LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Ignacio Camacho retrata al podemita Corbyn: «Es un fósil tardomarxista, un Pablo Iglesias de 66 tacos»

"Es Syriza en versión anglosajona, podemismo insular y obrerismo manchesteriano"

Ignacio Camacho retrata al podemita Corbyn: "Es un fósil tardomarxista, un Pablo Iglesias de 66 tacos"
Jeremy Corbyn. EP

La elección por parte de los laboristas británicos de un líder con claros tintes podemitas como es el radical Jeremy Corbyn llama la atención de varios columnistas este 13 de septiembre de 2015, aunque Cataluña continúa como tema esencial en las tribunas de opinión de la prensa de papel.

Comenzando con ABC, Ignacio Camacho hace un retrato fiel de este nuevo mercachifle que se adentra en la esfera política. Predice que la izquierda del Reino Unido se va pegar un tiro en el pie:

Los conservadores británicos están de enhorabuena. La mejor garantía de una victoria es siempre el error del adversario y los laboristas acaban de cometer su mayor equivocación de los últimos treinta años. Enrabietados por la reciente derrota frente a Cameron, los votantes de izquierda se han arrepentido de lo único que hicieron bien, que fue evitar la independencia de Escocia, y se han echado en brazos del líder más radical que tenían a mano. Un fósil tardomarxista que en uno de los países más desarrollados del mundo garantiza la hegemonía de la derecha, alborozada de pensar que puede ganarle hasta con el conserje de Downing Street como candidato.

Jeremy Corbyn es una especie de Pablo Iglesias con 66 tacos. Sólo que mientras el líder de Podemos es un leninista táctico capaz de adaptar su discurso al mercado electoral en sólo quince meses -puro populismo-, el nuevo jefe laborista sostiene exactamente las mismas ideas que cuando irrumpió en política… ¡¡en 1983!!

Añade sobre el personaje que:

Coherente es, desde luego. Tanto como honesto y austero. Pero en los ochenta el socialismo inglés se estrelló contra la revolución conservadora de Thatcher oponiéndole un programa de gasto público, impuestos y nacionalizaciones. Tuvo que llegar Blair a reinventar la moderación: tres mayorías absolutas seguidas. Luego cambió el ciclo, y la wiki-izquierda se ha impacientado.

Su electorado juvenil quiere el poder por la vía quincemayista de un veterano indignado, de un activista yayofláutico. Partidario de salir de la OTAN, del desarme nuclear, de reabrir minas de carbón, de renacionalizar bancos y servicios públicos, de subir impuestos -«a los ricos», claro, como reza el mantra obligatorio- y disparar subsidios. De asaltar el cielo -del presupuesto- con retórica twittera contra la austeridad, la troika y los mercados. Syriza en versión anglosajona. Podemismo insular. Obrerismo manchesteriano. Un retorno a la caverna ideológica que lleva a los liberales a frotarse las manos mientras los dirigentes de la socialdemocracia templada se llevan las suyas a la cabeza, espantados.

Juan Pablo Colmenarejo también hace chanzas sobre el nuevo líder de los laboristas británicos:

Con el humor inglés que caracteriza a la veterana y legendaria democracia europea, los conservadores lanzaron una campaña en la red social Twitter para pagar las tres libras que costaba apuntarse a las primarias laboristas y votar con entusiasmo por Jeremy Corbyn, el vencedor por mayoría absoluta de las elecciones internas del primer partido de la oposición.

Por mucho que se empeñen a veces los británicos en mostrarse diferentes al resto, resulta que en algunas cosas son como los demás e incluso un poco peores. La elección de Corbyn, diputado socialista y republicano contra Su Majestad, de 66 años, con casi el 60 por ciento de los más de 400.000 inscritos en las elecciones internas, es un giro a la izquierda anterior al Muro de Berlín que vivía de predicar la igualdad y el paraíso, olvidándose de cosas tan molestas e incómodas como la libertad y la responsabilidad individual. Los laboristas británicos han decidido buscar la salida de la oposición por el camino más cómodo pero a la vez el más demagógico, como es el de las recetas imposibles para los problemas difíciles.

Sentencia que:

No parece que el desastre organizado por Syriza en Grecia o las incertidumbres creadas para la recuperación española por la aparición de Podemos hayan influido en nada en los votantes de las primarias laboristas. Es como si el laborismo hubiera optado por perpetuar al Partido Conservador en el poder porque es mucho más divertido estar en la oposición envuelto en naftalina o metido en un frasco con formol. Los admiradores de la democracia en el Reino Unido tenemos desde hoy una razón más para mantener nuestra adhesión incluso cuando ponen a prueba nuestra fe, como en el caso de la elección de Corbyn como jefe de la oposición.

