LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Casimiro García-Abadillo pondera el papel de Sáenz de Santamaría: «Jugará todos los partidos que sea menester porque no es Cheryshev»

"El convencimiento de que Soraya es más efectiva que su jefe en este tipo de confrontaciones"

Casimiro García-Abadillo pondera el papel de Sáenz de Santamaría: "Jugará todos los partidos que sea menester porque no es Cheryshev"
Soraya Sáenz de Santamaría. Atresmedia

Las tribunas de opinión de este 8 de diciembre de 2015 se dividen en dos cuestiones fundamentales. Por un lado, la que nos toca más directamente, las que tienen que ver con un primer análisis sobre el debate electoral para el 20 de diciembre de 2015 que tuvo lugar en la noche del 7 de diciembre de 2015 en Atresmedia.

Por supuesto, también hay este 8 de diciembre de 2015 varias reflexiones sobre la derrota de Nicolás Maduro en Venezuela y la apertura de un nuevo tiempo para la democracia en el país caribeño tras más de tres lustros de chavismo infumable y dictatorial.

Arrancamos en El Mundo y lo hacemos con Casimiro García-Abadillo, que vio inconmensurable a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en el debate con Sánchez, Iglesias y Rivera:

Si yo fuera Pedro Sánchez, Albert Rivera o incluso Pablo Iglesias hubiera preferido debatir con Mariano Rajoy a hacerlo con Soraya Sáenz de Santamaría. Me refiero naturalmente al formato a cuatro, como el que pudimos ver ayer en Atresmedia. En los cara a cara, como el que tendrá lugar el próximo día 14, el presidente suele encontrarse más seguro, capaz de compensar sus carencias telegénicas.

La vicepresidenta, como abogada del Estado, es concienzuda en el estudio de los temas, pero se mueve con mayor soltura ante las cámaras que Rajoy, tiene un perfil más amable, aunque sabe ser dura cuando la ocasión lo requiere y, además, cuenta con la ventaja de ser la única mujer entre los candidatos.

El convencimiento de que Soraya es más efectiva que su jefe en este tipo de confrontaciones (en la organizada por El País el jefe de campaña del PP también intentó colarla, pero no lo consiguió) es lo que ha llevado a Moragas a dejar a Rajoy en el banquillo. «Si el presidente ha decidido dar un protagonismo especial a Soraya no es porque ya esté pensando en ella para que le sustituya, sino porque quiere ganar las elecciones y, para ello, utiliza sus mejores armas», asegura un miembro del Gobierno.

Apunta que:

El gran error de los que han comprado gustosos la teoría de la llamada operaciónMenina, los mismos que argumentan que el presidente no fue al debate de ayer por «cobardía», es creer que Rajoy va a aceptar retirarse, dimitir, si gana las elecciones pero no logra pactar con Ciudadanos. Es decir, que está dispuesto a dejar la presidencia a Soraya por imposición de Albert Rivera. Algunos no se cansan de confundir sus deseos con la realidad.

Ni Rajoy tiene esa hipótesis en la cabeza, ni Génova aceptaría por muchas razones ese cambalache, que dejaría en una posición de sumisión insostenible al PP justo frente al partido que ha crecido a sus expensas.
Aunque la operación Menina ha tenido como gran difusor al líder de Podemos, ha sido recibida con cierto alborozo por algunos miembros del Gobierno. No tanto porque éstos crean que tal movimiento esté en marcha, sino porque pone bajo el foco de la crítica a la persona que ha generado mayores recelos en el llamado G-8 por su «excesiva» acumulación de poder.

Dice que:

El PP va a quedar muy lejos de la mayoría absoluta pero, a día de hoy, y según el consenso de todas las encuestas, es el partido que va a ganar las elecciones, incluso con cierta holgura sobre su inmediato perseguidor, sea el PSOE o Ciudadanos.

No veo a Pedro Sánchez organizando una «coalición de perdedores» (sobre todo si el PP le saca a los socialistas un buen puñado de diputados), ni a Rivera pactando con el Partido Socialista y con Pablo Iglesias con tal de echar a Mariano Rajoy del palacio de La Moncloa.

Y concluye que:

Así que, si no pasa nada relevante de aquí al próximo día 20, lo más probable es que nos encaminemos a un Gobierno popular, presidido por Rajoy, con apoyos puntuales de Ciudadanos. Es decir, un Gobierno débil para una legislatura seguramente corta.

