LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Alfonso Rojo: «Ya le ha sonado el despertador a Sánchez y llega el turno de Rajoy»

"En el PP son multitud los dirigentes a los que no les llega la camisa al cuello, pero el presidente del Gobierno ni ha pestañeado"

Alfonso Rojo: "Ya le ha sonado el despertador a Sánchez y llega el turno de Rajoy"
Mariano Rajoy. EP

¿Qué opciones le quedan a Pedro Sánchez tras la negativa de Pablo Iglesias a asumir el acuerdo entre socialistas y Ciudadanos? Pues realmente muy pocas. O bien Podemos le acaban haciendo presidente para evitar nuevas elecciones o bien intenta la vía de la gran coalición con Rivera y Rajoy.

Ese es el argumento esencial que este 10 de abril de 2016 sobre el que trabajan muchos articulistas en sus columnas de opinión, aunque también hay quien considera que el que debe de tomar la iniciativa es Mariano Rajoy. El líder del PP no puede estar todo el tiempo a verlas venir. También tendrá que hacer parte del trabajo si aspira a tener responsabilidades de Gobierno.

En esa línea apunta la columna de Alfonso Rojo en La Razón, que asegura que al presidente en funciones ya le ha sonado el despertador y que, por tanto, debe ya ponerse manos a la obra en intentar evitar unos nuevos comicios:

El único que no parece nervioso o apurado es Mariano Rajoy. En el PP son multitud los dirigentes a los que no les llega la camisa al cuello, pero él ni ha pestañeado.

Al día siguiente del 20-D, desde que Pedro Sánchez soltó aquello de «No, no, no y que parte del no no entiende», la tesis del líder popular fue que nada que propusiera tendría la mínima aceptación. Había que esperar, jugársela, confiar en que al líder del PSOE no le saliera el plan de formar un «Gobierno Frankestein» con Podemos, IU, los periféricos, las mareas, el PNV y los independentistas.

Cuando Sánchez llegara a la conclusión de que por esa vía no iba a cumplir su sueño de ser presidente, sería el momento de actuar.

Recalca que:

Pues ha sonado el despertador. Hay quien sostiene que en los 23 días que restan hasta la fecha en que habrá que disolver las Cortes aún podemos asistir a otro esperpento. Yo lo descarto, entre otras razones porque Ciudadanos,que parecía irrelevante con 40 escaños hace tres meses, ha logrado colocarse en el centro del tablero y anclar al PSOE al muelle de la sensatez.

Hacerse con el Gobierno conlleva repartir entre los tuyos 4.000 estupendos cargos, que van desde el de ministro, a la presidencia de la SEPI, pasando por RTVE a Paradores, pero no me imagino a los socialistas poniéndose otra vez de felpudo de Podemos, tras escuchar ese lloroso «Pablo me ha engañado» con el que resume Sánchez su patinazo.

Tampoco a Pablo Iglesias tendiendo un puente de plata a eso que ha denostado como «un gabinete de Ciudadanos, presidido por Sánchez».

Y resalta que:

Seguro que Carolina Bescansa le ha dicho ya que están bajando en las encuestas y que las revelaciones sobre el pitufeo y los dineros chavistas enturbian su imagen, pero «Coleta Morada» es más presumido que un quinto mal hecho y da por seguro que remontará en campaña electoral. En el peor de los casos y aunque se deje jirones, siempre le queda la baza de pactar con Alberto Garzón, que es como él aunque menos«guay», y concurrirunidos a IU. Con este panorama, a quien le toca mover ficha y con tanta decisión como premura es a Rajoy. No sería de recibo continuar ausente,confiando en que la abstención y el hastío le hagan el trabajo, permitiendo al PP subir en escaños y sumar mayoría con Ciudadanos.

Tiene que negociar de verdad en estas tres semanas ese gobierno de gran coalición que ponga en órbita a España.

En ABC, Ignacio Camacho descarta que se produzca la gran coalición entre PP, Ciudadanos y PSOE:

La única cosa que no va a ocurrir en España, se repitan o no las elecciones, es la gran coalición entre el PP y el PSOE. Quizá sea también lo único en que estén de acuerdo todos los socialistas, no por motivos ideológicos sino políticos. En las filas socialdemócratas sigue siendo unánime la idea de que una alianza con los populares entregaría a Podemos el monopolio de la alternativa: el fantasma griego, el de la pasokización, el proceso que convirtió al Pasok helénico en irrelevante frente a Syriza por coaligarse con la derecha. Esa es una vía cegada, uno de los pocos puntos en que hay consenso interno. Los reproches a Sánchez, que aumentan estos días tras la enésima humillación de Pablo Iglesias, se basan en su obstinación de ser presidente, cuestionada desde el primer momento por el susanismo andaluz. Con esos resultados, insisten los críticos, debió aceptar irse a la oposición frente a un Gobierno débil. Pero esos mismos disidentes, al cuestionar abiertamente su liderazgo, le han empujado a tratar de sobrevivir buscando un acuerdo a cualquier precio. A ponerse, en última instancia, en manos de su verdadero enemigo, Rajoy, a quien ha vetado como si tuviese lepra, sólo es su adversario.

