LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Ignacio Camacho acribilla a Ada Colau: «Con mohín de caudillismo peronista, la Evita catalana estigmatiza al Ejército»

"Estos líderes agrandados traen vocación de arcángeles guardianes de las puertas de su paraíso sectario"

El desprecio de Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, al estamento militar espetando a dos soldados que poco menos que sobraban en la Feria de la Enseñanza es el tema recurrente este 10 de marzo de 2016 en las columnas de opinión de la prensa de papel.

Sorprendentemente, supongo que por cuestiones logísticas, no hay tribunas que hablen sobre el boquete tremendo que se le ha abierto al líder de Podemos, Pablo Iglesias, en la capital de España, con la salida de una de sus manos derechas (o izquierdas, según se mire), Sarah Bienzobas, su productora de toda confianza.

Arrancamos en ABC y lo hacemos con Ignacio Camacho que pone de vuelta y media a la primera edil de la Ciudada Condal por su desaire al Ejército:

Qué será lo que no le gusta de los militares a Ada Colau. ¿Que visten uniforme, que portan armas, que sirven con lealtad a un código de disciplina y honor? ¿Que se despliegan por el mundo en misiones de paz? ¿Que estarían dispuestos a defender con su vida la de la alcaldesa que los quiere echar del Salón de la Enseñanza como si fuese el de su propia casa? ¿O tal vez le molesta la bandera de España que llevan prendida en la manga de la guerrera? Quizá todo a la vez; para el imaginario de la progresía el Ejército representa un compendio de los valores que no entiende: un conjunto de reglas de respeto, sacrificio, orden y eficacia. Para la progresía secesionista, además, evoca el anatema de la unidad nacional, ese concepto que el soberanismo atribuye a la herencia de Franco. Cuando la regidora de Barcelona expresa con un mohín displicente su desagrado por la presencia de las Fuerzas Armadas no sólo efectúa un brindis de pacifismo de salón a su público antisistema: está compartiendo con la feligresía independentista la idea de una milicia invasora, de las tropas de ocupación enviadas por el Estado a oprimir el destino manifiesto del pueblo cautivo.

Añade:

Y lo hace con el tic tan suyo de caudillismo peronista; esa pulsión de arrogancia autoritaria con que la extrema izquierda ha entrado en las instituciones impartiendo certificados de buena ciudadanía y marchamos de personas no gratas. Este me gusta, este no. Estos líderes agrandados traen vocación de arcángeles guardianes de las puertas de su paraíso sectario. Gobernando en minoría se sienten investidos del poder de administrar el derecho de admisión en su particular Barataria; qué sucederá el día que tengan mayoría absoluta. Como pequeños virreyes de un nuevo orden ideológico cambian los nombres de las calles, quitan las estatuas y hasta se atreven, en el paroxismo adanista, a la pretensión de reinventar el lenguaje convencional: ese portentoso hallazgo del mujeraje -para revertir la presunta connotación patriarcal del homenaje- pasará a los anales de la estupidez con soberbia marmórea. Ridículo, sí, porque mueve a risa, pero también alarmante; se trata del designio autoimbuido de construir un mundo de nueva planta según los planos mentales de una antiutopía totalitaria.

Y sentencia:

Sucede que incluso esa quimera social y política ha necesitado del Ejército para imponer su experiencia en la realidad histórica. Y no precisamente en la versión democrática, obediente al poder civil, que Colau tiene el privilegio de poder despreciar con su augusta prepotencia populista. Ahí está por ejemplo la tradición golpista de sus amigos bolivarianos. La que acaso inspira a su aliado, correligionario y ¿jefe? Pablo Iglesias, un pragmático leninista, a solicitar como botín de un pacto de Gobierno la cartera de Defensa. A menos que para la Evita catalana se trate de un ministerio de otra nación. De otra patria.

Jaime González tacha de maleducada a la alcaldesa de Barcelona por el desplante hecho a los dos militares que, en un alarde de demostración de que tienen mejor educación y modales que ella, decidieron despacharla de una forma muy elegante:

Si Ada Colau hubiera compaginado su vida de «activista» con un poco de ejercicio intelectual, no habría que explicarle a estas alturas el papel de la Defensa Nacional y las aportaciones culturales y científicas de las Fuerzas Armadas a lo largo de la historia. Que la ignorancia y el sectarismo son muy atrevidos lo demuestra el hecho de que la alcaldesa de Barcelona expresara ayer su malestar por la presencia del Ejército en un estand del Salón de la Enseñanza de la Ciudad Condal.

