LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Federico Jiménez Losantos: «Pablo Iglesias es un cursi que, para hacerse respetar, nos fusilaría a todos»

"El de Podemos es tan mediocre intelectualmente, tan lerdo estéticamente, tan insensible al ridículo que su sentimentalismo cursi provoca en el lector un escalofrío"

Federico Jiménez Losantos: "Pablo Iglesias es un cursi que, para hacerse respetar, nos fusilaría a todos"

La crisis en Podemos y la ya nada indisimulada maniobra de Pablo Iglesias para quedarse con el control del partido y amordazar, cuando no ‘decapitar’, a los críticos dentro de la formación morada, es el tema primordial en las columnas de opinión de la prensa de papel de este 18 de marzo de 2016.

Arrancamos en El Mundo y lo hacemos con Federico Jiménez Losantos que escribe sobre Pablo Iglesias y lo que esconde esa lucha por la «belleza». En otra palabras o dicho en plata, para el líder de Podemos lo bello es poder mandar él y nadie más que él:

El larguísimo panfleto autolaudatorio ‘Defender la belleza’ tiene dos cualidades: retrata a un ser, Pablo Iglesias, tan mediocre intelectualmente, tan lerdo estéticamente, tan insensible al ridículo que su sentimentalismo cursi (un cursi es un discapacitado intelectual que fuerza el postureo estético) provoca en el lector un escalofrío. El que produce la otra cara de lo feo en política: la necesidad de una enorme violencia para hacerlo pasar por bello.

Rememora que:

Sólo en algunos momentos de la lucha por la libertad en dos siglos gloriosos, de finales del XVIII a finales del XX, en los que el liberalismo primero y la democracia después se fueron imponiendo en las sociedades occidentales avanzadas -entre ellas, España- hallamos un estilo tan adánico y prometeico como el de estos infatuados podemitas con el Muro a cuestas y el reloj parado. Ni mi paisano Isidoro de Antillón, voz entre las voces de la Cádiz de las Cortes, escapa, pese a su humildísimo origen o tal vez por ello, a la proclamación de una especie de aristocracia moral. Los grandes dirigentes obreros, sobre todo anarquistas, son también mesiánicos, pero los que sufrieron las cárceles del Antiguo y el Nuevo Régimen (‘Mis prisiones’, de Kropotkin) son conmovedoramente respetables. El gran enemigo de Marx, aquel Bakunin «de ojos color de berza» (Valle-Inclán), sin tener el genio literario que brilla en el ‘Manifiesto Comunista’, ‘El 18 Brumario’ o el Libro I de ‘El capital’, transmite más sinceridad que la prosa forunculosa de los ‘Grundisse’ o ‘La ideología Alemana’.

Pero el marxismo es la religión de la justicia a través del terror, de ahí su gancho entre cristianos sin fe. Si Babeuf era un Saint Just fuera de temporada, Lenin fue el terrorista científico barruntado por Dostoievski en ‘Los demonios’, el padre del revolucionario profesional de Julián Gorkin.

Y sentencia:

Lo que no vemos en Marx, Lenin o Trotski es cursilería. Crueldad, toda; cursilería, ninguna. Iglesias trata de compensar su indigencia teórica apelando a un ternurismo de secta y a una justificación «estructural» de la violencia típicamente comunista o nazifascista. Citar a Weber para justificar la purga del segundo de su segundo es propio de un discapacitado intelectual. Alguien que habla de la «belleza de su proyecto» es un cursi que, para hacerse respetar, nos fusilaría a todos.

Raúl del Pozo habla sobre el duelo de gallos que mantienen en Podemos Pablo Iglesias e Íñigo Errejón:

Fuentes de toda solvencia me informan de una pelea de gallos políticos adolescentes: cuando Pablo Iglesias e Íñigo Errejón eran muy jóvenes, éste escupió en la cara a Pablo. Sería probablemente en una feroz discusión típica de los comunistas y los libertarios. Luego se hicieron muy amigos. Íñigo era de un barrio burgués, procedía de los círculos anarquistas, era lector de Laclau; Pablo Iglesias era de Vallecas y de la Juventud Comunista. Se conocieron en la Universidad comiendo pan con azúcar. Pasaron los años, soñaron juntos, y hoy están enfrentados. Pablo quiere organizar la insurrección democrática, a la manera marxista, «como un arte» , Errejón se ha vuelto posibilista y lo expresa desde el escaño con gestos. Como siempre que hay fracciones, disidencias y purgas los dirigentes las niegan. No hemos vivido los diez días no que conmovieron al mundo, sino los dos días que tambalearon al llamado partido de la gente y del amor. Y aquí no hay Siberia.