El de Santiago no quiere ser menos que sus predecesores en la presidencia (todos han repetido al menos dos veces) y está haciendo todo lo posible para ganar. Cree que Soraya le da votos al Partido Popular y por ello ha decidido que juegue todos los partidos que sea menester. Aunque a algunos les gustaría, Soraya no es Cheryshev.

Victoria Prego destaca del debate el papel de Albert Rivera y de Soraya Sáenz de Santamaría, aunque considera que tampoco la cita entre los cuatro partidos que se disputan la presidencia de la Moncloa va a ser determinante de cara a las urnas el 20 de diciembre de 2015:

El debate fue mejorando según pasaban los minutos. La primera parte resultó baldía porque versó sobre cuestiones económicas y fuera por el poco tiempo de que disponían los intervinientes, fuera porque muchos de ellos no podían precisar sus propuestas con solidez, discurrió entre vaguedades. En consecuencia, la utilidad del debate de ayer en su primera parte se limitó a proporcionar al espectador la impresión de cuál de los contendientes se comportaba con más soltura. Y en ese sentido fueron Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría quienes dominaron la escena sobre los otros dos interlocutores.

Sorprendentemente, Mariano Rajoy, el ausente, no estuvo tan citado en la discusión como habría sido previsible. Estaban demasiado preocupados en colocar sus mensajes y dejaron pasar con frecuencia la oportunidad de hacer pagar electoralmente al presidente del Gobierno su decisión de hacerse sustituir por su número dos. Sáenz de Santamaría cubrió su hueco con amplitud y logró que no se echara excesivamente de menos a su jefe.

Subraya que:

No estuvo nada mal en el debate Pablo Iglesias, que demostró una larga práctica en su encuentro con los platós de televisión. Cayó en tentaciones demagógicas, pero no tantas como exhibió Pedro Sánchez, que fue probablemente el más flojo de los cuatro.

Cuando el debate entró en el terreno de la pura política, el interés de la discusión subió varios enteros y ahí pudimos ver a los participantes entrar en el terreno de las interrupciones y habilitar así unos sucesivos cara a cara en los que cada uno ofreció lo mejor de sí mismo. Eso pasó cuando se abordó el grave problema del fracaso de la política educativa en España, cuando se entró en el terreno de la corrupción -en el que la vicepresidenta del Gobierno se mostró más incómoda- y cuando se abordó el desafío político planteado por los independentistas catalanes.

Y constata que:

En general todos se atacaron entre sí. Quizá hubo más enganche entre el líder socialista y el de Podemos, lo cual tiene su lógica porque el PSOE está intentando que no se le escapen por la izquierda los votos de los que se está nutriendo la formación de Pablo Iglesias, pero no se puede decir que haya habido un claro payaso de las bofetadas como sin duda habría ocurrido de haber estado Mariano Rajoy físicamente presente en el debate.

No es probable que ninguno de los participantes le haya dado un vuelco a sus perspectivas electorales, pero tampoco lo es que alguno de los cuatro haya perdido apoyos por culpa de su actuación. Eso significa que lo sucedido ayer no despejó las dudas que los indecisos, que aún persisten según los sondeos, sigan teniendo, pero fue muy de agradecer el hecho mismo de la celebración de este tipo de encuentros electorales porque permiten a los españoles escuchar a los candidatos en un formato que huyó con acierto de los encorsetamientos a que nos tenían acostumbrados en elecciones anteriores. Ana Pastor y Vicente Vallés hicieron un excelente papel, se comportaron como lo que son: dos profesionales impecables. Así pues, bienvenidos los debates de esta naturaleza aunque no sirvan para designar a un ganador.

Arcadi Espada se lanza a la yugular de la vicepresidenta y asegura que ninguno de los éxitos del Gobierno de Rajoy la rozan:

Escribo A toro por pasar y esta columna no puede incluir ningún juicio sobre la actuación de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría en el debate electoral de Antena 3. Quizá haya aportado algo positivo al partido y a la candidatura que representa. Sería una novedad estimulante.