Dice que:

«No me gusta que estén aquí», les dijo a los mandos militares que se acercaron cortésmente a saludarla. A tenor de la escena, resultan más que evidentes las lagunas de Ada Colau en educación cívica, por lo que no estaría de más que se apuntara a un curso rápido de formación de los que se imparten en la feria. Tan atrevidos son la ignorancia y el sectarismo que la alcaldesa concluyó con un explícito «hay que separar espacios». En eso tiene razón: Ada Colau dando lecciones en un Salón de la Enseñanza es un sarcasmo, una ironía del destino o una burla a la inteligencia. La democracia es tan generosa que ha querido que una señora que practicaba «escraches» disfrazada de «superheroína» -maillot negro, pololos y capa amarillos- sea alcaldesa de Barcelona, lo que demuestra que el sistema no peca por defecto -como sostiene Ada Colau- sino, en todo caso, por exceso.

Y sentencia

Explicarle el modelo de Enseñanza Militar es un ejercicio estéril. No perderé un segundo en convencerla de que el nivel de formación académica que reciben los jóvenes que optan por la educación militar es muy superior a la media. Si Colau tuviera la décima parte de preparación y de vocación de servicio que los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, podría intentarlo. Pero no merece la pena. Está hipotecada por el odio. Su sectarismo ha alcanzado tal grado de inquina que lo único que queda es mandarla de muy buenas maneras a seguir destilando rabia. Eso sí: cuando uno de esos militares a los que hay que confinar en «espacios separados» entregue su vida por defender la suya o la mía, le ruego se abstenga de hacer ningún comentario. Cualquier palabra que dijera me serviría para utilizarla en su contra.

Hoy, por una elemental cuestión de educación, no voy darle el gusto de ponerme a su altura. Puestos a destilar, prefiero la indiferencia. Se duerme mucho mejor.

En El Mundo, Antonio Lucas escribe sobre la crisis instalada en el seno de Podemos, pero no incluye el bombazo que se produjo con la dimisión de nueve cargos en Madrid:

Madrid está divertidísimo en estos días, con un resol de mesón donde se juegan a cuchillo prestigios, ambiciones y carreras. Podemos anda en el centro de la información política igual que el PP está en la judicial. Pero tiene más tirón lo de Podemos por la gresca que asoma. Pablo Iglesias camina en modo presidente a tiempo completo. Y todos los presidentes quieren lo mismo: burocratizar. Errejón, más sofisticado y audaz, se afianza sin necesidad de levantar la voz, dejando que el otro hable por todos los compañeros. Con lo que eso quema.

Destaca que:

Podemos se desconecta por dentro porque se le está agotando el gas deslumbrante por fuera. Lo repentino de su discurso ya fue asumido y ahora le queda una esquelatura de fratrías, que es en lo que acaba la política cuando pasan los entusiasmos. Y también en lo que quedan los reyes cuando pasan las transiciones. Va a tener razón el cortesano y ‘presunto’ López Madrid en su respuesta a los mensajes de cobertura moral enviados por la familia de la Zarzuela (exclusiva de Pedro Águeda): «Vivimos en un país muy difícil». No lo dudo. Sobre todo para quien se busca la vida sin intrigas, sin avales, currando en limpio.

Anda el país del revés en estos días y coincide el espectáculo con la confirmación de que a Pablo Iglesias le sobran dos litros de sangre. Trabaja de cara al público (antes era «la gente») como si tuviera delante un sólo espectador, como si contara fieramente con la unanimidad de los suyos. Olvidó que Podemos es un partido confeccionado con muchos retales, felizmente bastardo, y no irá muy lejos jugando con las reglas inflexibles de un Quijote repentino y con cananas. El narcisismo es una ordinariez desde que cualquiera puede darse lustre en la pantalla del móvil.

Y subraya:

Son los pequeños matices los que le van dando espesor a cualquier proyecto (político). Pablo Iglesias lo tiene todo, pero parece olvidar que también le falta todo. Por eso es pronto para afianzar el cesarismo y levitar sobre una falange de fieles a los que aún no sabe si les va a ser fiel. Lo dicho: «Vivimos en un país muy difícil». Unos más que otros.

Raúl del Pozo se fija en los líos internos existentes en los partidos políticos y se centra especialmente en lo que pasa en Podemos. Hubiese esperado igual un par de horas más a rematar la columna y el material que hubiese tenido respecto a Podemos hubiese sido de órdago a la grande:

Un temblor, sin víctimas mortales, sacude casi todas las instituciones del Estado y tiene el epicentro en los dos palacios. Todo se mueve y se mezcla: Cataluña prepara una Marcha Verde, hubo acoso sexual e intento de asesinato relacionado con la financiación ilegal del PP, las cloacas de Interior, las tarjetas ‘black’ y los SMS reales con lenguaje inapropiado y amistades peligrosas, según ‘eldiario.es’. Todo se mueve, incluida la cúpula y la cópula del partido de la gente: Podemos, el que invoca a la guillotina como madre de la democracia.

