LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Santiago González desenmascara a Podemos: «Confundieron el pleno del Congreso con las tertulias de la telebasura»

"El Congreso es un zoco marroquí. Yo te apoyo y tú me ayudas a saltarme el reglamento"

Santiago González desenmascara a Podemos: "Confundieron el pleno del Congreso con las tertulias de la telebasura"
Pablo Iglesias con varios diputados podemitas. EP

Mercadeo de apoyos en el Congreso de los Diputados como si fuese un zoco marroquí. En eso han convertido estos días el hemiciclo Pablo Iglesias (Podemos) y Pedro Sánchez (PSOE) en busca de respaldarse para sus respectivos fines. Uno, disponer de los ansiados cuatro grupos en la Carrera de San Jerónimo. El otro, el ‘guapo’ de Ferraz, poder alcanzar la Presidencia del Gobierno con la cifra más ínfima jamás vista en un inquilino de La Moncloa, 90 escaños.

Esto es lo que, grosso modo, ocupa este 20 de enero de 2016 a los columnistas de la prensa de papel. Alguno de ellos ya da por hecho que Sánchez llegará a ocupar el palacio presidencial, pero dejándose muchos pelos en la gatera.

Arrancamos en El Mundo y lo hacemos con Santiago González, que le pone muchas gotas de ironía a su tribuna hablando del mercadillo persa que han montado aquí podemitas y socialistas:

Susana Díaz dijo el lunes que el cogollo del meollo es que Podemos, con 69 escaños, pretenda «hablar cuatro veces más que los demás» y tener una representación «cuádruple» a la que los ciudadanos le otorgaron en las elecciones del 20 de diciembre.

Tenía razón Susana. Pablo Iglesias soñaba con cuatro grupos repitiendo su mensaje. Los plenos del Congreso serían insufribles y reiterativos, pero hay que entenderlo. Trataban de pasarse por la entrepierna el reglamento del Congreso y la prohibición de su artículo 23 para que formen grupos las fuerzas que no hayan competido entre sí en las elecciones. Ellos nunca han tenido ideas claras sobre el respeto a la ley. Entre sus diputados y senadores hay antecedentes por agresión a policías y guardias civiles, manifiestos de apoyo a terroristas como De Juana Chaos, asesores de Chávez y Correa, ex miembros de ETA, tráfico de drogas, delitos contra el Patrimonio y un condenado por agresión a un adversario, actividades todas ellas que a Iglesias le parecen tan legítimas como los dineros recibidos de Irán y Venezuela.

Señala que:

Que pretendieran tener cuatro grupos era comprensible. Estaban mal acostumbrados y tendían a confundir el Pleno del Congreso con las tertulias de la telebasura que los encumbró. ¿No tuvieron acceso a los debates de campaña sin tener un solo diputado en el Congreso, mientras partidos que tenían grupo propio como Izquierda Unida y UPyD no tuvieron esa opción? A las huestes de Pablo Iglesias se les aceptó su posición en las encuestas como representación parlamentaria. También querían cobrar un millón de euros más de lo que les correspondería por los resultados, medio millón más que el PSOE e igualando lo que recibe el PP con 54 escaños más. Privilegios de casta.

No pudo ser. Colau y las Mareas han aceptado la negativa, pero los cuatro de estricto Compromís se han negado y seguían pidiendo un grupo propio. Una de dos, envainársela o el Mixto. El PSOE cedió una de sus secretarías en la Mesa del Senado al PNV para trabajarse su apoyo, así como el traspaso de senadores suyos a ERC y DiL para motivar su abstención. Ayer prometió apoyar a Podemos para que pudiera tener dos grupos en el Senado, pero es una pretensión improbable, dada la composición de la Mesa. ¿El PSOE y Podemos sin Compromís?

Y sentencia:

El Congreso es un zoco marroquí. Yo te apoyo y tú me ayudas a saltarme el reglamento. Si Pablo ha cedido es porque la repetición electoral sólo favorecería, y no mucho, al PP. A él le ponía en riesgo sus coaliciones periféricas. No ha habido negociación sobre el programa de gobierno, sólo mercadeo y simonías. Todo hace prever que Sánchez podrá presentarse el día 30 ante el Comité Federal de su partido con un verosímil de apoyo suficiente para la investidura. Y a sus compañeros, todo lo demás les dará igual. ¿A qué le llamarán nueva política?

Carmen Rigalt babea con Íñigo Errejón y, de paso, le suelta algún que otro pellizco de monja a un compañero de El Mundo que tuvo la osadía de criticar al de la ‘beca black’.

