LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

¿Saben cómo llaman a Pablo Iglesias en Bruselas? «El nieto de Ceaucescu»

Álvaro Martínez (ABC) masacra al líder de Podemos: "Con su tono de telepredicador, entre petulante y faltón, se despidió del Parlamento Europeo"

¿Saben cómo llaman a Pablo Iglesias en Bruselas? "El nieto de Ceaucescu"
Pablo Iglesias, líder de Podemos. Youtube

Mucha Cataluña en las columnas de este 28 de octubre de 2015. La deriva separatista se le ha ido definitivamente de las manos a Artur Mas y, como era evidente, desde el Estado ya se ha puesto la primera pica, no en Flandes, sino en la sede misma de la Generalitat: o se cumple la ley o se suspende la autonomía.

Sin embargo, para no cansarles, queridos lectores, con tanta matraca catalana, vamos a empezar con un chismorreo político. ¿Quieren saber cómo llaman los eurodiputados al líder de Podemos? Pasen y lean.

Arrancamos en ABC y lo hacemos con Álvaro Martínez que cuenta un divertido chascarrillo sobre Pablo Iglesias, en concreto el mote que le han puesto en el Parlamento Europeo. Sus señorías continentales están que se salen:

Con el mismo tono de telepredicador, entre petulante y faltón, con que se estrenó hace solo quince meses en Estrasburgo, Iglesias Turrión se despidió ayer del Parlamento Europeo. Y el adiós fue en realidad un homenaje a sí mismo y al mote con el que se ha hecho famoso en los pasillos de Estrasburgo y Bruselas durante este tiempo. Así, «el nieto de Ceaucescu», que es su remoquete en la UE, aprovechó su última vibrante prédica allí para arremeter, entre el menosprecio y el insulto, contra conservadores, socialdemócratas, liberales y todo bicho viviente ajeno al populismo, con esa altanería desbordada propia de un presunto patricio de la democracia, de esos que han mamado la libertad y los derechos humanos en los pechos de la causa bolivariana, madre nutricia (y financiera) de toda la dirección del nuevo Movimiento.

Añade que:

Qué mejor demócrata que un chavista canónico, de esos que encarcelan a la oposición, cierran los periódicos y las televisiones y ponen en fuga a los fiscales que no se avienen a los juicios-farsa. No hay que olvidar que, según Iglesias, «la URSS hizo posible el Estado del bienestar»… Y si no que se lo pregunten a los alemanes del Este, aquellos que morían ametrallados al intentar saltar el Muro para respirar o los que aparecían en «La vida de los otros», espiados hasta el último suspiro por ese comunismo tan presuntamente benefactor.

Y concluye con la pena de que en el vuelo de vuelta no hubiese pasado antes por Barcelona para ver qué se estaba cociendo por esos lares:

De los cinco eurodiputados fundacionales de Podemos solo queda uno; el resto se han ido colocando por aquí, que aquello está muy lejos, siempre está nublado y apenas compensan los 12.000 euros mensuales que el Estado español les paga al mes entre pitos (salario) y flautas (dietas). «Vuelvo a mi país para que no siga habiendo en España gente como ustedes en el Gobierno», afirmó Iglesias antes de coger el avión y venirse «a ganar las elecciones». El vuelo de regreso a Madrid fue directo. Es una lástima que no hiciera escala en Barcelona para que quien pretende ser presidente del Gobierno de España diese la enhorabuena a los cinco podemitas que ayudaron a Forcadell a gritar su «¡Visca la República Catalana!».

David Gistau exige tanto a la formación que ahora gobierna, el PP, pero especialmente a los partidos que aspiran a llegar a la Moncloa que no vacilen a la hora de pararle de una vez por todas los pies a los separatistas catalanes:

Aún más grave que existir contra la ley es hacerlo contra la realidad. El revuelto independentista, recién convertido el Parlamento catalán en un «Jeu de Paume» de montañeses en chándal, aún se arroga la representación unánime de su sociedad. Lo cual lo autoriza, mediante la abolición de los matices y los contrapesos sociológicos expresados en las últimas elecciones locales, para manejar un falso sentido de la legitimidad lo bastante sobreactuado en términos de pastiche épico como para convertir a varios cientos de miles de personas en rehenes de un sentido irredento del destino al que ya no le queda ni su antigua coartada transversal. Los remilgos de la CUP acerca de la investidura de Mas se resuelven de este modo: confirmando el Parlamento como el recipiente de una única obsesión, al servicio de la cual ha sido cargado como un arma, y llevando el desafío a un estadio posterior al retórico en el que toda responsabilidad queda dispersada en la estructura colectiva.