Pedro Sánchez no sabe que una dirigente del PP llegó a sugerir que Felipe González presidiera un Gobierno de emergencia y aún aspira a ser él el que presida el Ejecutivo. Pablo Iglesias piensa que Albert Rivera quiere acabar con Mariano Rajoy, pero no para sustituirlo por Pedro Sánchez. Si triunfara esa sagacidad, Rivera podría ser considerado, como apuntó el propio Iglesias, un auténtico florentino-maquiavélico. Mientras toma forma en el útero del poder el nonato Gobierno, hay -según los de Podemos- una campaña contra ellos. Dicen que los partidos jurásicos han iniciado la guerra de propaganda. Y yo me pregunto: «¿Acaso no son ellos mismos un producto de la propaganda?». También pregunto si hay o no hay en las siglas de Pablo Iglesias un baile de letras, un grupo antipartido que se aleja de «la rectitud que necesita el árbol» y se subleva contra el culto a la personalidad.

Asegura que:

Un dirigente de Podemos oyó decir ayer con tono bíblico a un tertuliano que los que no apoyen al Gobierno propuesto por el Partido Socialista serán arrojados a las tinieblas exteriores. Para este dirigente, el PSOE es el partido tongo, obedeciendo las órdenes de la señora Merkel y de la Internacional Socialista. Cree que es de manual: munición del enemigo, inventar divisiones en Podemos para llevar adelante el verdadero proyecto de PSOE-Ciudadanos, decapitar a Rajoy y hacer un Gobierno aceptado por el Ibex y los alemanes. Explican que, como siempre, el poderoso brazo de la socialdemocracia aparta del poder a los poscomunistas o la nueva izquierda.

Y sentencia:

Juran que Pablo e Íñigo se llevan muy bien, en los partidos hay diferentes visiones de la realidad. Los duros ya tienen claro que el PSOE rechaza el Gobierno horchata; los moderados creen que, a pesar de las trampas del PSOE, habría que arrojarles un salvavidas en el último instante. Pablo Iglesias ha negado cualquier crisis interna en su partido ante la posibilidad de una abstención en las futuras investiduras, pero Íñigo Errejón, ‘número dos’ y portavoz en el Congreso, ha admitido divisiones internas, circunstancia que se confirma con la dimisión ayer de nueve ‘errejonistas’.

El ego de Pablo, frente a la modestia de Errejón. Pablo viene de las Juventudes Comunistas; Errejón, del anarquismo, aunque un dirigente de Podemos me desmiente la división. Declara que todo son invenciones de la ‘factoría Ferraz’ y de sus periódicos, la segunda edición de la pinza Anguita-Aznar.

Finalmente, en La Razón, Martín Prieto lanza un claro mensaje a quien corresponda respecto a la mamarrachada de querer cambiar el nombre del Congreso de los Diputados por tener tintes machistas:

Con el primer Gobierno de Felipe González me convidó a almorzar el secretario de Estado de Interior en la intención de ilustrarme sobre el «cambio». Me explicó que en una democracia avanzada la línea informativa y editorial de los medios de comunicación privados debería atenerse a los resultados electorales y plegarse a la mayoría social. Recuperado de mi primer vahído prosiguió con un panegírico del Partido Revolucionario Institucional mexicano (entonces los socialistas hablaban mucho del PRI) y deduciendo que tras cuarenta años de dictadura España adquiriría su equilibrio después de cuarenta años de socialismo. No es de extrañar que aquel ministerio acabara como terminó. Felipe no participaba de tal caldo de cerebro pero en el PSOE muchos cabezas de huevo estimaban que cualquier cohabitación con la derecha nacional, fuera AP o PP, era metafísicamente imposible.

Recuerda que:

Las disparidades conflictivas con un centro-derecha democrático fueron creciendo hasta hacer eclosión con Zapatero, su Pacto del Tinell, y el arrojo de media España a las tinieblas exteriores. Hoy un portavoz socialista alega que una gran coalición a la alemana es imposible porque la cultura política del PSOE está más cerca de Lisboa que de Berlín. En Europa derechas e izquierdas mantienen recetas de felicidad diferentes pero en momentos de crisis se ayuntan en cesiones mutuas sin graves problemas psicológicos. No se ha dado la ocasión pero se puede suponer que el PP, llegado el caso, podría negociar generosamente esa cohabitación con el PSOE sin que se soliviantaran sus bases. Esa inclinación socialista no existe y hasta parece imposible, con destellos irracionales de rencor personal, manifestados en la anatematización de Rajoy.

Y concluye:

La muerte del bipartidismo no es tal, sino la aparición de una izquierda heredera del comunismo y unos C’s que ora son Nuevas Generaciones ora Joven Guardia Roja. Pero los dos grandes partidos, maltrechos, siguen ahí. A menos que queramos esa democracia avanzada que proponía el funcionario socialista, el Estado exige un tacto de codos entre el PP y el PSOE y un lenguaje menos altanero en este último. Las afinidades electivas llegan solas, pero las disparidades conflictivas son siempre un error voluntarista. Rajoy no ha bloqueado nada. Es el PSOE quien impide un Gobierno.

P.S.- El Congreso de los Diputados no es una recua de machos sino la reunión de personas elegidas sin distinción de sexo.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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