sino negociarlo y retocarlo a fondo».

Por el contrario, ABC considera que Colau «no contribuye a generar estabilidad» y añade que el PSOE se equivoca al pactar con candidatos como ella y Manuela Carmena.


EL PAÍS

Uno de los efectos colaterales positivos de las elecciones del 24-M es la demostración de que el actual marco constitucional -bien que necesitado de mejoras- es suficientemente flexible como para incorporar a partidos, movimientos y dirigentes que se sienten desligados del mismo, o son abiertamente partidarios de su completa sustitución.

También lo remacha así el que la más que probable próxima alcaldesa barcelonesa, Ada Colau, se haya permitido el error de elogiar la infracción de las normas, al afirmar que «si hay que desobedecer leyes que parezcan injustas, se desobedecen». ¿También habrá que desobedecer sus futuros decretos y circulares? Algo que sería difícil escuchar de labios de otra significada alcaldable (por Madrid) de parecida sensibilidad, la exjuez Manuela Carmena.

El traspié se comprenderá quizá si lo sostiene un grupo marginal; pero en modo alguno debe preconizarlo una aspirante a una responsabilidad institucional, aunque su entorno esté tan contaminado por el mal ejemplo del presidente de la Generalitat, Artur Mas, habitual en quebrantar la ley que ampara el ejercicio de su cargo.

El episodio ilustra cómo Colau y otros dirigentes están en tránsito desde los movimientos de protesta hasta las poltronas del poder, y hasta qué punto conviene que maduren aceleradamente, interioricen la nueva situación y empiecen a actuar con plena responsabilidad.

A diferencia de lo que sostienen desde las voces ultras hasta los nacionalistas perdedores, la entrada en los salones de los poderes democráticos de representantes de plataformas emergentes en las grandes ciudades conlleva algunos beneficios: dota de aire fresco a un paisaje humano muy reiterativo; incorpora al sistema a gentes tentadas por el saboteo de ese mismo sistema; dota de mayor viveza a las instituciones y conecta con algunas preocupaciones de la gente que han sido, en ocasiones, menos tenidas en cuenta, como la desigualdad y las situaciones de emergencia social.

Todo ello es cabal siempre que se haga operativo mediante la poda de los excesos del sistema económico-urbanístico (por ejemplo, en Barcelona, la sobresaturación de licencias hoteleras y pisos turísticos), y no mediante el olvido de sus principios y de los intereses -también para el empleo- del dinamismo empresarial, que no puede ser tributario de la discrecionalidad administrativa.

La lista de Colau se colocó en primer lugar el 24-M, para disgusto de los que tratan de deslegitimarla o seducirla para la causa de la secesión. Pero solo supone un 25% del cuerpo de concejales. Si quiere hacer sostenible su alcaldía, no debe imponer su programa electoral, sino negociarlo y retocarlo a fondo para convertirlo en un programa de mayorías. Solo así se hará real su promesa de gobernar para todos los barceloneses.

ABC

Desde la noche electoral, el populismo radical que encarnan Podemos y sus marcas blancas están dando a su mensaje una pátina de falsa moderación, de izquierda adaptable a la realidad y a las exigencias de una democracia, para hacer creer que su amenaza antisistema no se llevará a la práctica. Sin embargo, su ficción de oratoria comprensiva y dialogante no oculta un proyecto repleto de rasgos autoritarios e intervencionistas propios del comunismo más rancio.

Es más, sus mensajes apelan a la vulneración de la ley, lo que realza su enorme capacidad de demagogia y no contribuye a generar estabilidad. Ada Colau, por ejemplo, exige imponer su programa con 11 de 41 concejales electos en Barcelona y un argumento alarmante: «Si hay que desobedecer leyes que nos parezcan injustas, se desobedecen».

El PSOE comete un error cayendo en su trampa porque en las generales correrá el riesgo de ser una marioneta en manos de Podemos. Las palabras de Colau, Carmena y otros líderes de estas «mareas» extremistas son una irritante declaración de intenciones que va más allá del mandato en las urnas y que apunta a una concepción destructiva de la política.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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