Las razones del prestigio político de la vicepresidenta, que han incluido, cíclicamente, la posibilidad de que sustituya a Rajoy son uno de los graves misterios de la legislatura. Y, aunque ayudan, no acaban de despejar la incógnita dos de sus características personales. La primera es que ha trabajado con amabilidad la prensa. Con los de abajo ha destacado su amable manejo del corrillo de los viernes y el clásico reparto de noticias en razón de una buena conducta mediática. Con los de arriba, y sin dejar la amabilidad, constan sus advertencias, a veces algo crudas, sobre el lugar desolado que ocupan los medios en el panorama general de los negocios y su dependencia de la política. La segunda característica es que la vicepresidenta es una de esas mujeres que según el mainstream feminista no actúa como un hombre, y eso confiere una plusvalía de protección, cada vez más ligera pero aún perceptible, como esta noche misma se habrá demostrado.

Y recuerda que:

Los blindajes, sin embargo, no acaban de explicar la distancia entre los hechos conocidos y el prestigio acumulado. Pasa por mi cabeza la legislatura y no encuentro una estrategia exitosa que haya llevado su autoría o una idea política clave que pueda identificarse con ella. Ni una frase encuentro, para qué vamos a engañarnos. Por el contrario, el catálogo de errores del gobierno la apunta directamente. Ni una política de comunicación eficaz ni una coordinación fluida entre los ministros ni la firmeza jurídica y política ante la actividad del gobierno desleal de Cataluña pueden contarse entre sus éxitos. Es más: el único éxito objetivable, indiscutible, del gobierno Rajoy y el que le va a dar la victoria electoral, es una gestión económica de una brillante obediencia. Un éxito que no roza a la vicepresidenta, y ministra y portavoz, más que de un modo obviamente sindicado.

Más parece que Rajoy hubiera enviado a todos sus opositores, y aspirantes, a debatir juntos.

Ignacio Camacho, en ABC, escribe que la falta de alimentos en Venezuela propició la colosal derrota de Maduro:

El de ayer fue un día hermoso porque los amaneceres de la libertad siempre ensanchan el mundo. Pero la política sin realismo se queda en emoción y en Venezuela aún no ha lugar para mucha lírica. No sólo porque el chavismo sigue en el poder ejecutivo y en el judicial aunque haya perdido el legislativo, sino porque su derrota debe más al colapso de la economía cotidiana que a una repentina conversión liberal de las masas populares. Es muy probable que si Maduro hubiese podido remediar el insufrible desabastecimiento aún tuviese respaldo para seguir encarcelando opositores. Un análisis pragmático de las elecciones del domingo no puede soslayar que el hartazgo ante el autoritarismo del régimen ha estallado al mezclarse con la frustración por la ausencia de productos básicos, y que a muchos venezolanos les ha rebelado tanto o más la falta de comida que la falta de libertad.

Añade que:

La misma crisis que se llevó por delante varios gobiernos en Europa ha empezado a derribarlos en Latinoamérica, donde el populismo venía encarnando el último rostro de la izquierda posmarxista. El bolivarismo y sus franquicias -también las del sur europeo, ejem- han sido el disfraz más eficaz y estable de un socialismo que busca nuevas identidades desde la caída del Muro de Berlín. Teledirigido por el patronazgo ideológico de Cuba, Chávez construyó un movimiento expansionista regado con petrodólares que se ha desmoronado al caer los precios del crudo. Primero en Argentina y ahora en Venezuela, las urnas comienzan a registrar las consecuencias de un fracaso que disimulaban las inyecciones clientelares. La hegemonía populista estaba dopada y se ha desplomado al faltarle los anabolizantes.

Pero recuerda que:

Este es un momento vibrante, aunque tenso. Maduro aún puede recurrir a los mecanismos autoritarios de la Constitución, cuya aplicación depende del cómputo final de un puñado de votos. La actitud del Ejército será determinante en un régimen que no deja de ser un militarismo encubierto. Y la euforia de los vencedores convive con el rabioso desconcierto de los derrotados, cuyos parientes políticos españoles no han encontrado todavía tiempo, por cierto, para valorar este feliz pronunciamiento democrático. Sin embargo a partir de ahora a la oposición venezolana, que ha dejado de serlo sólo a medias, le espera un calvario. Los oficialistas van a intentar compensar el revolcón corresponsabilizándola con todo su aparato de propaganda de la escasez que ellos han provocado. Sin el poder real, el antichavismo sólo podrá aplicar desde el Parlamento un programa de regeneración política, siendo así que sus opciones de consolidar el triunfo pasan por activar también la recuperación económica y social de un país descalabrado. Ha recibido el voto de la desesperación y tiene que devolver, además de libertad, esperanza. Pero, primun vivere, ha de ser una esperanza comestible.