Dice que:

Irene Montero, la figura emergente, la Charlotte Corday que ha participado en la purga de Errejón, niega la batalla interna y dice que Íñigo admira mucho a Pablo Iglesias, aunque Carolina Bescansa reconoce que hay entre ellos diferencias. Según escribe Felipe Alcaraz en la gran novela Eclipse rojo, Errejón es un anticomunista férreo y el ministro de Exteriores Margallo hizo la siguiente profecía: «Errejón es la pieza que se comerá a Pablo Iglesias». El pollo anarco que en Arde Madrid levantó la bandera negra, terminó, antes de hacerse mayor, en el pragmatismo, la moderación, el viaje al centro y la posibilidad de pacto con la fracción moderada socialdemócrata; mientras Pablo apostaba por la ruptura, por la victoria y la toma del poder, frente al PP de la corrupción, el PSOE de la Tercera Vía y Ciudadanos, el plan renove de las élites. Errejón, el sensato del Presidum, el Moisés del pueblo consciente, Gramsci amalgamado con Perón y Laclau, terminó chocando con Pablo de Vallecas.

Concluye:

Según sus adversarios,Pablo Iglesias, el timonel, ha caído en la soberbia y en el engreimiento y ha descuidado la organización, depreciando a los políticos profesionales, como si éstos pudieran comprarse en El Corte Inglés, mientras Errejón seleccionaba y adiestraba a los cuadros de la organización. Hoy parece que controla la mayoría, su fuerza se fue agrandando. Ante esa amenaza, Pablo se ha apoderado del partido haciendo de número uno y de número dos. Todo el poder para Pablo Iglesias. Los bolcheviques se imponen a los mencheviques en el «partido de las clases populares» y el pacto de investidura para un Gobierno con Sánchez es cada día más difícil. «Si pactamos con el PSOE o le apoyamos a última hora, con la abstención para que gobiernen, Podemos se disolvería en 10 horas», me dijo uno de los creadores de ese partido. Muchos de los dirigentes de Podemos vienen de IU y de las Juventudes Comunistas y se la tienen jurada a los socialistas porque en los últimos 30 años han fichado a los cuadros disidentes de IU.

En ABC, Ignacio Camacho habla sobre la doble vara de medir mediática respecto a la corrupción, si es de la derecha todo es un escándalo, pero si es la que afecta a la izquierda, entonces a echarle capas de barniz al asunto:

La existencia de una intensa y extensa corrupción en las estructuras del PP es un hecho tan evidente como el doble rasero social y mediático a que está sometido. La izquierda, dueña de la hegemonía propagandística y de la superioridad ética, ha logrado imponer el marco mental de que el Popular es un partido de naturaleza deshonesta, cuyo funcionamiento está ligado a la venalidad de una manera ontológica, casi metafísica. Por el contrario, los escándalos que salpican al PSOE parecen incidentes episódicos, siendo así que hasta ahora el caso de los ERE -y tal vez el de los fondos de formación- es el único en el que el sumario apunta responsabilidades sistémicas localizadas en el núcleo mismo de la Administración pública.

Contrapone que:

Sin embargo ahí están Chaves y Griñán impertérritos ante una imputación por prevaricación confirmada en el Supremo, protestando de que su paseíllo judicial es una maniobra para contrarrestar el ruido de la traca valenciana. Ahí están en la semiclandestinidad informativa las transferencias de Irán a la productora de Pablo Iglesias. Y ahí está el líder socialista gallego, con media docena de cargos penales a cuestas, aferrado a su puesto para que Pedro Sánchez pueda contar con su apoyo en el próximo congreso. Más aún: insultando la inteligencia de los ciudadanos al abdicar de una mera intención con su renuncia a una candidatura fantasma. Y todo ello bajo la selectiva impunidad social y ante la mirada displicente de los dirigentes de Ciudadanos, tan estrechos a la hora de forzar dimisiones en el PP madrileño, a los que seis imputaciones no les merecen más que un mohín de desagrado, una nariz torcida, un ceño fruncido.

Es probable que esta acepción discriminatoria y desigual la haya propiciado la propia derecha, apocada en su empatía política, torpe en el diseño de su estrategia de comunicación, atormentada de culpabilidad, incapaz de sostener un discurso de fortaleza ideológica. También el pésimo manejo con que el marianismo ha afrontado los escándalos, en especial los de Bárcenas, Rato o Barberá, y el reiterado menosprecio de la importancia que una sociedad zarandeada por la crisis otorgaba a los abusos de las élites.