Ese intento está a punto de fracasar aunque el candidato aún no haya perdido la esperanza. La secuencia lineal de hechos indica que Iglesias se ha echado al monte, que quiere forzar elecciones confiado en alzarse, tal vez de la mano de Izquierda Unida, hasta la frontera de los cien diputados. Pero la gran desazón de Sánchez y su equipo es que no logran descifrar al líder de Podemos. No acaban de saber si su última jugada, la de la consulta a las bases, es una maniobra contra los partidarios del pacto, un recurso para cargarse de autoridad frente al posibilismo de los errejonistas, o todo lo contrario: una coartada para permitir sin quemarse un relevo de poder que expulse al marianismo. Resistiéndose a embocar la calle del Desengaño, la dirección socialista se agarra como clavo ardiendo a esta última posibilidad basándose en la evidencia de que Iglesias ha demostrado en estos meses una impetuosa capacidad de contradecirse a sí mismo.

Concluye:

Lo asombroso del caso es el empeño que el secretario general del PSOE pone en obtener el apoyo de un hombre del que no se fía. No existe la menor química entre ambos; Pablo desprecia a Pedro, lo considera un dirigente blando y sin fondo estratégico. Pero el intenso pragmatismo de Sánchez le lleva a pensar que acaso por eso mismo su rival lo prefiera antes que a Susana Díaz y decida apuntalarlo en un poder precario. Acostumbrado a apostar por objetivos cortos, está convencido de que si llega a presidente, por carambola o como mal menor, no habrá nadie de dentro ni de fuera capaz de descabalgarlo. Aunque para ello tenga que pasar la afrenta de ver su propia candidatura sometida por mano hostil a un referéndum.

Luis Ventoso asegura que Pedro Sánchez lo que tiene que irse es a su casa y buscarse otro empleo:

Uno de los indicios de que la democracia española es todavía un poco púber radica en el escaso respeto de los políticos ante las decisiones de los votantes. Un aspirante a la presidencia de Estados Unidos, por válido que sea, si es derrotado queda fuera de juego para siempre. Las cunetas están llenas de Al Gores. El pueblo soberano ha hablado, debe ser escuchado y no tiene sentido que se enroque como líder quien no ha merecido su confianza. Esa misma regla de oro provocó en mayo, en el Reino Unido, las dimisiones instantáneas del líder laborista Ed Miliband y el liberal Clegg, en la propia madrugada electoral. El fracaso obliga a echarse a un lado y dejar que otro lo intente. Si Miliband se hubiese atornillado, sus compañeros lo habrían rociado con «3 en Uno».

Añade que:

En España, por desgracia, las cosas no funcionan así. En 21 de diciembre, Izquierda Unida se quedó en el chasis bajo el liderazgo del locuaz joven valor Alberto Garzón. Perdió casi la mitad de sus votos. Sus diputados caben ahora en una bici tándem, pues son dos. Pero el tal Garzón no se dio por aludido. Es más, con jeta de hormigón armado nos atiza cada día unas insufribles lecciones magistrales desde los telediarios. ¿En qué se basa la autoridad moral de un político del que los votantes no quieren saber nada? ¿Por qué un candidato que no ha rascado pelota reconviene con tal suficiencia a los simpatizantes del partido más votado? ¿Por qué se concede tal bola mediática a un tío que en realidad no pinta nada? Enigmas de la joven democracia española.

Todo lo anterior se exacerba con la extravagante peripecia de Sánchez. En una democracia avanzada, debería haber dimitido en la misma noche electoral, cuando sumió al PSOE en el mayor descalabro de su historia. Su resultado acredita tres cosas irrefutables: que es un pésimo candidato, que los españoles no le ven madera de presidente y que ni siquiera muchos votantes socialistas tradicionales confían en él. Pero a diferencia del decoro elemental que mostró Almunia, Sánchez se clavó a la poltrona como una chincheta. Ese fue su primer error. El segundo llegó con el disparate ególatra de pretender ser presidente sin escaños ni aliados de peso para otorgar estabilidad al país. Todo afeado además por un desprecio chuleta hacia su adversario, casualmente el ganador de las elecciones. Le han faltado votos y también educación.

Y dice no sin pesar que:

Hemos perdido el tiempo de manera absurda con el circo de tres pistas de un candidato vapuleado, pero enamorado de sí mismo. Concluye por fin lo que solo fue el cuento del rey desnudo. Todos, de Susana a Felipe, pasando por el taimado Rubalcaba o los razonables presidentes de Asturias y Extremadura, sabían desde el principio que el culebrón multinegociador era solo la pataleta de un muchacho que no quiere hacer lo que le toca: irse a su casa y tratar de buscarse otro empleo. Tan cansino se había tornado el enredo que el viernes, cuando todo estalló, lo único en realidad sorprendente fue ver que Antonio Hernando se había comprado unas gafas pop de montura azul eléctrica. Por ahora, el único cambio de la Nueva Política.

Para suavizar tanta política, Antonio Burgos propone en su tribuna el tema taurino y cómo determinados medios de comunicación le hacen el caldo gordo a 100 antitaurinos que a los millones de aficionados al Arte de Cuchares que tiene este país. ¡De traca!

Dicen los que saben de toros que el enemigo de la Fiesta está dentro. Que es como si tras el peto de cada caballo de picar hubiera uno de Troya para cargarse la Fiesta. Dicen que más daño que los antitaurinos le hacen los taurinos. Afirman que los taurinos son más dañinos para la Fiesta que el prohibicionismo separatista que la considera símbolo de la Patria España de la que quieren independizarse, coger Puerta, Camino y Viti… y que les paguemos nosotros el viaje de ida sin billete de vuelta. Al pie de un árbol sin frutos, cual media plaza de los toros de Sevilla vacía con un cartelazo como el mano a mano entre Castella y López Simón, me puse a considerar estas cuestiones en mi barrio del Arenal, antes que, a la caída de la tarde, bajaran a torear los vencejos del incomparable cielo azul de Andalucía que da título al hermoso pasodoble.

Subraya que:

Me fijé en la edad de quienes ocupaban los tendidos. Como soy de Letras no me salen los números, pero me apuesto lo que sea a que la edad media del público doblaba los años que tiene Roca Rey. Gente mayor. La gente joven que llena el Gol Norte y el Gol Sur de los campos de fútbol ha dejado de ir a los toros. Precios aparte, falta afición. Y falta apoyo literario a la Fiesta. Lorca, Alberti, Gerardo Diego, toda la Generación del 27 era taurina. ¿Dónde están los poetas taurinos de ahora? ¿Dónde el Bergamín de José Tomás, como en sus últimos años el autor de «El arte de birlibirloque» (ahora reeditado y prologado por Morante) poco menos que se inventó a Rafael de Paula como mito literario, igual que las coplas flamencas y los poetas populares coronaron a Curro Romero como la Esencia de los Toreros? Evoco en este punto el título de aquella crónica de Gonzalo Carvajal, o sea, de Gonzalo de Betencourt, sobre uno de los primeros grandes triunfos de Romero: «Viene pidiendo poetas». Los toreros ya no vienen pidiendo poetas; entre otras cosas porque no hay poetas que los canten, ya que son personajes políticamente incorrectos y mal vistos por los santones progres de la crítica literaria.

Aclara que:

En las plazas de toros, entre el tercio y la boca de riego están los medios. Ahí, ahí es donde hay que sacar a los toros aquerenciados para hacerles faena; y ahí es donde pegan su estocada hasta la bola a la Fiesta los antitaurinos: en los medios. En los medios informativos. Estamos llegando a aquello que se cuenta de «El Sol», que dicen que no daba información de toros y que cuando había un cornalón gordo de un torero lo publicaban… en la sección de accidentes de trabajo. No sé si será cierto. Pero sí es cierto que sale un torero con las dos orejas en la mano por la Puerta del Príncipe y los telediarios no dicen ni media palabra. Sin embargo, en la misma Puerta se ponen antes de un festejo cien antitaurinos llamándonos «asesinos» a los que entramos con nuestra entrada pagada en la mano, y desplegando una pancarta en la que piden «Tauromaquia abolición», al tiempo que gritan «la tortura no es cultura» y «esta plaza la vamos a cerrar», y la noticia, cargando la suerte en detalles e imágenes, aparece en todos los telediarios y los periódicos le dedican más espacio que a la crónica de la corrida. Que dentro haya 12.000 señores que han pagado su entrada para ver a Ponce y a Manzanares no es noticia. Que fuera haya cien manifestantes gritándoles «asesinos», sí. Aunque los dos partidos animalistas convocantes, Pacma y Equo, sumados sacaran en Sevilla en las últimas elecciones municipales 6.616 votos. Es decir, que con los votantes de los partidos animalistas no hay ni para llenar media plaza de Sevilla.

Y remata:

Envío. Con toda lealtad y respeto, a S. M. el Rey Don Juan Carlos, por su apoyo continuo a la Fiesta Nacional, demostrado ayer tarde una vez más en la plaza de Sevilla, a la que tantas veces, ay, fue su augusta madre a ver devotamente a su Curro de su alma. Gracias, Señor, en nombre de los poquitos que vamos quedando. Y menos que vamos a quedar.

En El País, Javier Ayuso es también de la opinión que Mariano Rajoy debe comandar las operaciones para intentar formar Gobierno:

Tras la última espantada de Podemos (con la escenificación de la imagen de la última cena por parte de Pablo Iglesias y sus apóstoles), y la constatación por parte de Pedro Sánchez y Albert Rivera de que ya no hay más margen para el Gobierno reformista a tres, el foco se dirige ahora sobre el presidente del Gobierno en funciones. Es el turno de Mariano Rajoy.

111 días después de las elecciones generales y con dos semanas escasas para poder designar un nuevo candidato a la investidura, Rajoy debe dar un paso al frente y asumir su responsabilidad. Y no porque lo diga yo, sino porque lo ha dicho él mismo varias veces. La primera, el 21 de diciembre. Luego, tras hacer un quiebro al Rey en la fase de consultas e iniciarse el periodo de negociación de Sánchez, el líder del PP aseguró que si su contrincante no lo conseguía él haría un último intento, a su debido tiempo. Y este es el tiempo debido.

Recuerda que:

Llevamos semanas escuchando que fue el Partido Popular el que ganó las elecciones y que lo razonable es que Rajoy presida un Gobierno de gran coalición que incluya a los partidos llamados «constitucionalistas». Llegaron a decir que el candidato del PP iba a hacer una oferta que Sánchez y Rivera no podrían rechazar. Pero han pasado tres meses y medio y el presidente no ha movido un dedo. Se ha limitado a hacer campaña preelectoral.

Es verdad que los socialistas votaron en su comité federal no llegar a acuerdo alguno con los populares. También es cierto que el líder de Ciudadanos ha repetido varias veces que no pactarán un Gobierno con Mariano Rajoy de presidente. Pero en política, como en el fútbol, el partido no acaba hasta que el árbitro pita el final. Y el viernes, Sánchez y Rivera mostraron su voluntad de sentarse con Rajoy.

Ayer, en otro acto electoral en Barcelona, los líderes populares jugaron distintos papeles. Mientras que el presidente insistía en que la gran coalición «es lo único viable», Soraya Sáenz de Santamaría pedía abrir un diálogo «sincero y real» y María Dolores de Cospedal sacaba la artillería al afirmar que estaban hartos de tanto ego y tanto espectáculo. Entre bastidores, los fontaneros de Génova decían que para que el diálogo fuera posible, Pedro Sánchez tenía que hacer un gesto y que las conversaciones nunca se celebrarían antes de que Podemos realice su plebiscito.

E insiste en que el PP no puede dejar que corra el reloj sin más:

Estamos ya en los minutos de descuento y no tendría mucho sentido que el PP deje que corra el reloj esperando un milagro de última hora. No hay tiempo que perder y merece la pena hacer un último esfuerzo. Por mucho que las encuestas les muestren una evolución favorable en unas hipotéticas elecciones el 26 de junio, no se entendería que siga arrastrando los pies el candidato que gobernó durante los últimos cuatro años, que obtuvo más votos el 20-D y que asegura que volverá a presentarse a los comicios.

¿Qué puede hacer el presidente? Por lo pronto, no esperar a recibir la llamada de Sánchez o Rivera, sino tomar la iniciativa y convocarles a dialogar cuanto antes. Aunque para eso es necesario algo más que cinco propuestas generales. ¿Cuál es ese proyecto que no podrían rechazar? ¿Existe o no era más que una hipérbole para llenar el tiempo de espera?

Los expertos dicen que, hoy por hoy, las encuestas no pueden ser precisas porque los ciudadanos no están todavía en modo elecciones. Sí parece que la mayoría de los españoles prefiere que se llegue a algún acuerdo que evite unos nuevos comicios. Y no hay que descartar que en unas nuevas elecciones aumente la abstención y se castigue a los que no se han esforzado en buscar un pacto. Hasta ahora, solo PSOE y Ciudadanos han hecho ese esfuerzo.

 

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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