OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Pedro de Tena: «Rivera ha decidido perpetuar el régimen andaluz sin recibir nada a cambio»

Espada recuerda la Transición, cuando las leyes se despreciaban como se vuelve hacer ahora por los populistas y periodistas

Pedro de Tena: "Rivera ha decidido perpetuar el régimen andaluz sin recibir nada a cambio"
Albert Rivera y Susana Díaz.

Ussía se pregunta si la podemita Teresa Rodríguez ha llamado vaca a Susana Díaz o es sólo incultura

¿Creía usted, querido lector, que ya había tenido bastante con la campaña a favor de Albert Rivera? Este 11 de junio 2015, esa campaña se redobla hasta el punto de que puede endulzar su café de la mañana con un trocito de las muchas columnas de la prensa cuyos autores le hacen al chico de Barcelona las mismas carantoñas y los mismos mimos que a un recién nacido.

Incluso en La Vanguardia encuentro dos elogios a Rivera. Uno lo escribe Fernando Ónega.

Se juega la partida de la acomodación de los nuevos, Podemos y Ciudadanos. Están en construcción. Han crecido sobre la idea de que vienen a relevar a la vieja clase política. Cualquier movimiento que la sociedad no entienda puede perjudicarles. De ahí los titubeos de Podemos ante el PSOE y las exigencias de C’s al PP. Se impone el tactismo y hacerse imprescindibles.

De momento, la ventaja es para Albert Rivera: está con los azules, pero mantiene a los rojos. Vende la ideología de la regeneración y se la impone a ambos por igual. Si consigue que triunfen sus normas contra la corrupción, habrá prestado un gran servicio. Si lo chulean en Andalucía o en Madrid, no tendrá más remedio que derribar a quienes ahora salvó.

Y el otro Lluís Foix, que para mí tiene más importancia, ya que pertenece a la ‘seva’ del periódico, pues Ónega no pasa de ser un gallego afincado en Madrid y contratado por el conde de Godó… casi casi como Franco.

Ciutadans es la tercera fuerza en el Ayuntamiento de Barcelona, y Albert Rivera hace y deshace gobiernos en España alejando a CiU del papel de intermediación en la política de Madrid.

Victoria Prego (El Mundo) mezcla elogios y pegas.

por lo visto hasta el momento, el papel de ese partido es digno de elogio porque, al menos en Madrid y en Andalucía, ya ha conseguido que los partidos grandes hayan asumido compromisos que de otro modo nunca habrían incorporado en su actuación. Ha logrado, por ejemplo, que PP y PSOE se quitaran de enmedio a unos cuantos imputados y eso está bien en principio.

Quizá no es el momento adecuado para levantar el pie de las exigencias en este punto, pero ese momento tendrá que llegar si no queremos acabar haciendo de este país un remedo de lo que fue en tiempos de la Inquisición.

En una columna confusa, Antonio Lucas (El Mundo) se malicia que Rivera, invento de las finanzas (ah, la conspiranoia en la izquierda), se meriende a Rajoy.

Para mover algo este muermazo se programó desde la orilla financiera y heracliana del PP al niño Albert. Para estar con ellos y contra ellos, para marear al enemigo en Andalucía y ser colega nacional en Madrid. Porque si Rajoy ha hecho oficio de galápago, Rivera lo hace de nerviosito. Está en todos los frentes posibles con algo de polizón y de bordado primoroso que oculta los agujeros de las polillas.

Ciudadanos es y no es la derecha de siempre. Algo parecido a lo que ahora le sucede al PP, que tampoco los suyos saben muy bien lo que es después de que el partido haya pasado de alternativa liberal (que nunca lo fue) a mocho de espantar rojos.

En esta nueva y excitante etapa de punto bobo conviene sospechar que Ciudadanos es el veneno del PP y que el pacto contra natura no es el que hace el niño Albert con Susana Sánchez, sino el que está firmando con sus compadres en Madrid. Esto es lo chillón. Ahora a socializar y a comportarse, no llegue la saturación antes que la victoria.