Ángel Expósito pone el foco sobre Cataluña y considera que, independiente de lo que suceda en las urnas el 27 de septiembre de 2015, Artur Mas ya ha conseguido su propósito, romper en dos a los catalanes:

Creo que en el fondo da lo mismo que el resultado de las elecciones del 27-M sea 55/45 a favor de los independentistas o al revés. Más allá de la lectura cortoplacista en uno u otro sentido, la fractura ya se ha producido. Enhorabuena, señor Mas «and company»: ya estamos rotos por la mitad.

El mayor bagaje de un gobernante será haber fracturado al 50 por ciento a sus gobernados. Y haber partido en mil pedazos la relación de su Comunidad con el resto de España. Y -lo menos importante- haber hecho añicos su propio partido.

Es más, todo lo anterior se habrá logrado con tres elecciones en un pispás; con una coalición absurda e incomprensible; en quiebra total y con una corrupción multimillonaria y maloliente apestándole los talones y la sede. Mejor imposible.

Destaca las risotadas que le entran cuando se pita el himno de España:

Y todavía se ríe cuando pitan al himno de España; aún mira por encima del hombro a toda Europa y sigue creyéndose superior al resto y a los suyos. Salvo a Pablo Iglesias, con sinceridad, no he conocido a nadie en mi vida que se lo tenga tan creído como Artur Mas.

Lo más fácil será leer el resultado del 27-S observando bloques, pero también será lo más equivocado. La fractura entre catalanes es meridiana, y entre los independentistas catalanes y el resto de España es total. Y permanecerá.

Y concluye:

Enhorabuena, pues, señor Mas. Por sus corruptos, por su desgobierno, por sus ínfulas, por su complejo de superioridad -o inferioridad-, por sus compañías, por su padre político, y también, enhorabuena, por habernos roto para mucho años, pase lo que pase el 27-S.

P.D.: El colmo suena a broma, pero en el trasfondo lo han conseguido: alguien me apuntó ayer que si se celebrara un referéndum en toda España sobre la independencia de Cataluña… ¿qué resultando se obtendría? Puede que saliera Sí. Por hartazgo.

En La Razón, César Vidal habla sobre una hipotética Cataluña separada del resto de España:

A la vuelta de unas semanas, los habitantes de Cataluña están convocados a unas elecciones autonómicas que el nacionalismo ha convertido en un plebiscito sobre la independencia. Por supuesto, los independentistas no dejan de insistir en un mensaje que afirma que Cataluña estará mucho mejor tras la secesión y aquel tendrá todo lo bueno del presente y nada de lo malo. La consigna lleva repitiéndose por activa y por pasiva desde hace décadas, pero semejante persistencia no ha logrado que pase de ser una mentira burda sólo apta para ignorantes, fanáticos, aprovechados y estúpidos.

Detalla que:

Los efectos de la salida de Cataluña de España, por desgracia para Mas y sus correligionarios, están más que calculados y, de entrada, implicarían el desplome de su comercio, el reparto de la deuda y la salida de la eurozona. Lo último lo han señalado ya dirigentes europeos de la talla de Merkel y Cameron. Si Cataluña se marcha de España, se verá fuera de la Unión Europea y tendrá que colocarse a la cola para poder entrar después de naciones de relevancia mínima. Pero los otros dos aspectos son peores aún si cabe. El efecto de los procesos de secesión en el comercio ha sido estudiado en casos previos.

Y explica que la separación va a llevar en cualquier caso pérdidas comerciales de más del 70%

Si esa separación ha sido brusca – caso de Serbia y Croacia, por ejemplo – el comercio entre los dos territorios que antes estaban unidos se desploma en torno al ochenta por ciento. Si, por el contrario, es amistosa – caso de Chequia y Eslovaquia – la caída del comercio es de más del setenta por ciento. Con unas exportaciones que en más de un setenta por ciento se dirigen hacia el resto de España, una Cataluña separada perdería no menos del setenta por ciento de su comercio lo que se traduciría forzosamente en la estampida de las empresas catalanas hacia otras regiones españolas y un empobrecimiento de dimensiones colosales.

Y sobre la deuda que le correspondería señala que:

Peor aún sería el episodio del reparto de la deuda porque Cataluña – como en todos los casos previos de secesión- tendría que llevarse su parte proporcional de la deuda española -en torno al 18,7 por ciento- más la deuda propia de la Generalidad. En total, se trataría de una suma cercana a los trescientos cincuenta mil millones de euros, es decir, el ciento ochenta por cien del PIB catalán. Dado que nadie compra deuda catalana -salvo Montoro- desde hace dos años, Cataluña tardaría horas en suspender pagos sin perspectiva alguna de poder remediar la situación. No estaría nada mal como inicio de su andadura independiente.

Y en El Mundo, su director, David Jiménez, dedica su carta pastoral de los domingos a Cataluña:

Tanto habla Artur Mas del país del que quiere separarse que apenas sabemos nada del que quiere construir: qué sistema judicial vigilaría a sus políticos, teniendo en cuenta que sería creado por una casta que ha institucionalizado la corrupción; qué medios de comunicación garantizarían la pluralidad, si ha convertido TV3 en un órgano de propaganda que sería la envidia de dictaduras bananeras; qué voluntad tendría de gobernar para todos, si desde hace años margina en la cultura o la universidad a quienes disienten; y cuál sería la calidad de su Estado de Derecho, si ha demostrado su disposición a seguir sólo aquellas leyes que le convienen.

En el país del ideal que propone Mas, «nuevo, mejor y más justo», qué importancia tendría la legitimidad democrática si su líder asegura estar dispuesto a declarar la independencia aunque su lista soberanista no alcance el 50% de los votos; qué garantías habría de que la Historia no sería manipulada cuando convenga, si se ha hecho sin disimulo hasta ahora; qué sentido de la responsabilidad hacia las nuevas generaciones, cuando la educación ha sido puesta al servicio del adoctrinamiento nacionalista.

Vaticina que quienes estén con el régimen serán regados de generosas subvenciones:

No parece arriesgado prever que en ese país habría subvenciones de sobra para quienes se alineen con el pensamiento único y una larga travesía en el desierto para cualquiera con espíritu crítico; que se crearían fantasías adicionales con las que seguir justificando gestiones incompetentes y corruptelas; que se mantendría la capacidad de manipulación de una clase dirigente que no ha tenido el coraje de enfrentar a su potencial electorado ante las verdaderas consecuencias de su desafío, empezando por su salida de la Unión Europea o el coste económico de su aventura.

En el país del ideal de Mas, si atendemos a la Historia reciente, el empresariado viviría intimidado e incapaz de articular un mensaje propio por miedo a represalias; el chantaje del 3% seguiría financiando un sistema político putrefacto; y unos catalanes lo serían más que otros, con personas tan poco sospechosas de anticatalanismo como Josep Borrell entre los relegados a segunda categoría. «Usted no es catalán, usted ha nacido en Cataluña», le dijo en una ocasión Jordi Pujol al ex ministro, según nos contaba en una entrevista que publicamos el viernes.

Porque al parecer, en esa Cataluña independiente, construida alrededor del resentimiento y la exclusión, los carnés de catalanidad y las lecciones de moralidad serían repartidas por quienes tienen cuentas en Suiza.

Y aclara a los catalanes que aún se lo estén pensando adónde les llevaría este cuento de la independencia:

Mas promete la independencia y a cambio sólo pide a los catalanes que sacrifiquen la tolerancia que siempre ha sido parte de su identidad, que den la espalda a su historia y asuman la falacia de que no pueden convivir dentro de España. Tiene razón Borrell, aunque no pueda exponerla en TV3, cuando dice que los independentistas cuentan con la ventaja de tener un himno al que vitorear y otro al que pitar. Mas ha rodeado su quimera del romanticismo de las luchas de los pueblos oprimidos, creando un ambiente en el que negar las fantasías independentistas es una traición a los tuyos. Y, sin embargo, basta quitarles el disfraz de héroes de la patria a muchos de los promotores de la secesión para que se revelen tal como los describía ayer Enric González: «Corruptos que se han envuelto en la bandera catalana».

Sólo en un ambiente en el que la realidad ha sido aplastada por las emociones pueden los mismos líderes que han establecido la mordida permanente del 3% ponerse al frente de los que gritan que España les roba. Sólo en un lugar donde la narrativa nacionalista ha monopolizado el mensaje pueden dirigentes que acallan voces discordantes presentarse como víctimas de la falta de libertad, cuando disfrutan de tanta que pueden saltarse las leyes sin consecuencias. Sólo bajo el encantamiento de una gran mentira, al servicio de la cual se ha puesto el dinero público de todos los catalanes, podría un proyecto que promete una Cataluña más aislada, dividida y sometida a las ambiciones personales de unos pocos ser el país ideal.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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