Habla sobre cómo Mas ha sido devorado por el monstruo que él creó:

Que Mas haya sido devorado por el monstruo que ayudó a crear tiene sin embargo una interpretación política interesante que puede acabar confirmando la vocación circular de la historia. Con Mas queda relegada la burguesía catalana, la que jugó a militar en algo más grande que uno mismo y ahora tiene razones para observar con espanto cómo el engendro político fabricado bascula hacia la radicalidad de peor catadura. No sería la primera vez en la historia, y de aquí lo circular, que la burguesía catalana, horrorizada de su propia obra, termina por implorar la entrada por la Diagonal de esos mismos carros de combate que en tiempos más sosegados constituyen el atrezo folclórico de su fatalismo. Algo de esto pudo haber ya en el auge de Ciudadanos, potenciado aún más, desde hoy, como personaje político alrededor del cual se arraciman en Cataluña los resistentes que se niegan a ser abducidos por el arquetipo social amañado por el independentismo.

Y reclama unidad a todos los partidos por encima del antagonismo de las siglas:

El Estado tal vez no pueda apoyarse ahora en la fotogenia de lo popular que constituye el Hemiciclo. Pero otros cauces hay para que, en una hora solemne, los partidos constitucionalistas sean capaces de trascender los antagonismos de las siglas. Incluso en vísperas electorales. O precisamente por el hecho de estar en vísperas electorales. Porque, de repente, tanto sobre los que gobiernan España como sobre los que aspiran a hacerlo acaba de abatirse un examen de comportamiento tan trascendente que casi borra el pasado inmediato de la legislatura. El PP, por el hecho de ser gobierno, tiene las mayores oportunidades tanto de fracaso como de lucimiento. Pero las próximas elecciones serán imposibles de disociar de la gestión de esta crisis que ha terminado de estallar como agresión a España y su ley, así como del papel que cada uno de nuestros actores políticos desempeñe en las próximas fechas. Que no serán precisamente de las que admiten ambigüedades terceristas. Hágannos sentir orgullosos, y perdón por pedirles tanto.

Ignacio Camacho reclama en su columna paciencia con el tema catalán. Dicho de otra manera, que aunque el cuerpo pida arreglar el asunto en dos patadas y emplear toda la munición posible (en sentido metafórico, claro está), la respuesta no puede ser ir por las bravas, sino modulada y pactada:

Paciencia. El Estado ha llegado tarde a Cataluña tantas veces que ahora sería un error comparecer por adelantado. Y menos con la caballería que pide en las barras de los bares la España del arbitrismo cojonudo, la de las soluciones expeditivas y el «eso lo arreglaba yo en dos patadas». Hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo, dice el Eclesiastés, y ahora es tiempo de responsabilidad, no de desahogo. Las medidas de excepción acaso le dieran al Gobierno muchos votos entre esos nerviosos españoles de rompe y rasga que echan de menos un puñetazo en la mesa del hartazgo, pero la sospecha de oportunismo contaminaría cualquier iniciativa precipitada. Por irritante que resulte la chulería soberanista éste es un momento de temple más que de alboroto. Pulso frío, vista larga y paso corto.

Enumera cuál debe ser la respuesta:

La respuesta responsable a esta enésima bravata ha de ser en primer lugar pactada, en segundo término proporcional y por último escalonada. Sin renunciar, y ayer el presidente lo dejó claro, al botón nuclear del Artículo 155, ultima ratio de este pulso que España no puede perder. Pero es que ni siquiera se ha producido aún la declaración de rebeldía. Aunque nadie duda de que será presentada y aprobada, en derecho no se puede actuar contra hipótesis.

El procedimiento de crisis es claro y está consensuado; más vale no recordar ahora los reparos al rearme legal que hasta antier pusieron el PSOE y otros grupos. A partir de la resolución del Parlamento catalán habrá recurso al Constitucional y las autoridades autonómicas quedan obligadas a obedecer la sentencia bajo pena de inhabilitación. En caso de resistencia no sólo cabría sino que sería imprescindible invocar el célebre 155, que en ningún caso incluye la suspensión de la autonomía sino la adopción de medidas coercitivas que aseguren el acatamiento del veredicto. El mayor problema puede venir de los plazos y los soberanistas lo saben; decididos como están a no echarse atrás en el desvarío, intentarán aprovechar el relativo vacío de poder postelectoral y la composición previsiblemente compleja de las nuevas Cámaras.

Asegura, no obstante, que la solución no va ser precisamente fácil:

No va a ser un proceso fácil, y menos con la campaña atravesada en la gestión del conflicto. Por eso es imprescindible la mayor unidad política posible; si Rajoy se muestra decidido y Rivera -cuyo partido lidera la oposición en Cataluña- lo apoya, los socialistas tendrían que calibrar el coste de descolgarse. Ayer funcionó la línea caliente; las urnas penalizarán al que no descuelgue el teléfono. Entretanto el Estado tiene muchas formas de hacerse presente, y la de ayer no fue despreciable: se mostró con uniforme de Policía en las casas de Pujol y de los empresarios de cámara del régimen nacionalista. Para las fórmulas drásticas, después de tantos años de retraso es urgente esperar, que decía Pío Cabanillas, otro gallego. Incluso a un choque de trenes hay que llegar en su momento.

