LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Jaime González se chotea de la plataforma de apoyo a Pedro Sánchez: «No estaban Sabina, ni Ana Belén y Víctor Manuel, ni Miguel Bosé, ni Boris Izaguirre, ni Pedro Almódovar… Mal síntoma»

"Se nota que el socialismo ha ido perdiendo glamour"

Jaime González se chotea de la plataforma de apoyo a Pedro Sánchez: "No estaban Sabina, ni Ana Belén y Víctor Manuel, ni Miguel Bosé, ni Boris Izaguirre, ni Pedro Almódovar... Mal síntoma"
Sabina, Concha Velasco, Ana Belén y Miguel Bosé. EP

¿Qué le pasa al socialismo español que los palanganeros de turno no han querido dejarse ver en la foto de apoyo a Pedro Sánchez? La presentación en sociedad de la plataforma ‘Nos une Pedro’, un calco similar a aquella PAZ, Plataforma de Apoyo a Zapatero, se ha quedado en algo descafeinado, sin apoyos mediáticos como estos artistas que siempre han poseído un fino olfato para sus causas (y caja) particulares.

Lo cuenta con mucha mofa y más cachondeo aún Jaime González en las páginas del ABC de este 4 de noviembre de 2015:

Primero fue la PAZ -la Plataforma de Apoyo a Zapatero que arqueaba el dedo índice simulando una ceja-; luego «Ojalá que Suceda» -un grupo de fieles de Alfredo Pérez Rubalcaba que pasó sin pena ni gloria porque el lema era un calco de la canción de Juan Luis Guerra y estaba claro que no iba a llover café-, y ahora «Nos une Pedro», el club de fans del secretario general del PSOE que ayer se presentó en sociedad. Se nota que el socialismo ha ido perdiendo glamour. No estaban Sabina, ni Ana Belén y Víctor Manuel, ni Miguel Bosé, ni Boris Izaguirre, ni Pedro Almódovar… Mal síntoma. Esto no se arregla ni con una fiesta de pijamas. Había algún científico, unos cuantos intelectuales y una representación de víctimas de los recortes de Rajoy, gente muy respetable, pero sin poder de persuasión.

Apunta que:

Nada de aquellos piratas cojos con pata de palo, con parche en el ojo, con caras de malo; viejos truhanes, capitanes de un barco que tenía por bandera un par de tibias y una calavera. ¿Dónde se quedaron? ¿Qué fue de aquellos billaristas a tres bandas, insumisos en el cielo? ¿Se han hecho de Podemos? ¿Se han vuelto modositos y votan a Rivera? ¿Y la cultura de izquierdas? ¿Y la zurda claqueta del «No a la guerra»? ¿Cómo que no fueron?

Ni un tenor en Rigoletto; ni un pianista en un burdel; ni un bongosero en La Habana; ni un Casanova en Venecia; ni un anciano en Shangri-La; ni un polizón en tu cama; ni un vocalista de orquesta; ni un morfinómano en China; ni un boxeador en Detroit; ni un cazador en la India; ni un marinero en Marsella; ni un fotógrafo en «Play Boy». Faltaron todos. ¿Dónde estaban? ¿Por qué se han depilado las cejas?

Y remacha con más guasa:

¿Quién, de entre todos los amigos de Pedro, le cantó ayer «La del Pirata Cojo»? Ninguno. Si acaso, «Calle Melancolía»: vivo en el número siete, calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la Alegría, pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía…

David Gistau se troncha de lo lindo con Pedro Sánchez y su resbalón al atribuir al PSOE el invento del divorcio, algo ya aprobado con la UCD en el Gobierno a principios de los 80. ¡Ay esos asesores de corta y pega!

Una noche invernal de comienzos de los años ochenta, entre el golpe de Tejero y el saludo de Felipe en el balcón del Palace, mi padre nos juntó a todos los hermanos delante de un televisor en un salón del parador de Gredos, donde pasábamos el fin de semana. El motivo era que nuestros progenitores salían en «Informe Semanal» durante un cuarto de hora warholiano, entrevistados como uno de los primeros matrimonios españoles divorciados al amparo de la nueva ley. En realidad, no sé bien si fueron oficialmente los primeros o si sólo hicieron podio. En todo caso, los de la familia fuimos protagonistas de lo que hoy en día se ha dado en llamar «periodismo humano». Niños acerca de los cuales se cuchicheaba en el patio del colegio. Rarezas sociales que debían ser expuestas y catalogadas. Como años más tarde lo fueron los pioneros del matrimonio gay. Por la experiencia propia, yo ya sabía que las innovaciones sociológicas que primero salen en «Informe Semanal» y alimentan escándalos y conversaciones se convierten, tarde o temprano, en rutina. Mucho más duro fue soportar después otro tipo de extravagancia en el patio: el único niño del colegio al que se le había muerto el padre. Él y sus hermanas.

Recuerda que:

Volví a pensar en Gredos la otra noche, durante la entrevista al político de vocales amputadas en TVE. El nombre/muñón, Schz. Menos mal que no atribuimos demasiada credibilidad a nada de lo que dice. Porque, de tenerle fe a Schz, me habría ido a la cama convencido de que mis padres siguieron casados sin saberlo durante toda su vida porque la ley por la que salieron en «Informe Semanal» no fue aprobada hasta el ciclo socialista. Las derivadas habrían sido terribles: ambos habrían sido víctimas de un engaño gigantesco y cometido delitos de poligamia con sus matrimonios siguientes.

Los descendientes seríamos por tanto el resultado de un linaje inmoral y delictivo. Vamos, que Schz acababa de darnos conversación para la Nochebuena en familia. Pero, como ya conocemos a este hombre que en sus repentismos se propone disolver el ejército, sabíamos que estábamos ante un error o ante una manipulación para incorporar la ley del divorcio al marcador de goles socialistas.

Y concluye:

Creo más en la hipótesis del error. De hecho, estoy convencido de que la equivocación de Schz es consecuencia del narcisismo socialdemócrata, que no puede concebir que no haya sido el PSOE el autor de cualquier ley o derecho que el tiempo haya considerado evolutivo. La socialdemocracia tiene tal complejo patrimonial de la España democrática que tiende a borrar en el recuerdo a cualquiera que le discuta los méritos. Los demás existen sólo para procurar fuerzas regresivas contra las cuales la lucha del PSOE haya sido más meritoria. Antes de que meta la pata, que alguien siente a Schz, le coja de la mano y le explique que la mili obligatoria la suprimió Aznar.

Ignacio Camacho avisa al Estado de que el Parlamento catalán le está echando un pulso y que se ha convertido en un verdadero examen para el Gobierno impedir esa declaración de separatismo. Si lo logra, habrá afianzado sus reales, pero de lo contrario habrá comenzado su camino hacia el resquebrajamiento y, de paso, a que otras regiones tomen mal ejemplo:

Un Parlamento regional español no puede votar su separación de España. A partir de esta evidencia, el pleno de la llamada «desconexión» catalana representa la auténtica prueba de contraste de la fortaleza del Estado. Todas las proclamas y declaraciones aireadas estos días como respuesta a la intentona rupturista -el pacto de unidad constitucional, la voluntad de defensa de la ley y el propio compromiso nacional de nuestra dirigencia política- se van a enfrentar de aquí al lunes a un examen inmediato. Dado el desafío expreso de los soberanistas a la ley y al propio reglamento de la Cámara no habrá matices en la evaluación, al margen de que la declaración carezca de valor legal alguno: si la votación tiene lugar, suspenso. Si no se celebra, aprobado.

Esa resolución no dejará posibilidad alguna de marcha atrás. De producirse, el Estado tendrá que irrumpir en la crisis catalana con todos los recursos a su alcance, lo que precipitaría el conflicto entre instituciones en plena campaña electoral y acaso obligaría a los españoles a votar, por segunda vez en once años, en circunstancias de grave excepcionalidad política. Además, el independentismo se sentiría triunfante en su actitud retadora de hechos consumados, que se basa en la expresión e imposición de su designio mitológico a despecho de cualquier traba. La secesión adquiriría entre sus partidarios el rango de un proceso imparable. Por eso, simplemente, la moción no se puede votar. Ha de ser recurrida, suspendida o denegada y, si fuere necesario, impedida.

Señala que:

Hace demasiado tiempo que los separatistas se han acostumbrado a las victorias de facto, al triunfo de su desobediencia por desistimiento de quienes tienen la responsabilidad de frenarla. A modo de anécdota simbólica, su envalentonamiento es tal que han desafiado multitudinariamente la prohibición de la UEFA de exhibir en los partidos de Champions símbolos políticos como la bandera estelada. El organismo del fútbol europeo, que ya ha sancionado dos veces al Barça por esa razón, tendrá que decidir si permite o no que le tomen el pelo con reiteración y chulería, pero España es algo más serio y firme que una federación de asociaciones deportivas. España es una nación que dispone de toda la energía civil, jurídica y política de su Estado. Y no puede permitirse más derrotas de las que ya ha concedido. No sin hacerse un daño irreparable en su cohesión y en su estructura.

Y finaliza:

Una y otra vez, el nacionalismo ha probado que siempre está dispuesto a llegar más lejos de lo que la dirigencia del país ha calculado. Más allá de la ley, por supuesto, pero también de la sensatez, de la prudencia, de la anormalidad, incluso. Más allá de cualquier límite. Éste, sin embargo, no lo puede traspasar. Se trata de una cuestión de principios. Principios de autoridad democrática, principios de convivencia, principios de Estado.

En El Mundo, Federico Jiménez Losantos hace un duro alegato contra los asaltadores de leyes catalanes y, de paso, le mete un gancho en todo el mentón a Durán i Lleida por ir ahora de constitucionalista cuando, la verdad, es que siempre ha sido un personaje más volcado con el separatismo, por muy modulado que lo vendiese:

Ahora resulta que saltarse la legalidad del parlamento catalán, como ha hecho Forcadell para convocar un pleno sin que estén todos los grupos parlamentarios, es más escandaloso que anunciar, como hizo la susodicha al tomar posesión del cargo, que quedaban anuladas todas las leyes españolas vigentes, desde la regional que le permite cobrar a ella hasta la europea que alienta las ensoñaciones supremacistas del separatismo de mona y caganer.

Añade que:

Mas y la añeja muchachada pujoliana llevan desde la Diada de 2012 ciscándose en todas las resoluciones del Constitucional, del Supremo y del TSJC; se burlaron de la doble prohibición del referéndum golpista hace un año por el Constitucional; se ríen de todas las sentencias del Supremo y de los tribunales inferiores y superiores que ellos mismos manejan; utilizan el dinero del Fondo de Liquidez Autonómica para financiar las mil cadenas de televisión y radio que, con la Prensa apesebrada y sietemasina, propagan el odio a lo español y el «Espanya ens roba»; respaldan los abucheos a España en el Nou Camp, quitan bustos de reyes, borran calles que suenen a España, con los kikirikís del Gallo Margallo juegan a «l’ou com balla»; y usan esa legalidad española gracias a la que cobran -y merced a la que roban- para perpetrar el «golpe de Estado a cámara lenta» que ahora denuncia Guerra. ¡Y lo que molesta a Franco Rabell, el de Coleta Morada, es que Forcadell se salte el reglamento del parlamento regional, no la Constitución! El golpe nuestro de cada día -el catagolpe- no les preocupa. Si es en domingo, sí.