El Parlamento, de nuevo el Parlamento. Ahora más que nunca el Parlamento es la calle, pero no la calle que pasa de incógnito por la acera de enfrente, sino otra más bullanguera y maliciosa que hace sociología en Primark y patria en el Bernabéu. Es esa calle que echa las mañanas en la Universitaria y las noches en La Latina, piratea a Bowie y cambia el bocata de calamares por el kebab.

Calle de familias y tribus, gremios y mareas. Rockeros de suburbano, rastafaris de Lavapiés, hordas de la milla de oro, aparcas, bomberos, culturetas importados, castizos de casta, porreros de porra y gente que atraviesa la ciudad sudando tinta. Antes, el Congreso era un parque temático donde casi todo el mundo pertenecía a la misma tribu: hombrecillos lineales que vestían trajes gastados de tanto planchar el culo en el escaño. Unos prestaban atención a la tribuna, otros le daban al Apalabrados o dormitaban con la persiana del ojo medio echada. Hasta que un día, corriendo el 15-M, aparecieron los indios alineados con sus caballos en el horizonte. Eran pocos, pero les rodearon…

Asegura que:

Desde entonces, el Congreso no es el mismo. La vida ha llegado al Hemiciclo y el aire de la calle se cuela por las alfombras. Estos días, mientras vamos y no hacia la investidura (va a ser que no, perdonen este punto mío de aguafiestas, pero soy así de revirada), mientras pasa eso, digo, observo cómo todos se ponen a parir: los de fuera y los de dentro y los de dentro con los de fuera; también los de dentro con los de dentro. Todos persiguen un objetivo principal: leña al mono, que es Podemos.

Aquí procede decir que la ofuscación no lleva a ninguna parte, o a ninguna que valga la pena. Podemos da vidilla al Congreso. Vidilla y ganas. Puede que algún día tenga que tragarme todo lo que digo, pero de momento su coraje me resulta ejemplar.

El lunes, una pluma ilustre de este periódico se metía con Errejón llamándole pijiprogre, y de ahí para arriba. Me quedé helada. Bastante antes, otro le había gritado socialdemócrata. ¿En qué quedábamos? ¿Comunista o socialdemócrata?

Y reconoce que tiene más debilidad por el podemita que un goloso por las natillas de chocolate:

Tengo debilidad por Errejón desde que empezó a frecuentar algunas tertulias. No sabría definir si se trataba de un interés en calidad de público que asiste a una mesa redonda o más bien era debilidad de madre. Errejón parece un chico ordenado al que no hace falta perseguir por el pasillo blandiendo unas (¿apestosas?) zapatillas deportivas.

En televisión se mostraba apacible, con un discurso (contenidos aparte) formalmente bien construido. Llevaba casi siempre camisa blanca (su detergente lava más blanco que el de Sánchez, como de aquí a Lima), remangada hasta el codo. No pisaba el argumentario de los oponentes, ni descalificaba a nadie ni echaba espuma por la boca. Algunos le miraban con recelo pero no se atrevían a enmendarle la plana descaradamente. Digamos que se hacía respetar.

Si existió en algún momento recelo hacia Íñigo Errejón, poco a poco ha ido desapareciendo. A lo mejor el toque socialdemócrata que le atribuyen sus adversarios políticos no es sino un reflejo de las buenas maneras que aprendió en casa. Hoy, cuando Errejón llega a una tertulia, inspira respeto. De aquí a nada le pondrán una alfombra roja.

En ABC, José María Carrascal deja hecho un cromo a Pedro Sánchez, al que no le importa dejar al país hecho unos zorros con tal de pactar con todo lo más antisistema y separatista que encuentre a su paso:

¿Cruzaría usted un puente diseñado por don Pedro Sánchez? Yo me andaría con mucho cuidado, empezando porque se proclama «arquitecto para tender puentes y concitar grandes proyectos». Los arquitectos no tienden puentes, sr. Sánchez. Los tienden los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, y a usted lo que se le da es volarlos, como ha demostrado de sobra, incluso dentro de su propio partido, donde hay gentes que no entienden lo que hace. Dice también que quiere formar una coalición de gobierno «progresista». ¿Se puede llamar progresistas a quienes tienen estrechas relaciones con el gobierno de los ayatolás iraníes y con el chavismo venezolano y su programa parece calcado del marxismo-leninismo una vez que hemos visto en qué devino la Unión Soviética?

Por último, el sr. Sánchez dice que no admite que Rajoy «le dé lecciones de patriotismo». A lo mejor las busca en los nacionalistas catalanes a quienes acaba de prestar senadores para que puedan defender mejor sus propuestas independentistas en la Cámara Alta. Si eso es hacer patriotismo, ya podemos despedirnos de la patria española, que, bajo su «gobierno progresista», iba a quedar, en el mejor de los casos, mutilada, y en el peor, desaparecida. El patriotismo no se ejerce hablando delante de una inmensa bandera nacional, sino defendiendo con hechos la nación de aquellos quienes quieren cuartearla, no haciéndoles favores.

Precisa que:

La verdad, se hace difícil entender a este hombre. O está desesperado o empieza a no regir. Porque incluso si alcanzase su propósito de liderar un «gobierno progresista», le espera un auténtico suplicio. Primero, porque Podemos no quiere que triunfe al frente del mismo. Bien al contrario, su objetivo es aniquilar al PSOE para convertirse en el rival del PP en la disputa por el gobierno de la nación. Luego, porque los nacionalistas le exigirán, a cambio de su respaldo, el apoyo para lograr su objetivo, que no es un federalismo más o menos asimétrico, sino la independencia. Añadan a todo eso la parte del PSOE que se siente plenamente española y no acepta el troceo del país, y tendrán la casa de tócame Roque o como te llames. Por no hablar de cómo va a mantenerse la recuperación económica si se deroga la reforma laboral y se ponen en marcha los programas «sociales» que tal gobierno tiene en cartera. O de cómo colaborar con la Unión Europea del brazo de un socio anticapitalista, antilibremercado y anti Bruselas.

Sentencia que:

Para resumir: a no ser que le baste el gustazo de cargarse a Rajoy y al PP, Pedro Sánchez es hoy un personaje trágico-cómico en busca de su realización personal que, de alcanzarla, le llevaría, no a la gloria, sino a «hacer de Zapatero un Churchill, a su lado», como ha dicho Pérez Reverte. Lo peor de todo es que su tragedia es la de España, algo nada cómico desde cualquier punto que se mire. Aunque puede que los españoles necesitemos pasar por ese purgatorio para darnos cuenta de la realidad del mundo y de nosotros mismos.

Antonio Burgos asegura que muchos de los líderes políticos que están siendo recibidos por Felipe VI para ver cómo encarar la investidura del próximo presidente del Gobierno les falta tiempo para salir a contar lo que les ha contado (y hasta lo que no les ha contado) el monarca:

Echo de menos en España lo que dicen es costumbre en el Palacio de Buckingham del Reino Unido de la Gran Bretaña. Echo de menos eso mismo de «Reino Unido». ¡Qué maravilla, «Unido»! Y no este Reino de España, donde hay tantos mamones empeñados en desunirlo como lo más democrático del mundo. Unidad aparte, echo de menos lo que cuentan: que cuando la Reina Isabel va a recibir a alguien, un edecán de Palacio le da una breve teórica sobre usos y costumbres de la Corte de San Jaime y cómo han de comportarse ante la Soberana: qué reverencia deben hacer al saludarla; que no han de hablarle si ella no se dirige al visitante; que no hay que hacerle preguntas.

Gracias a que se guardan ese distanciamiento y esas normas de respeto, la Reina de Inglaterra sigue siendo la Reina de Inglaterra por muchos años horribles que pase la Institución, y nadie pone en duda la vigencia y servicios que a la nación presta la Corona. Echo de menos algo así en La Zarzuela, ese chalé buenecito (en Sotogrande los hay mejores) que aquí pasa vergonzantemente por palacio real. Porque ya vieron: cuando el Rey Nuestro Señor da desde Palacio su Mensaje de Navidad, ea, ea, ea, el rojerío republicano se cabrea. Porque como no es el presidente de la República Francesa con todo su boato de poder en el Elíseo, sino el Rey de las Españas, pues ¿adónde vamos a llegar, camarada? Tras el mensaje de Navidad hubo una verdadera toma demagógica no del Palacio de Invierno, sino contra Palacio en invierno.

Indica que:

Ahora que han comenzado las consultas regias para la formación de Gobierno tras las elecciones, echo de menos que en La Zarzuela haya un edecán que a los representantes de los partidos consultados los coja en un saloncito y antes de ver a Don Felipe VI les lea la cartilla. Pero bien leída:

-Cuando entre Su Majestad, usted se cuadra y da un taconazo. Y si le ofrece la mano para dársela, usted se la da, al tiempo que inclina la cabeza. ¿En su pueblo de usted no dan «la cabezá» en los pésames de los entierros? Pues eso mismo debe usted hacer. Y si le invita a sentarse, se sienta. Y si no, permanece en pie hasta que él lo diga. Y si le pregunta, usted contesta. Y si no, hasta que él no hable, no abra la boca. No trate de hacerse el gracioso dorándole la píldora: «Qué bien va este año su Atlético de Madrid, ¿eh, Majestad?». Mejor que «Majestad», dele el tratamiento de «Señor». Y por supuesto le habla en tercera persona. Sepa que el «usted» está terminantemente prohibido ante el Rey. Ah, y lo más importante: de lo que le diga el Rey, usted, chitón. Es de muy mal gusto y de ninguna lealtad ni respeto andar contando lo que le ha dicho a uno el Rey. Así que al terminar la audiencia no me vaya a ir por ahí diciendo que si el Rey patatín y patatán.

Y asegura que:

El error es que Don Felipe VI, como antes su augusto padre, creen que los recibidos en audiencia saben y cumplen estas normas no escritas. Pero como en España no hay paladar para las tradiciones de la Corona y además nadie enseña estas cosas, pasa lo que pasa. Todo político recibido por el Rey en las consultas, primero que le habla de «usted» y de taconazo y cabezazo, cero cartón del 9; y después, que en cuanto salen, les falta tiempo para comentar lo que les ha dicho S. M. y para poner en boca del Monarca palabras que vaya usted a saber si el Rey ha pronunciado o no, como lo famoso de «hablando se entiende la gente».

Veo a representantes de partidos que ni sé que existían (y mucho menos que hubieran sacado diputados), que al salir de la consulta regia largan como vecindonas todo lo que, según ellos, les ha dicho el Rey. Me recuerdan a Dominguín tras yacer con Ava Gardner. Cuando el Rey los despide, salen todos escopetados. Y si Don Felipe VI les pregunta adónde van con tanta bulla, responden como Luis Miguel a la mujer más bella del mundo mientras se volvía a poner los pantalones: «¿Que adónde voy tan ligero? ¡A contarlo!».

Jaime González hace recuento de la situación actual de España, políticamente hablando, y considera que ha llegado el momento de que unos y otros demuestren que realmente España les importa y que sus intereses personales pasan a un segundo plano:

Ha transcurrido un mes desde que los españoles le plantearon a la clase política un endiablado sudoku. Para su solución hacían falta lógica, perseverancia e ingenio, pero -sobre todo- grandeza y altura de miras. El resultado de las elecciones del 20-D obligaba a los líderes de las grandes formaciones a combinar inteligencia, destreza, intuición, responsabilidad y sacrificio. Un mes después, el balance es descriptible: siguen encasillados en las posiciones de partida, bloqueados y perdidos sobre la cuadrícula de 9×9 celdas.

El sudoku de España resultó demasiado grande y complejo, de modo que Mariano Rajoy se rindió pronto ante los números y Pedro Sánchez, para ocultar su derrota en las urnas, diseñó un plan estúpidamente perverso o perversamente estúpido (seguramente las dos cosas): anatematizar al partido que obtuvo el mayor respaldo electoral (7.215.000 votos) con un argumento fronterizo: la permanencia de Rajoy en el poder hace inviable la regeneración democrática. Suena a bocinazo de mal perdedor, porque Pedro Sánchez no se enfrenta a un imposible matemático, pero sí a un imposible metafísico: regenerar la democracia española con el apoyo de los que no creen en la democracia ni en España, un sudoku que responde a un planteamiento diabólico.

Añade que:

Y no porque no puedan salirle las cuentas, sino porque quienes no creen en la democracia ni en España han visto en la figura del secretario general del PSOE al hombre que andaban buscando, la pieza que les faltaba para cuadrar el círculo de sus aspiraciones. Pedro Sánchez, convertido en presidente del Gobierno, puede ser presa fácil. Que no se engañe: su baza para alcanzar el poder depende exclusivamente de los cálculos que hagan separatistas y populistas.

Y remata:

Por razones distintas, puede que PP y PSOE se vean abocados a un sacrificio imprevisto para resolver el sudoku de España. Los socialistas, forzando la retirada de Sánchez; Mariano Rajoy, aceptando ser moneda de cambio de una cesión a dos bandas. Sánchez moriría matando al líder del PP, que se inmolaría por el bien común, una renuncia dolorosa en lo personal de la que solo son capaces los hombres con altura de miras. No es más que una hipótesis, pero entre todas las hipótesis que se barajan es de las más razonables. Tal vez sin saberlo, hace un mes le planteamos a la clase política un órdago inédito en democracia: demostrar que de verdad le importa España.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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