LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

El zurriagazo de Isabel San Sebastián a Pedro Sánchez: «Está solo y se sabe abocado a morir como chivo expiatorio en el altar de la derrota»

"¿Por qué camino optará en ese momento un PSOE acorralado en tierra de nadie: gran coalicion, bloqueo, Frente Popular, abstención?"

El zurriagazo de Isabel San Sebastián a Pedro Sánchez: "Está solo y se sabe abocado a morir como chivo expiatorio en el altar de la derrota"
Pedro Sánchez. EP

Política, política y más política. Este va a ser el menú principal que se van a encontrar este 5 de mayo de 2016 en las tribunas de opinión de la prensa de papel y que seguramente va a repetirse hasta el hartazgo. Y aún no ha empezado la campaña electoral, sólo estamos en precampaña, pero los partidos políticos van a dar la matraca hasta la saciedad:

Arrancamos en ABC con Isabel San Sebastián que le mete un buen zurriagazo a los líderes de los principales partidos políticos, pero con especial saña a Pedro Sánchez (PSOE), al que da por amortizado tras las elecciones generales del 26 de junio de 2016:

De todos los partidos que el próximo 26 de junio regresan a las urnas, lastrados por su fracaso colectivo, el peor colocado es el PSOE. De todos los líderes, Pedro Sánchez es quien lo tiene más crudo. La formación del puño y la rosa acumula los ingredientes de la tormenta perfecta: descolocación, desánimo, desconfianza y desunión. Una receta infalible para ir directa al naufragio.

El PP vive en su seno líos de familia propios de la derecha más tradicional, pero al menos reina en solitario en ese espacio político. Aznar y Rajoy se detestan; cierto. El Consejo de Ministros se divide entre «marianistas» y «sorayescos» cada vez más enfrentados entre sí, hasta el punto de provocar bajas tan sonadas como la de José Manuel Soria, víctima del «fuego amigo». Dicho lo cual, los de la gaviota parten con una ventaja holgada que facilita el empeño de movilizar a las bases, sea Rajoy o no quien regrese a la Moncloa.

El PP se ha hecho fuerte en la derecha, aunque ha cedido el centro a Ciudadanos. Los de Rivera han asentado sus reales en ese territorio crucial para la conquista del poder, decididos a quedarse. Sufrirán desde esa cota las lanzadas de sus vecinos, especialmente enconadas viniendo de quien se considera el propietario exclusivo de la finca, con la tranquilidad de unas encuestas que adelantan, en el peor de los casos, resultados similares a los alcanzados el 20-D.

Sobre Podemos dice que:

Podemos ha enseñado la patita desde los ayuntamientos. Ha tenido tiempo suficiente y no ha perdido ocasión de provocar un escándalo. Suple, no obstante, el desgaste de esos abusos con la promesa de crecimiento que augura la absorción de IU. Porque eso va a ser en realidad. Una fusión, conjunción, coyunda o fagocitación que brindará a las huestes de Iglesias la ansiada posibilidad del «sorpasso». Y no precisamente el «sorpasso» del PP, como dice el caudillo morado, sino la liquidación del Partido Socialista, que es su verdadera meta. La destrucción de la izquierda democrática, constitucional, española y europea. «La izquierda c’estmoi », va a ser el grito de guerra del Señor de la Coleta.

¿Qué ocurre mientras tanto en el PSOE? Nada bueno para ellos ni para la estabilidad del sistema. La «vieja guardia» no existe. Zapatero, a su vez, ha visto crecer en su interior un odio visceral a Sanchez, a quien considera un traidor. Se siente ninguneado por el actual secretario general y ha intentado moverle la silla apoyándose en Susana Díaz, que en más de una ocasión se ha echado atrás inextremis negándose a cruzar el Rubicón de Despeñaperros. La última, hace diez días, cuando declinó presentar su candidatura por miedo a perder las primarias o empeorar los ya míseros resultados alcanzados por el madrileño. Chacón, dicen las mismas lenguas, estaba en esa operacion y optó por dar un portazo al ver que Díaz reculaba. Pero la ruptura era un hecho.