Y le mete una buena tunda al líder democristiano Durán i Lleida:

Pero el colmo de la preocupación a destiempo y la desmemoria desprogramada de Rajoy fue ayer la recepción del capitoste decapitado Durán i Lleida en Moncloa como «apoyo a la unidad tras el desafío separatista». Es el mismo Durán que en 2012 se proclamaba separatista, aunque a plazos, como gusta en Madrit. El que se manifestaba, vestido de Pantera Rosa, con coreografía de Gogó Iceta, junto al tripartito de Montilla y contra la aún inédita sentencia del Tribunal Constitucional que lima algunas aristas del Estatuto de Cataluña. Esa contra la que Juliana y otras sopas redactaron el famoso editorial único de los 11 periódicos de Cataluña. ¿Y van a ser Durán, Juliana y los moderados de Godó, que viven insultando al Constitucional, los que salven la Constitución?

Santiago González deja al candidato socialista, Pedro Sánchez, ya no a la altura, sino por debajo del betún tras sus ridículas respuestas en la entrevista concedida a TVE:

Después de haber visto a Pedro Sánchez en la impecable entrevista a la que fue sometido por Ana Blanco, Mariano Rajoy podría hacer suya la vanidad relativa de San Agustín, obispo de Hipona: «En mí mismo considerado nada valgo, pero si me comparo…».

Fue Ana Blanco una periodista en estado de gracia. Supo preguntar, repreguntar, señalar contradicciones y denunciar salidas por la tangente de su entrevistado. Era casi tan incisiva como Ana Pastor, salvo que ésta no sólo se sabe las preguntas, sino también las respuestas, y eso la lleva a interrumpir a sus entrevistados para responderse.

Precisa que:

Rajoy hará bien en sostener como antagonista a este hombre. Él no cree en su victoria. Lo cantó su subconsciente al establecer una desdichada analogía entre Mas y Rajoy, «dos candidatos que tienen ciertas dificultades para poder ser investidos». Es decir, que ya lo sitúa como ganador y candidato a la investidura.

Ya casi al final, Ana Blanco le invita a reconocer algún error. «Pues mire», responde Sánchez muy aplomado, «uno de los errores que cometemos mucho los socialistas es no reconocer las grandes cosas que hemos hecho». ¿Podría reconocer el peor de sus defectos? Sí, es mi modestia. Blanco no se deja amilanar: «Yo le preguntaba por los errores». A lo que Sánchez replica: «Ese es un error… Hay muchos jóvenes que probablemente lo desconozcan, pero hace muy poco tiempo (…) en España no había divorcio y fue el PSOE, en un Gobierno socialista con Felipe González al frente, quien lo aprobó».

Recuerda que:

La ley 31/1981 de 7 de julio fue impulsada por Adolfo Suárez y aprobada con un Gobierno de UCD presidido por Calvo-Sotelo. Hay que decir que la ucronía se le escapó a la entrevistadora. Tampoco tiene Pdro un recuerdo muy claro de cuándo se empezó a votar: «Los españoles han tenido opciones de poder votar desde 1979 a muchísimas formaciones». Fue desde 1977, claro, pero él era muy pequeño cuando entonces.

El joven Sánchez que llamó a Soria «ciudad natal de Antonio Machado» prometió funerales de Estado para las víctimas de la violencia de género, amén de hacer aportaciones creativas a la sintaxis por la vía del gerundio: proveyéndola, y del laísmo espléndido con el que argumentó a favor de la enseñanza pública el lunes: «Si yo a mis hijas las planteo…» (dos veces).

Y le da la estocada definitiva al considerarlo un Zapatero sin talento:

Es un Zapatero sin talento, aunque él prefiere identificarse con Felipe González. Este momento no se parece a 2004, sino a 1982. Uno, que es mayor que Sánchez y sí tiene recuerdo de aquel 28 de octubre. Yo no había votado al PSOE, pero salí a celebrar su victoria en una noche de ilusión colectiva.

El eslogan socialista,’Por el cambio’, se había hecho uno con una sociedad española ingenua, alegre y confiada. 202 escaños. A Sánchez le auguran 88 para dentro de mes y medio arúspices que escudriñan las entrañas de la oca. Irrelevantes diferencias meramente cuantitativas.

Sólo en una cosa estoy de acuerdo con Pdro: yo también veo a Rajoy de candidato a la investidura. No es enloquecedor, pero es que yo a este chico no lo veo.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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