En La Razón, Julián Cabrera, habla sobre esas propuestas electorales de mercadillo, de todo a cien o, directamente, del top manta:

Todos conocemos esa imagen instalada en cualquier paisaje urbano del mercadillo a ras de suelo que montan para subsistir esos infortunados subsaharianos que conocemos popularmente como «manteros». El tenderete de estos inmigrantes llegados huyendo de la miseria más extrema es esa simple manta atada en sus extremos a una cuerdas de las que no hay más que tirar para que el producto a la venta -en la casi totalidad de los casos falso o mal rematado- se pliegue en un saco improvisado para iniciar la huida cuando se atisba la presencia policial.

Apunta que:

Lo que está ocurriendo en esta agitada etapa de precampaña electoral a propósito de las propuestas programáticas de los partidos, en unos casos poco concretadas, globos sonda en otros, oportunistas y recurrentes casi siempre y lo peor, alejadas en alguna ocasión de las preocupaciones de los españoles tiene mucho de ese «top manta», no tanto por la calidad y solidez del producto que se muestre, como por la estampida posterior a la hora de explicar el cómo, el cuándo y la letra pequeña de la ocurrencia.

Y pone un claro ejemplo, lo de Pedro Sánchez, líder del PSOE, con lo de la religión:

No se aleja esto demasiado de reacciones como las de los dirigentes socialistas -candidato a la presidencia del gobierno a la cabeza no dando lugar a preguntas de los periodistas- tras incluirse en su programa electoral la eliminación de la asignatura de religión y la revisión de acuerdos con la santa sede para de paso eliminar la simbología católica de la vida pública. Resulta que algo tan recurrente a la hora de disputarse un discutible puñado de votos con el ala izquierda del electorado como es el manido discurso anticlerical, ni siquiera estaba sostenido en un argumentario más o menos uniforme y claro en los detalles a propósito de qué se quiere hacer realmente con un tema como es el de la asignatura de religión que por cierto, ni siquiera vio enmienda alguna desde el grupo socialista durante el trámite de la última reforma educativa, la «Lomce».

Y en El Mundo, Raúl del Pozo habla sobre esa sedición que ha estallado en Cataluña:

Se apagaron las luces de la legislatura. Dice un diputado, que ha dejado de serlo, que ésta ha sido una dictadura parlamentaria, donde sólo era noticia lo que se decía en los pasillos. La legislatura se habrá apagado, pero «eppur si muove».

De pronto, la ley es el centro de la democracia. Ayer, en una operación como las de Los intocables, 200 chapas de la Udef registraron los domicilios del clan o el cártel de los Pujol. Entraron en el domicilio del padrino Jorge, don Julián el Traidor, en España; Bolívar, en Cataluña; y Trujillo, en los paraísos fiscales. Buscan el botín oculto de la famiglia, el tesoro que largaron los arrepentidos, las amantes y los cómplices.

Subraya que:

A la misma hora, Junts pel Sí y la CUP firmaban un texto para crear el Estado Catalán Independiente; pusieron en marcha la constitución de una república que desobedecería las leyes del Reino de España. Han propuesto nueve puntos para la desconexión. Junqueras, al que le puede caer el Gordo en Navidad, y Carme Forcadell, pensando en Mas, dicen que nadie es imprescindible ante la independencia.
Se ha iniciado la gran asonada. Ahora hay que esperar lo que va a decir el Estado español ante la sedición. Mariano Rajoy, desde La Moncloa, después de haber hablado con Sánchez y Rivera, ha prometido que frenará la provocación del Parlament. El secretario general del PSOE rechaza el pronunciamiento y no han llamado a Pablo Iglesias porque está, aunque no lo quiera, en el bando de los sediciosos.

Apunta que:

El otoño de la incertidumbre acabará en las elecciones de Navidad, donde se configurará un nuevo bloque político. El Rey Felipe VI, que «está muy activo», llamará -posiblemente- a formar un Gobierno que saldrá de dos de los tres partidos; del PP, con unos 130 diputados; del PSOE, con unos 100; y de Ciudadanos, con más de 50. Lo de menos es quién forma Gobierno, lo importante es que un bipartidismo enriquecido con Ciudadanos seguirá configurando el poder y defendiendo la unidad de España. Ese Gobierno tendrá la primera misión: impedir que Cataluña se vaya, diseñar una línea roja para que no se pase más allá del «Estado asociado».

Y habla sobre cómo el bipartidismo sólido se fue quebrando:

El bipartidismo era una fortaleza bien amurallada; aparecieron unos insurgentes que la atacaron, parecían capaces de abrirle una brecha y la abrieron. Pablo Iglesias declaró que Cataluña ha estado gobernada por corruptos que entregaron las instituciones a las constructoras. Luego armó una coalición de tránsfugas, que ahora se pasan a la república de Carme Forcadell.

El tiempo de las cerezas fue el estallido del 15-M, en recuerdo de la Comuna de París, cuando «el alegre ruiseñor y el mirlo burlón estarán de fiesta». Montparnasse se transfiguró en Sol y los muchachos con locura en la cabeza quisieron cambiar el mundo. Fue muy corto el tiempo de las cerezas «cuando vamos los dos a cortar soñando/ pendientes para las orejas…/ que caen bajo el follaje como gotas de sangre». Después, de entre las equivocaciones de Pablo, quizás la peor fue la de Cataluña.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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