Sánchez está solo y se sabe abocado a morir como chivo expiatorio en el altar de la derrota. Está solo y sin recambio en el grupo parlamentario que surgirá de las elecciones. Ha intentado blindarse sacando de ellas a sus rivales, lo que dejará sin voz al PSOE cuando se consume el sacrificio. ¿Cuál será entonces el rostro que represente a la oposición? ¿Conseguirá Iglesias esa exclusiva no solo en las televisiones, sino en la tribuna del Congreso? ¿Por qué camino optará en ese momento un PSOE acorralado en tierra de nadie: gran coalicion, bloqueo, Frente Popular, abstención? No es que su alternativa sea escoger susto o muerte. Es que la la muerte es segura. El legado zetaperil pesa como una losa.

Jaime González se marca un divertido artículo en el que recrea una conversación, ficticia claro, entre Bertín Osborne y la madre de Pablo Iglesias. La pieza es desopilante:

Dice Pablo Iglesias que su madre le llama «zarrapastroso» y él se defiende con el argumento de que «visto como mis electores». No conozco a la madre de Iglesias, pero haría bien Bertín Osborne en invitarla a su casa. -¿Cómo era Pablo de pequeño? -Pues qué quiere que le diga, nosotros siempre hemos sido de izquierdas, pero el crío rarito sí que era. Si le digo la verdad, ya apuntaba maneras. El otro día le escuché decir que Jesucristo habría militado en Podemos y, Ave María Purísima, una cosa es que seamos de izquierdas y otra que el niño salga diciendo esas cosas. Le juro que comulgó vestido de marinero, aunque no hubo manera de que llevara escapulario… -¿Y lo de zarrapastroso, mujer, no le parece exagerado? -¿Exagerado dice usted? De chico iba de punta en blanco, pero es que ahora va todo arrugado. Es que Pablo no se apaña con la lavadora. Se lo tengo dicho: con agua fría y poco centrifugado, pero no hay manera.

Prosigue:

Yo le digo: fíjate en Pedro Sánchez, que da gusto verlo, pero él, erre que erre, que si viste como sus votantes, que si eso son cosas de gente de derechas… Me pone negra, Bertín, porque ya me dirá usted: si cinco millones y medio de españoles van hechos unos zarrapastrosos, ¿por qué mi Pablo no puede ponerse una chaqueta? Es que hay cosas que me duelen como madre, porque nosotros siempre hemos sido de izquierdas, pero muy mirados con las formas. ¿Y lo de la gala de los Goya, el esmoquin que se plantó la criatura…? ¡Si cabían él, Pedro Sánchez y Rivera! Mire, Bertín, yo en sus cosas de política no me meto, ni siquiera en la coleta, pero en lo del vestir no puedo, me supera. ¡Menos mal que Ana Rosa le ha regalado dos corbatas…!

-Ha dicho su hijo que si gana las elecciones haría vicepresidente a Pedro Sánchez… -Pues qué quiere que le diga, Bertín, que no se lo recomiendo. -¿A quién, señora? -A quién va a ser… ¡a Pedro Sánchez! Es que mi Pablo es muy suyo con el ordeno y mando, que de crío hacía cosas muy raras… -No me diga; cuente, cuente. -Pues mire, y que no salga de aquí (la madre de Iglesias se acerca al oído de Bertín y susurra en voz baja): le trajeron los Reyes un fuerte con indios y vaqueros y a estos les cortó la cabeza con un cuchillo jamonero. Y en lo alto del fuerte escribió: «Justicia, ¡sí se puede!»… Comprenderá usted que, con cinco años, su padre y yo nos asustáramos un poco.

Y remacha la divertida secuencia:

Y otra para terminar, entre usted y yo (la madre de Pablo vuelve a susurrarle a Bertín): eso del «Juego de Tronos» le ha nublado la cabeza. El otro día fui a su casa a plancharle la ropa y ¿sabe lo que me encontré? -Diga, diga. -Una foto de la princesa Sansa con un cartel en la frente que decía: «Mi alma entera vendería por un poco de tu astucia». Estoy asustada y voy a decirle una cosa, Bertín, pero que no salga de aquí (vuelve a susurrarle al oído): Pablo es muy buen niño y le quiero como a nada en el mundo, pero aunque nosotros seamos de izquierdas, voy a votar a Mariano Rajoy por si las moscas. Que Dios me perdone, pero esto se nos ha ido de las manos…

Ignacio Camacho constata que el PSOE se mueve entre el proyecto táctico de cara a las elecciones del 26 de junio de 2016 y el modelo estratégico de democracia que se aplicaría después de que a Pedro Sánchez las urnas le dieran la boleta:

En una nación razonablemente equilibrada, un partido socialdemócrata convencional tendría severas dificultades para explicar su simpatía por un proyecto populista y su veto empecinado a una fuerza liberal democrática. El aventurerismo demagógico ha propiciado en todo Occidente inquietantes apuestas oportunistas que, como la de Trump en Estados Unidos, Le Pen en Francia o el AdF en Alemania, suscitan en su contra el cierre de filas de la comunidad política. En España, sin embargo, la aparición de una candidatura rupturista, iluminada por un espíritu de revancha, ha encontrado en el socialismo histórico una suerte de fraternidad ideológica inspirada más por el miedo que por la confianza. La mano tendida del PSOE a Podemos, mantenida pese a una continua y arrogante secuencia de humillaciones, representa una auténtica anomalía europea incrementada por el simultáneo rechazo a un centroderecha con el que mantiene mucha mayor identidad programática y hasta sociológica.

Explica que:

El cuestionado liderazgo de Sánchez ha arrastrado a su organización a una brecha social que se traga el carácter moderado y centrista del partido, el que le proporcionó sus grandes mayorías de Gobierno. Sólo la influencia de los antiguos dirigentes y algunos barones territoriales lo sujetó en la legislatura fallida a un pacto inviable con Ciudadanos que a su pesar lo anclaba a un cierto sentido de Estado. Pero su campaña se va a orientar hacia una confrontación trincheriza que levantará un muro frente al PP aunque a quien necesita vencer es a Podemos, su verdadera amenaza. El acuerdo postelectoral en el que piensa es el de izquierdas, con los nacionalistas si hubiese de precisarlos. Su gran error consiste señalar a Rajoy como enemigo y a Iglesias como adversario.

Es justo al revés. El presidente busca una coalición de estabilidad, un consenso reformista, y el jefe morado no tiene otro objetivo que la hegemonía ideológica y la liquidación del PSOE a corto o medio plazo. Así lo ve también la veterana dirigencia socialista despectivamente calificada como vieja guardia, ese entorno en cuya menguante pero aún decisiva auctoritas encontró el marianismo su principal aliado para descarrilar la tentación frentista.

Y asegura que:

Rajoy piensa insistir en su idea del pacto bipartidista porque lo considera esencial para abordar la rehabilitación de la arquitectura institucional, desgastada al cabo de cuarenta años, y porque su instinto no acaba de fiarse del vedettismo de Ciudadanos. Si tiene alguna posibilidad de sacar adelante esa estrategia ha de ser tras el relevo de Sánchez, dado que todos saben que en julio ya no habrá convenio del candidato con su propio partido. O se sale con la suya o lo sacan a empujones. En cierta forma el futuro de España pasa de nuevo por un conflicto dinástico del socialismo. El que enfrenta un proyecto táctico de poder con un modelo estratégico de democracia.

En El Mundo, Raúl del Pozo destaca las artes oratorias de Albert Rivera y como éste aguarda pacientemente su oportunidad de dar el gran salto, el de poder tener poder de decisión en el Gobierno de España:

Los romanos estaban dotados del don de la palabra porque aprendían retórica en la escuela. Es lo que hizo Albert Rivera; como los béticos que tanto triunfaron en Roma, aprendió elocuencia.

Le llamaron «el joven Cicerón» y ganó la Liga de Debate Universitario en Salamanca. «¿Conoces bien a Cicerón?», le pregunto. Dice que no lo suficiente, aunque leyó el latín en sus textos. Está acompañado de María Castiella, una mujer 10. Rivera sabe latín y se muestra inclemente con Mariano Rajoy. «No tengo prisa por llegar y, si llego, será a un Gobierno que haga posible la regeneración». Le interesa más hablar de Cicerón o de Julio César, que embellecieron el latín, que del laberinto político.

Aquel Cicerón que tan bien hablaba el latín -aunque blasfemara en griego- murió degollado en la patria que tantas veces había salvado. Pero ha resucitado. «En el Occidente medieval la única filosofía griega cultivada fue el estoicismo, incorporado a través de Séneca y Cicerón, que están entre los pensadores de la democracia», escribió Luis González Seara en El poder y la palabra, un libro comparable a los de Ortega. El sabio catedrático, ex ministro de Adolfo Suárez, fundador de Cambio 16, presidente de El Independiente, falleció la semana pasada. Era un gran hombre: epicúreo, dialéctico, noble, generoso y admirador de Cicerón, al que califica de «Voltaire de la antigüedad». Recuerda en su luminoso libro que Cicerón estaba convencido de que los sabios derrotarían a las estrellas.