E insiste en que:

Pero sobre todo se trata de una posición de aceptada inferioridad en el debate público, de una contrastada incompetencia para entender el valor de los argumentos en la democracia posmoderna. Como resultado de esa ineptitud carencial, el partido que más ha legislado contra la corrupción pasa por el más corrompido; el Gobierno al que la Policía machaca con filtraciones queda como el de la Ley Mordaza; el poder acosado por la investigación de los fiscales se instala en la opinión pública como el enemigo de la independencia judicial. Es lo que sucede cuando se renuncia a la defensa de las señas propias y se abandonan los espacios de discusión ante quienes se han revelado maestros de la propaganda.

Carlos Herrera se marca una columna sobre todas las acciones que realiza la Iglesia católica con el dinero procedente de aquellos que marcan la equis en la declaración de la renta y, de paso, le lanza un recadito a los muy progres de El País:

Advertencia amable y cargada de humanidad para aquellos que formen parte del grueso anticlerical, comecuras, laicistas rancios, ateos combativos, partidarios del exterminio de la religión católica, etcétera… Prescindan hoy de la obligada lectura de esta columna. Una vez más, no les va a gustar; pero hoy, además, contiene información sensible que puede contrariar sus dogmas establecidos y sus verdades únicas. Aquí a mi mismo lado tienen a mis compañeros que les van a irritar igual, pero hablando de política, y ahí siempre se puede agarrar uno a algún resquicio.

Aclara que:

Vengo a proclamar algunas cifras y a explicar la razón por la cual el Estado tiene un gran alivio con la Iglesia católica. Esta semana se han presentado los resultados a favor de la Iglesia de la declaración realizada el año pasado por los españoles que pagan impuestos. La Iglesia recibirá 250,3 millones de euros. No se los regala el Estado. El Estado es un simple intermediario: se los asignan las personas que marcan una X en la famosa casilla, que este año han sido 23.000 más. Al haber ascendido la recaudación, es decir, al haber más personas que han declarado haber ganado dinero que antes no ganaban, también se ha producido un aumento en el dinero captado. ¿Captado para qué?: paso a pormenorizar.

Más de siete millones de declaraciones han marcado la X. Corresponden a casi diez millones de personas, ya que muchas de ellas son declaraciones conjuntas. Son personas que muestran indudable confianza en la Iglesia católica y que quieren que ese dinero se distribuya entre sus diócesis para las diferentes actividades que lleva a cabo. Pormenorizo. Los sacerdotes, obispos y otros trabajadores de la Iglesia ganan un sueldo. El cura de mi parroquia, don Manuel, que es estupendo y me suelta unas homilías que da gusto escucharlas, gana 800 euros al mes. Si a la parroquia le hace falta dinero, más de un cura le da del suyo, por cierto. El arzobispo de mi diócesis gana 1.200 euros. Di tú que vive en sede canónica, sí, pero el cargo que ocupa conlleva gastos, muchos. Un directivo de cualquier empresa de ese rango gana cien veces más. Y, además, conociéndole, estoy seguro de que no hace uso de ese dinero.

Añade que:

Con el dinero de los contribuyentes la Iglesia cuida de un patrimonio inmemorial (que siempre algún Ayuntamiento de mojoneros le quiere birlar), mantiene a no pocos trabajadores seglares y, por supuesto, alimenta a Cáritas, organización que hace por el prójimo infinitamente más que cualquiera de los que hoy han dejado ya de leer esta columna. Conviene recordar que, al contrario que la Iglesia católica, el resto de religiones sí tienen una asignación directa a través de la fundación pública «Pluralismo y Convivencia», financiada por los Presupuestos Generales del Estado. Lo cual a la Iglesia no le parece mal, ya que si tuvieran que alimentarse de la X en una casilla me parece a mí que andarían sin demasiados recursos.

Y sentencia:

Así que a la duda que se planteaba el diario «El País», que se preguntaba si con el dinero de la renta la Iglesia organizaba campañas antiaborto o sufragaba medios de comunicación, se le puede contestar tranquilamente que ninguno de esos euros es para pagar deuda alguna, ni nómina ajena ni bonus de consejeros delegados. El dinero es para hacer el bien, y no hay que presionar a ningún partido para que le arregle las cuentas pendientes. Es para sostener la labor eclesial: evangelizar y cumplir con el compromiso pastoral y social, amén del educativo, que tanto dinero le ahorra al Estado. A no pocos podrán brotarles sarpullidos, pero la realidad se demuestra con datos y números. Y con humanidad. Y con bondad. Y con la grandeza y sacrificio de tantos cristianos involucrados en el bien común. Le pese a quien le pese.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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