ENCUESTA EN CATALUÑA: C’S 26 ESCAÑOS Y PP SÓLO 12

Raúl del Pozo (El Mundo) nos cuenta que ha hablado con Rivera y éste le ha dado los datos de una encuesta, supongo que suya, para el Parlamento catalán, que le lleva a dudar al Mimosín de la política española de que Rajoy adelante las elecciones.

«El PP tiene que elegir entre el susto y la muerte. Para Mas y Rajoy son veneno las elecciones de Cataluña», me dice esta mañana Albert Rivera. Es que le he preguntado si cree que Rajoy va a convocar para septiembre. «No sé si hay un pacto secreto entre Mas y Rajoy para buscar una fecha buena para ambos. Lo que sí sé es que los sondeos dan al PP 12 escaños -tenía 16- y a nosotros 26». Con ese resultado Albert Rivera se destacaría como el delfín de la nueva situación. «Claro que a Mariano Rajoy le inquieta que le doblemos en votos, pero me parece extraño que haga un cambio de Gobierno para dos meses», comenta.

A continuación, Raúl del Pozo se lanza a la exaltación del centro y de su nuevo profeta. Una idea interesante: estamos ante una rebelión de funcionarios, o sea, añado yo, ante la limpieza del escalafón.

Pocos políticos han pensado en grande. Acaso se salve de la quema Albert Rivera. Si la política, además de teatro, es un ejercicio moderado de la maldad y la astucia, Albert está resultando ser un buen político. Obtiene y se reproduce.

Rivera entiende que el cambio político no ha estado basado en una revolución popular, sino en una revuelta de funcionarios. Han sido la clase media empobrecida y los profesionales los que se han sublevado. Si se hicieran estadísticas serias, se vería que la mayoría de los políticos electos ya vivían del Estado. Carguillos públicos, pocos trabajadores.

Albert Rivera quiere moderar esa falsa revolución. Se opone al vacío y ha elegido la via di mezzo que tanto despreciaba Maquiavelo. «Los caminos del mezzo -escribió Luis González Seara- suelen corresponder a las ensoñaciones ideales de la fantasía egoísta». Pero Albert Rivera ha apostado por el centro como virtud.

Donde está causando una división enorme el pacto de C’s con el PSOE andaluz es en Libertaddigital.com. Federico Jiménez Losantos vuelve a clamar hoy contra C’s en Es.Radio y en su periódico lo hace también Pedro de Tena:

Si mantiene su palabra de no participar en el gobierno, que ya veremos, la tarea de controlar a Susana Díaz será imposible. Primero, porque aceptó entregarle el gobierno del Parlamento dañando al PP andaluz y permitiendo un control casi absoluto de la Mesa que decide plenos, comisiones, comparecencias y demás procesos de la vida parlamentaria. Segundo, porque nunca tendrá conocimiento, de no estar en el gobierno, de las actividades del nuevo ejecutivo de Susana Díaz. Aun estando le sería difícil, pero sin estar será imposible.

Por tanto, Albert Rivera ha decidido perpetuar el régimen andaluz sin obtener nada a cambio para los ciudadanos andaluces que en la cantidad de un 62% dijeron NO a un gobierno socialista. Eso, los votantes que han visto como C’s era la llave pero de la puerta que lleva al régimen. Con la abstención, serían muchos más. Que Dios y el PSOE se lo paguen y que las urnas andaluzas y nacionales se lo demanden por los siglos de los siglos. Amén.

En cambio, Agapito Maestre se derrite literalmente ante C’s y Rivera.

Ciudadanos no cambia sus apoyos por poltronas, sino por la nación democrática, España. Por lo tanto, después de la elecciones del 24-M y visto como negocia la estabilidad de España Ciudadanos, sigo manteniendo que este partido ilusiona a millones de españoles. Esto es algo más que simpatía. Ciudadanos le da una brizna de dignidad a la política española. Ilusión, dignidad y, sobre todo, esperanza es lo que llevan adentro los discursos de Ciudadanos, incluida la última comparecencia de Rivera explicando el acuerdo de Andalucía.

