La expolítica de ERC se despacha a gusto con una soflama separatista en La Vanguardia

Ataque de histeria de Rahola: «Rivera parece el general Monzón retando a Willy Toledo»

"¡Qué lástima que alguien que se presenta con aires de modernidad resulte tan viejo, tan conocido, tan reaccionario!"

Ataque de histeria de Rahola: "Rivera parece el general Monzón retando a Willy Toledo"
Pilar Rahola. PD

La musa de Artur Mas y del independentismo más insoportable, Pilar Rahola, se marca este 31 de octubre de 2015 una tribuna en La Vanguardia en la que se dedica a ‘regalarle’ andanadas a Albert Rivera, líder de Ciudadanos.

Lo que le molesta a la histérica ex de ERC es que el candidato a la presidencia del Gobierno por el partido naranja haya pedido un cordón sanitario contra los separatistas. De traca:

Definición de cordón sanitario: «barrera implementada para frenar la propagación de una enfermedad contagiosa, como la peste negra». Atendiendo al hecho de que el señor Rivera ha leído algún libro y sabe usar el diccionario, la conclusión es evidente: Con su petición de «cordón sanitario» contra los independentistas, Rivera considera apestados a dos millones de catalanes que votaron independencia, más sus familias (que sin duda se han contagiado), más los que votaron otras opciones pero que, en referéndum, optarían por el sí. ¿Habrá que ponerse una letra escarlata en el pecho o algún distintivo en el brazo para poder circular por el escenario político? Porque parece que Rivera, lejos de entender que hay un conflicto político de gran calado que debería resolver la política, opta por considerar apestados a unos millones de catalanes y no se sabe si desea enviarlos al más oscuro ostracismo o a galeras. En otros tiempos, a los líderes catalanistas, si no los enviaban a la cárcel los condenaban al exilio. Y todo ello lo exige desde el podio de 700.000 votos, en un país de siete millones. Es el retrato más preciso de la intolerancia que alguien puede hacer de sí mismo.

Precisa la señora Rahola que:

Más allá de la negación de la política que significa un planteamiento así -y de su inutilidad manifiesta para resolver ningún conflicto-, llama la atención el concepto de España que defiende esta nueva promesa de la política española. Cambiando los tiempos y las caras, sus desaforados alardes patrióticos del estilo «España no se toca, España no se rompe, España es innegociable», recuerdan a los líderes ultranacionalistas españoles, de negra memoria. Casi parece el general Monzón retando a duelo a Willy Toledo, pero en versión Carme Forcadell.

Y encima trata de darle lecciones de historia la resabiada política metida ahora en las harinas periodísticas:

¿Qué es España?, ¿una religión, un dogma de fe, una esencia metafísica, un concepto talibán, inmutable a la historia y a sus circunstancias? Más allá del hecho de cómo nació la actual unidad española -que no fue, precisamente, de manera democrática ni pacífica-, lo deseable sería que los líderes políticos de la España moderna no echaran mano de ideas tan antiguas y reaccionarias y defendieran los conceptos del pacto y la negociación. Porque, se ponga como se ponga Rivera -y Riveras hemos tenido algunos en la historia (Lerroux ganó a Solidaridad Catalana en el 1908 y no le sirvió de mucho)-, el conflicto con Catalunya nunca se resolverá por la vía de las amenazas, los ostracismos y los cordones sanitarios. El proceso catalán no es la peste, es el resultado de una acumulación ingente de errores gruesos del Estado español respecto a Catalunya. Negar eso es muy propio del nacionalismo español, especialmente cuando se plantea en términos de contrarreforma, pero negar la realidad ni la evita ni la resuelve. ¡Qué lástima que alguien que se presenta con aires de modernidad resulte tan viejo, tan conocido, tan reaccionario!

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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