La repercusión del patricio en la democracia también ha sido recreada en el libro póstumo de Antonio Fontán, Cicerón, que deberían leer los políticos. «No hay vicio peor para un político -escribió el romano- que la sed de poder, la codicia y la corrupción». Conté en La rana mágica que das una patada en la ciudad de Roma y matas a un gato o a un cardenal; cavas y salen los cuernos de un emperador. Pero pocos monumentos han quedado tan enteros como el de Cicerón. Su busto reluce entre la roca sagrada del Capitolio y la del Foro, mirando de reojo a las cuadrigas y con rencor a Antonio, al que ofreció su cuello a los 64 años.

Sentencia que:

No sé si Albert recordará este texto: «Los que aspiren al gobierno del Estado deberán tener siempre muy presentes dos máximas: la primera, que han de mirar de tal manera por el bien común, que a él refieran todas sus acciones olvidándose de sus propias conveniencias». Cicerón proclamó en el Senado que no hay peste que cause más estragos que la rivalidad de los que aspiran a los mismos cargos y el odio entre ellos. «Los que entre sí disputan sobre quién ha de gobernar el Estado son como marineros que quisieran llevar todos el timón de la embarcación». Definió al Senado como el puerto del refugio y el amparo de reyes. «Roma merece con más razón ser llamada protectora que dueña del mundo», dijo. Uno de sus nietos preguntó a Augusto que quién era Cicerón y contestó el emperador: «Era un hombre elocuente, hijo mío, que amaba cordialmente a su patria».

Finalmente, Arcadi Espada le da un par de palos a Mariano Rajoy por su recelo a los debates electorales:

Hace unos meses Rafael Sánchez Ferlosio se encontró con su compañero de sabidurías Tomás Pollán para participar en la presentación del último libro del genio de Coria. No recuerdo si fue Pollán o Ignacio Echevarría el que al empezar mencionó la palabra «discusión», o tal vez fuera «polémica». Lo cierto es que entonces Ferlosio habló y vino a decir que nada de polémicas ni de discusiones, que allí estaban los dos para ayudarse uno a otro, y si yo me caigo él me ayudará a levantarme y yo haré lo mismo, eso dijo más o menos textualmente. Ferlosio había descrito con su habitual calidez cuál es el profundo sentido de la discusión intelectual, que no es el de ganar al otro, sino el de buscar con la ayuda del otro la verdad. La discusión española casi nunca recorre ese camino, sino que prefiere el atajo lapidario, la destrucción retórica del interlocutor. No digamos ya en los nuevos usos digitales donde no hay otra verdad que el estropajoso zasca. Y, por supuesto, ni hablemos de la política, donde la competencia electoral arrasa cualquier discusión limpia y útil.

Subraya que:

Comprendo las renuencias del presidente del gobierno a participar en los debates. En la última campaña electoral al señor Rajoy le giraron la cara de un salvaje puñetazo y el líder socialista le llamó «indecente». Pero tratar de que los debates no sean una procesión por el fango también es una responsabilidad de los políticos. Y la obligación de Rajoy es la de acudir a los debates y defenderse, y señalar, cuando se dé y sin más precisiones ad hominem, la indecencia. Sus declaraciones de ayer en la Ser indican más bien lo contrario.

Y concluye:

Fue penoso verle responder que los debates no le apetecen a nadie, que hay que prepararlos, que requieren esfuerzo, que no son cómodos, que son una gran responsabilidad… con una voz pastosamente encajada entre el hastío y la pereza. Como al tiempo que decía eso repetía que no es bueno para el Partido Popular ni para España que él abandone el gobierno y la contienda, se deduce que Rajoy, que parece tener mejor opinión de sí mismo que del resto de los españoles, está librándose al sacrificio de una manera emocionante. Debe tener cuidado. No es imposible que los españoles, gente menor pero orgullosa, en vez de agradecérselo le anuncien al presidente del gobierno que no es necesario que se tome tantas molestias por ellos.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído