LA CLAVE DEL DÍA

ABC no se fía ni de la corbata ni de la bandera nacional de Sánchez

El Mundo considera que el federalismo del PSOE es una "receta demasiado vaga para contrarrestar" a los separatistas catalanes

ABC no se fía ni de la corbata ni de la bandera nacional de Sánchez
Pedro Sánchez en la portada de ABC. 22 junio 2015

La Razón propone apoyar a Sánchez para evitar que el PSOE se lance al monte

Pedro Sánchez Castejón fue proclamado este 21 de junio 2015 candidato a la presidencia del Gobierno por el PSOE sin primarias. Lo que más llamó la atención es que el secretario general socialista, en un nuevo bandazo, haya dejado de imitar a Pablo Iglesias en su vestimenta. Si llegó a copiar al caudillo de Podemos la camis arremangada y la mochila, Sánchez se presentó con traje y corbata, y además con una inmensa bandera nacional.

A los editorialistas de este 22 de junio 2015, les llama más la atención la corbata y la bandera que las propuestas de Sánchez. ¡Otro éxito de la estrategia de comunicación del socialista!

El ABC, en un editorial titulado ‘Sánchez reedita el zapaterismo’, asegura que, vistos los pactos con Podemos, ERC, Compromís y Bildu, el plan del secretario general del PSOE es el mismo que el de Zapatero: «liderar un frente de extrema izquierda».

El Mundo destaca «el esfuerzo de Sánchez para potenciar una imagen de hombre de Estado», pero añade que los acuerdos de gobierno en Madrid, Valencia o Cádiz impiden que esa imagen pase a hechos.

La Razón es menos crítica. Se niega a «hacer juicio de intenciones al secretario general de los socialistas» y reclama que «la vía preconizada ayer en el escenario del Circo Price de Madrid (…) no quede en mero tacticismo coyuntural».

El País, que sin duda conocía el discurso de Sánchez antes de que éste lo pronunciase, publicó ayer un editorial al respecto y le dio unos consejos: «Para lograr el despegue definitivo ha de apelar a la mayoría desde la centralidad ideológica, que es el terreno donde se ganan las elecciones y del que el PSOE no debe apartarse».

ABC

Sin necesidad de pasar por un proceso de primarias, el PSOE designó ayer a su secretario general como candidato a la presidencia del Gobierno. Los socialistas se encuentran en un estado de reanimación colectiva después de ganar cotas de poder municipal y autonómico en el 24-M. Su visión de estos resultados es, sin embargo, muy parcial, porque ignoran deliberadamente que se trata de un poder precario, alcanzado gracias a pactos con la extrema izquierda, representada por Podemos, sus marcas blancas y otras formaciones nacionalistas, como Compromís. Todos estos grupos comparten su aspiración de desbancar al PSOE para ponerse al frente de esa idea predemocrática de la «unidad popular», que significaría la desaparición del socialismo como opción principal de la izquierda. Sin embargo, la necesidad de gobernar ha hecho que los socialistas no estén para estas sutilezas y hayan sucumbido a alianzas y pactos que tampoco son contra natura, porque el PSOE ya pactó y negoció en tiempos de Zapatero con lo más extremista y separatista del arco político. Incluso con ETA. Lo que no han aprendido es que esas alianzas tienen un coste a medio plazo muy superior al beneficio inmediato de desplazar al PP.

Pese al efectista despliegue de la bandera española en el acto de ayer y las propuestas moderadas de Sánchez, los hechos demuestran que el proyecto de los socialistas para España es liderar un frente de extrema izquierda. Sánchez ha quemado el cartucho de su centrismo transversal, porque ha decidido encarnar una nueva edición del zapaterismo.

EL MUNDO

El dirigente socialista pronunció un mitin con traje y corbata ante una inmensa bandera de España. Esta reivindicación de la enseña nacional en un acto de partido como éste es un hecho insólito en el PSOE con el que Sánchez y su equipo buscan recuperar la imagen de partido nacional, moderado y orgulloso de los valores constitucionales que en estas décadas de democracia han permitido a los socialistas gobernar España más legislaturas que a ninguna otra formación.

Consciente de que Podemos ha arrebatado a los socialistas el espacio a la izquierda y de que la mayoría sociológica del país no comulga con ideas extremistas de ningún tipo, es evidente el esfuerzo de Sánchez para potenciar una imagen de hombre de Estado.

Sin embargo, decisiones como las políticas de pactos que les han llevado, por ejemplo, a gobernar en la Comunidad Valenciana junto a un partido ultraizquierdista como Compromís representan una clara contradicción con el mensaje de moderación. Otro tanto ocurre con la lucha contra la corrupción, convertida en otra de las banderas del líder socialista.

El federalismo que los socialistas plantean como ‘bálsamo de fierabrás’ ante el reto independentista en Cataluña también resulta una receta demasiado vaga para contrarrestar uno de los mayores desafíos que enfrenta el Estado. Con todo, sería una magnífica noticia que el PSOE empezara a abrazar sin complejos los símbolos nacionales comunes, el legado constitucional -más allá de que la Carta Magna necesite algunas reformas- y la moderación frente a la radicalidad de esos partidos con los que se disputa el espectro político.

LA RAZÓN

Toda la escenografía del acto de presentación del candidato, desde la gran bandera de España que presidió el escenario -hecho inédito en los actos multitudinarios del partido- hasta el atildado atuendo de Pedro Sánchez, intentaba transmitir esa apuesta por la socialdemocracia de corte europeo con la que, al menos hasta las pasadas elecciones del 24 de mayo, se identificaba ideológicamente al PSOE.

Sin embargo, no es momento de hacer juicio de intenciones al secretario general de los socialistas, sino de incidir en la necesidad de que la vía preconizada ayer en el escenario del Circo Price de Madrid, de su renovada apuesta por la unidad de la nación, reflejada en la bandera de todos, no quede en mero tacticismo coyuntural.

Pedro Sánchez posee las cualidades personales y políticas para encarnar esa vuelta a la centralidad del PSOE que los intereses de España, y los propios del partido, reclaman. Una centralidad que es, al mismo tiempo, la mejor baza para frenar la expansión de unos movimientos radicales populistas que pretenden, lisa y llanamente, convertir en una primera fase al socialismo español en un remedo del Pasok griego para, a continuación, hacerse con la hegemonía de la izquierda. Ése es el desafío del nuevo candidato: recuperar a unos votantes en nada cómodos con los radicalismos, sean del signo que sean.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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