Hermann Tertsch también opina sobre la derrota de Maduro y lo une al varapalo que se llevó hace una semana, el 22 de noviembre de 2015 la presidenta argentina Cristina Fernández Kirchner:

Y van dos. En quince días nos han llegado dos espléndidas noticias políticas para quienes creen en la libertad, en el carácter sagrado de la persona y en la ley. Y nos han llegado nada menos que del subcontinente que menos las genera tradicionalmente que es Latinoamérica. El 22 de noviembre, en Argentina, el candidato Mauricio Macri daba el golpe de gracia a su rival Daniel Scioli, que intentaba asumir el legado de los Kirchner como presidente de Argentina. La derrota del peronismo en la segunda vuelta fue toda una epifanía para quienes se niegan a creer en el determinismo histórico que condena a ciertas naciones a miserias perpetuas. Absolutamente nada determina, indica o sugiere que los argentinos tengan que sufrir ni pasiones ni organizaciones ni instituciones políticas más infantiles, tóxicas, perversas o tullidas que las demás naciones. Aunque en el último medio siglo, las élites y las masas argentinas hayan pretendido hacernos creer que sí.

Recalca que:

Lo mismo cabe decir de Venezuela, como Argentina, bendecida por todas los dones que la Naturaleza puede dar, que también ha sabido convencernos de que la riqueza puede ser la peor maldición para el desarrollo y la convivencia. Dos semanas después de la derrota del peronismo en Argentina, hemos asistido este domingo a la espectacular y dramática caída del chavismo, otra de las peores perversiones del pensamiento político enquistadas todas en Latinoamérica. En realidad, la perversión es la misma, por mucho que adquieran diversas marcas, según el general y dictador que les dio su impronta. Amalgamados ideológicamente por el marxismo y el antiimperialismo, estos nacionalismos socialistas logran fundir fatuas legitimidades de los espadones del siglo XIX con la doctrina revolucionaria comunista que la Unión Soviética promovió muy especialmente en Latinoamérica a través de su único éxito, Cuba. Contó con la nefasta complicidad política y cultural de la intelectualidad y de la izquierda europea que los ayudó a hacer el daño que ellos no eran capaces de hacer en Europa. La Iglesia católica echó una mano para empeorar las cosas.

Subraya que:

Pero estamos de enhorabuena. No hablemos de los desastres que promovieron los activistas de esta ideología en todo el subcontinente. Ni del inmenso dolor, los ríos de sangre y las dictaduras de todo signo que generaron los movimientos, bandas, organizaciones y partidos comunistas que hicieron de Latinoamérica el escenario supremo del asedio revolucionario. Porque tras quince años en permanente expansión gracias al talento y los petrodólares de Hugo Chávez, de los narcodólares y las multinacionales y sus tapaderas organizativas y los presupuestos de países miembros del Foro de Sao Paulo, esa Internacional Comunista para ricos, los movimientos totalitarios en la región encajan el más brutal de los golpes habidos. Argentina y Venezuela abandonan el club del hampa internacional, del socialismo del siglo XXI. Es la venganza de la razón frente al veneno ideológico populista.

Y sentencia que:

Con efectos dramáticos. Imaginen que las FARC sean combatidas por sus hasta ahora socios en ese inmenso portaviones para la droga hacia EE.UU. y Europa en que han convertido a Venezuela los Castro y Chávez y Maduro. Imaginen que Cuba deja de percibir sus 100.000 barriles diarios gratis. Imaginen que salen a la luz génesis y pago de operaciones subversivas y terroristas contra democracias en todo el mundo, desde Líbano a EE.UU., desde Indonesia a España. En dos semanas, los enemigos organizados de la democracia y la sociedad abierta han retrocedido más que nunca con guerras de insurgencia. Solo con votos e información. Que promueva verdad y sentido común. Si pueden triunfar en Argentina y Venezuela, países acostumbrados a que la riqueza pague la magia, también lo hará en otras sociedades más sobrias que necesitan tanto como ellas un nuevo ciclo de libertad hacia el bienestar y el desarrollo.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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