Y José García Domínguez espeta que quien quiera que gobierne el PP que le vote, pero que no le exija a C’s que se entregue al partido de Rajoy.

Quienes en alguna fantasía febril hayan confundido a Ciudadanos con un sucedáneo castizo del Tea Party, histriónica banda de irresponsables capaz de forzar la parálisis de las instituciones por mor de cualquier maximalismo doctrinario, que se lo hagan mirar, como dicen en Cataluña. Porque ni es el Tea Party ni tampoco el Partido Campesino de Polonia, una sigla manumitida y resignada a orbitar de por vida en la esfera de alguna gran organización nodriza. El que quiera marcas blancas que las busque en el Día, en Caprabo o en Mercadona. Y el que quiera que gobierne el PP que vote al PP y que no ande lloriqueando después por las esquinas porque Juan Marín se comporta como si no fuese un empleado de Genova 13. ¿Verdad que es sencillo? Pues a ver si lo entendemos de una vez.

GABRIEL ALBIAC SE DESPIDE DE CIUDADANOS

Por fortuna, hay algunas columnas críticas con C’s y su jefe.

Ignacio Camacho subraya en ABC que C’s se ha rendido al discurso imperante en España de que la izquierda es superior a la derecha.

La principal razón por la que Ciudadanos ha decidido apoyar la investidura de Susana Díaz consiste en que también va a respaldar la de Cristina Cifuentes. Rivera y los suyos parecen pensar, como tanta gente, que en España hay que justificarse por coincidir con la derecha, pecado de lesa corrección política ante cuyos remordimientos es menester encontrar un antídoto. La decisión de pactar con el PP en Madrid requería el inmediato contrapeso de hacerlo con el PSOE en Andalucía, quizá no tanto para mantener una imagen de equidistancia como para hacerse perdonar la herejía de distanciarse de la superioridad moral de la izquierda. La solución final es sensata para un partido con vocación tercerista que no desea acabar a pedradas con el sistema, pero la han envuelto en explicaciones alambicadas difíciles de compaginar con la realidad más prosaica de una simple determinación táctica.

Les guste o no a los dirigentes de C’s, los marcos mentales mandan y la investidura compensatoria de Díaz supone para ellos un coste más alto que la de Cifuentes. Como en aquella serie de «Fama», la política tiene un precio y aquí es donde van a empezar a pagarlo.

Josep Ramoneda (El País) reprocha a Ciudadanos que se aparte de la política cotidiana.

Una vez instaladas en el trono las presidentas de Andalucía y de Madrid, Ciudadanos se lava las manos. Ningún compromiso para la legislatura. Y, sin embargo, ellas han aceptado un montón de exigencias sobre corrupción, limitación de mandatos (Andalucía), primarias, listas abiertas o dedicación exclusiva de los diputados (Madrid), que en algunos casos incluso contradicen las posiciones de sus propios partidos.

Se entiende que Ciudadanos imponga condiciones en materia de corrupción, pero, ¿qué sentido tiene que un partido pretenda decidir el método de elección de candidatos de otro partido? Cada cual es libre para darse sus propias normas. Facilitar la gobernabilidad, y evitar espectáculos penosos como la larga interinidad andaluza, es positivo. Pero convertirlo en un mercadeo de investiduras demuestra que la vieja y la nueva política no son tan distintas.

Gabriel Albiac (ABC) se despide de C’s, aunque no sé si alguna vez le ha votado.

C’s estaba condenado a capitalizar su voto al delictivo PSOE andaluz en su precio óptimo. Que sólo se fijaría tras el desbarajuste en autonómicas y municipales. Pregunté a algún dirigente de C’s si, después de esas elecciones, acabarían por poner a Díaz de presidenta andaluza. La respuesta fue un contundente «no». Que yo escuché como un claro «sí». Ahora, su gente lo ha hecho. Y yo sería un perfecto imbécil si me fingiera sorprendido. Asqueado, sí; pero eso es otra cosa. El asco ante lo político es síntoma de buena salud ética. Desde Epicuro: «Huye, hombre sabio, con las velas al viento, de todo lo convenido». Bye, bye, C’s. Que os vaya bonito.

Arcadi Espada (El Mundo) clama contra el populismo que infecta a políticos y periodistas. Recuerda que la misma furia purificadora la vivió ya en la Transición.

Desde hace unos meses una arrogante y necia juventud -una juventud- proclama la necesidad de un cambio de régimen, niega que la reforma de las instituciones sea suficiente y proclama la urgencia de la ruptura, y es partidaria de someterse a las leyes siempre y cuando se trate de leyes justas, mientras profiere un acatamiento jurídico provisional que les permita ser troyanos, sea dicho en la lengua digital y no en la de la Hélade.

Cada día, en las televisiones, se montan filminas de alguna señora que ha dejado de pagar su piso y la echan a la calle. No importa la desgraciada noticia, naturalmente. Importa cómo las leyes son tratadas: exactamente igual que eran tratadas durante la transición las leyes del franquismo: injustas, obsoletas y derogables de inmediato. Inútil subrayar la doblez del llamado lado humano que pretende justificarlas: ningún sensible reportero se interesa por el lado humano del delegado del Gobierno en Valencia, valga el ejemplo, que sufre la misma aplicación de la ley que la desahuciada. Los franquistas tampoco gozaron, durante la transición, del beneficio de que alguien les investigara el lado humano. Pasaron como sombras de la peste. Como hacen pasar ahora a nuestros envilecidos por el telediario.

La farsa que se quiere contar es obvia, pero repugna a las personas adultas, y es la de que estamos iniciando una difícil y arriesgada transición a la democracia.

MARHUENDA HACE LLORAR ANTE UN RAJOY ‘SANTO SÚBITO’

Francisco Marhuenda (La Razón) rivaliza con las elegías a Rivera con otra dedicada a su héroe, y antiguo jefe, Mariano Rajoy.

Una de las cosas que más valora Rajoy, junto con la eficacia y la lealtad, es la discreción. Le gusta escuchar y preguntar, pero no es persona a la que le gusten las camarillas o los grupos clientelares como es habitual en la política. No los tuvo nunca y mucho menos desde que es presidente del Gobierno. Cuando era vicesecretario general del PP ni siquiera tenía un jefe de gabinete y no había a su alrededor un grupo de «fieles» como si tenían otros dirigentes del partido. A su lado estaba el leal y eficaz Jorge Fernández Díaz como secretario de Política Autonómica que lleva con él desde principios de los noventa. Rajoy era Mariano, al que todos querían y respetaban, muy próximo y de trato afable, pero siempre discreto y prudente. Nunca quiso que le llamaran jefe, ministro o vicepresidente. A diferencia de las chorradas que algunos han dicho o dibujado, siempre fue muy trabajador y tenaz. Se aprendía los temas hasta llegar a una minuciosidad exasperante, porque como buen opositor sabe que la improvisación es mala.

Después de leer este párrafo, tan parecido a los que leíamos hace unos años sobre Juan Carlos I, exclamo lo mismo que entonces: ¡No nos lo merecemos!

Alfonso Ussía recomienda en La Razón a la podemita andaluza Teresa Rodríguez que lea un poco más para no cometer faltas de ortografía en tuits ni dar pie a que pensemos que está llamanda vaca a Susana Díaz.

En un «tuit» de su cuenta, la dirigente de «Podemos» en Andalucía, Teresa Rodríguez, le ha recomendado a Susana Díaz que se lo piense, «porque queda un mes para la «embestidura»». Si se trata de una ironía, se me antoja excesivamente vehemente. Pero temo que ha confundido, por aquello del lenguaje coloquial de terraza, tapa y cigarrillo «embestidura» con «investidura», que no es lo mismo. Por otra parte «embestidura», que es voz correcta, tiene idéntico significado que «embestida», es decir, «acción y efecto de embestir». O está anunciando una acción de embestir contra Susana Díaz, o está llamando «vaca» a la Presidenta de la Junta de Andalucía en funciones, lo cual se halla muy alejado de la buena educación y el conveniente respeto. Simultáneamente, si Teresa Rodríguez adelanta su intención de embestir en la investidura -ahora sí- a Susana Díaz, está reconociendo públicamente que sus instintos son similares a los de las vaquillas de «Zahariche», que así se llama la dehesa en la que nacen, crecen, disfrutan y viven las reses bravas de Miura, míticas y tremendas.

O Teresa «Rodrígued» (…) tiene muy malas intenciones o está obligada a dar unas cuantas lecciones de Gramática y leer un poquito más.

Isabel San Sebastián analiza en ABC el comportamiento del PSOE y de su secretario general, Pedro Sánchez.

En su exacerbado apetito de poder, seguramente motivado por una dieta tan prolongada como severa, Pedro Sánchez está dispuesto a compartir mesa con cualquiera que le ceda un bocado, por putrefacto que resulte ser el menú. Los alimentos en mal estado acaban pasando factura a la salud de quien los consume, aunque el líder socialista debe de estar pensando aquello de «más cornás da el hambre» para justificar su ansiedad. Y en su afán por sentarse a comer se va a tragar algunos sapos sumamente venenosos, cuya ponzoña terminará liquidando a la organización que preside.

Pedro Sánchez se ha ido de rebajas éticas y está arrastrando al PSOE a unas cotas de indignidad evocadoras de la célebre profecía formulada por Pilar Ruiz: «Haréis cosas que nos helarán la sangre». En este caso, además, le cortarán al partido las venas.

José Luis Martín Prieto (La Razón) defiende a Felipe González y manda al guano a Juan Carlos Monedero.

Felipe ha ido al país de las maravillas reclamado por los familiares de los presos políticos y en inexcusable misión de buena voluntad; no ha tenido una mala palabra contra el Gobierno venezolano y su viaje ha sido un éxito al poner en el mapa el respeto por los derechos humanos del socialismo del siglo XXI. Y con el apoyo discreto del Gobierno de Rajoy, González se ha esforzado por no envenenar las relaciones entre los dos países. Monedero, chupatintas del chavismo con facturas inexplicadas e inexplicables sugiere a Felipe que visite Egipto o China: ya lo ha hecho, pero el discípulo de Beria podría acudir a Irán como asesor en el empleo alternativo de las grúas.

Luis María Anson (ElImparcial.com) demuestra que alguien tan de derechas como él asume perfectamente el discurso de la izquierda. Quien fue defensor de una monarquía autoritaria sin partidos coincide con Forges en que se está preparando un ‘tamayazo’ contra Manuela Carmena. Además, sostiene que Esperanza Aguirre influyó en la deserción de los dos diputados socialistas.

Desbordada Aguirre tras las elecciones de 2003 por una alianza de los partidos socialista y comunista, el trasvase de dos diputados -Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez- le permitió dar la vuelta a la situación y convocar nuevas elecciones, que ganó. El mundo político madrileño no olvida aquella turbia jugada maestra y en el entorno de Carmena y Carmona se teme que pueda repetirse.

No lo pienso yo así. Las cosas han cambiado mucho y Esperanza Aguirre padece hoy un rechazo que no tenía en 2003. Por otra parte, los controles políticos son cada vez más estrictos. Intentar la pirueta del tamayazo tal vez terminaría en un batacazo sin paliativos.

Incluso El País reconoció que sus redactores no habían encontrado siquiera indicios de que hubiera habido ese golpe de cheques del que habló Rafael Simancas. Con amigos así, quién necesita enemigos. Columna ridícula del día para el maestro de periodistas.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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